Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 21
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Capítulo 21: Sentimientos
“El corazón humano es un instrumento delicado, susceptible a las melodías más engañosas”
–Libe Gloze
Tanya
La Nochebuena se esfumó en un abrir y cerrar de ojos. Tanya y Jared tuvieron que detener su apasionado momento cuando escucharon la voz de Emmet, quien los buscaba furioso. Se acomodaron rápidamente la ropa para disimular lo que hacían. Al salir de la casa del terror, Jared y Emmet se encontraron cara a cara. No hubo palabras, pero sus miradas lo dijeron todo: una mezcla de desafío, celos y una promesa tácita de conflicto.
Noah llegó momentos después para llevarlos a la mansión a descansar. Tanya no durmió mucho esa noche; al día siguiente, su mano estaba entumecida, y es de suponer que a Jared le sucedió lo mismo. Ella tenía planeado continuar lo que habían dejado a medias en Año Nuevo, pero Emmet no se separó de ella por orden de Noah, aunque esto fue más una excusa de Emmet para estar cerca de Tanya y limitar sus interacciones con Jared. Lo único que pudieron hacer fue intercambiar uno que otro beso, tomarse de las manos y abrazarse. Ahora, oficialmente como pareja, habían recibido la aprobación de todos, lo cual fue un alivio.
El año pasó volando. A principios de enero de 1994, el trabajo se multiplicó, y con él, las ganancias. Las nuevas invenciones de Emmet se convirtieron en un éxito rotundo en el mercado negro, con pedidos al por mayor de su nueva droga. Esto fortaleció la confianza entre Emmet y Tanya. Además, Tanya descubrió que Emmet realmente se preocupaba por ella, de la misma manera que Noah. Esto la tomó por sorpresa, pues había pensado que Emmet le guardaría rencor y odio por haber acabado con su familia, y que todo lo que le había dicho era para salvar su pellejo o una simple mentira. Sin embargo, esas palabras resonaban en su mente cada vez que lo veía:
“Dime si quieres ayuda en algo más que no sea el maldito laboratorio. Lo digo en serio. Además de socios, somos amigos, ¿no?”
La confianza en la mansión se solidificaba, especialmente la de Emmet. Ahora, él entraba en la habitación de Tanya sin siquiera tocar la puerta, una evolución desde sus primeras visitas con la excusa de entregarle su oso de felpa. Sin embargo, la mente de Tanya no podía dejar de pensar en Jared, quien, lastimosamente, había comenzado su último año de estudio y ahora solo podía verlo por periodos cortos. Pese a la distancia, Jared le enviaba todo tipo de regalos: cartas, flores que él mismo había cuidado por meses, e incluso chocolates. La mente de Tanya se consumía en deseo y celos al recordar lo de Nochebuena y al pensar en cómo Elizabeth estaría con Jared la mayor parte del tiempo. Trataba de ignorar a Elizabeth, pues era su familia, pero algo dentro de ella le decía que debía tomar precauciones.
Pero ahí estaba Emmet para distraerla. Con trabajo, bromas, pláticas triviales, ligeros coqueteos sin respuesta e incluso compartiendo detalles de su pasado y su familia: por qué lo encadenaron en esa habitación, cómo cuidaba de sus hermanos y la traición de su madre.
La confianza de Noah en Emmet también había crecido. Aunque al principio lo vigilaba como un halcón, al notar que Emmet no tenía ninguna intención de amenazar la vida de Tanya, Noah empezó a confiar en él, permitiéndole pasar más tiempo con ella. De hecho, el tiempo que pasaban juntos se volvió excesivo; si era posible, compartían todas sus comidas. Emmet se acercaba a Tanya o incluso iba a su oficina con tal de verla o hablar de cualquier tema. Tanya solo lo escuchaba, ofreciendo una que otra respuesta a sus preguntas. Pero lo que todos en la mansión notaron, y que estaba completamente fuera de lo común, era que Emmet ingresaba a la habitación de Tanya sin problemas, como ella ya había notado antes. El único que podía hacer tal acción era Noah, y eso, solo en casos de emergencia.
Además, Emmet dejó de invitar a las empleadas a su habitación; es más, ya no insinuaba nada con ellas. Muchas se ofendieron por su comportamiento indiferente, lo que provocó que algunas, por orgullo, renunciaran a su trabajo. Noah se encargó de este tema, ofreciendo una remuneración por las molestias y una clara y sutil amenaza sobre lo que les pasaría si llegaban a decir palabra alguna sobre lo que vieron o escucharon en la mansión.
— ¿Has notado el cambio en Emmet? -preguntó Tanya mientras bebía de la taza de té que le había traído Noah. A mediados de enero, el frío ya no era tan intenso como hace unos días; ahora era soportable.
—Es demasiado notorio, que no notarlo sería un mal chiste -respondió Noah, dando un sorbo a su taza de té-. Pero definitivamente es extraño, ya que hay muchas formas de malinterpretarlo por completo.
Tanya dejó la taza a un lado y suspiró, recostando su espalda en la silla de su escritorio. Lo único que quería era estar en los brazos de Jared. Aún le era imposible creer que ya eran una pareja; ahora solo faltaba adentrarlo en su mundo y atraparlo por completo para que jamás lograra abandonarla.
—Últimamente ha estado muy hablador. Me hace preguntas sobre temas en general y una que otra personal, como si estuviera recolectando información sobre mí.
“E incluso me pregunta cosas sobre Jared, algo que no me ha gustado para nada. ¿Por qué quiere saber cosas de él?”
— ¿Y usted le ha respondido a todas sus preguntas? -Noah arqueó una ceja, mirando de reojo a Tanya, su pregunta tenía un toque de insinuación.
—Claro que no, le he estado dando respuestas aleatorias y en algunas veces falsas -confesó Tanya-. Pero no comprendo por qué actúa de esa manera. ¿Querrá un aumento en su sueldo por las nuevas ganancias?
Noah soltó una pequeña risa que llamó la atención de Tanya, una mirada desaprobatoria se fijó en su rostro.
— ¿Qué es gracioso?
—Discúlpeme por mis acciones, pero el joven Emmet lo que ha hecho es asentar cabeza -Noah movió de un lado a otro suavemente su cabeza, complacido, ya que él sabía cuáles eran los sentimientos de Emmet por ella, o eso quería creer.
— ¿Asentó cabeza? Claro que debía hacerlo, era trabajar para mí o morir, su cabeza debe estar en el trabajo lo quiera o no.
—No me refiero a ese sentido -negó Noah con un ademán de su mano-. Y usted es demasiado lista para no saber a qué me refiero.
Tanya sabía a qué se refería, pero no lo aceptaría. No lo vería de esa forma porque sabía que eso era imposible; ella ya tenía a Jared, y solo tenía ojos para él. Noah observó en silencio a Tanya. Podía notar la incomodidad al pensar en ese tema, así que intentó desviar la conversación para no incomodarla más. Pero al menos se dio cuenta de que ella sí era consciente de ese punto de vista.
—Cabe recalcar que el joven Emmet ha estado cuidando de usted muy bien.
—La resaca se me quitó hace semanas, además que no hace falta que revise diariamente, el oso gigante de felpa que me regaló en mi habitación. No comprendo por qué sigue insistiendo en profundizar nuestra relación; la relación debe ser meramente profesional.
— ¿Y por qué no le ha puesto un alto? -la confrontó Noah-. Si le molesta que Emmet siga actuando de esa forma, establezca límites.
Tanya cambió su expresión a una mueca de disgusto, su lenguaje corporal se puso a la defensiva.
—No seré como el asqueroso de Ashkenazi, jamás haré algo que me haga parecer a él -su tono de voz áspera dio a entender que estaba empezando a enojarse.
Pero Noah supo que la verdad duele, y en este caso, la haría enojar más. Un verdadero amigo siempre dirá la verdad, por más que lastime a la persona.
—No utilice eso como excusa -Tanya tensó su mandíbula-. Usted, a quien nunca le importó lo que pensaran los demás sobre sus acciones, ¿por qué duda ahora? -Noah alzó una de sus cejas al pensar en una idea-. ¿Le atrae el joven Emmet?
“¿Qué si Emmet me atrae? ¿Por qué me atraería? Jared me trata mejor que él, pero ahora que Emmet está a mi lado a cada rato, es como si estuviera con Jared todo el momento…”
—Ni loca -respondió rápidamente Tanya, severa-. Es la segunda vez que piensas eso, Noah, no toleraré una tercera. Además, el siguiente miembro que se una al apellido Malka será Jared…
Noah se sorprendió cuando Tanya confesó su relación con Jared, omitiendo lo de Nochebuena. En primera instancia, se negó y se quejó, recordándole el peligro al que se exponía al estar con él. Pero terminó aceptándolo, ya que era decisión de Tanya. Además que no quería ganarse su odio por supervivencia
—Actúa como si le importara el joven Emmet de otra forma además de profesional -soltó Noah con audacia-. Le da todas las libertades, lo deja ingresar a su habitación y ni hablemos del contacto físico, lo trata con la misma libertad que le da al joven Jared.
—No exageres, Noah -lo reprendió Tanya-. Que él se pegue a mí como una peste no significa que yo también lo haga o lo quiera. ¿Me has visto que yo me acerque a él de la misma forma?
—No se acerca a él, pero sí pregunta por él. Preguntas que no tienen que ver con su trabajo específicamente.
Tanya comprendió que Noah había malinterpretado cada interacción que tenía con Emmet, además de malinterpretar sus preguntas.
—Claro. Las empleadas ya no quieren vigilarlo. No quieren interactuar con él desde que las otras tres chicas renunciaron. Hay rumores de que una de ellas se fue en estado de gestación. Eso les dio miedo a todas las chicas y nadie quiere vigilarlo, y sé muy bien que siempre tienes un ojo encima de él. Por eso he estado preguntando por él.
—Ya no me ha preguntado por el joven Jared desde que se hicieron pareja en diciembre del año pasado -Tanya apretó los dientes.
—Es porque ahora yo lo vigilo, es mío, es mi pareja. No dejaré que nadie más lo vea y vigile, a excepción de mí.
—Está bien. Dé las excusas que quiera. No la juzgaré o molestaré más -el toque cómico que se escuchó de Noah irritó a Tanya. Sabía que no había comprendido por completo a lo que se refería-. Si quiere a los dos, está bien, entre más, mejor, así su descendencia seguirá por mucho tiempo.
“¿Cuáles dos? Solo tengo ojos y corazón para Jared. Emmet es quien da una lucha en vano. Pero espera, ¿qué sentido tienen esas palabras? Noah, ¿qué es lo que pasa por tu cabeza?”
—Más bien dime, ¿hay algo que me ocultas? -Noah borró su sonrisa y su expresión cambió a una de confusión-. ¿Algo que está en la mansión?
—Usted sabe muy bien que no hay nada oculto. Conoce muy bien la mansión. Y además, no le escondería nada a usted. No tengo nada que ocultar -habló Noah con el corazón en la mano, y Tanya le creyó-. ¿Por qué lo pregunta? ¿Sospecha de mí en algún sentido?
“¿Entonces no sabe sobre el sótano en el mausoleo? ¿Dalia nunca le contó? ¿Ella tampoco sabía sobre ese lugar?”
Tanya negó con la cabeza y miró el jarrón encima de su chimenea, donde había unas hortensias frescas. Recordar a Jared la tranquilizó.
—No, para nada. Solo quería estar segura de que la mansión es tal y como la conozco -Noah siguió confundido-. Trabajaré sola de ahora en adelante por hoy, por ahora. Puedes retirarte, ve y descansa un poco.
Noah, con una expresión de confusión, acató la orden. Tomó las tazas ya vacías y salió de la oficina, dejando a Tanya perdida en sus pensamientos. Ella se preguntaba si Noah de verdad no sabía nada de aquel lugar. Era mejor que ella actuara para poder mentir con tal perfección. Estaba cansada de sus pensamientos, se levantó de su silla, dio media vuelta y quedó enfrente de su ventana que daba al gran jardín y al mausoleo.
Si Noah no conocía esa entrada, o le estaba mintiendo, era por algo. Si no la conocía, quería decir que Dalia no le dijo nada acerca de aquella habitación de tortura. Pero ahora que recordaba cada momento del pasado, cuando Dalia aún vivía, jamás la vio ir al mausoleo, ni siquiera poner un pie en el jardín. ¿Acaso ella también desconocía aquel sótano? Si eso era cierto, entonces eso contestaba por qué Noah no conocía tampoco aquel sótano. ¿Los antiguos dueños, antes de Dalia, tampoco conocían ese lugar? Los instrumentos de tortura estaban oxidados por la sangre que se quedó en ellos, así que el paso del tiempo era definitivo; nadie los había utilizado desde hacía años, décadas si sus cálculos eran correctos. ¿Quién fue la última víctima? ¿Por qué el fundador de la mansión creó ese sótano? Si en ese entonces aún no existían tantas mafias para tener enemigos.
El sonido de la puerta de su oficina siendo abierta la distrajo de sus pensamientos. La persona que entró en silencio se acercó un poco a ella, a sus espaldas. Tanya ya sabía quién era, pero aun así miró por el reflejo de su ventanal. Al enfocar la vista, se topó con una camisa a medio abotonar y una sonrisa mostrando una dentadura perfecta: Emmet. De nuevo había entrado a su oficina sin tocar.
— ¿Ha pasado algo? -preguntó Tanya, aún mirándolo a través del reflejo del ventanal.
—Tal vez sí, tal vez no -comentó Emmet con su tono relajado-. Quería verte.
Esta respuesta sorprendió a Tanya, logrando que se diera vuelta y mirara a Emmet, quien ahora estaba a tan solo un paso de ella. Vestía tan elegante como siempre: ropa formal, su camisa blanca de seda abotonada solo con tres botones de abajo, dejando la parte superior sin abotonar, mostrando su piel tersa y de suave textura. Su cabello rubio desordenado, con algunos mechones cayendo sobre su frente. Además, su sonrisa no desaparecía, lo que provocó un escalofrío en Tanya. No comprendía el cambio de Emmet, y eso la molestaba, y cualquier cosa que la molestaba la irritaba aún más.
— ¿Algo en especial? -La voz de Tanya delataba su estado nervioso.
—A decir verdad, sí -Emmet se acercó a ella y se ubicó a su lado, observando el jardín a través de los ventanales-. Noté algo curioso en el balcón del ala este.
Tanya quedó pensativa, tratando de imaginar qué podría ser lo curioso. No había roto más ventanales, no había hecho nada que dejara una pista de algo macabro.
— ¿A qué cosa te refieres?
—Hay un telescopio terrestre en ese balcón -Tanya lo miró de reojo, amenazante-. Y no pude evitar ver por el telescopio, y lo curioso es que da justo a la casa de alguien, o más bien, a la ventana de alguien a quien ya he visto con anterioridad, a tu linda parejita.
“¿Lo ha visto? ¿Lo ha estado vigilando? ¿Por qué? ¿Desde cuándo? ¿Cuál es su objetivo?”
Emmet también la miró de reojo, logrando hacer contacto visual. Tanya no sonreía de la misma manera que Emmet. No se sentía nerviosa o asustada de haber sido descubierta. Al contrario, sentía una pizca de malestar al saber que Emmet también podía vigilar a Jared cuando ella se encontrara ocupada. Lo cual tenía pros y contras. Los pros eran que podía tener vigilado a Jared la mayor parte del tiempo cuando ella no pudiera verlo. Pero los contras eran que no iba a ser ella quien lo vigilara, sino más bien Emmet.
“¿Y si le da informes falsos? No quería arriesgarse a eso. Más aún cuando esa “pelos café quemado” seguía al lado de Jared. De seguro usaría eso para molestarla y sacarla de sus casillas. Algo que no le gustaría ni siquiera pensar.”
—Ese chico, no recuerdo cómo se llamaba ¿Jasper? ¿Javier? -Tanya tensó la mandíbula ante los nombres erróneos de su Jared, pero Emmet no quitaba su sonrisa de su rostro; es más, la agrandaba ante las mínimas reacciones que obtenía de ella-. Ah sí, mil perdones, es Jared.
— ¿A qué quieres llegar? -preguntó ella al borde de su paciencia. Emmet alzó con diversión sus hombros y comenzó a caminar por la oficina.
—Seré directo -se detuvo en medio de la oficina y se giró hacia ella-. ¿De verdad crees que Jared te ama como tú lo amas?
“¿Amor? No sabría decir si es eso. ¿Lo ama? Sí, lo desea a cada segundo. ¿Lo necesita? Obviamente. No, pero no sabría elegir una respuesta clara y concisa. Jared es de su propiedad, es solo de ella, nadie más puede tocarlo o tan siquiera mirarlo. Cuando eso sucede, su furia se desborda y pierde el control. Pero eso no puede llamarse amor. Lo sabe. Nunca ha sentido algo como eso. Y jamás lo sentirá. Pero de alguna manera retorcida y enfermiza, necesita a Jared. Dejó de buscarle una respuesta a eso. Porque no la hay, y no hace falta buscar una. Le pertenece y eso es lo único que importa. Además, no hacía falta si la amara o no, lo que pasó en Nochebuena le dejó en claro cuáles eran sus sentimientos hacia ella, así que no se dejaría llevar tan fácil por las palabras de Emmet. Pero la imagen de Jared besando a esa de pelos café quemados en su habitación aún seguía en su mente, abriéndole una inseguridad.”
—No sabría qué responder a esa pregunta -confesó Tanya, volteándose y dándole la espalda a Emmet.
—Perdona, pregunté mal. ¿Estás segura que Jared te ama? -Tanya lo miró por el reflejo sin una expresión, pero en su mirada había una advertencia-. Me refiero a algo más allá de lo físico, más allá de lo sexual si somos honestos, a cualquiera le atrae tu cuerpo, pero ¿en serio crees que él te ama además de desear tu cuerpo?
Los ojos de Tanya se abrieron por completo por la pregunta tan descarada de Emmet. Esa pregunta había cruzado la línea de lo personal. No le diría la verdad. Jared sí que lograba enloquecerla, como si fuera una misma droga a la que ella era adicta cada vez que lo tenía cerca. No mentiría al decir que se había imaginado con Jared en situaciones comprometedoras. Pero claramente no lo admitiría, y menos enfrente de él. Además, lo de la casa del terror fue otra cosa. Se sentía insegura. Él le había confirmado que la amaba, que había rechazado a Elizabeth y a muchas más para estar con ella. Pero así le había dicho la otra vez, que no quería nada con nadie y estaba besando a Elizabeth ese mismo día. “Jared no podría mentirle, no podría jugar con ella. ¿O sí?” La brecha de su inseguridad se hizo más grande.
— ¿Qué clase de pregunta es esa?
—Entonces no estás segura -ante la afirmación de Emmet, Tanya sintió miedo por unos segundos; no estaba segura de decir un “sí” con toda la seguridad que deseaba tener. Apretó las manos en puños, algo avergonzada, y se giró hacia él.
— ¡Será mejor que dejes de hablar de esa manera!
—Vamos, no te enojes, solo hice una afirmación porque no la negaste -Emmet reprimió una risa, irritando a Tanya-. Es curioso que tú sí te mueras por él, pero no estás segura de sus sentimientos hacia ti.
—Estás malentendiendo todo -se defendió ella, sentándose de nuevo en su silla.
—No lo malentiendo, sé leer a las personas -comentó Emmet, deslizando su dedo por la superficie del escritorio-. ¿Alguna vez has amado algo?
Tanya lo miró con detenimiento. “¿A qué venía esa pregunta?”
— ¿Qué es el amor para ti? Si tanto sabes del tema -Tanya cruzó sus brazos, esperando la respuesta.
—Dime qué crees tú que es el amor, y te diré qué pienso yo acerca de ese tema -Tanya puso los ojos en blanco ante su pedido-. Es un trato justo, tú lo dices y luego yo.
—Bien, lo que sé es que el amor es como un laberinto. Muchos se adentran en él buscando un refugio, una conexión profunda, un sentido de pertenencia. Sin embargo, ese camino está lleno de giros inesperados, de alegrías intensas y de dolores desgarradores. Es un viaje que transforma, que hace crecer y que, a veces, deja cicatrices.
Tanya se sorprendió a si misma de sus palabras tan honestas, pero eran ciertas. Tanta física, psicológica, mental y emocionalmente. El amor es peligroso, un arma de doble filo que no muchos tienen el valor de usar con honestidad y valentía.
—Ya lo dije, ahora es tu turno -Emmet se inclinó levemente hacia adelante en el escritorio de Tanya.
—Bueno, para mí, el amor es una fuerza poderosa, capaz de construir y destruir a partes iguales. Puede edificar relaciones sólidas, familias unidas y comunidades florecientes. Nos inspira a ser mejores personas, a alcanzar nuestras metas y a encontrar un propósito en la vida. Pero también puede generar celos, obsesiones y sufrimientos intensos. El amor puede ser la fuente de nuestra mayor felicidad y de nuestro dolor más profundo.
Tanya sintió que dijo casi lo mismo que ella, pero con otro tipo de perspectiva, dándole una pizca de curiosidad ante su punto de vista.
— ¿Has amado a alguien, Emmet?
— ¿Estás preguntando sobre mi vida amorosa? ¿Acaso te intereso a ese punto? -Tanya negó con la cabeza, cansada de sus comentarios.
—Suenas como si… hubieras tenido experiencia en ese tema.
—Siempre he sido un lobo solitario. Crecí en una manada que me enseñó más sobre la supervivencia que sobre el amor. Me convertí en un experto en construir muros, en protegerme de cualquier herida. Pero detrás de esta fachada de chico duro, hay un niño que anhela un abrazo sincero, una familia que lo comprenda. Sé que he cometido errores, que he buscado consuelo en brazos equivocados. Pero también sé que me he amado a mí mismo en mis momentos más oscuros, que he sido mi propio refugio. Y ahora, busco algo más profundo, una conexión genuina con alguien que pueda derribar mis muros y mostrarme un amor que nunca conocí. Quizás la persona que me ayude está cerca de mí, alguien que pueda llenar ese vacío que llevo dentro -Emmet le guiñó un ojo coquetamente.
Las palabras de Emmet, aunque llenas de sabiduría, revelaron su pasado y sus anhelos, y una indirecta que revolvió a Tanya por dentro. Ella negó con la cabeza.
—Hay sabias palabras viniendo de ti, pero con una dirección equivocada. Pero créeme, en este lugar, no hay nadie que pueda ayudarte en eso, debes buscarlo en otro lugar menos… peligroso.
Emmet sonrió levemente ante las palabras de Tanya, captando la indirecta. Negó con la cabeza, sacudiendo algunos pensamientos, y detuvo su mirada en los papeles que reposaban en el escritorio de ella.
— ¿Quieres que te ayude?
Tanya lo miró, buscando malas intenciones en sus palabras. “¿Sabotearía su negocio? Esto le daría más información de cómo van las cosas. ¿Quién le asegura que no lo usaría en un futuro para traicionarla?” Pero justo en esos papeles se hablaba del negocio que antes les pertenecía a los Ashkenazi, el negocio que debía ser suyo. Sin embargo, si lo pensaba bien, no sería un mal momento para saber cuáles eran sus habilidades para este tipo de trabajo. Además, él se ofreció, no lo estaba obligando, así que lo explotaría como venganza por la pregunta que le hizo con anterioridad.
“No creo que haga nada malo, pero si noto algo… debo estar lista para limpiar sangre.”
—Gracias -Tanya alzó una mano hacia el sillón que se encontraba en una esquina.
El sillón se arrastró por la oficina, creando un rechinido, y se detuvo a un lado para Emmet, quien observó todo entre asustado y asombrado, pero no dijo nada; trataba de acostumbrarse a esas cosas. Se acomodó en el sillón, tomó unos papeles en sus manos y empezó a leerlos, lo que llamó la atención de Tanya.
— ¿No vas a preguntar cómo hago esas cosas? -Ella lo miró de reojo.
— ¿Puedo preguntar cómo lo haces? -preguntó Emmet con una sonrisa agradable, levantando la vista de los papeles para verla.
—No -respondió ella rápidamente, tomando unas hojas en sus manos. Emmet solo emitió una risa baja por su reacción y siguió leyendo los papeles.
—Me gustaría que tú me lo dijeras, por cuenta propia -comentó él sin mirarla.
—En ese caso, debes esperar una vida.
—Entonces, esperaré las vidas que sean necesarias -Estas palabras lograron crear una pequeña sonrisa en Tanya.
—Sabes, tu sonrisa es muy bella -comentó Emmet, mirándola por unos segundos, logrando que Tanya borrara su sonrisa de golpe. Ella no dijo nada ante el comentario y siguió trabajando. Emmet tampoco dijo nada y continuó. Ambos permanecieron en silencio mientras trabajaban como socios.
Emmet
Pasaron dos horas, y el papeleo se redujo considerablemente. Dos horas trabajando en silencio. De vez en cuando, Emmet le lanzaba una mirada discreta a Tanya, pero ella no se había fijado en esto. Emmet dejó los últimos papeles en el escritorio con suavidad y se dejó caer en el sillón, estirándose y soltando un suspiro agotador al terminar. Su mirada se detuvo en Tanya de nuevo, esta vez sin intentar ocultar que la estaba viendo. Detalló sus facciones, su cabello, cómo su ropa estaba bien planchada y soltaba un aroma a hortensias gracias a las flores que se encontraban en los floreros.
Tanya podía sentir cómo él la observaba y trató de ignorarlo nuevamente, pero la dejó con una sensación de incomodidad.
“De seguro se está preguntando ¿Por qué me ve tanto? ¿Quiere pedirme algo? ¿Por qué no dice algo?”
— ¿Cómo ves el amor? -soltó de repente, rompiendo la concentración de Tanya.
— ¿En serio? ¿Me estás preguntando lo mismo otra vez? -dijo Tanya con dureza.
“Habla, Tanya, enséñame cómo quieres ser amada y lo cumpliré. Necesito tenerte en mi mano”
—Te pregunté qué es el amor, y tú me respondiste, pero quiero saber ¿cómo ves, tú, el amor? ¿Cómo ves tu propio sentido de amar a alguien o algo?
Emmet sabía que profundizar en este tipo de conversaciones era muy difícil. Dependiendo de la persona, algunas eran completamente abiertas y hablaban con facilidad; otras mantenían su distancia para no dar tanta información, y muy pocas cerraban completamente sus puertas y evitaban decir algo. Pero también había algunos que te lo decían sin que les preguntaras, y Emmet ya había conocido a este tipo de personas. Sin embargo, su curiosidad por Tanya aumentaba cuando ella se negaba a darle información.
—Eres un dolor de cabeza, ¿sabes? -comentó Tanya fastidiada. Emmet se enderezó en el sillón y le dio una sonrisa pícara.
—Lo sé, ahora dime ¿cómo ves el amor? -Tanya supo que Emmet no se callaría sin una respuesta, así que pensó un poco.
“Ya que es lo que piensas, que no mereces ser amada. Que nunca lo has sido. ¿Por qué arriesgarse en un juego en donde puedes ganar o perder? Yo he asesinado, engañado, manipulado, y muchas cosas más que me darían cadena perpetúa en una cárcel. Pero yo puedo amarte, ese llorón no lo hará, te dejará, te lastimará.”
“Jared solo te ha enseñado algo sexual, una calidez pasajera, pero yo te mostraré y te haré sentir algo más que eso. No sé si tienes más familia que te haya mostrado algo de amor, pero no creo que alguien más pueda ser capaz de amarme como yo lo haré ¿O sí?”
Emmet sabía que la visión de un amor verdadero para Tanya era sinónimo de dolor y sacrificio. Al no haberse enamorado nunca y no tener experiencia para protegerse del sufrimiento que conlleva amar a alguien, ella podía asociar el amor con una idealización romántica y trágica, donde el sufrimiento era una prueba de amor auténtico. Además, notó su incapacidad de amarse a sí misma, lo que la llevaba a proyectar sus inseguridades en los demás. Al obsesionarse con Jared, buscaba llenar un vacío interior y sentirse valorada a través de la aprobación de otro. Esto podría ser verdad, o no. Era una teoría suya al escuchar las conversaciones y ver las acciones de Tanya, pero creía que no estaba del todo equivocado. Después de todo lo que vio en la casa del terror, supo que debía actuar ya, aunque tuviera que jugar sucio y lastimara a Tanya en el proceso.
—Yo no estoy segura de cómo responder eso -Tanya se sinceró un poco-. No tengo una idea segura de cómo es o cómo lo comunico a los demás, solo sé dar regalos caros y nada más.
Emmet se levantó lentamente del sillón y se acercó a Tanya, sus pasos silenciosos pero seguros. Puso una de sus manos en el escritorio, frente a Tanya, usándola como soporte. Ella lo miró algo desconcertada por su cercanía, considerándola innecesaria en una conversación.
—Yo ya te di una respuesta a cómo veo el amor, Tanya. Pero créeme que me pondría muy celoso si la persona que me gusta tiene a la vista a alguien más que no sea yo.
La indirecta fue clara y directa. Tanya captó por completo lo que quiso decir, y cansada de que él cruzara la línea cada vez que quería, decidió ponerle un alto. Quiso seguirle el juego y jugar con su ego, pensando que así podría darle una lección.
— ¿Acaso una de las mucamas te cambió por otra persona, Emmet? Eso sí que es muy bajo.
La voz burlona de Tanya tuvo un efecto contrario en Emmet; en lugar de molestarlo o irritarlo, más bien se maravilló con ese tono que casi nunca escuchaba.
“¿Qué si me cambiaron? No… usan un reemplazo, ya que no pueden estar sin mí por mucho tiempo.”
En respuesta a la burla de ella, Emmet soltó una risa baja. Tanya pensó que había logrado su cometido, pero estaba equivocada.
—He pasado tanto tiempo contigo que no recuerdo cuando dejé de verte solo como una compañera de trabajo. Y debo recalcar que jamás te vi como mi enemiga, Tanya -Ella abrió levemente los ojos ante sus palabras-. Ahora mi forma de verte ha cambiado muchísimo.
La oficina se transformó por completo. Emmet se inclinó aún más hacia Tanya, quien seguía sentada en su silla. La otra mano de Emmet se posó en el reposabrazos de la silla de ella, atrapándola entre la silla y su cuerpo. La cercanía aumentaba. Tanya podía sentir el calor corporal que desprendía Emmet, a diferencia de su propio cuerpo, que siempre sufría de fríos constantes, sobre todo en sus manos, que siempre estaban heladas. La mirada de Emmet permanecía fija en los ojos café oscuros de Tanya, absorbiendo cada expresión de confusión en su rostro.
Emmet se detuvo a tan solo unos pocos centímetros de ella, respetando por muy poco su espacio personal. No había contacto físico directo entre ellos, pero estaban demasiado cerca como para provocarla con un falso movimiento. Tanya no comprendía por qué él actuaba de esa forma, ni tampoco por qué ella no lo alejaba en ningún momento. Emmet sabía muy bien que nadie la había acorralado así; lo de la casa del terror no contaba, pues él quería seducirla, no ir a la acción de golpe. Un sutil cambio en el olor de Emmet, ahora a lirios, llegó a la nariz de ella.
Emmet notaba la sutil lucha de pensamientos en la mente de Tanya; no podía procesar muchas cosas en ese momento. Sentía cómo su corazón comenzaba a alterarse cada vez más y cómo su respiración se entrecortaba cuando la cálida respiración de él acariciaba su rostro. Esos ojos café claro la observaban con detalle, queriendo ver a través de ella.
Esto logró ponerla un poco nerviosa, una reacción que Emmet notó y aprovecharía al máximo. Tanya miró por los ventanales, por el rabillo del ojo, la luna llena en su máximo esplendor, iluminando el gran bosque que parecía un mar oscuro en el cual podías perderte con facilidad.
La mano de Emmet que reposaba en el escritorio se dirigió al mentón de ella, tocándolo con firmeza pero a la vez con delicadeza, alzando su cabeza unos pocos centímetros, obligándola a verlo de nuevo. Sus rostros estaban a escasos centímetros de separación. La tensión, a la vez conocida y desconocida, era palpable.
—No sabes de lo que soy capaz de hacer… para que la persona de la que estoy interesado, se fije solo y únicamente en mí -susurró Emmet levemente, un susurro que logró tocar algo en Tanya.
—Estamos de acuerdo en algo -contestó Tanya, también con el mismo tono de voz bajo, sin apartar la mirada de esos ojos café claro.
—Tus ojos son como un cielo infinito, pero solo quiero verlos mirándome a mí, porque la idea de que se posen en otro ser, me llena de un fuego verde que consume mi alma -confesó Emmet con un toque de celos.
Era más que obvio que Emmet sentía muchas cosas hacia Tanya. La odiaba por ser su esclavo en pocas palabras, pero la deseaba de una manera que no pensaba que la desearía, quiere usarla para su beneficio, pero sabe que el camino se esta distorsionando. Y sabía muy bien que ella ya no podía solo ignorar sus sentimientos que iban floreciendo con intensidad, como siempre lo había hecho. Y entonces soltó la pregunta definitiva:
— ¿Te atraigo, Emmet? -Una débil sonrisa de orgullo y suficiencia se dibujó en los labios de Tanya.
— ¿Qué si me atraes? -bufó Emmet con diversión-. Tus ojos son dos estrellas que me guían en la oscuridad, tu voz es la melodía que calma mi alma, y tu aroma es el elixir que me embriaga. Soy tuyo, cuerpo y alma, y te seguiré hasta el fin del mundo. -La voz embriagadora y seductora de Emmet logró hipnotizar a Tanya, algo jamás visto. Tenía casi el mismo efecto que Jared tenía en ella—. Eres como una droga que me adicta, una melodía que no puedo dejar de escuchar, una obra de arte que quiero admirar para siempre.
A este punto Emmet no sabía si se estaba metiendo muy bien el papel de enamorado perdido, o si el papel lo estaba consumiendo con rapidez gracias a su curiosidad y deseo de ganarle a ese llorón. Pero estaba viendo lo físico y seducción funcionaban y pensaba aplicar mas de esto, sobretodo de la segunda
Tanya
Emmet, con una lentitud que Tanya podía sentir en cada fibra de su ser, acortaba la distancia entre sus rostros. Esos pocos centímetros que los separaban comenzaban a desaparecer. En ese instante, las palabras de Noah resonaron en su mente como un recordatorio persistente: “El joven Emmet lo que ha hecho es asentar cabeza, No me refiero a ese sentido, y usted es demasiado lista para no saber a qué me refiero”.
“¿Cómo era posible que en ese momento juró lograr ignorarlo? Ahora que era más directo y específico, no podía solo ignorarlo, debía tomar cartas en el asunto. ¿Pero qué se puede hacer en este momento?”
La oficina vibraba con una tensión palpable. Tanya, embriagada por la sensación de ser deseada y por el poder de controlar a otro, le preguntó a Emmet:
— ¿Serías capaz de matar a cualquiera que intentara robarme de tu lado?
“¿Qué gana más? ¿El poder o el amor?”
—A cualquiera -respondió Emmet sin dudar, la frase ya en la punta de su lengua.
La imagen de Jared apareció de nuevo en la mente de Tanya.
“¿Por qué él aparece en estos momentos? ¿O más bien Jared siempre invadirá su mente cuando no piensa en él, como un recordatorio de que era su pareja en ese momento?”
“Jared besó a alguien más cuando me dijo otra cosa, me mintió, me engañó. ¿Yo puedo hacer lo mismo? ¿Para estar justos? ¿Puedo hacerlo? ¿Estará bien? ¿Es justificable?”
—Ten cuidado en donde te estás metiendo, Emmet -advirtió Tanya con ese tono amenazante que a él lo derretía-. Me halaga que sientas algo por mí. Es reconfortante saber que alguien se siente así. Pero… ¿estás seguro de querer involucrarte en algo así? Es un juego peligroso, y las reglas las pongo yo. Si te quedas, tendrás que aceptar mis condiciones, mis juegos. ¿Estás dispuesto a arriesgarlo todo?
—Me gustan los juegos peligrosos. Y si tú eres la reina de las sombras, entonces yo seré tu rey. No solo acepto tus condiciones, sino que te prometo que te llevaré a límites que ni siquiera imaginas. Pero ten cuidado, porque yo también juego sucio -contestó Emmet con total seguridad, devoción y ansias.
La respuesta de Emmet no solo conmovió a Tanya, sino que, por un microsegundo, le gustó esa respuesta. A Tanya le gustaba una sola cosa además de Jared: el poder. Adoraba tener el poder sobre cada cosa y persona. Y ahora Emmet le estaba dando ese poder. Un poder que con todo gusto tomaría y moldearía a su antojo.
La distancia entre ellos era nula. Sus respiraciones se mezclaban. Los labios entreabiertos de Emmet rozaron los de Tanya por unos segundos. Ella no entendía por qué no lo alejaba; odiaba el contacto físico, odiaba sentirse controlada, acorralada. Pero con Jared fue diferente, y ahora con Emmet también lo era. Estaba mal, pero aun así, le agradaba esa sensación de sentirse amada, totalmente sumisa a las acciones de alguien más. Era muy contradictorio.
Era la segunda vez que experimentaba algo así. Su cuerpo se quedaba sin fuerza, una electricidad la recorría con cada roce de labios que tenía con él. Su ritmo cardíaco estaba en niveles altos, su respiración luchaba seriamente por controlarse. Eran sensaciones que redescubría en ese momento, un éxtasis puro. Esa mano en su mentón, firme y suave, desencadenó un efecto dominó de pensamientos. Un pensamiento tras otro, sin fin. Se sentía a merced de Emmet, y se sentía tan jodidamente bien que quería más. Quería saber los límites de esas sensaciones, qué había más allá de esos roces, y llegar al final de todo, justo como se sintió con Jared.
Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos de nuevo por él, por Jared. Y lo que recordó fue aquella noche que lo vio a través del telescopio terrestre, donde la “pelos café quemado” se lanzó encima de él y lo besó. Él le pertenecía, pero la traicionó. Tanya podía hacer lo mismo, ¿no? Sería estar a mano. Solo eran pensamientos y sentimientos confusos. Pero, ella era la que mandaba. Y lo podía tener todo, en cualquier momento. “¿Puede tener a los dos? Claro que puede”, y la idea de tener a los dos bajo su mando, justo como había dicho Noah, la emocionó a tal grado que no se dio cuenta de que estaba accediendo tan fácilmente a todo. Se estaba dejando llevar por el momento y las sensaciones conocidas. Debía mantenerse cuerda y pensar en las consecuencias que tendría si hacía aquello. “¿Qué pasará después? ¿Cómo podrá usarlo a su beneficio en un futuro?”
— ¿Qué tanto piensas? -preguntó Emmet con su voz melodiosa-. ¿Piensas en ese muerto de hambre y llorón? ¿Qué tiene él que no tenga yo? ¿Qué te hace escogerlo a él en lugar de a mí?
Tanya no supo qué decir, porque no lo sabía. Ella también quería saber por qué pensaba en Jared, por qué se debilitaba por él. No tenía una respuesta a sus preguntas. Pero tampoco quería buscarlas, porque habían pasado años, años en los que sucedía lo mismo: pensaba en Jared y ya. Y no gastaría su tiempo buscando una respuesta que ya había buscado con anterioridad.
Emmet, con cada palabra, acortaba la distancia entre ellos, sus labios rozándose.
—Él no puede darte nada, en cambio yo puedo darte un mundo en el que solo reines tú -comentó Emmet, el roce de sus labios aumentaba considerablemente-. Tengo una belleza innata, algo que en él, no existe.
“¡Qué vanidoso!”
La mano de Emmet que sostenía el mentón de Tanya empezó a descender lentamente por su cuello. El toque exploratorio y tentativo hizo que el cuerpo de Tanya se estremeciera. Era similar a cómo la había tocado Jared, pero el sentimiento era diferente: con Jared fue deseo, pero ahora con Emmet era seducción.
—Tengo y puedo hacer dinero con facilidad, puedo darte los lujos que te mereces, te trataré como la reina que eres. No habrá un “pero” o algo de por medio para no cumplirte tus caprichos. Incluso pondría todos mis bienes y poder a tu nombre solo por ser mía -La mano de Emmet descendió más allá de su cuello.
“¡Ya te los quité!”
Tocando el cuello de su camisa blanca y bajando aún más. Pasando por su pecho, su toque respetuoso y a la vez tentador, logró que la respiración de Tanya se entrecortara. La mano exploró más debajo de su pecho, por encima de la ropa, hasta llegar a su abdomen. Emmet deslizó sus labios por encima de los de Tanya sin llegar a besarla, y también descendió estos por su cuello. Creando un camino de fuego ardiente que alteró el cerebro de Tanya. Ella supo que eran sus hormonas empezando a alterarse y queriendo tomar el control del momento, pero no debía perder los estribos en ese momento. Ella era más fuerte que esas sensaciones, pero la hacían perder la cordura cada vez más. Emmet respiró el aroma natural de Tanya, un aroma frutal llegó a él, volviéndolo loco de deseo y queriendo explorar el cuerpo de ella para descubrir aún más cosas, pero debía respetar sus límites, aunque él ya estaba al límite.
—Estoy seguro de que tengo la experiencia suficiente para sorprenderte siempre, por lo que nunca te aburriré en la cama. Pero también quiero escuchar tus deseos, tus fantasías. Quiero que esto sea algo que disfrutemos los dos por igual, quiero hacerte sentir bien y que disfrutes de los momentos que tendremos cada noche. Llevándote a tus límites y haciéndote olvidar de todo menos de lo que haré en esos momentos.
Su mano seguía un camino lento y sensual. Emmet aprovechó el hecho de que Tanya estuviera sentada, mostrando su falda que ocultaba la mitad de sus muslos. Él llegó a imaginarse mordiendo, besando y dejando marcas por esos muslos, como señal de que era suya. Su mano pasó por encima de la falda hacia sus muslos. Tanya apretó inconscientemente un poco sus piernas sintiendo el cosquilleo conocido entre sus muslos. El próximo movimiento de Emmet fue arrodillarse frente a ella y deslizar sus labios por su abdomen y piernas, erizando la piel de ella quien tuvo que sostenerse del posabrazos de su silla para no caer en la tentación. La otra mano de Emmet se unió al recorrido que estaba haciendo la otra mano por las piernas suaves y lisas de Tanya.
El camino de sus manos terminó en los zapatos de Tanya, unos tacones de piel color negro con suela roja y unos tacones finos y elegantes. Tomó uno de sus pies y lo alzó levemente, sus labios terminaron de recorrer sus piernas y finalmente llegaron a su zapato, el cual besó mirando fijamente a los ojos de Tanya.
—Estoy a tu merced, haz lo que desees conmigo, Tanya -los ojos de Emmet mostraban el deseo y la admiración hacia ella-. Sé mía. Yo ya soy tuyo. Deja a Jared de lado, yo soy mil veces mejor que él. Olvídalo, y tómame a mí.
Sus palabras flotaron en el aire, cargadas de una mezcla de devoción y deseo que electrizó el ambiente. Ella lo observó, una sonrisa juguetona se dibujó en sus labios mientras las chispas de la tensión entre ellos se volvían casi palpables. Él se sentía completamente vulnerable, pero al mismo tiempo, había un fuego en su interior que ardía más intensamente con cada mirada, cada insinuación.
— ¿De verdad crees que puedes ser solo mío? -preguntó ella, con un tono provocativo, mientras inclinaba la cabeza, disfrutando del poder que tenía sobre él.
“Esta pose ahora es una de mis preferidas, él arrodillado besando mis pies.”
A medida que las palabras salían de sus labios, él sintió que su corazón latía con fuerza, anticipando cada una de sus reacciones. Como si estuvieran en un juego peligroso, él estaba dispuesto a dejarse llevar, anhelando sentirse completamente suyo. La atmósfera estaba cargada de promesas no dichas, y el deseo que sentía el uno por el otro era innegable. En aquel instante, el mundo a su alrededor se desvaneció, y solo existían ellos dos, envueltos en una danza de seducción y anhelo.
—No puedo prometerte eso, si no olvidas a Jared -respondió Tanya, atrapada en su mirada, sintiendo cómo el desafío de Emmet la envolvía-. Pero si hay algo que sé, es que no puedo resistirme a ti. Tu poder sobre mí es innegable, y cada palabra tuya me hace querer más.
Emmet volvió a pasar sus manos por las piernas de Tanya, siguiendo el mismo camino que había hecho, sintiendo la tensión en el aire, el pulso de la expectativa.
—Es como si, en este momento, fuéramos solo nosotros dos contra el mundo. No sé hasta dónde nos llevará esto, pero estoy dispuesto a averiguarlo -susurró con una sonrisa provocativa, sus labios repitieron el camino que había marcado con anterioridad, erizando de nuevo la piel de Tanya cuando llegó a sus piernas y muslos-. Así que tal vez solo disfrutes del hecho de que, al menos por ahora, no pienses en Jared, y sepas que soy todo tuyo.
El cuerpo de Tanya se estremeció. La sensación de las manos y los labios de Emmet recorriendo su cuerpo logró excitarla. Tanya sabía qué eran esas sensaciones y que podía provocarlas, pero jamás las había sentido hasta esa noche en la casa del terror con Jared. No podía creer cómo unas pocas acciones podían desencadenar esa avalancha de emociones en su interior.
—No entiendo qué le ves a ese perdedor, ¿por qué él? Él jamás podrá darte la vida que mereces -Las manos y los labios de Emmet llegaron a su abdomen y subieron por encima de la ropa hasta su pecho, donde él sonrió provocativamente, embriagando aún más a Tanya-. Cada vez que te veo, el mundo se difumina a mi alrededor; las demás simplemente desaparecen. Es como si tu esencia me atrapara, me hiciera desear perderme en ti una y otra vez. Nunca había conocido a alguien que pudiera hacerme sentir así, y tengo que confesarte que cada segundo a tu lado me tiene completamente embriagado.
Sus manos se detuvieron en el respaldo de la silla, y sus labios siguieron su camino por su cuello, logrando que Tanya cerrara los ojos levemente, disfrutando de las sensaciones.
“No te dejes llevar, Tanya Malka, no pierdas los estribos. Que Jared me fuera infiel no quiere decir que yo también deba serlo, ¿verdad?”
—Lo que deseo es que te des cuenta de que no solo eres hermosa, sino que enciendes algo en mí que no puedo ignorar. Así que sigue provocándome, porque cada desafío que lanzas solo me acerca más a querer descubrir cada parte de ti.
Sus labios se detuvieron de nuevo encima de los de ella. Esos ojos profundos jamás abandonaron los de Tanya. El roce de labios era constante, pero Emmet no llegaba a besarla; quería que ella lo hiciera, que le diera su consentimiento para seguir más allá de solo roces provocativos. Quería que fuera ella la que comenzara. Pero ella no lo hizo, no comprendía por qué, aunque quería. Algo dentro de ella la detenía, y Emmet lo notó.
“Jared…”
—Úsame -soltó Emmet en un susurro con la voz baja, al ver la indecisión de ella-. Úsame para olvidarte de él en cada momento, cuando te sientas dolida o caliente ven a mí. Yo solo tengo ojos para ti, pero no estoy soportando el hecho que pienses y veas a alguien más -La sonrisa provocativa cambió de intención, de sensual a maliciosa-. Puede que tú tengas ojos para él, pero él no tiene ojos para ti, ¿verdad?
Tanya abrió los ojos ante las palabras de Emmet; eso tocó una fibra sensible en ella, porque era verdad. No podía evitarlo o negarlo. Era cierto y eso la enojaba aún más. Porque aunque ella vigilaba a Jared y fuera su pareja, Jared jamás la había ido a buscar ni nada por el estilo, usando de excusa el colegio y las clases. Ella tenía que ir a verlo si tenía tiempo. La relación es de dos, ambos deben hacer esfuerzos para poder verse, no solo ella todo el tiempo. Se volverá algo desgastante.
“Jared… Elizabeth…”
El sonido de algo agrietándose resonó por la oficina. Emmet se alejó un poco de ella para alzar su cabeza y mirar el ventanal, que ahora tenía diversas grietas en diferentes partes. Pero él sonrió con diversión al ver que había obtenido una reacción de ella. Esa sonrisa no le agradó para nada a Tanya, así que sin importarle que Emmet la viera o no, hizo levitar una pequeña estatua que reposaba encima de su chimenea y la atrajo hacia ellos, dejándola levitar encima de la cabeza de Emmet a una altura peligrosa.
— ¿Seguirás amándome aun que te tire esta estatua en la cabeza? -preguntó ella con su tono amenazador y poco amigable, con el ceño fruncido.
— ¿Lanzar una estatua? -repitió Emmet, sonriendo a pesar de la expresión molesta de Tanya, como si sus palabras fueran solo un juego en el aire. Sus ojos tuvieron un brillo retador-. Si eso es lo que decides hacer, entonces sí, aún así te seguiré amando -la miró profundamente, dejando que la intensidad de sus ojos hablara por él-. Porque no se trata de lo que hagas; se trata de cómo me haces sentir. Cada momento contigo es una locura que estoy dispuesto a aceptar. Incluso si me lanzas esa estatua y me dejas inconsciente o llegas a matarme, seguiré amándote, porque lo que siento por ti es más fuerte que cualquier golpe. Eres mi locura, y no cambiaría eso por nada en el mundo. Así que, si quieres jugar al peligro, yo estaré aquí, tratando de enamorarte cada vez más, sin importar las consecuencias. Además, sería un honor recibir cualquier cosa de ti, incluso si es la muerte.
Esas palabras hicieron que Tanya no dejara caer la estatua encima de él. “¿Está loco acaso? No, solo está perdidamente enamorado de ella.” Y ella se dio cuenta de que, aunque lo amenazara ahora, ya no tendría el mismo efecto que con los demás.
—Señorita -se escuchó una tercera voz, y ambos voltearon a ver al responsable de la interrupción.
Noah estaba de pie en la puerta, observando la escena con curiosidad y un leve enojo hacia Emmet por la cercanía en que los había encontrado. Verlo tan cerca de Tanya sin respetar su espacio personal hizo que le diera la razón, sin importar cuál fuera, para que Tanya lo amenazara con esa estatua encima de él. Emmet, al sentir la mirada de desaprobación de Noah, comenzó a alejarse de Tanya, quien ya estaba devolviendo la estatua a su lugar, pero quedó con un mal sabor de boca por las palabras de Emmet. Emmet caminó con toda elegancia y tranquilidad hacia la puerta abierta por Noah. Le sonrió amigablemente y se volteó hacia Tanya para decir unas palabras.
—Piénsalo, la oferta siempre estará abierta -informó Emmet, mirando de reojo a Noah para ver su reacción, la cual solo fue alzar una ceja con curiosidad-. Iré por un vaso de agua, si me disculpan -y finalmente salió de la oficina, dejándolos solos.
Tanya, con una mirada asesina, siguió a Emmet hasta que desapareció de su vista. Noah caminó hacia su escritorio con miles de preguntas, siempre temiendo por su vida al notar los ventanales nuevamente agrietados, señal de que Tanya había llegado a su límite de furia.
— ¿Pasó algo? -preguntó con un leve tono burlesco; era más que obvio que había pasado algo más que solo “algo”, o bueno, casi pasaba.
—Nada importante -respondió de mala gana Tanya, arreglándose un poco la ropa y acomodándose en su silla nuevamente.
—Perdone que se lo repita de nuevo -Noah tomó algo de aire, rezando para no enojar más a Tanya-. Pero debe tener cuidado con lo que dice y luego con lo que hace. Si bien recuerdo, me dijo que no pasaba nada con el joven Emmet, y los encontré misteriosamente muy juntos. Él es… el mejor candidato para ser su pareja en mi opinión y…
“¿Qué? ¿Apoya que Emmet sea mi pareja en vez de Jared? ¿Por qué? ¿Emmet ya lo ha manipulado?”
—Noah -interrumpió Tanya, sobándose las sienes para no perder la paciencia, aún seguía bastante molesta y no quería rematar con Noah, quien la estaba aconsejando-. No te preocupes, es mi vida privada. Yo sabré qué decisiones tomar y cuáles no.
—Entiendo, confío en que tomará la mejor decisión para usted -contestó Noah con un leve suspiro.
Tanya sabía que Noah tenía razón, Emmet era igual que ella. Solo que ella era peor. Pero no sería una relación sana ni nada por el estilo. Pensar tanto en eso le estaba provocando dolor de cabeza, los masajes en sus sienes no funcionaban. Así que intentó hablar de otro tema para no enojarse más.
— ¿A qué se debe tu visita?
—Ya llegó el correo -anunció Noah, mostrando unos cuantos sobres grandes en sus manos. Noah se los pasó a Tanya, quien los abrió para despejar su mente.
El correo de Tanya traía las habituales peticiones de la gente del pueblo, palabras de agradecimiento, algunos regalos y preguntas de comerciantes sobre el narcotráfico. Tanya, sin dudarlo, comenzó a responder las consultas. Sin embargo, el último sobre no era tal, sino una carta sin nombre, dirección o fecha. No había ningún dato de quién la había enviado. La abrió, sintiendo curiosidad, y encontró solo una hoja con un pequeño texto.
Un escalofrío recorrió la espalda de Tanya al leer el mensaje. Noah notó que se había quedado inmóvil por unos segundos, así que se acercó para leer el contenido. La carta los dejó helados a ambos. Un escalofrío los recorrió y varias preguntas y sospechas comenzaron a surgir en sus mentes. El contenido de la carta era:
“Te encontré”
Tanya volvió a sentir algo que no experimentaba desde hacía mucho tiempo: miedo. Sintió miedo al leer aquella carta. “¿Quién? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo?” Eran las preguntas que se repetía una y otra vez, al igual que Noah.
“¿Acaso me encontraron? ¿Aún siguieron buscándome después de cinco años? ¿Me matarán? ¿Me secuestrarán de nuevo?”
— ¿Conoces esta letra? -preguntó rápidamente, mirando a Noah a su lado, quien estaba igual de confundido y asustado.
—No… -respondió en un débil susurro-. Tal vez es una broma… una broma del joven Emmet o del joven Jared.
—No, no lo es -aseguró Tanya-. Emmet me ayudó en el trabajo y esa no es su letra -Tanya buscó entre los papeles el trabajo de Emmet donde estuviera su letra y, al encontrarla, la comparó; claramente no era la misma. Así que Emmet dejó de ser sospechoso… por ahora. Jared tampoco era, su letra era más cursiva, y esta no lo era.
“¿Acaso es el asesino? ¿El asesino le mandó esa carta? ¿Qué significaba? ¿Ella sería su siguiente víctima? ¿La conocía?”
Las dudas y sospechas crecieron aún más, dejándolos muy vulnerables. La persona que envió esa carta los conocía, sabía dónde vivían. ¿Pero cuál era el contexto? ¿Se referían al narcotráfico o al hecho de que ella era la alcaldesa de Hidetown?
Tanya, con la adrenalina a flor de piel, reaccionó de inmediato.
—Noah, aumenta la seguridad aquí en la mansión y en el pueblo. Quiero los documentos de identificación de cada persona en este pueblo. Quiénes salen y quiénes llegan. Todo lo quiero controlado.
—Entendido -dijo Noah rápidamente, completamente de acuerdo con Tanya-. ¡Oh! Pero ya hay una familia identificada -Aun con el leve susto de la carta, sacó un sobre grande de su saco.
— ¿Eso es…? -preguntó Tanya esperanzada, y Noah asintió con la cabeza.
—La familia Hagen, expedientes y todo tipo de información que ha recolectado El Búho hasta ayer por la noche.
Ella lo miró algo molesta, porque había mandado a alguien a vigilar a Jared a pesar de que ella le había dicho que lo haría. Pero no diría nada, lo pasaría por alto, ya que esto la ayudaría. Tanya tomó el sobre, lo abrió y leyó el contenido. Eran muchas hojas sobre la familia Hagen: los abuelos, los padres, la hermana menor y, claramente, Jared. Pero había una hoja más, la de la señorita Duvor y la de Elizabeth. Sus expedientes también estaban en ese sobre. El miedo que había dejado la carta fue reemplazado por la ira nuevamente al leer que esa chica se llamaba Jessica Duvor y Parker. Noah, al ver el ceño fruncido de Tanya, se preocupó un poco.
“¿Por qué hay un cadáver y una la segunda sanguijuela en este sobre?”
En el sobre estaban los expedientes y algunas fotos de ellos, ya sea juntos o en solitario. Tanya las tomó y las revisó a detalle, notando que detrás de las fotos estaba la fecha, el lugar y quiénes estaban en la foto, y siguió pasándolas para verlas todas.
— ¿Todo en orden? -Tanya dejó el sobre a un lado y asintió, pero supo muy bien que Noah no había llegado solo para darle el correo y el sobre. Había algo más.
— ¿Algo más que informar? -preguntó Tanya al borde de un colapso emocional.
Tanya apenas estaba lidiando con la carta misteriosa y la información sobre Jared cuando Noah soltó la bomba.
—No se altere, señorita. Pero uno de los negociantes que firmaron el contrato con usted fue asesinado.
“¿Qué? ¿Asesinado? ¿Quién? ¿Por quién? ¿Ahora mismo? Solo ha pasado una semana desde fin de año y ya tengo todos estos problemas.”
Para Tanya, perder el control de sus emociones no era nuevo, pero esta vez, la situación era extrema. Emmet, la nota sospechosa, y ahora esta noticia de Noah la tenían al borde de un colapso. Un poco más y tendría que comprar ventanales nuevos.
— ¿Asesinado? ¿Quién? -preguntó Tanya, mientras su mente repasaba los nombres de los negociantes que habían firmado el contrato, excluyendo a los Ashkenazi. Solo quedaban cinco.
—El señor Stern -respondió Noah con seriedad-. Y no solo eso, su primer hijo fue asesinado a sangre fría y su esposa fue herida de gravedad; hay seguridad de que sobreviva hasta el fin de semana.
Tanya soltó un suspiro agotador. Esto no estaba en sus planes para nada. No había previsto una situación así. No podía sacar beneficio de los Stern si no habían roto ningún acuerdo de su contrato. Un asesino… debía saber quién fue.
“¿Será ese asesino que molesta su pueblo? ¿Tendrá alguna conexión?”
Si fue alguien fuera de los cinco, bueno, los cuatro que quedan, no podría hacer nada. Estaría fuera de sus manos y sus acciones con los Stern se verían perdidas, algo que ella no permitiría. Incluso podría verse afectada, no tanto para alterarlos, pero esto detendría por unas semanas, si no meses, la expansión del pueblo. Una preocupación más se agregaba a su lista. La persona que había causado este problema extra tendría graves problemas, y el único precio era su vida. Ella estaba pensando seriamente en tomar acciones legales, buscaría cualquier medio para sacar provecho de este problema. Pero antes, debía terminar los arreglos para la expansión del pueblo y las construcciones de las últimas modificaciones.
Tanya miró el sobre que contenía la información de la familia Hagen de nuevo. Decidió revisar las fotos, buscando las de Jared en un intento de controlar su ira, admirando su belleza. Estaba considerando ir a terapia de control de la ira. Miró fotos de él con su familia, en su jardín, en la biblioteca, en algunos restaurantes, en el vivero, y con algunos amigos, incluyendo a su hermana menor. Las fotos disiparon su furia lentamente. Dejó las fotos a un lado y tomó el expediente de Jared, el cual también traía algunas fotos.
—Debemos averiguar quién fue el asesino de los Stern. Ten un ojo en la esposa, además necesitamos saber a quién van las acciones del negocio. Esto nos afectará y debemos estar listos para cualquier escenario, e investiga si el asesino que está en el pueblo tiene conexión con esto -ordenó ella, con sus ojos fijos en el expediente detallado de Jared.
El expediente personal de Jared estaba bien detallado. La primera foto de Jared, unida a la hoja con un clip, lo mostraba caminando por la calle, tan atractivo como siempre. Tanya comenzó a leer los datos:
Nombre: Jared Hagen
Fecha de Nacimiento: 11 de abril de 1973
Edad: 20 años (este año cumplirá 21)
Tanya tomó en cuenta que el cumpleaños de Jared estaba a cuatro meses, y el de ella se acercaba en unos meses. Así que, dentro de poco, ella tendría 20 años y Jared 21.
Tipo de sangre: AB+
Nacionalidad: Ozeliano
Dirección: Calle Hiesl final en la cuarta, tercera y quinta avenida. Cerca de la nueva fuente. Lote 206. Casa de portón negro, dos pisos y un jardín de hortensias.
Instituciones educativas asistidas: Colegio Teveres
Títulos obtenidos: Presidente del consejo estudiantil
Enfermedades o condiciones médicas: Ninguna por el momento
Notas: El chico está completamente sano. Su familia está conformada por sus dos padres y su hermana menor, quien es 7 u 8 años menor que él. Se sospecha que iba a haber un tercer hermano, pero según el historial médico de la madre, sufrió un aborto.
Tiene dos rutinas: colegio y casa, esos son los dos lugares que visita entre semana. Los fines de semana sale con sus amigos, pero la mayoría del tiempo decide ir a la biblioteca o al vivero. A la hora de la comida recurre a restaurantes.
Es un chico bueno, aparentemente. Servicial y angelical.
Tanya está abrumada por la cantidad de información que ha recibido en tan poco tiempo. La muerte de los Stern, la carta misteriosa, y ahora la desaparición de Amaris Stern se suman a su ya complicada situación personal.
“¿Su madre tuvo un aborto? Jared no me ha dicho nada de eso… tal vez sea un tema delicado.”
— ¿Qué hay de la hija de los Stern? -preguntó Tanya, después de leer rápidamente parte del expediente personal de Jared y ahora tomando las fotos adjuntas al expediente.
—Por el momento no se sabe su ubicación. Es desconocida -comentó Noah angustiado-. Este asesinato fue algo planeado.
—Si el padre y el primer hijo fueron asesinados, y la mujer está a pocos días de su final, el negocio pasará a ella y solo a ella, si es que no está muerta.
—Amaris Stern -murmuró Noah pensativo-. No se ha descubierto más sangre o algo que nos indique que fue lastimada de gravedad y no se ha encontrado su cadáver, por lo que debe seguir viva.
“Amaris… ¿Dónde te encuentras? ¿Estás muerta? ¿Sigues viva? ¿Alguien te raptó? ¿Huiste? ¿Tú asesinaste a tu familia?”
—Esa chica, según el Búho, estaba actuando extraño. De seguro tiene que ver en esto. Tal vez ocultaron el cuerpo o la secuestraron y la tienen de rehén. Cualquiera de los dos es posible -recordó Tanya.
Es cierto, lo había pasado por alto. Pero ya no obtuvo más información del Búho. Así que ya no había de qué sospechar. Pero no debió olvidarse de ese dato. Solo porque ahora estaban tocando el tema se recordó. De lo contrario, ese recuerdo seguiría en los archivos de su memoria, sin utilizar. Si los secuestradores la tienen, tendrá que negociar con ellos. Si las palabras no funcionan, no tendrá más que atacar. Pero no perderá nada de sus acciones por este tipo de cosas. Sintió sus manos cosquillear. Reconoció aquella señal. Estaba a nada de perder la poca paciencia. Muchas cosas que procesar en poco tiempo. Miró de nuevo el expediente de Jared para calmarse un poco y pensar cuerdamente su siguiente orden, cambiando las últimas fotos para verlas, y notó que tenían pequeñas notas.
Tanya, al borde de la explosión, continuó revisando el expediente de Jared. Las fotos y notas se tornaron cada vez más incriminatorias, alimentando su furia.
El muchacho casi siempre sale de casa los fines de semana solo. Pero hay algunas ocasiones en las que se le ve con una chica de cabello café. Según mis notas, esa chica se llama Elizabeth Parker. Ojos avellana. Piel clara. Se hace pasar por su pareja y por la forma en que tienen contacto físico, la chica quiere profundizar su vínculo.
“¿Qué? ¿Elizabeth? ¿Qué se hace pasar por pareja de quién?”
Tanya miró la foto: se podía ver a Elizabeth y Jared caminando juntos a la escuela. La fecha era de hace tres días. Pasó a la siguiente nota, acompañada de otra foto.
Pocas veces la chica Parker se queda en la casa de los Hagen. En especial en la habitación del chico Jared. Las cosas se ponen algo extrañas cuando se quedan solos en la habitación en la noche.
“¿Qué? ¡QUE! ¿EXTRAÑAS? ¿SOLOS? ¿EN LA HABITACIÓN DE JARED?”
Tanya supo que se trataba de un informe del Búho, uno por la forma de expresarse. Pero frunció el ceño cuando leyó la palabra “extraña”; no le gustó para nada. Miró la foto donde Jared tenía abrazada a Elizabeth en sus brazos. La foto era de hace dos días. Ella no logró contenerse al leer la siguiente nota junto con su foto; primero leyó la nota.
Según mis experiencias como hombre, y una gran corazonada, ese chico Jared tiene algo que ver con la chica Elizabeth. Así que él es alguien de sospechar en lealtad, ¿no?
En la foto se podía observar a Jared recibiendo un beso de Elizabeth enfrente de la casa de ella. Un beso, ella le estaba dando un beso, así lo mostraba la foto. Tanya perdió de nuevo la cordura. El solo hecho de ver a Jared y Elizabeth dándole un beso de nuevo le hizo perder todo lo que podría llamarse paciencia.
No iba a dejarlo pasar por alto. Jamás. Esto era algo imperdonable, tocó algo que le pertenecía a ella. Jared era su pareja, y se había dejado besar por otra chica. Esto podría tomarse como una traición, una infidelidad.
Noah se volteó asustado al escuchar el cristal romperse detrás de él. Se cubrió rápidamente cuando sintió los fragmentos golpearlo en la espalda. Pensó que era una emboscada y que alguien había entrado por los ventanales rotos. Cuando ya no hubo cristales que amenazaran con lastimarlo, volteó a ver la escena. No quedaba ningún cristal en aquello que antes era un hermoso ventanal. Los cristales rotos estaban por el piso y en el escritorio de Tanya, quien seguía tomando la foto en su mano, leyendo una y otra vez esa anotación del Búho y alternando su vista con la fotografía.
Sus manos tenían cortes de los cuales comenzaron a salir gotas de sangre que caían sobre las hojas esparcidas en el escritorio. La explosión de emociones ya había pasado. Ya no había nada más que explotar. Pero a las emociones de Tanya no les bastaron los ventanales y comenzó a romper los jarrones de cristal que estaban por el lugar; las hortensias salieron volando por todos lados, además de que el agua se regó por todas partes. Noah observó la imagen y, aunque ya estaba acostumbrado a estos escenarios, aun así siguió sintiendo ese escalofrío de temor. Miró de reojo a Tanya y se preguntó por unos segundos: “¿Qué demonios tuvo que ver para reaccionar de esta manera?”. La observó con más detalle: una vena en su cuello se resaltó por la ira, un nuevo nivel de ira desbloqueado.
—Señorita… -mencionó con cuidado y tomó distancia, dando unos pasos hacia atrás.
—Arregla mi ventanal de nuevo -ordenó Tanya. Su voz de pocos amigos le dijo a Noah que no debía decir nada, así que solo asintió con la cabeza.
—Sabes, me excita ver cicatrices pero no me gusta verte sangrar -habló una tercera voz.
Tanto Tanya como Noah alzaron la vista, mirando a Emmet, quien estaba recostado en el marco de la puerta con un vaso de agua en sus manos. Su sonrisa maliciosa estaba en sus labios, y su mirada en las manos heridas y ensangrentadas de Tanya. Ella no dijo nada al respecto. Si hacía o decía algo, terminaría con un cadáver en su oficina, y no quería más trabajo del que ya tenía.
Tanya está furiosa. La traición de Jared y la acumulación de problemas la han llevado a un punto de quiebre.
—Estén listos. Los dos -dijo Tanya, dejando el expediente de Jared a un lado, el cual tenía unas que otras gotas de sangre fresca, y se levantó de su escritorio-. Emmet, ¿está listo el nuevo producto?
—Está en proceso de prueba, ¿por qué? -preguntó Emmet.
—Alístalo, lo probaremos en nuestro próximo viaje.
— ¿A dónde iremos? -preguntó Emmet ansioso, pero Tanya dirigió su mirada a Noah.
—Habla con el Búho y pide la ubicación. En cuanto te diga dónde están, nos iremos -avisó Tanya, y dicho esto, caminó a la salida de su oficina y con pasos firmes se dirigió a su habitación.
“¿Por qué? ¿Por qué, Jared? ¿Te divierte tenerme en la palma de tu mano y jugar con mis sentimientos? ¿Te gusta tener a dos chicas? Pues bien, yo también puedo tener a dos chicos. Los tendré… no eres el único que puede jugar de esta manera, Jared.”
Tanya llegó a su habitación, caminó al baño privado de esta, manchando las perillas con su sangre. Llegó al lavabo y comenzó a limpiar la sangre de sus manos. El agua se tiñó de rojo, como si fuera una acuarela. Buscó su botiquín que reposaba en el mueble del lavabo, lo abrió, dejando una mezcla de sangre y agua alrededor. Sacó unas vendas y comenzó a vendarse las manos. Trataba de olvidar todo lo que había pasado en las últimas horas: las palabras y acciones de Emmet, la nota sin un autor a quien investigar, este nuevo problema con los Stern y el expediente y foto de Jared junto con Elizabeth. Tanya, ya con sus manos vendadas, se miró al espejo. Su apariencia seguía perfecta, salvo los pequeños vidrios rotos que se ocultaban en su cabello. Pero se miró a sí misma, y luego recordó lo que leyó en las notas junto a las fotos. Las emociones se juntaron de nuevo. Eran muchas, difíciles de manejar, difíciles de digerir, le revolvieron el estómago y le estrujaron el corazón. Frunció el ceño tratando de retener las emociones, pero más bien terminó rompiendo su espejo, dejándolo agrietado y haciendo que su reflejo se viera distorsionado por las diversas grietas.
Quizás no la enojó tanto el hecho de enterarse de la infidelidad. Quizás fue el hecho de que volvió a creer en Jared, que se dejó tocar y besar por él pensando que podía confiar en él, pero solo la engañó de nuevo. Esta era la segunda vez, pero no habría una tercera. Estaba furiosa, eso era claro, pero había más sentimientos en esa lucha: confusión, desesperación, soledad, traición y miedo. Se preguntaba con frustración: “¿Por qué tenía que sentir eso?”. Pero, como siempre, no encontró una respuesta. No lo sabía, pero odiaba sentirse de esa forma. Lo detestaba.
Pero decidió que ya no sentiría de esa forma nunca más. Aceptaría la idea de Noah, aceptaría su plan. Tanya desaparecerá a esa chica. Elizabeth Parker tiene los días contados a partir de ese momento. Y al tener ese pensamiento, ella sonrió ante su reflejo distorsionado, una sonrisa sádica y malvada.
“No dejaré que vuelvas a jugar conmigo, Jared, no de nuevo, ahora seré yo quien juegue contigo.”
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