Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Propiedad del Rey Multimillonario de la Mafia - Capítulo 250

  1. Inicio
  2. Propiedad del Rey Multimillonario de la Mafia
  3. Capítulo 250 - Capítulo 250: Capítulo 250: Cinco meses después
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 250: Capítulo 250: Cinco meses después

Sara

—No puedo creer que ya tenga cinco meses. Qué rápido pasa el tiempo —susurré. Sostenía a Camilla en brazos mientras dormía y Jaxon terminaba de pedir la cena al servicio de habitaciones.

Cuando terminó, se volvió hacia Camilla y hacia mí. Le dio un beso en la frente y otro a mí en la mejilla.

—Está tan preciosa como el primer día que llegó —respondió él—. Se parece a su madre.

Sonreí. Pensé que todavía era demasiado pequeña como para parecerse a nadie. Solo parecía un bebé diminuto. Pero la quería muchísimo. Sabía que eso nunca cambiaría, sin importar el aspecto que tuviera al crecer.

—¿Crees que ha sido un error? Es que es demasiado pequeña para hacer nada o disfrutar de algo —le pregunté.

Jaxon se rio. —En realidad, esto no es para ella, aunque el doctor Welsh dice que las luces, los colores y los sonidos son buenos para su desarrollo. Esto es más bien para nosotros, para que podamos tener unas buenas vacaciones y descubrir lo que eso significa ahora que tenemos a Camilla.

Sonreí y asentí. Saqué el mapa, lo extendí sobre la cama y empecé a examinarlo de nuevo. Repasé todos los lugares e intenté ordenarlos mentalmente. Nunca imaginé que nos llevaría más de un día recorrer el parque, pero tener un bebé ralentizaba mucho las cosas.

—De hecho, estaba pensando que mañana podríamos ir a Epcot. Quizá sea un poco más fácil. Apenas hay atracciones. Es más que nada dar una vuelta y ver las diferentes culturas. ¿Qué te parece? —preguntó, sacando el otro mapa y colocándolo sobre el mío.

Sonreí y empecé a mirarlo con él.

—Suena genial. Puede ser como un pequeño recorrido por todos los países que deberíamos visitar en el futuro —respondí en tono juguetón.

La sonrisa de Jaxon se ensanchó.

Me levanté y acosté a Camilla en su moisés. La observé unos instantes antes de volver a la cama con Jaxon. Apenas llevaba un momento sentada y ni siquiera tuve tiempo de volver a centrarme en los mapas antes de que Jaxon los apartara de una manotada y tirara de mí para tumbarme sobre él.

—Qué hermosa eres, ¿sabes?

Sonreí y lo besé.

—¿Aún lo crees? ¿Todavía quieres acostarte conmigo? —bromeé.

Abrió los ojos como platos. —¿Bromeas? ¡Claro que sí! No solo quiero, sino que me gustaría que hiciéramos una de estas un par de veces más —dijo, señalando a Camilla en su cuna.

Volví a mirarla y mi sonrisa se hizo más grande.

—¿De verdad? ¿En cuántos más estás pensando? —pregunté, mientras me inclinaba para besarle el cuello y la boca.

Gimió ante mi caricia y deslizó sus manos por mis piernas hasta meterlas bajo mi camiseta.

—Estaba pensando en al menos dos más —masculló. Bajó las manos y me apretó el culo. Empezó a meterlas por debajo de mis pantalones cortos del pijama y noté cómo me humedecía. Jaxon soltó una risita.

—Me alegra ver que tú también sigues deseándome —me susurró al oído. Gemí y volví a besarlo. Antes de que la cosa se pusiera más seria, llamaron a la puerta.

—Servicio de habitaciones —se oyó una voz educada desde el otro lado de la puerta. Jaxon refunfuñó mientras yo me levantaba para abrir. Me reí cuando intentó agarrarme de nuevo. Abrí la puerta y vi a un chico que apenas parecía tener edad para trabajar. Me hice a un lado y lo dejé pasar con la bandeja de la comida.

—Puede dejarlo ahí, sobre el escritorio, gracias —le indiqué. Hizo lo que le pedí y le entregué el billete de cien dólares que me había dado Jaxon. El chico se quedó de piedra.

—Vaya, gracias, señora —dijo al marcharse.

Me estremecí e hice una mueca mientras volvía a la cama con Jaxon.

—¿Qué? ¿No te ha gustado que te diera las gracias? —preguntó Jaxon, todavía riéndose.

—No me ha gustado que me llamara “señora”. No soy tan mayor para eso —respondí.

Jaxon se rio con más ganas.

—¿Y cómo preferirías que te llamara? “Señora” no es por la edad, es una muestra de respeto —explicó—. Y si te preocupa envejecer, no lo hagas. Tener a nuestra hija solo te ha hecho aún más hermosa. El que debería preocuparse soy yo, que te saco unos buenos veinte años.

—Pues para mí estás guapísimo —dije con sinceridad. Cualquiera que viera a Jaxon por primera vez, seguramente le costaría creer su verdadera edad.

Me levanté y fui a ver la comida que habíamos pedido. Primero abrí la caja de mi pizza y le di un bocado rápido a una porción. Debajo de la segunda tapa estaba mi hamburguesa con queso y, bajo la tercera, la hamburguesa de Jaxon. Le pasé su plato.

—No puedo creer que hayas pedido las dos cosas —bromeó.

Me encogí de hombros. —Tengo hambre. ¡Esta niña consume mucho! ¡Literalmente me está absorbiendo la energía! —dije, señalando a Camilla.

—Claro, échale la culpa a nuestra hija. Aunque a ti nunca te ha faltado boca —replicó.

Sonreí con picardía. —Y eso te encanta de mí. —Me acerqué a él con otro trozo de pizza en la mano, me acomodé en su regazo y lo besé.

—Desde luego que sí.

***

Era más fácil llevar a Camilla en el cochecito que en la mochila portabebés. A ella también parecía gustarle más. Todo Epcot era precioso y alucinante. Volví a mirar el mapa, intentando decidir a dónde iríamos después.

—¿Dónde quieres que comamos? —pregunté, dándole la vuelta al mapa. Jaxon me lo quitó de las manos y me hizo un gesto para que me fijara en el camino que tenía delante. Seguí empujando el cochecito de Camilla por el sendero mientras pasábamos junto a los cientos de turistas que había allí.

—Mmm…, ¿qué te apetece, comida china? —preguntó, sin apartar la vista del mapa.

—Suena bien. ¿Sabes lo que me apetecería un montón ahora mismo? ¡Unos langostinos en tempura!

—Eso es japonés —dijo Jaxon, un poco confundido.

—Lo sé. No hay ninguna razón por la que no podamos tomar las dos cosas.

—Tienes razón —replicó Jaxon—, al fin y al cabo, estamos de vacaciones.

Le sonreí y, justo detrás de él, vi a un hombre con traje y gafas de sol, sentado solo en un banco. Tenía un aspecto extraño, como si estuviera fuera de lugar. No dejé de mirarlo mientras caminábamos, y él también parecía estar observándome. Al final, Jaxon se dio cuenta de que me había quedado mirando algo e intentó ver qué era. Antes de que pudiera decir nada, una mujer vestida con la misma formalidad se acercó a él con dos cafés con hielo. El hombre le sonrió y perdió todo interés en mantener el contacto visual conmigo.

Me di la vuelta y resoplé con desdén.

—¿A qué ha venido eso? —preguntó Jaxon.

Negué con la cabeza. —Nada, he tenido la extraña sensación de que ese tipo nos estaba vigilando, pero… no. Solo está aquí, como todo el mundo. Es que todavía se me hace surrealista que estemos bien. ¿Sabes a qué me refiero? —pregunté, bajando la voz.

Asintió, y se puso a mirar a su alrededor.

—Sé perfectamente a qué te refieres. Estoy tan acostumbrado a mirar por encima del hombro que es difícil dejar de hacerlo. Pero en estas vacaciones con vosotras dos, siento que por fin puedo… que por fin puedo, simplemente, disfrutar de nuestro tiempo y de nuestra vida juntos.

—¿Crees que ya podemos relajarnos? —pregunté, buscando más seguridad en sus palabras.

—Han pasado cinco meses y no hemos tenido noticias de nadie. Ni represalias ni nada. Estoy seguro de que Antonio nos habría dicho algo la última vez que cenamos con él y Bianca si hubiera algún problema. Así que sí, creo que ya podemos relajarnos de verdad y empezar a fingir que somos gente normal.

Me reí un poco por lo bajo. La idea me parecía tan ajena.

—Somos gente normal —repetí.

Él se rio y se acercó a besarme. —Eso es. No tenemos nada de qué preocuparnos ni nada que temer —respondió.

—Bueno, excepto tú si intentas interponerte entre mis langostinos en tempura y yo —repliqué con un guiño.

Se rio y volvió a besarme.

Paseamos tranquilamente y felices por el parque de atracciones, disfrutando del momento. No pensamos en nadie más que estuviera allí con nosotros, ni en si alguien nos perseguía, porque sabíamos que no era así. Disfrutamos de nuestro almuerzo de temática asiática y seguimos caminando hasta que estuve demasiado cansada para continuar.

Jaxon se encargó del cochecito mientras volvíamos al hotel y subíamos a la habitación. En cuanto abrió la puerta, entré y me desplomé sobre la cama.

—¿Quién iba a decir que tener un bebé te dejaba así? Ya ni siquiera está dentro de mí, ¿por qué estoy tan agotada? —pregunté.

—Bueno, no es solo eso. Todavía estás dando el pecho, hemos estado caminando mucho bajo el sol… Es normal que todo eso te pase factura, no te preocupes. Tómate todo el tiempo que necesites para recuperarte. Por eso estamos aquí una semana.

Me reí contra la almohada.

—A este paso no estoy segura de que una semana sea suficiente —respondí con sarcasmo.

—Pues la alargamos.

Me reí y relajé todos los músculos.

—¿Qué te parece esto? Voy a prepararte un buen baño para que te relajes. Luego, si te apetece, podemos volver a la zona de Inglaterra a por un helado. ¿Qué te parece? —preguntó mientras sacaba a Camilla del cochecito y la dejaba en su parque con unos cuantos peluches.

—Suena de maravilla, aunque no prometo que pueda caminar hasta la heladería.

—Entonces, ya veremos sobre la marcha —dijo con una risita. Se metió en el baño y yo no hice el más mínimo esfuerzo por moverme. No recuerdo haberme quedado dormida, pero lo siguiente que supe es que Jaxon me estaba sacudiendo suavemente para despertarme.

—¿Lista para tu baño, mi amor, o prefieres seguir durmiendo? —preguntó.

Negué con la cabeza y empecé a incorporarme.

—No, estoy lista. —No estaba segura de cuánto tiempo había dormido; debían de haber sido solo unos minutos, pero me sentía renovada. Me desnudé y me metí en el agua tibia de la bañera. Era enorme, más grande de lo que esperaba. Jaxon había puesto los chorros y había echado algún tipo de sales y espuma de baño para mí. Fue una grata sorpresa. Todos mis músculos empezaron a relajarse en cuanto me sumergí en el agua.

—¿Seguro que no quieres acompañarme? —le pregunté cuando empezaba a salir del baño.

Jaxon sonrió y empezó a desnudarse también. Se metió en la bañera y enroscó sus piernas suavemente alrededor de las mías. Nos quedamos mirándonos un rato, frotándonos lentamente los brazos con agua y espuma.

—¿Eres feliz, Sara? —preguntó de repente, pillándome por sorpresa.

—Sí, por supuesto. ¿Qué más podría desear? —pregunté.

Sonrió y se inclinó para besarme. Aquello era el paraíso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo