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Protocolo de supervivencia: Mi guardaespaldas letal - Capítulo 13

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13: El Santuario de Carne 13: El Santuario de Carne La lluvia golpeaba los cristales reforzados del ático, creando una melodía aislada del resto del mundo.

Dentro, la luz era cálida, filtrada por paneles de ámbar que suavizaban los contornos de la habitación.

Ethan observaba a Hazel desde el borde de la cama; ella se despojaba de su bata de seda, dejando que la prenda resbalara por sus hombros como agua negra, revelando una piel que bajo la luz tenue parecía tallada en mármol y fuego.

Ethan: —”Cada vez que la miro, el código de la ciudad en mi mente se queda en silencio.

No hay datos, no hay protocolos.

Solo existe la curva de su cadera, el rastro de sus cicatrices que ahora beso como si fueran mapas de tesoros, y ese brillo en sus ojos que me dice que me pertenece tanto como yo a ella”.— Él se puso de pie, su torso desnudo mostrando la tensión de alguien que ha cargado el peso del mundo.

Se acercó a ella con una lentitud eléctrica.

Sus manos, grandes y firmes, rodearon la cintura de Hazel, atrayéndola hacia su cuerpo.

El contraste era embriagador: el calor de Ethan contra la frescura de la piel de ella.

Hazel soltó un suspiro entrecortado cuando los labios de Ethan encontraron el hueco de su cuello, succionando suavemente hasta dejar una marca rosada, un sello de posesión.

Sus manos de guerrera, capaces de romper huesos, se hundieron en el cabello de él, tirando suavemente para obligarlo a mirarla.

Hazel: —(Con la voz cargada de un deseo ronco)— Menos pensamiento, Administrador…

y más acción.

Hazme olvidar que hay un mundo ahí fuera.

Él la levantó con una fuerza que la hizo jadear, sus piernas rodeando la cintura de Ethan instintivamente.

La llevó de vuelta a las sábanas de hilo egipcio.

Allí, la pasión dejó de ser un susurro para convertirse en un incendio.

Ethan recorrió con su lengua el camino desde su esternón hasta el bajo vientre, deteniéndose en la sensibilidad de su piel, escuchando cómo el ritmo cardíaco de ella se sincronizaba con el suyo.

Hazel: —”Siento sus manos explorando cada rincón, despertando terminales nerviosas que ni siquiera sabía que tenía.

Cuando entra en mí, no es solo sexo; es una colisión de dos almas que se negaron a morir.

Sus embestidas son rítmicas, poderosas, y cada vez que sus dedos se entrelazan con los míos sobre la almohada, siento que estoy conectada al único servidor que importa”.— El clímax los alcanzó envueltos en sudor y susurros de amor, una explosión de sensaciones que dejó a Ethan jadeando sobre su pecho, sintiendo el latido de Hazel contra su propio esternón.

En ese silencio sagrado, ella tomó la mano de él y, con una suavidad inusual, la llevó hacia su vientre, justo encima de la pelvis.

Hazel: —Ethan…

los nanobots de regeneración detectaron algo esta mañana.

Algo que no es una herida, ni un error de sistema.

Ethan: —(Congelándose, su mente de Administrador procesando mil posibilidades en un segundo)— ¿Qué quieres decir?

¿Estás enferma?

Hazel: —(Con una sonrisa que mezclaba el miedo con una alegría feroz)— No.

Estoy…

estamos creando un nuevo código.

Hay una vida aquí, Ethan.

Un latido que no es el mío, ni el tuyo…

sino de ambos.

Ethan: —”Un hijo.

En medio de este caos de neón y acero, hemos creado algo puro.

Siento una ola de protección que me nubla la vista.

Juro por cada bit de poder que tengo que nadie tocará a este niño.

Nadie”.— El Ojo de Malphas___ Mientras ellos se refugiaban en su amor, a kilómetros de distancia, en un laboratorio subterráneo que olía a formaldehído y ozono, Malphas observaba una pantalla de alta resolución.

Gracias a un satélite espía que Ethan aún no había logrado purgar, el villano veía la silueta térmica de la pareja en el ático.

Malphas: —(Acariciando un bisturí láser con una delicadeza psicópata)— Miradlos.

Tan felices en su pequeña burbuja de carne.

No saben que el Administrador acaba de darnos su mayor vulnerabilidad.

Un heredero.

Un puente de carne entre su código y mi caos.

A su lado, su mano derecha, una mujer llamada Scylla —cuyo rostro estaba cubierto por una máscara de porcelana integrada en su cráneo—, asintió con un movimiento mecánico.

Scylla: —Los Splicers están listos, señor.

Hemos alterado el ADN de los drones de infiltración.

No huelen a metal, huelen a piel humana.

Pueden pasar los sensores de Ethan.

Malphas: —Perfecto.

No los matéis todavía.

Quiero que sientan cómo su mundo perfecto empieza a desmoronarse desde adentro.

Empezad con el suministro de agua de la torre.

Introducid el virus ‘Quimera’.

Quiero que Hazel empiece a ver sombras donde no las hay.

Malphas: —(Sonriendo hacia la pantalla)— Felicidades por el bebé, Ethan.

Será el espécimen más fascinante que jamás haya diseccionado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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