Protocolo de supervivencia: Mi guardaespaldas letal - Capítulo 3
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- Capítulo 3 - 3 El rugido de la subestación
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3: El rugido de la subestación 3: El rugido de la subestación El sonido metálico de las botas de Vektor resonaba en el túnel como el latido de un corazón mecánico sediento de sangre.
El momento de paz, ese casi beso que aún quemaba en mis labios, se había disuelto en el aire frío del Sector 4.
Hazel se puso en pie, su rostro volviéndose una máscara de concentración pura a pesar de la palidez de su piel.
Ethan: —”No puedo permitir que la encuentre.
Si Vektor ve lo débil que está, no habrá negociación.
La usará para llegar a mí y luego la descartará como basura tecnológica”.— Ethan: —Escucha, Hazel.
El túnel tiene un sistema de alivio de presión para las calderas de la subestación 9.
Si logro puentear la válvula principal desde mi tableta, crearemos una cortina de vapor saturado.
No verán nada, ni siquiera con visores térmicos, porque el calor del vapor anulará sus sensores.
Hazel: —(Revisando su cargador, su mano temblando apenas un milímetro)— Hazlo.
Yo cubriré la retaguardia.
Pero Ethan…
si el vapor sale a esa presión, el túnel se convertirá en un horno.
Tienes exactamente diez segundos para abrir la escotilla de escape antes de que nos cocinemos aquí dentro.
Hazel: —”Su mente vuela.
Es increíble cómo puede ver soluciones en tuberías oxidadas mientras yo solo veo ángulos de disparo.
Pero su seguridad me asusta…
si falla por un microsegundo, este será nuestro fin”.— Me arrodillé frente al panel de control de la pared, un amasijo de cables pelados y diales analógicos que databan de antes del gran apagón.
Conecté mi interfaz portátil, mis dedos moviéndose con una urgencia frenética.
El sudor me escocía en los ojos, pero no me atrevía a parpadear.
Vektor: —(A menos de veinte metros, su voz resonando con una crueldad vibrante)— ¡Vamos, Ethan!
Sé que estás intentando hackear algo.
¿Por qué no te rindes?
Silas te quiere vivo, pero no dijo nada sobre tus piernas.
¡Puedo dejarte en una silla de ruedas editando videos por el resto de tu miserable vida!
Ethan: —”Sigue hablando, idiota.
Cuanto más cerca estés, más fuerte te golpeará la presión”.— Ethan: —¡Hazel, ahora!
¡Al suelo!
Presioné la tecla “Enter” con una fuerza definitiva.
Un rugido ensordecedor, como el grito de un gigante herido, llenó el túnel.
Las válvulas de seguridad saltaron por los aires, convertidas en proyectiles de acero.
Una nube blanca, densa y abrasadora de vapor a presión estalló desde las tuberías laterales, envolviéndolo todo en un sudario de calor insoportable.
Vektor: —¡Maldita sea!
¡No veo nada!
¡Mis sensores están saturados!
¡Abran fuego al azar!
¡Fuego!
El sonido de los disparos de los mercenarios se mezcló con el siseo del vapor.
Las balas silbaban sobre nuestras cabezas, impactando en las paredes de concreto y soltando esquirlas de piedra.
Tomé a Hazel de la mano; su piel estaba empapada por la humedad del vapor.
Ethan: —”Es ahora o nunca.
El calor está subiendo a 80°C.
Mis pulmones arden.
Tengo que encontrar la manija de la escotilla de la subestación 9″.— Avanzamos a ciegas, guiándome solo por el mapa esquemático que parpadeaba en rojo en mi muñeca.
El vapor era tan denso que no podía ver mis propios pies.
Hazel tropezó, soltando un gemido de dolor cuando la herida de su costado se tensó.
Hazel: —(Tosiento violentamente por el aire húmedo y caliente)— Ethan…
no…
no puedo ver la salida…
Ethan: —¡Aquí!
¡La tengo!— grité, encontrando el volante de hierro fundido.
Estaba trabado por décadas de óxido.
Tiré con todas mis fuerzas, sintiendo cómo los músculos de mis hombros gritaban por el esfuerzo.
En mi mente, visualicé a Vektor avanzando a tientas, disparando su arma hacia el origen del ruido.
Ethan: —”¡Gira, maldita sea!
¡Gira!”— Con un crujido agónico de metal contra metal, la escotilla cedió.
Un chorro de aire fresco, benditamente frío, entró desde el otro lado.
Empujé a Hazel hacia el interior de la subestación 9 y salté tras ella, cerrando la puerta pesada justo cuando una ráfaga de balas impactaba contra el exterior del acero.
Caímos sobre un suelo de rejilla metálica.
El silencio de la subestación, interrumpido solo por el zumbido de los transformadores gigantes, era un bálsamo después del caos del túnel.
Hazel estaba tendida, respirando con dificultad, su traje táctico goteando agua y sudor.
Hazel: —(Mirándome con una mezcla de asombro y alivio puro)— Lo logramos…
Realmente lo logramos, hacker.
Ethan: —”Su rostro está rojo por el calor, su cabello es un desastre y está cubierta de hollín…
y nunca me ha parecido más hermosa.
El deseo de besarla, el que Vektor interrumpió, regresa con una fuerza que me asusta”.— Ethan: —Te dije que el software le gana al hardware.
Pero no podemos quedarnos aquí.
La subestación 9 es inmensa, es un laberinto de generadores.
Tenemos que encontrar el cuarto de control central.
Marcus dijo que allí hay un enlace satelital directo que Silas no puede bloquear.
Hazel: —(Apoyándose en un generador para levantarse, su mano buscando la mía)— Entonces guíame, Ethan.
Confío en tu mapa.
Pero si volvemos a estar a punto de morir…
no dejes que el villano interrumpa la conversación de nuevo.
Ethan: —(Sujetando su mano con firmeza, entrelazando mis dedos con los suyos)— Te lo prometo, Hazel.
La próxima vez, no habrá nadie que nos detenga.
El interior de la Subestación 9 era una catedral de acero y obsolescencia.
Las pasarelas de rejilla vibraban bajo nuestros pies con un zumbido de baja frecuencia que se sentía en los dientes.
A nuestro alrededor, transformadores del tamaño de vagones de tren se alzaban como monolitos negros, rodeados por aisladores de porcelana que brillaban débilmente bajo la luz de emergencia.
Ethan: —”Mis sensores indican que este lugar todavía maneja el 15% del flujo eléctrico del sector industrial.
Un paso en falso, un roce con un cable pelado, y seremos cenizas antes de que el corazón de Hazel pueda dar un latido más”.— Ethan: —Cuidado con esa barandilla, está electrificada por inducción.
No la toques sin guantes.
Hazel: —(Sujetándose el costado, su rostro bañado en un sudor frío que no se debía solo al calor del túnel)— Gracias por el aviso, hacker.
Pero si no encontramos un lugar donde sentarme pronto, las descargas eléctricas serán el menor de mis problemas.
Siento que mi costado está ardiendo por dentro.
Hazel: —”El procedimiento de Ethan detuvo la hemorragia externa, pero siento una presión punzante en el abdomen.
Si la bala fragmentó una costilla, cada respiración es una apuesta contra el tiempo.
No puedo desplomarme ahora.
No frente a él”.— Caminamos por un pasadizo estrecho flanqueado por bobinas de cobre gigantescas.
El aire aquí era seco y olía a ozono y aceite caliente.
De repente, una luz roja comenzó a girar en el techo, acompañada por una sirena mecánica que sonaba como un lamento metálico.
Voz Sintética: —Intrusión detectada en el Sector Primario.
Activando protocolos de contención de la Corporación Oracle.
Ethan: —¡Maldita sea!
¡Silas tiene el control de los sistemas de seguridad autónomos incluso aquí!
No es solo una subestación vieja, es un nodo de respaldo de su propia red.
Ethan: —”Oracle…
siempre un paso adelante.
Si el sistema activa los drones de vigilancia interna, no tendremos dónde escondernos en este laberinto abierto”.
De las sombras del techo, dos esferas metálicas del tamaño de un balón de fútbol descendieron silenciosamente.
Sus lentes ópticos, de un rojo intenso, escanearon el área con una precisión gélida.
Eran drones de contención Sentinel, equipados con pistolas de choque de alta frecuencia.
Hazel: —(Desenfundando su arma con una rapidez asombrosa, a pesar de su herida)— Detrás de ese transformador, ¡ahora!
Ethan: —¡No les dispares a los sensores!
Tienen blindaje reactivo.
¡Apunta a las juntas de las hélices!
Hazel: —(Apretando el gatillo con una cadencia rítmica: PAM-PAM)— ¡Sé cómo hacer mi trabajo, Ethan!
¡Tú haz el tuyo y encuentra una forma de apagar estas malditas pelotas de tenis!
Las balas rebotaron en el chasis de los drones, soltando chispas.
Los centinelas respondieron con ráfagas de arcos eléctricos que impactaron contra el transformador donde nos ocultábamos, haciendo que el metal crujiera.
El olor a quemado se volvió insoportable.
Ethan: —”Piensa, Ethan.
Estos drones se comunican por protocolo ZigBee de baja potencia para evitar interferencias con el alto voltaje.
Si puedo crear un bucle de retroalimentación en la red de la subestación…”.— Saqué mi tableta, pero mis dedos estaban entumecidos.
La vibración de los transformadores estaba interfiriendo con la pantalla táctil.
Tuve que forzar el teclado físico de emergencia.
Ethan: —¡Hazel, necesito diez segundos!
¡Mantén sus sensores ocupados!
Hazel: —(Rodando por el suelo para ganar un mejor ángulo, ignorando el grito de dolor de sus costillas)— “Diez segundos…
en una pelea, diez segundos es una eternidad.
Pero si él dice que puede hacerlo, le daré hasta mi último aliento”.— Hazel: —¡Oigan, chatarras!
¡Por aquí!
Ella lanzó un cargador vacío hacia el lado opuesto del pasillo.
Los drones giraron sus lentes hacia el ruido, y en ese microsegundo, Hazel se asomó y disparó directamente a la base de uno de ellos.
El dron estalló en una bola de fuego azulado, cayendo pesadamente sobre una rejilla.
Ethan: —¡Lo tengo!
¡Sobrecarga de señal enviada!
En la pantalla de mi tableta, una barra de progreso llegó al 100%.
El segundo dron comenzó a girar sobre su propio eje de forma errática, sus luces rojas parpadeando en un blanco frenético hasta que finalmente sus motores se detuvieron y cayó al vacío, perdiéndose en las profundidades de la planta baja de la subestación.
Ethan: —(Corriendo hacia Hazel, que se había quedado de rodillas, jadeando)— ¡Hazel!
¿Estás bien?
Hazel: —(Mirando el humo que salía de los restos del dron)— He tenido…
mejores citas, Ethan.
Pero admito que tu truco con la tableta fue…
sexy.
Ethan: —”¿ Sexy?
¿Dijo sexy?
Mi corazón dio un vuelco que no tuvo nada que ver con los drones.
En medio de este cementerio eléctrico, ella todavía tiene tiempo para desarmarme con una palabra”.— Ethan: —(Ayudándola a levantarse, pasando su brazo por mi cuello)— No te acostumbres.
La próxima vez dejaré que tú te encargues de la tecnología y yo dispararé las armas.
Hazel: —(Riéndose débilmente contra mi oído)— Ni en tus sueños, hacker.
Tu puntería es probablemente tan mala como tu sentido de la moda.
Caminamos un tramo más, ascendiendo por una escalera de caracol que parecía no tener fin.
Cada escalón era una tortura para ella, y cada vez que soltaba un gemido ahogado, yo sentía una punzada en el pecho.
Finalmente, llegamos a una puerta de vidrio reforzado con un cartel que decía: CENTRO DE MANDO – ACCESO RESTRINGIDO.
Ethan: —Es aquí.
La Subestación 9 se controla desde este nodo.
Si Marcus no mintió, aquí hay un enlace de fibra óptica pura que va directo a la red troncal de la ciudad, saltándose todos los firewalls de Silas.
Ethan: —”Si entro ahí, no habrá vuelta atrás.
El Protocolo Fénix se activará y el mundo entero sabrá lo que Silas ha estado haciendo.
Pero también…
nos convertiremos en los fugitivos más buscados del planeta.
¿Estoy listo para eso?”— Miré a Hazel.
Ella me miraba con una mezcla de respeto y una ternura que intentaba ocultar tras su fachada de guerrera.
Hazel: —Hazlo, Ethan.
No vinimos hasta aquí para mirar la puerta.
Abre ese sistema y enséñale a Silas Thorne lo que pasa cuando te metes con la gente equivocada.
Ethan: —(Poniendo mi mano sobre el lector biométrico, que logré puentear con un cable puente)— Juntos, Hazel.
Siempre juntos.
La puerta se deslizó con un siseo neumático, revelando una sala llena de pantallas gigantes y una consola central que brillaba con una luz blanca purificadora.
Pero en el centro de la sala, sentada en la silla principal, había una figura que no esperábamos ver.
Ethan: —”No…
no puede ser.
¿Cómo llegó aquí antes que nosotros?”— Hazel: —(Levantando su arma, pero su voz temblaba)— ¿Tía…?
La puerta de vidrio reforzado se deslizó con un susurro neumático que cortó el aire estancado de la subestación.
Entramos en una sala circular, rodeada de pantallas que monitoreaban el flujo eléctrico de toda la ciudad como un sistema nervioso digital.
Pero el centro de la habitación no estaba vacío.
En la silla principal, de espaldas a nosotros, una figura menuda permanecía inmóvil frente a una consola que brillaba con un verde tóxico.
El corazón me dio un vuelco.
Esa silueta, la forma en que se inclinaba sobre el teclado…
era demasiado familiar.
Hazel: —(Con la voz rota, bajando el arma apenas un centímetro)— ¿Tía…?
¿Qué haces aquí?
No es posible…
deberías estar en el refugio del norte.
La silla giró lentamente.
No era una extraña.
Era la mujer que me había enseñado a ver los patrones en el caos, la que me había dado mi primera computadora cuando apenas era un niño curioso.
Pero su mirada ya no tenía esa calidez de los domingos por la tarde.
Sus ojos estaban inyectados en sangre y sus dedos, manchados de aceite, no dejaban de teclear.
Tía Elena: —(Con una sonrisa triste que no llegaba a sus ojos)— El mundo es más pequeño de lo que piensas, Ethan.
Y Silas Thorne tiene una forma muy convincente de pedir favores.
Ethan: —”No…
no ella.
Cualquiera menos ella.
Mi tía, la que me cuidó cuando mis padres se fueron…
¿trabajando para el arquitecto del Protocolo Fénix?
Siento como si el suelo de la subestación se hubiera convertido en agua”.— Ethan: —Te envié mensajes, Tía.
Te busqué.
¡Pensé que Silas te había secuestrado!
Tía Elena: —Y lo hizo, hijo.
Pero no con cadenas, sino con deudas.
Deudas que tú mismo ayudaste a crear cuando empezaste a editar esos archivos prohibidos.
Él me dijo que si yo no terminaba de depurar el kernel del Protocolo, tú nunca saldrías vivo del Sector 4.
Hazel: —(Recuperando su frialdad, apuntando directamente al pecho de Elena)— Es una trampa, Ethan.
No es tu tía la que habla, es una rehén o una colaboradora.
Mírala…
está cargando un virus de rastreo en el puerto de enlace.
Si conectas tu tableta, Silas sabrá exactamente dónde estamos en tres segundos.
Hazel: —”La he visto antes.
En los archivos secretos de Silas.
Ella no es solo una pariente preocupada; es la mente maestra que diseñó la encriptación original de la base de datos de Oracle.
Ethan ha vivido en una mentira toda su vida”.— Ethan: —(Dando un paso adelante, ignorando el dolor en el pecho)— Tía, apártate de esa consola.
Todavía podemos arreglarlo.
Tengo el código final.
Puedo borrar el protocolo y liberar tus deudas.
Tía Elena: —Ya es tarde, Ethan.
El protocolo ya no es un archivo…
es una identidad.
Y tú eres la última pieza.
Silas no quiere el código, te quiere a ti.
Ethan: —”Sus palabras son como dagas de código.
Me está mirando como si fuera un proyecto terminado, no como a su sobrino.
¿Cuánto de mi vida ha sido real y cuánto ha sido un guion escrito por Silas Thorne?”— De repente, una luz roja parpadeó en la pantalla principal.
CARGA DE DATOS: 85%.
Hazel: —¡Ethan, muévete!
¡Va a enviar la señal!
Me lancé sobre la consola secundaria, mis dedos volando sobre el teclado táctil.
Mis manos, que antes temblaban por el miedo, ahora se movían con una precisión gélida nacida de la traición.
No estaba hackeando a un enemigo; estaba hackeando mi propio pasado.
Ethan: —(Gritando sobre el zumbido de los servidores)— ¡No voy a dejar que lo hagas, Elena!
Si el mundo tiene que arder para detener a Silas, que así sea.
Ethan: —”Inyección de script: ‘Parallax’.
Sobrecarga de los condensadores del nodo 9.
Si no puedo detener la transmisión, volaré este centro de mando por los aires”.— Tía Elena: —(Tecleando con una velocidad sobrehumana)— No seas ingenuo, Ethan.
El amor es un error de sistema.
Silas me dio los recursos para que tú fueras el mejor, y ahora el mejor debe cumplir su propósito.
Hazel: —(Disparando a un monitor lateral para crear una distracción)— ¡Ethan, la ventana de tiempo se cierra!
¡Hazlo ya!
El aire en la sala se volvió ionizado.
Un arco eléctrico saltó entre los racks de servidores, bañándonos en una luz blanca cegadora.
El sonido era ensordecedor, como mil gritos digitales comprimidos en un segundo.
Ethan: —”¡Casi está!
¡95%…
98%…!
¡Ejecutar comando: BORRADO TOTAL!”— Presioné la tecla final.
Un silencio absoluto, más aterrador que el ruido anterior, cayó sobre la sala.
Todas las pantallas se volvieron negras simultáneamente.
Mi tía se quedó inmóvil, mirando la consola apagada con una expresión de vacío total.
Tía Elena: —(Susurrando)— Lo has hecho…
has borrado el legado de toda una vida.
Ethan: —(Jadeando, con el sudor empapando mi camisa)— No, tía.
He recuperado la mía.
Me giré hacia Hazel.
Estaba apoyada contra la pared, su herida volviendo a sangrar por el esfuerzo de la pelea, pero me miraba con una sonrisa de puro triunfo.
Por un segundo, el mundo fue perfecto.
Habíamos ganado.
Habíamos detenido al monstruo.
Pero entonces, una voz tranquila y elegante surgió de los altavoces ocultos en el techo.
No era la voz de Marcus, ni la de un sistema operativo.
Era él.
Silas Thorne: —Buen trabajo, Ethan.
Realmente impresionante.
Pero, ¿te has preguntado por qué el botón de borrado funcionó tan fácilmente?
Ethan: —”No…
no puede ser.
El código era real.
Lo vi borrarse bit por bit”.— Silas Thorne: —No borraste el Protocolo Fénix del servidor, Ethan.
Lo borraste de la red externa para que solo existiera en un lugar: en la memoria caché de tu tableta.
Gracias por guardármelo de forma tan segura.
Vektor…
entra y recógelo.
La puerta trasera de la sala se abrió con un estallido.
Vektor, con el brazo en cabestrillo y una mirada de odio puro, entró con un escuadrón de soldados.
Hazel: —(Levantando su arma vacía, con un brillo desafiante en los ojos)— Sobre mi cadáver, Silas.
Ethan: —”Estamos atrapados.
Sin armas, sin escape y con la verdad de mi familia destrozada en el suelo.
Pero Silas cometió un error…
todavía tengo la tableta en mis manos, y todavía tengo una última jugada que no requiere software”.— El aire en el centro de mando se volvió gélido, a pesar del calor que emanaban los servidores agonizantes.
Vektor avanzaba con una cojera pesada, su rostro desfigurado por una mueca de triunfo sádico.
Detrás de él, cuatro soldados de élite de Oracle mantenían sus rifles nivelados, sus miras láser creando una red de puntos rojos sobre el pecho de Hazel.
Ethan: —”Mis dedos están entumecidos, pero mi mente nunca ha estado más clara.
Silas cree que la tableta es el premio.
No sabe que la he convertido en una granada de inducción de litio.
Solo necesito un segundo de su arrogancia”.— Vektor: —Dame la tableta, hacker.
Despacio.
No querrás que el último recuerdo de tu tía sea ver cómo te volamos la cabeza frente a ella.
Vektor: —Dame la tableta, hacker.
Despacio.
No querrás que el último recuerdo de tu tía sea ver cómo te volamos la cabeza frente a ella.
Tía Elena: —(Mirándome con una mezcla de horror y una extraña súplica en los ojos)— Dásela, Ethan.
No vale la pena.
Silas ya ganó desde el momento en que entraste en este sector.
No puedes luchar contra el sistema que te creó.
Hazel: —(Escupiendo sangre, con la mirada fija en Vektor)— El sistema tiene fallos, Elena.
Y tú eres el más grande de todos.
Hazel: —”Mi herida está latiendo al ritmo de mi corazón.
Si me muevo rápido, puedo derribar a dos antes de que me acribillen.
Pero Ethan…
tiene ese brillo en los ojos.
El brillo del código que nadie puede descifrar.
Tengo que confiar en él una última vez”.— Silas Thorne: —(A través de los altavoces, su voz suave como la seda)— Ethan, siempre fuiste mi favorito.
Tu capacidad para editar la realidad, para ver el cuadro completo…
es lo que el mundo necesita.
El Protocolo Fénix no es una cárcel, es un filtro.
Solo los mejores sobrevivirán al gran apagón que viene.
Únete a nosotros.
Salva a tu tía.
Salva a Hazel.
Ethan: —(Levantando la tableta lentamente, con el dedo sobre el botón de sobrecarga de la batería)— Sabes mucho de filtros, Silas.
Pero te olvidaste de uno: el error humano.
Ethan: —”Lo siento, Tía.
Pero no voy a ser el esclavo de tu ambición.
Ni de la de Silas”.— De repente, la Tía Elena hizo algo que nadie esperaba.
Se lanzó sobre la consola principal, golpeando un interruptor de emergencia físico que estaba oculto bajo el tablero.
Tía Elena: —¡CORRE, ETHAN!
¡EL SECTOR 4 SE VA A NEGRO!
Un estruendo ensordecedor sacudió la subestación.
Elena no había activado una alarma; había provocado un cortocircuito masivo en los condensadores principales de la planta.
Una explosión de luz blanca y chispas de color violeta llenó la sala, cegando momentáneamente a los soldados y sus visores nocturnos.
Vektor: —¡Maldita sea!
¡No veo nada!
¡Abran fuego!
Ethan: —”Es ahora.
¡AHORA!”— Activé la sobrecarga de la tableta y la lancé con todas mis fuerzas hacia el centro de la formación de soldados.
Al mismo tiempo, me abalancé sobre Hazel, envolviéndola con mi cuerpo mientras rodábamos tras el pesado escritorio de acero de la consola.
La tableta no explotó como una bomba convencional; emitió un pulso electromagnético (EMP) localizado de tal magnitud que los rifles electrónicos de los soldados estallaron en sus manos.
Los gritos de dolor se mezclaron con el sonido del cristal rompiéndose y el metal retorciéndose.
Hazel: —(Jadeando, su rostro contra el mío en la oscuridad absoluta)— ¡Ethan!
¡La puerta de emergencia está a la derecha!
¡Muévete o el fuego nos alcanzará!
Ethan: —”Mi tía…
se quedó allí.
La vi desaparecer bajo el arco eléctrico.
No puedo pensar en eso ahora.
No puedo dejar que su sacrificio sea en vano”.— Nos arrastramos entre el humo acre y las chispas que caían del techo como lluvia de fuego.
En la oscuridad, solo nos guiaba el brillo intermitente de los incendios eléctricos.
Logramos llegar a la escotilla de mantenimiento mientras, a nuestras espaldas, la subestación 9 comenzaba a colapsar sobre sí misma en una reacción en cadena de fallos de energía.
Salimos al exterior.
La lluvia del Sector 4 nos recibió, fría y purificadora.
El cielo estaba teñido de un naranja irreal por los incendios.
Estábamos empapados, heridos y sin nada más que la ropa que llevábamos puesta.
Hazel: —(Apoyándose en mí, mirando el edificio que se derrumbaba tras nosotros)— ¿Lo perdimos?
¿El Protocolo…
se fue con la tableta?
Hazel: —(Apoyándose en mí, mirando el edificio que se derrumbaba tras nosotros)— ¿Lo perdimos?
¿El Protocolo…
se fue con la tableta?
Ethan: —(Respirando el aire húmedo, sintiendo el peso de la traición y la pérdida)— No.
Hice una copia espejo en el servidor privado de Marcus antes de lanzar la tableta.
Silas cree que lo tiene, pero ahora…
ahora nosotros tenemos la única llave que queda.
Ethan: —”Silas Thorne cree que ha ganado porque nos quitó todo.
No sabe que cuando no tienes nada que perder, eres el hombre más peligroso de la red.
Mi tía Elena murió para darnos esta oportunidad, y voy a usar cada bit de ese protocolo para enterrar a Oracle”.— Hazel: —(Tomando mi rostro con sus manos mojadas por la lluvia, sus ojos verdes brillando con una intensidad nueva)— Ethan…
lo hiciste.
Eres un maldito héroe de sistemas.
Ethan: —No soy un héroe, Hazel.
Solo soy el editor que va a cortar la escena final de Silas.
Bajo la lluvia incesante del Sector 4, rodeados de ruinas y fuego, finalmente sucedió.
Sin palabras, sin dudas, me incliné y la besé.
Sus labios sabían a lluvia, a hierro y a una libertad que nos había costado todo.
Fue un beso desesperado, nacido del caos, un pacto sellado en el borde del abismo.
Hazel: —”Sus labios son cálidos, un contraste violento con el frío de la noche.
Siento que mi corazón vuelve a latir, no por la adrenalina, sino por él.
Silas puede tener el mundo, pero yo tengo al hombre que lo va a incendiar”.— Nos separamos lentamente, mientras las sirenas de la policía de Oracle empezaban a aullar en la distancia.
El juego apenas estaba comenzando.
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