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Protocolo de supervivencia: Mi guardaespaldas letal - Capítulo 14

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  3. Capítulo 14 - 14 El Sabor del pecado y el acero
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14: El Sabor del pecado y el acero 14: El Sabor del pecado y el acero Para celebrar la noticia del heredero, Ethan no escatimó en recursos.

Había transformado la terraza acristalada de la torre en un jardín hidropónico privado.

El aire olía a tierra mojada y a las orquídeas blancas que rodeaban una mesa de obsidiana.

La ciudad, a miles de metros de profundidad, parecía una alfombra de joyas eléctricas, pero para Ethan, la única gema que importaba estaba sentada frente a él.

Ethan: —”He filtrado cada partícula de aire, he encriptado cada sensor de esta habitación.

Quiero que este momento sea solo nuestro.

Miro a Hazel y el deseo me golpea como una sobrecarga de voltaje.

El vestido de seda que lleva es casi traslúcido bajo las luces cálidas, y sé que debajo no lleva absolutamente nada”.— Él se levantó y rodeó la mesa, colocándose detrás de ella.

Sus manos bajaron por sus hombros, apartando los tirantes del vestido.

Hazel soltó un susurro, inclinando la cabeza hacia atrás para exponer la línea de su cuello.

Ethan no perdió el tiempo; sus labios recorrieron esa piel suave, marcándola con besos lentos mientras sus manos bajaban hacia su vientre, acariciando la zona donde la vida empezaba a florecer.

Hazel: —(Girándose en la silla, atrapando la cara de Ethan con sus manos, sus ojos brillando con una mezcla de hambre y ternura)— “Siento su erección presionando contra mi muslo a través de la seda.

El Administrador ha dejado paso al hombre, y el hombre me quiere aquí, sobre la obsidiana, rodeada de flores y peligro.

Me encanta cómo me mira, como si fuera lo más sagrado y lo más sucio que ha conocido”.— Él la levantó y la sentó sobre la mesa, apartando las copas de cristal con un movimiento brusco.

La seda del vestido se subió hasta su cintura, revelando sus muslos fuertes y la humedad que ya empezaba a brillar entre ellos.

Ethan se posicionó entre sus piernas, sus manos sujetando sus nalgas con una firmeza que la hizo arquear la espalda.

El contacto fue eléctrico; la frialdad de la piedra contra su espalda y el calor abrasador de Ethan frente a ella.

Ethan: —Te protegeré de todo, Hazel.

A ti y a él.

Eres mi único protocolo ahora.

Justo cuando él se disponía a entrar en ella, a sellar esa promesa con su cuerpo, un parpadeo rojo cruzó su visión periférica.

No era un error de sistema.

Era una alerta de intrusión biológica.

Capítulo 29: El Asalto de los Splicers El cristal reforzado de la terraza no estalló; se disolvió.

Cuatro figuras humanoides, pero con extremidades alargadas y piel que parecía escamas de cromo, entraron en la habitación.

Eran los Splicers de Malphas.

No usaban armas de fuego; sus dedos eran cuchillas de cerámica integradas y sus movimientos eran erráticos, como insectos bajo un microscopio.

Hazel: —(Reaccionando en una fracción de segundo, empujando a Ethan hacia atrás mientras recuperaba su cuchillo oculto bajo la mesa)— ¡ETHAN, ATRÁS!

¡No son máquinas, no puedes hackear sus cerebros!

Ethan: —”¡Maldita sea!

Malphas ha alterado su ADN para que sus sinapsis sean químicas, no eléctricas.

Mi control sobre la ciudad es inútil contra estos monstruos.

Tengo que usar el entorno”.— Uno de los Splicers se lanzó hacia Hazel con una velocidad inhumana.

Ella, todavía con el vestido rasgado y la piel brillante por el sudor de la pasión interrumpida, esquivó el ataque con una pirueta mortal.

El Splicer golpeó la mesa de obsidiana, partiéndola en dos.

Hazel no dudó; clavó su cuchillo en la nuca de la criatura, donde la espina dorsal se unía al cráneo metálico.

Una sangre verde y ácida salpicó las orquídeas.

Splicer Alpha: —(Con una voz que sonaba como dos placas de metal frotándose)— El Arquitecto…

quiere…

la semilla.

Entregad…

al niño.

Ethan: —(Gritando de furia, activando los aspersores de emergencia de la terraza)— ¡Sobre mi cadáver!

Ethan no se quedó mirando.

Usó su terminal de muñeca para sobrecargar las luces de cultivo hidropónico.

Un estallido de luz ultravioleta de alta intensidad cegó momentáneamente a los Splicers, cuyos ojos estaban diseñados para la oscuridad de los laboratorios de Malphas.

Hazel: —”El dolor en mi vientre es un recordatorio de lo que está en juego.

No soy solo una guerrera; soy una loba protegiendo a su cachorro.

Me lanzo sobre el segundo Splicer, usando el peso de mi cuerpo para derribarlo mientras le corto la garganta.

Siento la adrenalina quemándome las venas, mezclada con el amor feroz que le tengo al hombre que sigue tecleando para salvarnos”.— Ethan logró activar el sistema de defensa de presión atmosférica.

La terraza empezó a succionar el aire hacia afuera, creando un vacío que dificultaba el movimiento de los Splicers.

Con un movimiento coordinado, Ethan tomó una silla de metal y golpeó al último atacante hacia el vacío del ventanal roto.

El monstruo cayó al abismo de la ciudad sin soltar un solo grito.

El silencio volvió a la terraza, pero ya no era el silencio del romance.

Era el silencio de la guerra declarada.

Hazel se dejó caer de rodillas, jadeando, con las manos manchadas de esa sangre verde.

Ethan corrió hacia ella, envolviéndola en sus brazos, ignorando el peligro y el desorden.

Ethan: —Estás bien…

dime que estás bien.

El bebé…

Hazel: —(Tocándose el vientre con manos temblorosas)— Está bien.

Lo siento…

está asustado, pero está bien.

Ethan…

Malphas sabe lo del niño.

Ya no estamos seguros en ningún lugar.

Ethan: —”Miro los restos de nuestra cena, las flores muertas y la sangre ácida.

Malphas ha cometido el mayor error de su vida.

Ha entrado en mi hogar y ha amenazado lo único puro que me queda.

Ya no voy a ser un Administrador benevolente.

Voy a ser el arquitecto de su destrucción”.—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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