Protocolo de supervivencia: Mi guardaespaldas letal - Capítulo 11
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11: El escudo de carne y código 11: El escudo de carne y código El Sector 7 era un cementerio de hormigón y hierro oxidado, un lugar donde la luz del neón de la Zona Libre apenas llegaba como un eco agonizante.
Caminábamos pegados a las sombras de los viejos depósitos de agua, con el sonido de la lluvia repicando sobre el metal como tambores de guerra.
La señal de la Tía Elena nos había guiado hasta aquí, pero el silencio del lugar era demasiado perfecto.
Demasiado letal.
Ethan: —”Siento el calor de la mano de Hazel en la mía.
Sus dedos están entrelazados con los míos, una conexión analógica en un mundo que intenta digitalizarnos a la fuerza.
Mi corazón late con una fuerza que me asusta.
No es solo el miedo a los drones…
es el peso de las palabras que le dije en el callejón.
‘Te amo’.
No es un código, es una sentencia”.— Ethan: —Hazel, detente.
Los sensores de mi terminal están detectando una fluctuación en el espectro infrarrojo.
No son humanos.
Son firmas térmicas frías…
modulares.
Hazel: —(Levantando su arma con una fluidez que desafiaba su herida, su mirada volviéndose de nuevo ese cristal verde e imperturbable)— Drones Cazadores de Oracle.
Modelo ‘Vulture’.
Silas ha soltado a los perros guardianes.
No vienen a capturarnos, Ethan.
Vienen a borrarnos de la base de datos de los vivos.
De repente, el cielo sobre nosotros se iluminó con una luz roja quirúrgica.
Cuatro drones, con forma de arañas metálicas voladoras, descendieron de las vigas del depósito superior.
Sus rotores eran silenciosos, pero sus cámaras emitían un ziseo eléctrico que erizaba la piel.
Ethan: —”¡Cuidado!”— Me lancé sobre Hazel, derribándola justo cuando una ráfaga de pulsos de energía impactaba en el muro de hormigón tras nosotros, convirtiendo la piedra en polvo incandescente.
Rodamos por el suelo mojado, y por un segundo, su cuerpo quedó atrapado bajo el mío.
En medio del caos, nuestras miradas se cruzaron.
Hazel: —(Susurrando, con una intensidad que cortaba más que el láser)— Si morimos aquí, hacker…
asegúrate de que sea peleando.
No dejes que Silas se lleve el crédito de habernos rendido.
Ethan: —(Acariciando su rostro por un milisegundo, un gesto de amor puro en medio del infierno)— No vamos a morir.
Tengo una idea, pero necesito que seas mi escudo por sesenta segundos.
Hazel: —”Sesenta segundos.
Para un soldado de Oracle, eso es una eternidad.
Pero por él…
por el hombre que me enseñó que mi nombre no es un número de serie…
le daré cada segundo de mi vida”.— Hazel: —(Poniéndose en pie de un salto, disparando ráfagas cortas y precisas hacia los rotores de los drones)— ¡Haz lo tuyo, Ethan!
¡Yo me encargo de las moscas!
Me arrastré hacia el panel de control del depósito de agua.
Mis dedos volaban sobre el teclado táctil de mi terminal, pero la lluvia dificultaba la respuesta de la pantalla.
A mi alrededor, el mundo era un torbellino de luces rojas y fogonazos de pólvora.
Hazel se movía como una bailarina de la muerte, esquivando los láseres con una agilidad que parecía sobrehumana, a pesar de que la mancha de sangre en su gabardina volvía a crecer.
Ethan: —”¡Vamos, maldita sea!
¡Conéctate al nodo local!
Silas usa una frecuencia de 5.8 GHz para el control de los Vultures.
Si puedo crear una interferencia constructiva…”.— Un dron se lanzó en picado hacia Hazel.
Ella disparó, pero el blindaje del dron era demasiado grueso.
El impacto de la carga eléctrica del dron la lanzó contra una tubería de acero.
Ella soltó un grito de dolor que me desgarró el alma.
Ethan: —¡HAZEL!
Hazel: —(Levantándose con dificultad, la sangre corriendo por su frente, pero con una sonrisa desafiante)— ¡Sigue trabajando, Ethan!
¡Todavía respiro!
Ethan: —”No puedo perderla.
No ahora.
Inyectando virus: ‘Ruido Blanco’.
Sobrecarga de los sensores de proximidad de los Vultures en 3…
2…
1…
¡EJECUTAR!”— En el monitor de mi terminal, las firmas térmicas de los drones se volvieron erráticas.
En el aire, los Vultures empezaron a chocar entre sí, sus sistemas de navegación engañados por la señal fantasma que yo había creado.
Uno de ellos estalló en una bola de fuego, y los otros tres empezaron a girar sin control hasta estrellarse contra las paredes del depósito.
El silencio volvió al Sector 7, roto solo por el chisporroteo de los restos metálicos ardiendo en la lluvia.
Corrí hacia Hazel.
Estaba apoyada contra la tubería, jadeando, con los ojos cerrados.
Ethan: —(Tomándola en mis brazos, su cabeza descansando en mi hombro)— Lo hiciste.
Eres increíble.
Lo logramos, Hazel.
Hazel: —(Abriendo los ojos lentamente, su mano buscando la mía y entrelazándola con fuerza)— No…
lo hicimos nosotros.
Tu código y mi puntería.
¿Ves?
Somos el error del sistema que Silas no puede corregir.
Me incliné y la besé de nuevo, un beso que sabía a hierro, lluvia y victoria.
En ese momento, en medio de la destrucción y el peligro inminente, sentí que la Tía Elena, Silas y el Protocolo Fénix no eran nada comparados con el calor de su cuerpo contra el mío.
Ethan: —”Estamos heridos, estamos cansados, pero estamos juntos.
Silas cree que ha ganado porque nos tiene rodeados, pero no entiende que el amor es el único sistema que no puede ser hackeado”.— De repente, una voz suave surgió de las sombras del depósito.
Una voz que no venía de una terminal, sino de una garganta real.
Tía Elena: —Fue una defensa impresionante.
Silas siempre dijo que eras el mejor, Ethan.
Pero se olvidó de decir que habías encontrado algo por lo que valía la pena morir.
Miramos hacia la sombra.
La Tía Elena salió a la luz, pero no era la mujer que yo recordaba.
Su brazo izquierdo era una prótesis mecánica de alta gama, y un cable de interfaz colgaba de su cuello.
Sus ojos brillaban con un tinte sintético.
Ethan: —(Manteniendo a Hazel detrás de mí)— ¿Tía?
¿Qué te han hecho?
Tía Elena: —Me han dado una actualización, hijo.
Pero todavía queda suficiente de mí para darles la clave final.
Pero escuchen bien…
Silas no está en la Torre Oracle.
Él ES la Torre Oracle.
Si quieren detenerlo, tienen que entrar en el Núcleo y borrar su conciencia digital.
Y para eso…
uno de ustedes tendrá que quedarse atrás para asegurar la conexión.
Hazel: —(Mirándome con una resolución que me heló la sangre)— Yo lo haré.
Ethan: —”No.
No voy a dejar que esto termine en un sacrificio.
Tiene que haber otra forma.
Una forma donde ambos salgamos vivos”.—
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