Protocolo de supervivencia: Mi guardaespaldas letal - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 El latido del silencio
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2: El latido del silencio 2: El latido del silencio El zumbido de la bombilla de emergencia era el único sonido en la pequeña cámara de concreto.
Hazel seguía apoyada contra mi pecho, su respiración empezaba a estabilizarse, volviéndose rítmica y profunda.
El calor de su cuerpo atravesaba mi camisa empapada, y por primera vez, no sentía el frío del Sector 4.
Ethan: —”Está tan cerca…
puedo sentir su pulso en mi cuello.
Huele a una mezcla de peligro y algo que me atrae desesperadamente.
¿Cómo terminó un editor de videos abrazado a la mujer más buscada del país en un sótano olvidado?”— Ethan: —(Susurrando, casi temiendo romper el momento)— Hazel…
¿estás despierta?
Hazel: —(Sin moverse, con la voz apenas audible)— A medias.
El dolor se siente…
lejos ahora.
Es extraño.
No recordaba que se sintiera tan bien simplemente…
dejar de pelear por un segundo.
Hazel: —”Sus brazos son firmes.
No tienen los músculos de un soldado, pero tienen una seguridad que nunca encontré en el cuartel de Silas.
Silas me enseñó que el contacto físico es una debilidad…
pero con Ethan, se siente como la única fuerza que me queda”.— Me atreví a mover mi mano, apartando con suavidad un mechón de cabello castaño que se había pegado a su frente sudorosa.
Mi piel rozó la suya y un chispazo eléctrico, más fuerte que el de los cables de la batería, recorrió mi brazo.
Ella levantó la vista lentamente.
Sus ojos verdes, usualmente afilados como cristales, estaban nublados por una mezcla de cansancio y algo que hizo que mi garganta se cerrara.
Ethan: —Hazel, yo…
no sé qué va a pasar mañana.
Ni siquiera sé si saldremos de este túnel.
Pero quiero que sepas que no me arrepiento.
De nada.
Ni de abrir ese archivo, ni de correr contigo.
Hazel: —(Fijando su mirada en mis labios y luego volviendo a mis ojos)— Eres un idiota, Ethan.
Deberías estar odiándome por arrastrarte a este infierno.
Ethan: —Quizás el infierno no es tan malo si estoy contigo.
Me incliné apenas unos milímetros.
El espacio entre nosotros se redujo hasta que nuestras narices se rozaron.
Podía ver cada detalle de su rostro bajo la luz parpadeante: la pequeña cicatriz en su ceja, las pecas que el maquillaje táctico solía ocultar, la suavidad de su piel.
El tiempo pareció detenerse, congelado en un fotograma perfecto que me negaba a editar.
Hazel: —”Está pasando.
El hacker va a besar a la sombra.
Mi corazón late tan fuerte que temo que la herida se abra de nuevo, pero no me importa.
Si este es mi último recuerdo, que sea este”.— Sus labios se entreabrieron, buscándome, y justo cuando el roce era inminente, un estruendo metálico retumbó desde el final del túnel.
El sonido de pasos pesados y el eco de una voz rasgada cortaron el aire como una cuchilla fría.
Vektor: —(Gritando a lo lejos, su voz distorsionada por un megáfono)— ¡Sé que están ahí, ratitas!
¡Huelo el ozono de tu estúpido truco eléctrico, Ethan!
¡Salgan ahora y prometo que la chica morirá rápido!
Hazel: —(Separándose de golpe, su instinto de combate regresando como un resorte)— ¡Maldita sea!
¡Vektor!
Ethan: —”¡No!
¡Un segundo más!
Estábamos a un maldito segundo.
Silas y sus perros no solo quieren mi cabeza, quieren robarme lo único real que he tenido en años”.— Ethan: —(Apretando los dientes mientras recuperaba su tableta)— No va a pasar, Hazel.
Esta vez no vamos a correr.
Tenemos que llegar a la subestación 9, pero primero…
voy a darle a Vektor algo que no podrá rastrear con sus visores térmicos.
Hazel: —(Sujetándome del rostro con ambas manos por un instante efímero)— Si sobrevivimos a esto, Ethan…
me debes ese beso.
No lo olvides.
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