Privilegios - Capítulo 1
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1: Capítulo 1 1: Capítulo 1 —¡Hey, Kaellid, levántate!
Deja de estar tirando esa maldita pelota contra el techo y deja de mecerte en esa silla.
Tienes que aprender esto.
¿Cómo crees que vamos a impresionar a los nobles?…
Recuerda que esto es por nuestras familias, para sacarlas de donde estamos.
Por favor, haz el esfuerzo, al menos por tu abuela…
—decía un chico de cabello rojizo, algo ondulado; mejillas salpicadas de pecas, ojos azules claros y ligeros.
Su cuerpo era algo enflaquecido, ni muy alto ni muy bajo.
Tenía una cara tierna, labios algo carnosos y una piel blanca, casi de porcelana, inmaculada, que denotaba a alguien inocente.
Vestía una prenda interior sencilla, pantalones cafés desgastados por el tiempo y unos zapatos rústicos negros.Ni más ni menos, era el mejor amigo de Kaellid, y sin duda representaba el concepto de alguien que practicaba la magia: su voz serena y dulce, casi como la de una doncella, llegó a los oídos de Kaellid.
—Despreocúpate, Ulvar.
Solo estoy repasando en mi cabeza, pero con métodos diferentes a los tuyos —decía este, mientras se mofaba de la preocupación de su amigo—.
Además…
¿impresionar?
Pff.
¿Acaso crees que somos importantes?
Al final, incluso si destacamos, ¿tendremos esos dichosos privilegios?
A mí, en verdad, no me interesa.
Pero te noto preocupado, idiota.
Kaellid se detuvo por fin, dejó de balancearse en la silla y lo miró directamente, adoptando una postura relajada, casi despreocupada.
—Así que haré el favor de responder las preguntas que salgan de ti.
Aquel muchacho tenía una apariencia elegante y atractiva a la vista: ojos dorados, cuerpo esbelto, piel trigueña, cabello negro y largo.
Era alto para su edad y, desde lejos, la vestimenta que llevaba dejaba notar un físico bien trabajado, más propio de un caballero.
Algunas cicatrices cruzaban su pecho.
Una sonrisa atrevida se dibujaba en su rostro engreído pero atractivo, poco relacionada con la imagen de un mago convencional.
De hecho, solía ser confundido con alguien que manejaba principalmente el ALCO como su principal herramienta.
Aun así, también acompañaría a su amigo a la entrada destinada a los magos de la corte de privilegios.
—Bueno, señor prodigio, iniciemos con esta sesión de preguntas —decía Ulvar mientras sacaba de su pequeña mochila de tela un libro que había comprado con algunos ahorros que ambos tenían guardados.
Fue posible gracias al privilegio de haber sido seleccionados por alguien de la nobleza para entrar a los magos de la corte—.
Empecemos con preguntas básicas sobre la energía.
Como si se tratara de un niño, inició con las preguntas más absurdas e infantiles, pero aun así esenciales, pues, siendo de clase baja, era algo que apenas podían imaginar tener en sus manos.
—¿Por qué el ALCO es esencial aun si eres un mago?
Kaellid contestó: —Bueno, Ulvar, respuesta sencilla y fácil: la magia no genera energía, solo la ordena.
El ALCO es lo que la sostiene, la alimenta y la controla.
—Muy bien, Kaellid —dijo mientras reía algo nervioso—.
Maldición, estas preguntas sí parecen de niños.
A veces me pregunto si realmente nos ayudará esto cuando ya hay nobles de clase alta que desde un inicio tuvieron el privilegio de libros…
y supongo que clases sobre estos temas.
Decía aquello mientras miraba a Kaellid con cierta preocupación.
—Relájate, Ulvar.
Nunca es malo hacer preguntas así.
Son básicas, sí, he de admitirlo, pero si vieras cómo actúan algunos nobles te aseguro que son más estúpidos que perros u ogros salvajes —decía mientras reía de forma burlesca—.
Pero tranquilo, en serio.
Tú solo prosigue.
—Aggh…
bien.
Entonces sigo.
¿La magia puede ser manejada sin ser controlada por un circuito interno, sin ALCO?
—Sí, la magia puede fluir sin ALCO.Pero sin un circuito que la sostenga, no se controla: se dispersa, se agota o te rompe primero a ti.El ALCO no hace la magia…
hace que te obedezca.
Mientras decía esto, hizo surgir una chispa de fuego con un chasquido y una palabra corta: —Olov.
—Sin duda…
a veces me pregunto si eres un libro.
¡Y mira, ya puedes hacer fuego!
Al final no fue tan difícil…
bueno, no para ti; para mí sí que costó.
Bueno, siguiente pregunta ¿qué es el ALCO?
—Ulvar, por favor, tampoco te pases con esas preguntas.
Somos iniciadores en este mundo, pero no para llegar a esos extremos como si fuéramos ignorantes.
Dije que eran básicas y necesarias, pero hay un punto en el que uno se aburre.
Solo sigue, amigo —decía mientras se amarraba el pelo—.
—¿En serio?
Bueno, entonces dos últimas preguntas.
¿Cuál sería la diferencia entre un mago convencional y un caballero a la hora de enfrentarse?
—El mago trabaja con magia pura: la invoca, la moldea y la lanza.
El caballero trabaja con ALCO: la concentra, la soporta y la impone.
Uno domina la energía fuera de su cuerpo; el otro domina la que ya está dentro.
—Última pregunta, Kaellid.¿Qué tipo de razas habitan en este mundo y por qué a veces varía el tipo de ALCO empleado según la raza?
La diferencia no está en la raza…
sino en cuánto castigo puede soportar su forma antes de quebrarse.
—Humanos, elfos, enanos, duendes, ninfas, yuaner, bestiales, dracónidos y razas híbridas.
Todos poseen ALCO, pero no lo emplean igual porque ningún cuerpo está construido del mismo modo.
El ALCO se adapta al recipiente: en humanos se concentra; en elfos fluye; en enanos se densifica; en duendes estalla; en ninfas se dispersa; en bestiales se ancla al instinto; en dracónidos se acumula como presión; y en los yuaner bueno si la memoria no me falla esta se retuerce.
Al terminar de decir su respuesta, afirmó con entusiasmo, con su voz gruesa pero aún juvenil: —Tengo muchas ganas de conocer a las hermosas elfas, o a las extravagantes ninfas, o tal vez a alguien de una raza híbrida, ¿a que sí?
Deben ser bellezas increíbles; sería fascinante retratarlas en alguna de mis obras.
Kaellid decía esto con entusiasmo, pues también era un prodigio al momento de retratar con carbón.
No era amante de conocer a las mujeres solo por intimidad; le interesaban más por lo que eran: su belleza tan variada, su forma de actuar, su caminar que opacaba a otros, dependiendo de cada una.
Kaellid siempre se sentía atraído por la idea de sus rostros, sus defectos, su forma de ser y, claro está, no tanto por lo sexual; algo curioso para un chico de dieciséis años.
—Bueno…
creo que sí —decía Ulvar de manera algo nerviosa y avergonzada—.
Sus ojos se posaron en Kaellid con cierta inquietud, y luego se giró para observar las obras que tenía en su cuarto: retratos de una que otra mujer.
Eran dos o tres, pero parecían tan realistas a simple vista.
—Nunca he sido muy bueno con la forma de ver a las mujeres, pero supongo que, si tú lo dices, debe ser de buena fe.
Kaellid volteó a ver a su amigo ante tal respuesta y sonrió.
—Bueno, Ulvar, déjame decirte que eres algo aburrido en ese aspecto —suspiró—, pero no pasa nada.
Tal vez algún día verás algo que te encante y lo llames belleza absoluta, arte incomprendido.
Decía esto con emoción.
—Bueno, a levantarse.
Salgamos de este cuarto; voy a ir a vender y a hacer negocios.
La taberna no se maneja sola, ya está algo tarde.
Mientras hablaba, observó a través de la ventana el sol.
—Calculando…
posiblemente son las ocho de la mañana.
Ulvar solo alcanzó a decir: —Idiota, ya son las 8:50.
Ya tu abuela…
—Fue interrumpido— Kaellid abrió los ojos con sorpresa y miedo.
—¡¿POR QUÉ NO ME HABÍAS DICHO NADA?!
¡AAAGH!
Justo hoy tengo que hacer varios negocios.
Poco a poco fue calmándose.
—¿Te acuerdas del noble Enrir?
Ese tipo quiere hacer un truco sucio; lo reconozco en su mayoría.
Pero no sabe que se enfrenta a uno de los mejores cuando se trata de negocios.
—Hay un dilema con ese tipo —decía mientras caminaban y salían de la casa de Kaellid rumbo a la taberna que su familia había manejado por varias décadas—.
Al parecer, ese maldito se enteró de que fuimos seleccionados entre los pocos de clase media con talento nato en magia y de que voy a acompañarte a la corte.
Mi abuela no puede manejar este negocio sola; si voy a estar en ese lugar, que es prácticamente un campo de entrenamiento, ella no va a poder con todo a su edad…
—El caso es que estoy pensando en hacerle una contraoferta o ir con nuestro noble favorito —decía mientras volteaba a ver un negocio de comidas rápidas que conocían perfectamente—.
—¿Qué pasa, Kaellid?
¿Perdido y atrasado nuevamente?
—dijo un hombre de cara de pez, con un cuerpo grande y gordo.
—Vulgrar, ya sabes la respuesta.
Mejor dame solo los camarones salteados, que posiblemente sea lo único que haces bien…
—¿Ah, sí?
Hijo de perra, aprende de Ulvar y posiblemente esa cara de perra que tienes cambie —dijo mientras miraba al chico al lado de Kaellid—.
—Jajaja, en verdad que se llevan bien —dijo Ulvar—.
Y muchas gracias por el halago, señor Vulgrar.
—Ja, como sea —respondió Kaellid, sonriendo—.
Ten cuidado por ahí, panzón; después de todo, tu hermosa hija no puede quedarse sin padre.
Deberías pensar en cuidar tu salud.
Dijo esto mientras recibía los camarones y dejaba unas diez quenipes de cobre.
—¡Tú, maldito…
LÁRGATE YA!
Para entonces, Kaellid y Ulvar ya habían desaparecido de la vista del híbrido.
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