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Protocolo de supervivencia: Mi guardaespaldas letal - Capítulo 18

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  3. Capítulo 18 - 18 Pañales y Munición
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18: Pañales y Munición 18: Pañales y Munición El transporte táctico de Ethan descendía silenciosamente hacia el Sector Antiguo, una zona de la metrópoli que el progreso había olvidado.

Los edificios aquí eran de piedra y acero antiguo, cubiertos de una vegetación sintética que brillaba con una luminiscencia verdosa.

En el asiento trasero, Leo estaba sujeto a una silla de seguridad reforzada con fibra de carbono, ajeno al rifle de pulsos que Hazel estaba revisando a su lado.

Ethan: —”Miro por el retrovisor y veo la imagen más surrealista de mi vida.

Hazel está cargando cargadores de plasma mientras le canta en susurros una nana a Leo.

El contraste es brutal: la suavidad de su voz y el clic metálico de las armas.

Mis dedos están en el volante, pero mi mente está enlazada al sistema nervioso de mi hijo, monitoreando ese código que Silas dejó en él”.— Hazel: —(Terminando de ajustar su arnés táctico, que ahora incluía un portabebés blindado frontal de última generación)— Ethan, el pulso de Leo está estable, pero sus ondas cerebrales están empezando a emitir en la misma frecuencia que el búnker.

Estamos cerca.

Ethan: —(Aterrizando el vehículo en un callejón sumido en la niebla)— Activo el camuflaje óptico.

Tenemos sesenta minutos antes de que el escáner de Malphas detecte la anomalía térmica del aterrizaje.

Se bajaron del transporte.

Ethan se acercó a Hazel para ayudarla con el equipo.

En ese momento, en medio del peligro, el contacto físico fue inevitable.

Sus cuerpos chocaron, el metal de las armas rozando el cuero de sus trajes.

Ethan puso una mano en la nuca de Hazel, atrayéndola hacia él.

Hazel: —(Sintiendo el calor de su aliento, sus ojos encontrándose en la penumbra)— No es el momento para esto, Administrador.

Ethan: —(Besándola con una intensidad que sabía a miedo y a una promesa eterna)— Siempre es el momento, Hazel.

Necesito saber que estás aquí.

Necesito sentir que somos nosotros tres contra el mundo.

Hazel: —”Su beso me da la carga que ninguna batería de plasma podría darme.

Siento su mano apretando mi cintura y el peso de Leo contra mi pecho.

Somos una unidad.

Una familia de guerra.

Me separo de él con una sonrisa feroz, lista para derribar cualquier puerta que se interponga entre nosotros y la verdad”.— Capítulo 45: El Vientre del Búnker La entrada al búnker no estaba en una puerta, sino en una vieja fuente de piedra que representaba a un fénix renaciendo.

Cuando Leo se acercó en el pecho de su madre, sus pequeños ojos brillaron con un destello azul.

La piedra se deslizó sin hacer ruido, revelando un ascensor hidráulico que descendía hacia las profundidades de la tierra, mucho más abajo de lo que incluso los Descartados conocían.

Ethan: —”Este lugar no pertenece a Oracle.

Es anterior.

Es el laboratorio privado de Silas, el lugar donde realmente nació el Protocolo Fénix.

A medida que bajamos, la conexión con Leo se vuelve tan fuerte que empiezo a ver lo que él ve: líneas de código flotando en las paredes, recuerdos de un hombre que quería ser eterno”.— Entraron en una sala circular llena de cilindros de criogenia vacíos.

En el centro, una cuna de metal y cristal esperaba.

No era una cuna para dormir, sino una interfaz biológica.

Hazel: —(Apretando a Leo contra sí, su arma apuntando a las sombras)— No pienso ponerlo ahí, Ethan.

Ni lo sueñes.

Ethan: —(Acercándose a la consola central, sus manos temblando ligeramente)— No es para atraparlo, Hazel.

Es para…

leerlo.

Silas no quería poseer a Leo.

Quería que Leo fuera el que lo borrara para siempre.

Hay un cortafuegos aquí que solo el ADN de Leo puede activar.

Si lo hacemos, Malphas perderá su conexión con el núcleo de la ciudad.

Se quedará ciego.

De repente, una risa distorsionada resonó por los altavoces del búnker.

No era Silas.

Era Malphas.

Había logrado seguir la señal latente de Leo.

Malphas: —(A través de la red local)— Qué escena tan conmovedora.

El padre, la madre y el mesías digital.

Gracias por abrir la puerta, Ethan.

Mis Splicers de élite están bajando por el hueco del ascensor ahora mismo.

Hazel: —(Colocándose en posición de defensa, cubriendo a Leo con su propio cuerpo mientras Ethan empezaba a teclear desesperadamente)— ¡Ethan, haz lo que tengas que hacer!

¡Yo me encargo de los invitados!

Ethan: —”Tengo que conectar a mi hijo.

Tengo que confiar en que el código de Silas es honesto por una vez.

Pongo mi mano sobre la de Leo, guiando su pequeño dedo hacia el sensor de cristal.

‘Confía en papá, pequeño’.

El búnker ruge.

Las luces cambian a un blanco puro.

La batalla final por el alma de nuestra familia acaba de empezar”.— __________ El búnker de Silas rugía.

Las luces de emergencia blancas bañaban la sala circular mientras el sonido de los Splicers de élite descendiendo por el hueco del ascensor resonaba como garras contra el metal.

Ethan estaba pegado a la consola central, sus ojos moviéndose a una velocidad inhumana mientras sincronizaba el ADN de Leo con el núcleo del búnker.

Ethan: —”Siento a Leo.

No es solo un bebé en este momento; es una extensión de la red.

Sus constantes vitales están estables, pero su cerebro está procesando gigabytes de datos por segundo.

‘Solo un poco más, pequeño…

solo un poco más’.

Escucho los primeros disparos a mis espaldas.

Hazel ha empezado su baile”.— Hazel se posicionó detrás de una consola de grafeno, con Leo firmemente sujeto a su pecho en el arnés blindado.

El bebé no lloraba; sus ojos verdes seguían los fogonazos de los disparos como si fueran fuegos artificiales.

Hazel: —(Cargando su rifle de pulsos, su voz un susurro feroz dirigido al pequeño)— Cierra los ojos, cielo.

Mamá va a limpiar la habitación.

Los primeros tres Splicers entraron por el techo, cayendo como arañas de cromo.

Hazel no esperó a que tocaran el suelo.

Disparó una ráfaga corta que destrozó el núcleo hidráulico del primero, enviándolo a estrellarse contra la pared.

Se movió con una agilidad que desafiaba la física, usando las columnas del búnker como cobertura mientras mantenía a Leo siempre en el ángulo opuesto al fuego enemigo.

Hazel: —”Cada vez que aprieto el gatillo, siento el retroceso en mi hombro, pero mi centro de gravedad es perfecto.

Leo es mi ancla.

No tengo miedo a morir, tengo miedo a fallarle.

Un Splicer se acerca demasiado, su cuchilla de cerámica rozando mi hombro.

Le respondo con un golpe de culata que le rompe la mandíbula sintética y le vacío el cargador en el pecho.

La sangre verde salpica el cristal del arnés de Leo, pero él solo estira una mano, intentando tocar la luz del láser”.— Capítulo 47: El Abrazo de la Tormenta La oleada de enemigos parecía infinita.

Malphas estaba enviando todo lo que tenía para detener la transferencia.

Scylla apareció en el umbral, su máscara de porcelana agrietada, empuñando dos espadas de energía vibratoria.

Scylla: —Entrégame al niño, H-01.

No hagas que derrame su sangre sobre ese vestido de guerra.

Hazel: —(Soltando el rifle vacío y desenfundando su katana de vibración, colocándose en una guardia baja para proteger el frente)— Tendrás que cortarme en pedazos primero, muñeca de trapo.

Y te prometo que, incluso en pedazos, mis manos seguirán apretando tu cuello.

El duelo entre las dos mujeres fue un borrón de metal y chispas.

Hazel luchaba con una desventaja obvia: tenía que proteger su pecho a toda costa.

Pero compensaba esa falta de movilidad con una ferocidad suicida.

Cada vez que Scylla lanzaba una estocada, Hazel respondía con un contraataque que buscaba los puntos de unión mecánicos de la androide.

Ethan: —(Gritando desde la consola, mientras una onda de choque azul emanaba del sensor de Leo)— ¡HAZEL, AHORA!

¡EL CORTAFUEGOS ESTÁ CAÍDO!

En ese instante, Ethan activó la secuencia de “Purga Atmosférica”.

El aire del búnker se ionizó de golpe.

Un pulso electromagnético masivo, generado por la conexión de Leo, recorrió la sala.

Los Splicers se colapsaron al instante, sus circuitos fritos por la sobrecarga.

Scylla cayó de rodillas, su máscara rompiéndose finalmente para revelar un rostro humano marchito y conectado a cables.

Hazel: —(Jadeando, acercándose a Scylla y poniendo la punta de su espada en su garganta)— Dile a tu amo que el Administrador y su familia acaban de borrar su nombre de la lista de invitados.

Ethan se desconectó de la consola y corrió hacia ellos.

Tomó a Leo y a Hazel en un abrazo desesperado, sus manos temblando de adrenalina y alivio.

El bebé, finalmente cansado por la transferencia de datos, apoyó la cabeza en el hombro de su padre y se quedó profundamente dormido en medio del campo de batalla.

Ethan: —”Lo logramos.

Malphas está ciego.

He inyectado un virus en su red central a través del ADN de Leo que va a devorar sus servidores desde adentro.

Estamos a salvo…

por ahora”.— Hazel: —(Besando a Ethan con una mezcla de sangre y lágrimas en los labios)— Vámonos de este agujero.

Leo necesita un baño…

y nosotros necesitamos una cama que no sea de metal.

Salieron del búnker mientras el sistema de autodestrucción silenciosa de Silas empezaba a desmoronar las paredes de piedra.

El Sector Antiguo volvía a ser una tumba, pero ellos caminaban hacia la superficie como una unidad que ni siquiera el código de un dios pudo separar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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