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Propiedad del Rey Multimillonario de la Mafia - Capítulo 133

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133: Capítulo 133: Fondo de Desarrollo Profesional Deverioux 133: Capítulo 133: Fondo de Desarrollo Profesional Deverioux Jaxon
Tenía que reunirme con mis hombres para decidir nuestros próximos pasos.

La situación de Marino no iba a desaparecer pronto, y ese cabrón me estaba sacando de quicio con sus mierdas.

Estaba seguro de que el hecho de haberle volado por los aires la mayor parte de su finca no había hecho que le cayera en gracia, precisamente.

Necesitaba saber qué estaba pasando por su parte.

Tenía a Tori infiltrada desde hacía un tiempo, y ella había aceptado reunirse con nosotros para ponernos al día sobre las operaciones de él.

Esta vez almorzamos en un pequeño bistró, Los Vientos Cruzados, después de la hora de cierre.

El dueño me debía un favor y yo necesitaba un lugar lejos de miradas indiscretas, así que salió perfecto.

—Gracias por reunirte con nosotros, Tori —le dije, tomando un sorbo de mi vino blanco—.

Quiero que sepas que tus esfuerzos no han pasado desapercibidos.

Que lidies con esos cabrones como infiltrada va mucho más allá del deber, y te lo agradezco.

Tori había hecho mucho por nosotros, con un riesgo considerable para ella.

Seguía viviendo en el apartamento que le conseguí y fingiendo ser otra persona.

Sabía que no había visto a su novio en un tiempo.

Era demasiado arriesgado; alguien podría haber establecido la conexión entre su verdadera identidad y yo si los veían juntos.

Eso tenía que ser duro para ella.

Le entregué un sobre con cincuenta mil en efectivo.

Sabía que no podía hacer mucho por su vida social en este momento, pero quizá esto la ayudaría con cualquier necesidad material.

Era una buena empleada y era lo menos que podía hacer.

—Jaxon, joder, esto es demasiado —dijo, con los ojos como platos mientras miraba el contenido del sobre—.

Sabes, de verdad que no me importa ayudaros.

De hecho, es bastante divertido.

Es como una obra de teatro.

Puedo ponerme atuendos extravagantes y pasar el rato en lugares poco comunes.

¡Mi propia vida nunca fue tan emocionante!

No vale tanto.

—Sí que lo vale —le dije con seriedad—.

Has asumido un riesgo.

Eres una joven que ha sacrificado mucho para ayudar a esta familia.

No puedo hacer mucho por algunas de las mierdas con las que sin duda has tenido que lidiar.

Nunca te quejas, y eso lo aprecio.

Pero pasar el rato en un club de estriptis dirigido por esos cabrones no puede ser un camino de rosas.

No hay mucho que pueda hacer al respecto, pero esto debería cubrir el coste de un coche nuevo, o tu educación si alguna vez necesitas ampliar tus estudios.

Considéralo como el Fondo de Desarrollo Profesional Deverioux.

—Sí, la universidad es jodidamente cara —intervino el jefe Price mientras untaba un panecillo con mantequilla—.

Dicen que la educación no tiene precio, ¡pero desde luego estas universidades no parecen tener ningún problema en ponérselo!

Era verdad.

Menos mal que ganaba un buen dinero.

Cuando Sara y yo tuviéramos hijos, iban a tener lo mejor de lo mejor.

Si querían ir a la puta Harvard, allí era donde iban a ir.

—Muchas gracias, Jaxon —dijo Tori, agradecida—.

Esto de verdad que me va a ayudar mucho.

Justo estaba pensando en apuntarme a unas clases nocturnas.

Me alegraba de que el dinero fuera a una buena causa.

—Bueno, sí que tengo noticias —dijo Tori con cautela—.

Marino está bastante cabreado por lo que le hicisteis a su finca.

Le encantaban esos coches.

Dijo que quiere vengarse de todos vosotros, y cuanto antes.

No me sorprendió demasiado oírlo.

Se merecía esa puta mierda.

Había secuestrado a mi mujer.

Por lo que a mí respecta, tenía suerte de seguir vivo.

Aun así, era bueno conocer su perspectiva de la situación.

Y tenía que admitir que el hecho de que siguiera tan cabreado me hizo sonreír con suficiencia.

—¿Mencionó algún plan inmediato de represalia?

—le pregunté.

Por mucho que me alegrara haberlo cabreado, tenía que tenerlo en cuenta—.

¿Horas, fechas, algo por el estilo?

—Qué va, por ahora no —dijo Tori con un suspiro—.

Lo siento, Jaxon.

Lo único que sé ahora mismo es que sigue cabreado.

Las chicas del club también se quejan de que está de mal humor todo el tiempo.

Solía pasarse a socializar con ellas después del trabajo y tomarse unas copas.

Pero últimamente no tiene mucho que decirle a nadie.

¿Antonio Marino estaba deprimido?

La idea me sorprendió.

No tenía ningún problema en imaginármelo enfurecido.

Pero la depresión era algo nuevo.

Interesante.

—¿Cómo es contigo?

—le pregunté, preocupado—.

Quiero decir, ¿cómo te trata?

No ha intentado ponerte las manos encima, ¿verdad?

Eso me preocupaba.

No me fiaba de Marino ni un pelo.

No quería que Tori tuviera que repeler los acercamientos de ese gilipollas.

Ni de ningún gilipollas, de hecho.

Era una de los míos.

Protegemos a los nuestros.

—Qué va, nada de eso, Jaxon —dijo, lo cual me quitó un gran peso de encima—.

Apenas me habla.

Le doy el libro de contabilidad, lo revisa, me da las gracias y me voy.

Ni siquiera conversamos.

Paso desapercibida en el trabajo.

Allí pasan muchas cosas.

Tiene a las estríperes haciendo lo suyo, drogas que entran y salen, y sobornos que pagar.

No le preocupa mucho la chica que lleva las cuentas.

Lo de las estríperes no era nada nuevo, pero lo de las drogas y los sobornos sonaba a información que podría ser útil.

Si tenía que hacer sobornos, entonces su protección no provenía de la bondad de la gente.

Y dependiendo de lo que pasara con las drogas, eso podría usarse en su contra.

—¿Qué pasa con las drogas y los sobornos?

—le pregunté—.

¿Sabes a quién está sobornando y por qué?

¿Y de qué tipo de drogas estamos hablando?

—No sé quiénes son los tipos, pero está claro que está sobornando a alguien —dijo ella—.

Tres tipos con trajes baratos vienen todos los viernes por la noche y él les entrega un sobre lleno de dinero.

No sé quiénes son ni para qué es.

Podría preguntar por ahí si quieres.

No quería que llamara la atención.

Estaba haciendo un buen trabajo pasando desapercibida en el club.

Por otro lado, esta información tenía un gran potencial para nosotros si la usábamos bien.

—No seas evidente —le dije con seriedad—.

A ver qué puedes averiguar solo observando.

Hazte la tonta, como si no supieras lo que está pasando.

Quiero saberlo, pero no arriesgaré tu seguridad para conseguirlo.

Ahora, has mencionado las drogas.

¿Se está expandiendo en ese negocio?

Si estaba traficando o distribuyendo drogas, eso era algo que podríamos usar en su contra, si lo necesitáramos en algún momento.

—En realidad no —dijo Tori—.

Lo creas o no, está intentando mantener las drogas FUERA del club.

Dice que atrae demasiada atención negativa a su negocio.

Los camellos siguen entrando y él sigue echándolos.

Si no captan la indirecta pronto, probablemente hará que se carguen a un par de ellos para enviar un mensaje.

Debo decir que esa mierda me sorprendió.

Había supuesto que era un distribuidor.

Nunca se me ocurrió que quisiera mantener las drogas FUERA de su negocio.

Quizá no era un completo gilipollas después de todo.

—Así que está en contra de las drogas, ¿de verdad?

—le pregunté, confundido—.

¿Tiene un club de estriptis, pero lo mantiene limpio?

¿En serio?

—Sí, yo también me quedé de piedra —respondió ella, encogiéndose de hombros—.

No es precisamente el ejemplo a seguir de una vida sana.

Pero no consume drogas ilegales, y tampoco permite que sus empleados lo hagan mientras están en el trabajo.

Cuando no están trabajando, hace la vista gorda.

Pero tiene una manía con eso, no me preguntes por qué.

—Eso no quiere decir que sea un santo —continuó—.

Es decir, creo que sigue traficando con drogas por otras vías, y no le importa que se carguen a gente si lo cabrean.

De hecho, les dijo a todas las chicas que se mantuvieran alejadas de la puerta trasera esta noche.

Si esos camellos aparecen, se los va a cargar, y no quiere que sus empleadas salgan heridas.

Tampoco quería testigos potenciales, eso era evidente.

Pero aun así, esta mierda no encajaba con lo que creía saber sobre Marino.

Que no quisiera camellos cerca era algo que teníamos en común.

Y se preocupaba por las chicas lo suficiente como para decirles que se mantuvieran fuera de la línea de fuego mientras él se encargaba de los camellos.

El tipo era una caja de sorpresas.

—Buen trabajo, Tori, gracias —le dije.

Reflexioné sobre lo que había aprendido.

Parecía que quizá debería haberme tomado más en serio lo que Sara pensaba sobre Marino.

Tenía que decírselo.

***
—Jaxon, ¿qué haces aquí?

—me preguntó Sara cuando entré—.

O sea, me alegro de verte, solo que estoy sorprendida.

Pensaba que hoy trabajabas hasta tarde.

¿Está todo bien?

Se suponía que iba a trabajar hasta tarde, pero acorté la reunión.

Después de darme cuenta del gilipollas que había sido, no pude concentrarme en nada más.

Dejé que mis hombres terminaran de comer y conduje a casa.

Paré a comprar flores por el camino.

Supongo que soy un tipo a la antigua, pero no quería disculparme con las manos vacías.

—Si no tienes en cuenta lo gilipollas que he sido, entonces todo está bien —le dije, y le entregué el ramo de narcisos—.

Sara, lo siento mucho, he sido un idiota.

—¿De qué estás hablando?

—respondió ella, y parecía confundida—.

Hablamos anoche.

Ya te disculpaste.

No lo entiendo.

Gracias por las flores, son preciosas.

Pero no tenías por qué hacerlo.

¡No estoy enfadada contigo!

Ese era el problema.

Debería haber estado cabreada conmigo.

El hecho de que no lo estuviera solo lo empeoraba todo.

—Sara, no te estaba escuchando —le dije con delicadeza—.

Intentaste decirme que podría haber otra forma de lidiar con Marino, y te ignoré.

Fui autoritario y cabezota.

Y lo siento por todo eso.

Te mereces algo mejor.

A veces ni siquiera sé por qué me aguantas.

Eres demasiado buena para mí, siempre lo has sido.

Tenía tanto miedo de perderla que, si no espabilaba, al final iba a abrir los ojos y mandarme a la mierda.

Y bien merecido me lo tendría.

—Jaxon, eso es una locura —me dijo con delicadeza, con sus labios carnosos suplicando ser besados.

Joder, me estaba matando—.

Solo intentabas protegerme.

Te lo dije, lo entiendo.

Te lo agradezco.

Cuando era niña, nadie cuidaba de mí.

Siempre he querido que alguien se preocupara.

¡Supongo que tengo que acostumbrarme a que alguien lo haga de verdad!

—Vale, pero, escucha, hazme un favor —le dije con un suspiro—.

La próxima vez que me comporte como un gilipollas autoritario, dímelo.

Tienes que entender que llevo mucho tiempo al mando.

La gente me tiene un miedo de cojones.

Y por eso no recibo muchas críticas constructivas.

Pero no quiero eso contigo.

Necesito que me digas cuando algo va mal.

Necesitamos comunicarnos.

Necesito saber qué estoy haciendo mal para poder arreglarlo.

Por favor.

Ella sonrió y me besó suavemente en la mejilla.

Dios, cómo la amaba.

—Creo que una idea aún mejor es que AMBOS nos esforcemos más por comunicarnos eficazmente —dijo ella con delicadeza—.

Yo tampoco soy perfecta, Jaxon.

Y a veces también pierdo los estribos sin un buen motivo.

Pero creo que si trabajamos juntos, nos irá bien.

¿Trato hecho?

—Trato hecho —le dije, y le tendí la mano.

Pero en lugar de un apretón de manos, la atraje hacia mí en un abrazo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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