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Por fin el villano descubre el poder de la amistad - Capítulo 29

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Capítulo 29: XXIX

La pandilla de los payasos fue creciendo poco a poco, y no pasó mucho tiempo para que termináramos trabajando para la pandilla más grande y poderosa de todas: el gobierno.

Estábamos en las oficinas del gobernador Dipshet (sí, el mismo que me llevó a la fiesta en su isla, el que a lo mejor se acabó comiendo mi mierda).

—Pues ya te la sabes —les dijo Dipshet a Darius—, tenemos que hacer que mi gallo gane las elecciones.

—No se apure —le respondió Darius—. De eso se van a encargar mis mejores hombres.

El pacto era sencillo: hacíamos que ganara su candidato, Diddlecrook, y a cambio él nos iba a ayudar a terminar con las demás pandillas de la ciudad de Santo Dinero.

Pero te preguntarás: ¿cómo le puede hacer el crimen para que gane un candidato? Bueno, pues hacíamos varias cosas:

cuidábamos los lugares que apoyaran a nuestro candidato para que se sintieran seguros; asaltábamos en las colonias donde apoyaban a los opositores para quitarles sus identificaciones, ya que sin ellas no podían votar; el día de la votación armábamos un desmadre ahí para que los opositores no se atrevieran a salir a votar; también nos robábamos las urnas de esos lugares para que no se contaran esos votos; comprábamos los votos de la gente más pobre; amenazábamos a los periodistas que criticaban a nuestro candidato; y si nada de eso funcionaba, matábamos al otro y ya.

Aunque esto último no era tan fácil sin hacer que la gente sospechara que nuestro candidato tuvo algo que ver o hasta lo planeó todo para ganar las elecciones.

Pero la solución era muy sencilla: la diferencia entre la seguridad y la inseguridad es mucho más pequeña de lo que la gente cree. Si una pandilla acribilla a otra, la gente se escandaliza, se encierra en sus casas y le dice al gobierno que haga algo con tanta inseguridad. Pero si la policía acribilla a una pandilla, entonces el gobierno lo presume como la prueba de que el pueblo es cada vez más seguro. Los dos mataron gente, pero los policías son “los buenos”. Si lo piensas un poco, un arresto es un secuestro legal, una multa es un soborno legal.

Un policía y un pandillero hacen lo mismo, y la única diferencia es su uniforme.

Así que nosotros nos vestimos de policías para matar al otro candidato. El plan era muy sencillo: primero el general Tantrum le inventó un delito y mandó la orden de arresto, después nos mandó a nosotros por él, y nosotros los íbamos a matar a todos con la excusa de que fue en defensa propia.

Fuimos a la estación, y varios de los policías nos dieron uniformes y todo el equipo. El general Tantrum les había dicho que nosotros éramos policías de otro estado e íbamos a trabajar con ellos en ese operativo.

Yo y los otros payasos fuimos a los vestidores para cambiarnos. Uniforme, chaleco, pistola, radio, cartuchos, placa. Sonreí; los policías se tardaban tanto poniéndose todo eso todos los días, y yo en un segundo los mataba con un hechizo.

En ese momento sentí un aura muy poderosa acercarse, mucho más poderosa que cualquier otro que había sentido, y eso solo era porque yo no podía sentir mi propia aura. Ya había sentido esa aura antes, cuando acabábamos una misión, y la policía apenas y venía para agarrarnos. Siempre quise quedarme ahí para esperarlo y pelear con alguien que pudiera aguantar uno de mis hechizos.

Pero ahora trabajábamos para el gobernador, y no creo que a él le gustara que yo me anduviera peleando con sus policías.

Esa aura se acercaba más y más, y yo escondí mi aura para que él no la sintiera. Yo no sabía quién era el pendejo que tenía esa aura, y tenía curiosidad.

Las puertas de los vestidores se abrieron y entraron varios policías que rodeaban a uno.

—Buenas tardes. Soy el comandante Herobert —dijo ese cabrón. Parecía un superhéroe genérico: alto, mamado, la cara grande y cuadrada, pelo negro y perfecto. Desde el principio me cagó la madre; luego luego se veía que era uno de esos riquillos que se creen mejores que todo el mundo—. Recuerden que lo más importante en esta operación es su seguridad, así que por favor no se arriesguen de más.

Qué pendejo.

Después se me acercó.

—Tú eres nuevo, ¿verdad? —me preguntó, y yo estaba casi seguro de que él sabía que yo era uno de los payasos—. ¿Cómo te llamas?

—Pedro —le dije porque no le iba a decir “Dark” y tampoco le iba a dar mi nombre real.

—Pues bienvenido al equipo. Cualquier cosa que necesites dime —me puso una mano en el hombro y fue a saludar a los demás.

Si te lo preguntas, él nunca se enteró de que nosotros éramos payasos ni que el gobierno trabajaba con nosotros. De hecho, a él nunca lo sobornaron ni nada, y no porque él fuera alguien que nadie podía corromper sino porque imagínate lo que costaría sobornar a los policías uno por uno. Si quieres que la policía trabaje para ti, nomás tienes que pagarles a los jefes, y ellos se encargan de mover a todos los que tienen a su cargo.

En este caso, el único policía que tanto el gobierno como los payasos sobornaban era al general Tantrum.

Pero bueno, nos subimos a unas patrullas y fuimos a una hacienda donde estaba el candidato ese. Obviamente ahí también encontramos a un montón de contras, quienes nos dispararon apenas nos vieron.

Yo salí del coche y le lancé un hechizo al primer contra que vi, pero, justo en el momento antes de que le diera y lo matara, el pendejo de Herobert lo protegió encerrándolo en un escudo en forma de burbuja que absorbió casi todo mi hechizo. El escudo aun así explotó con mucha fuerza, y el contra salió volando y cayó desmayado. Pero seguía vivo.

—Controla tu magia, Pedro —me dijo Herobert—. Lo ibas a matar.

Estuve a punto de mentarle la madre a ese pendejo, pero mejor le mostré a ese hijo de la chingada que yo podía controlar mi magia mucho mejor que él. Cuando uno de los contras iba a disparar, le aventaba un hechizo justo en la mano para que soltara la pistola o el rifle que traía; cuando uno agarraba a alguien, yo le aventaba un hechizo en una pierna para tirarlo al suelo y que no se pudiera levantar; cuando uno nos aventaba una granada, yo la agarraba con un hechizo y la aventaba lo más lejos que podía.

No pasó mucho tiempo para que me hubiera dejado desmayados o gritando de dolor a todos los contras que había. Ya nomás faltaba encontrar y matar al candidato.

Pero no lo tuve que buscar, porque en ese momento vi cómo una camioneta se acercaba lo más rápido que podía. Nosotros estábamos frente a la entrada, y esta tenía que pasar por ahí para escapar. Así que le aventé un hechizo que la destruyera junto con el candidato, pero justo antes de que le diera, el pendejo de Herobert lo protegió con otro escudo en forma de burbuja que explotó e hizo que la camioneta se volteara. El candidato y los contras que iban dentro salieron arrastrándose por el parabrisas y se pusieron a dispararnos.

Yo les aventé varios hechizos para desmayarlos o para lastimarles las manos y los pies, para que no nos atacaran ni trataran de escapar. Herobert hacía escudos pequeñísimos justo en el cañón de sus pistolas para que estos explotaran y las destruyeran cuando dispararan, o también les cubría la cara con un escudo para que no pudieran respirar y se desmayaran.

Al final nomás quedaron dos contras que cuidaban al candidato. Yo les aventé un hechizo tan poderoso que podía matar a los tres, pero otra vez ese pinche Herobert se metió donde nadie le hablaba y protegió al candidato cubriéndolo con un escudo que absorbió casi todo mi hechizo y explotó. Aun así, la explosión fue tan fuerte que tanto los dos contras como el candidato terminaron desmayados en el suelo.

Nomás tenía que rematar al candidato y ya. Esa era mi misión.

Así que le aventé un hechizo lo más rápido que pude, pero ese pinche Herobert liberó un aura muy poderosa, se teletransportó a donde estaba el candidato y desvió mi hechizo con un manotazo, como si no fuera nada.

Ese hijo de su reputísima madre estuvo ocultando su aura desde el principio. Era muchísimo más poderosa que antes.

Pero aun así me pelaba la verga, y por eso pensé en matarlo. Si no hubiera sido por él, ese pinche candidato ya estaría muerto. Él era lo único que no me dejaba cumplir con mi misión.

—Tranquilo, Pedro. Ya lo tenemos —me dijo con toda la tranquilidad del mundo mientras lo esposaba, como si yo no fuera una amenaza, como si se creyera más poderoso que yo, como si yo fuera un pendejo que no puede matar ni un pinche candidato.

Junté toda la magia que pude en un hechizo.

—Ya llegaron los refuerzos —dijo el cabrón sin mirarme. Un montón de patrullas entraron a la hacienda y se nos acercaron para llevarse al candidato.

Disipé toda la magia que había juntado porque sabía que podía matar a ese pinche Herobert cualquier otro día.

Los policías se llevaron al candidato, y nosotros nos fuimos. Yo llegué a mi departamento, dejé el teléfono sobre la mesa y esperé. Sabía que tarde o temprano me iba a marcar Darius porque mi misión era matar al candidato, y seguía vivo.

Estuve esperando horas y horas mientras pensaba en qué le iba a decir.

Y él me marcó a mitad de la noche.

—¿Por qué Bribeslot sigue vivo? —me preguntó apenas le contesté. Así se llamaba el candidato que tenía que matar.

—La cagué, patrón. Discúlpeme —yo estaba seguro de que me iba a decir que fuera a su oficina, y ahí me iba a dar una putiza entre él y las otras manos derechas. Y yo sentía que lo merecía porque no cumplí con la misión, no hice lo que debía. Yo tenía que matar a ese candidato lo protegiera Herobert o no. No había excusas. Darius me había puesto en esa misión por algo, y yo la cagué.

Yo en ese momento esperaba que Darius me gritara, me mentara la madre, o me dijera cuánto lo había decepcionado, que a lo mejor el puesto de mano derecha me quedaba grande. Pero no:

—No te apures —dijo Darius muy tranquilo—. Acaban de meter a la cárcel al candidato ese. Ya todo el mundo sabe que trabajaba con pandillas, y por eso su popularidad y la de su partido se fueron a la verga. Nuestro candidato prácticamente ya ganó.

”Y es muy fácil matar a alguien que está en la cárcel.

”Al final todo salió muy bien —Darius siguió hablando—. Hasta a un tal Herobert lo nombraron Héroe. Y tú también lo hiciste muy bien. No debería decirte esto, pero tú la mejor mano derecha que tengo, tú eres el único en quien puedo confiar, y por eso tengo una misión especial para ti.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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