Protocolo de supervivencia: Mi guardaespaldas letal - Capítulo 19
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19: El Límite del cromo 19: El Límite del cromo Capítulo 48: El Límite del Cromo El transporte táctico aterrizó en un valle que no aparecía en los mapas de Oracle.
Aquí, a cientos de kilómetros de la metrópoli de acero, el aire no sabía a ozono, sino a pino y tierra mojada.
Ethan había usado los últimos códigos del búnker de Silas para localizar esta reserva ecológica privada, un santuario protegido por un domo de interferencia que bloqueaba cualquier satélite de Malphas.
Ethan: —”Bajo la rampa del transporte y el silencio me golpea.
No hay zumbido de servidores, no hay gritos de la red.
Solo el sonido del viento entre los árboles.
Miro a Hazel, que baja con Leo dormido en sus brazos.
Por primera vez en años, no lleva su chaleco táctico.
Lleva una camisa mía, demasiado grande para ella, y sus pies descalzos tocan la hierba real.
Se ve…
libre”.— La cabaña era de madera antigua y piedra, con un gran ventanal que daba a un lago de agua cristalina.
No había terminales de alta gama, solo una chimenea que crepitaba y mantas de lana gruesa.
Hazel: —(Inspirando hondo, cerrando los ojos mientras el sol de la tarde bañaba su rostro)— ¿Esto es real, Ethan?
¿O es otra simulación de alta fidelidad?
Ethan: —(Abrazándola por la espalda, sus manos descansando sobre las de ella, que sostenían al bebé)— Toca el agua, siente el frío.
Es real, Hazel.
Hemos hackeado nuestra salida del sistema.
Por ahora, el mundo puede arder o salvarse solo.
Nosotros ya hemos hecho nuestra parte.
PIEL Y FUEGO La noche en la cabaña era un abismo de silencio absoluto, roto solo por el susurro del viento entre los pinos y el rítmico crepitar de la chimenea.
Leo dormía profundamente en la habitación de al lado, protegido por paredes de madera gruesa y el amor de sus padres.
En el salón, la luz anaranjada del fuego bailaba sobre la piel de Hazel, quien permanecía de pie frente al ventanal, observando su reflejo en el cristal oscuro.
Ethan: —”La observo desde las sombras del pasillo y mi sistema nervioso se sobrecarga.
No hay interfaces, no hay sensores, solo mi instinto de hombre reclamando lo que es suyo.
Hazel se despoja de la camisa de lino con una lentitud tortuosa.
El tejido resbala por sus hombros, revelando la curva perfecta de su espalda, la firmeza de sus nalgas y la suavidad renovada de sus caderas tras el embarazo.
Es una visión de una belleza tan orgánica que me duele”.— Él se acercó por detrás, sus pies descalzos sin hacer ruido sobre la alfombra de piel.
Cuando sus manos finalmente tocaron la cintura de Hazel, ella soltó un jadeo entrecortado, echando la cabeza hacia atrás para apoyarla en el hombro de Ethan.
El contraste era embriagador: la aspereza de las manos de él contra la seda de la piel de ella.
Hazel: —(Susurrando, con la voz rota por un deseo que ya no podía contener)— He pasado meses siendo un escudo, Ethan.
He pasado meses siendo una madre…
pero esta noche necesito recordar que soy mujer.
Tu mujer.
Ethan no respondió con palabras.
La giró con una fuerza posesiva y la besó con una urgencia que sabía a hambre antigua.
Sus lenguas se entrelazaron en una batalla de sabores y humedad, mientras sus manos bajaban con impaciencia, apretando la carne de sus muslos y alzándola para que ella rodeara su cintura con sus piernas.
La llevó así, conectada a su cuerpo, hasta la alfombra frente al fuego.
Hazel: —”Siento su erección presionando contra mi vientre, dura como el acero que solíamos empuñar, pero caliente y viva.
Cuando me deposita sobre la alfombra, el calor de las llamas lame mi piel desnuda, pero el fuego real está en sus ojos.
Me abre de piernas con una delicadeza que me desespera, explorando mi humedad con sus dedos, encontrando el punto exacto que me hace arquear la espalda y clavar las uñas en sus hombros”.— Ethan se deshizo de su ropa con movimientos bruscos, revelando un cuerpo marcado por la guerra pero vibrante de deseo.
Se posicionó entre sus muslos, deteniéndose solo un segundo para admirar el contraste de sus cuerpos: ella, blanca y luminosa bajo el fuego; él, moreno y poderoso.
Cuando finalmente entró en ella, lo hizo con una embestida profunda y lenta que les arrancó un grito al unísono.
Ethan: —”Entrar en ella es como volver a casa.
Es el único puerto seguro en un mundo que intentó borrarnos.
Cada movimiento es una conversación sin código.
Siento cómo sus músculos internos me abrazan, reclamándome, mientras mis manos sujetan sus muñecas contra el suelo, inmovilizándola para devorar su cuello, sus pechos, su esencia”.— El ritmo fue aumentando, pasando de la ternura a una animalidad salvaje.
El sonido de sus cuerpos chocando rítmicamente se mezclaba con el chasquido de la madera quemándose.
Hazel envolvía la espalda de Ethan con sus piernas, atrayéndolo más y más profundo, buscando ese punto de no retorno donde el Administrador y la Guerrera desaparecían para ser solo dos almas ardiendo.
Hazel: —(Gimiendo contra su boca, sus pechos subiendo y bajando con violencia)— ¡Más, Ethan…
no te detengas!
¡Hazme tuya hasta que no quede nada de Oracle en mi cabeza!
El clímax los alcanzó como una supernova.
Fue una explosión de sensaciones que los dejó temblando, fundidos en un abrazo sudoroso y exhausto.
Ethan se derrumbó sobre ella, enterrando su rostro en el hueco de su cuello, respirando su aroma a jazmín y sexo.
En ese momento de vulnerabilidad total, el mundo exterior no existía.
Solo existía el calor de sus cuerpos entrelazados y el silencio bendito de la montaña.
Ethan: —(Susurrando mientras acariciaba el cabello empapado de Hazel)— Te amo.
En cada vida, en cada código…
siempre serás tú.
Se quedaron así durante horas, envueltos en una manta frente a las brasas que morían, celebrando su victoria no con armas, sino con el lenguaje más puro de la humanidad.
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