Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 20
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Capítulo 20: Noche Buena
“En la misma noche, coexisten la alegría compartida y el dolor de la envidia”
–Libe Gloze
Emmet
Después de dos días de ver cómo Tanya apenas podía tolerar hablar con Noah, Emmet supo que era el momento de actuar. Faltaban solo tres días para Nochebuena, y los encargados de los juegos mecánicos y los puestos de comida ya empezaban a llegar y a asentarse en el lugar libre de edificios y árboles. Noah seguía ocupado con la vigilancia y seguridad del pueblo, especialmente con la feria, asignando roles de guardia y todo lo demás al personal.
“Aburrido, sí, pero gracias a que me tomé unas vacaciones del laboratorio por adelantarme con el producto nuevo, puedo ir hacia ella.”
Emmet, con pasos seguros y lanzando uno que otro beso a las empleadas que se topaba en los pasillos, llegó a la sala de entrenamiento. El golpe constante de algo resonaba en la solitaria habitación. Ahí estaba ella, la causante de sus sueños húmedos y la chica que le robaba algunos de sus suspiros, asesinando a golpes su saco de boxeo.
Tanya había recogido su cabello, ese que Emmet tanto ansiaba tocar, en una trenza invertida con moño para que no le molestara al entrenar cuando lanzaba patadas y golpes. Su cuerpo, atractivo y sensual, estaba cubierto solo por dos prendas de ropa. Un top deportivo que apenas cubría su voluminoso y firme pecho, el cual danzaba moviéndose de un lado a otro, de arriba abajo, cada vez que lanzaba patadas o golpes al pobre y desgastado saco de boxeo. Pero su parte favorita era ese short deportivo que hacía juego con su top, cubriendo apenas sus caderas y glúteos, dejando a la vista sus carnosos muslos y piernas con las que daba saltos y patadas con intenciones asesinas.
A medida que se acercaba, podía ver cómo las gotas de sudor se deslizaban por su cuello, recorriendo un camino hacia su pecho, y cómo otras gotas de sudor resbalaban por su fina cintura. Algunas incluso se deslizaban por sus piernas.
“¡Demonios! ¿Es normal estar celoso de unas gotas de sudor?”
Algunas de las gotas de sudor de Tanya salían volando por los aires ante sus feroces y mortales golpes. Emmet, que la había vigilado durante sus entrenamientos, había descubierto dos cosas importantes. Primero, era increíblemente flexible y segura de sus movimientos. Aunque ahora solo golpeaba el saco de boxeo, era evidente que, si estuviera frente a frente con alguien más, Tanya sería la ganadora indiscutible. La había visto dar piruetas y deslizarse como una serpiente entre los obstáculos durante sus entrenamientos. Y ni hablar de cuando tenía armas; su puntería era impecable, su precisión y ferocidad al apuntar en movimiento eran algo digno de admirar.
Pero lo otro que había descubierto era que, gracias a su ropa de entrenamiento —la cual, dicho sea de paso, despertaba su “amiguito de abajo”—, se dejaban ver algunas cicatrices en su cuerpo. Se había preguntado miles de veces cuál era el origen de esas marcas, que podrían pasar desapercibidas.
“¿Misiones? ¿Emboscadas? ¿Intentos de asesinato? ¿Accidentes?”
No podía pensar con claridad cuando se imaginaba a alguien más lastimándola o algo parecido. Le molestaba un poco, que alguien pudiera dañarla a ella, es menor que ella por dos años, debieron ser personas sin corazón. Quería preguntarle cara a cara sobre cada una de sus cicatrices, pero sabía muy bien que Tanya se cerraría por completo y no diría nada. Sin embargo, un sentimiento de protección empezó a nacer en él, intenso y creciente.
Se quedó detrás de Tanya, escuchando su respiración agitada por el entrenamiento y observando cómo su mirada estaba fija en el saco de boxeo. Emmet tenía la leve sospecha de que estaba perdida en sus pensamientos, imaginándose a alguien en lugar del saco. No estaba seguro de quién era, pues Tanya odiaba a mucha gente, así que podía ser cualquiera. Pero al verla dejar de moverse y quitarse la pose de pelea, supo que se había agotado por completo.
—Toma algo de agua -le habló suavemente detrás de ella, quien se sobresaltó un poco y se dio la vuelta para verlo-. Toma -le extendió una botella de agua sellada.
Tanya lo miró de pies a cabeza, pero no dudó en aceptar la botella de agua, ya que la suya se había terminado. Abrió la botella y bebió de ella como si llevara dos días sin tomar una sola gota. Emmet detalló su rostro, el cual se podía apreciar mucho mejor ahora que tenía el cabello recogido.
Emmet observaba a Tanya, notando las sutil pecas que adornaban sus mejillas y el puente de su nariz, algunas desapareciendo bajo el rojizo tono de su piel por el entrenamiento matutino. Las gotas de sudor se deslizaban por los lados de su rostro, llegando a su mandíbula y cayendo en su pecho o directamente al suelo. Esos labios carnosos y rojizos que tanto deseaba morder se moldeaban a la boquilla de la botella, bebiendo toda el agua posible.
“Pero lo que más me encanta de ella son sus ojos, esos ojos grisáceos que solo muestran frialdad y furia. Quiero cambiarlos a unos ojos que desborden deseo y placer…”
—Gracias -se escuchó de parte de Tanya cuando bebió la mitad de la botella de agua.
—No hay de qué -Emmet caminó a su lado y puso una mano sobre el saco de boxeo-. ¿Entrenas mucho?
Emmet hizo preguntas cuyas respuestas ya sabía o sospechaba, ya que la vigilaba casi todas las mañanas. Tanya dejó la botella de agua en el suelo y movió una de sus manos hacia un estante donde había toallas. Una de ellas levitó hasta sus manos y la usó para secarse el sudor de su cuerpo.
—La mayoría de las mañanas -le contestó rápidamente mientras pasaba la toalla por su rostro.
“Cielos, ahora estoy celoso de esa toalla. ¿Qué vendrá después? ¿Celos por su ropa?”
—Ya veo -Emmet llevó sus manos a los botones de su camisa para empezar a desabrocharlos-. Yo también entrenaba seguido, la vida de un mafioso requiere un buen entrenamiento.
Emmet se quitó su camisa y la dejó caer al suelo. Tanya posó su vista en el cuerpo musculoso y bien formado de él. Emmet sonrió al lograr su objetivo: tener su atención. Podía sentir cómo Tanya detallaba cada abdominal, su pecho tonificado y sus bíceps cuando los flexionaba a propósito.
— ¿Te encuentras mejor? -Tanya desvió la vista de su cuerpo a sus ojos-. Me refiero a esa noche…
Esa bendita noche en la que la tuvo en su cama a su merced. Esa noche en que pudo sostenerla en sus brazos, esa noche en la cual aún recuerda vívidamente cómo la llevó en sus brazos a su habitación.” Tanya dejó la toalla en el suelo y pasó ambas manos por su rostro, angustiada y algo avergonzada
—Emmet, por favor, olvida esa noche -le pidió sin verlo, su vista oculta tras sus manos.
— ¿Por qué? -Emmet no pudo reprimir una sonrisa de satisfacción al verla cubrir su rostro. Cuando ella se mostraba vulnerable, parecía una chica aún más encantadora, o mejor dicho, una persona diferente. Él sabía que había otra versión de Tanya, y quería conocer a su verdadero yo.
—No era yo. Sé que es una pésima excusa, pero es la verdad. No recuerdo qué pasó después de verte en la entrada del jardín -quitó sus manos de su rostro, dejando a la vista un leve sonrojo de vergüenza en sus mejillas.
Emmet tanteó el saco de boxeo con su mano y luego dio un golpe tan fuerte y ágil que logró desgarrar un poco la tela del saco. Aún estaba en forma.
—No tienes por qué avergonzarte, sabía que estabas borracha -le habló sin verla mientras seguía golpeando el saco de boxeo.
Tanya puso sus manos en su cadera y lo miró angustiada y, en su mayoría, avergonzada.
—Te pido perdón si hice algo o te dije algo que te incomodó -se disculpó a duras penas. Sabía que había actuado mal y que lo mejor era disculparse, aunque le doliera muchísimo a su orgullo.
—Ya te dije que está bien -Emmet podía sentir cómo su respiración se agitaba y cómo el sudor empezaba a salir de él mientras seguía entrenando-. No pasó nada, cuando me viste te desmayaste en mis brazos.
Tanya mordió levemente su labio inferior al recordar su primer recuerdo de esa mañana: despertar desnuda en la cama de Emmet, cubierta solo por sábanas gruesas para no morir de frío.
—Entonces dime…
—Te vomitaste encima, y encima de mí -le soltó Emmet con un leve tono burlesco, logrando que Tanya se quejara en voz baja por sus acciones de borracha.
(Esa noche)
Emmet lo recordaba con fascinación y a la vez con frustración. Cuando la llevó en sus brazos desmayada, se aseguró de que nadie, y menos Noah, los viera. Pero cuando escuchó las quejas de Tanya, no pudo actuar tan rápido. La sostuvo aun en sus brazos mientras ella vomitaba lo único que había tenido por esas horas: el vino. Emmet tragó fuerte, pero aunque le cayera algo de vómito encima, no la soltó ni la dejó sola. Al contrario, al verla más serena después de vomitar a medio pasillo, la llevó a su habitación.
Su primera intención fue llevarla a la enfermería, donde la cuidarían las empleadas, pero al tenerla en sus brazos y verla tan indefensa, decidió ser egoísta y hacerle caso a sus impulsos: se la llevó a su habitación. Además, así podría ayudar a su plan, ¿no? Ya en la habitación, la llevó al baño privado. La recostó en la tina, pero al verla incómoda, regresó a la habitación, tomó una de las mejores almohadas y se la dio para que estuviera cómoda en la tina.
Luego, comenzó su lucha contra su autocontrol. Sus manos se dirigieron a la ropa de Tanya y empezó a quitársela; no dejaría que ella se quedara con su ropa llena de vómito. Emmet empezó a impacientarse cuando había quitado las prendas superiores de Tanya, dejándola solo con el sostén. Respiró amargamente para seguir con su trabajo y ahora empezó a retirar la parte inferior, primero sus zapatos y luego su falda.
Tomó sus prendas de ropa y las sumergió en un traste lleno de agua, esperando que no se les impregnara el olor a vómito. Luego se vio a sí mismo en el espejo, su ropa con algo de vómito. Negando con la cabeza, se quitó su ropa también, sumergiéndolas en el agua. Quedó solo en su bóxer de costura baja. Un ruido detrás de él llamó su atención, y se encontró a Tanya aún vomitando un poco más, ensuciando así su ropa interior. Emmet ya estaba al borde de su autocontrol; tuvo que pensar en villancicos para que su “amigo” dejara de estar despierto.
No le quedó de otra que limpiar a Tanya. Primero, tomó la regadera de mano y calentó el agua a una temperatura aceptable, procurando no congelarla ni quemarla. Pasó el agua por su cuerpo, provocando más quejidos por parte de Tanya. No podía dejarla con su ropa interior mojada, ya que el invierno traería consigo un frío insoportable. Entonces, con toda su fuerza de voluntad, llevó sus manos al broche del sujetador tipo corsé de Tanya. Respiró profundamente y, con lentitud, retiró la prenda empapada, lanzándola a un lado, sobre el tocador del baño. Trató de evitar mirarla de más, pero necesitaba una recompensa por lo que estaba haciendo.
Miró su pecho: firme, redondo, con pezones rosados. Podía sentir cómo su respiración dejaba de ser normal y cómo sus mejillas se calentaban poco a poco. Empezó a tararear villancicos para no perder la cordura. Ahora tocaba bajar sus bragas, algo difícil ya que tuvo que separar sus piernas para lograrlo. El hecho de que estuvieran mojadas lo complicaba un poco más, pero consiguió quitarlas y lanzarlas hacia el tocador, junto con el sujetador. Sintió su bóxer apretarlo a un nivel infernal. Su cuerpo temblaba, pero tenía que ser consciente: si la iba a tocar, sería con su consentimiento. Él era un caballero, no un animal.
“Dios… soy yo… dame fuerzas…”
Emmet, con todo su autocontrol, terminó de limpiar a Tanya y rápidamente la envolvió con muchas toallas para que el frío no la afectara. La cargó en sus brazos y, con cuidado de no despertarla, la dejó en su cama. Secó un poco su cabello para que no la molestara o no contrajera un resfriado. Y poco a poco, le quitó las toallas ya húmedas y la tapó con las sábanas de la cama.
La silueta que creaban las curvas de su cuerpo fue el límite de Emmet. Sin dudarlo, fue a su baño y encendió la ducha. Las imágenes y la textura del cuerpo de Tanya venían a su mente, volviéndolo loco. Se desnudó por completo y se metió en la ducha; sabía que si se metía en la tina, tardaría más. Poniendo el agua tibia, bajó su mirada a su miembro erecto, totalmente listo para un par de buenas rondas. No le quedó de otra que usar las imágenes mentales y su mano, moviéndola de arriba abajo, sintiendo las gotas de la ducha caer por su cuerpo tenso, dejando escapar uno que otro jadeo bajo ante las sensaciones que sentía.
Cuando Emmet salió de la ducha con una toalla cubriendo su cadera, dirigió su vista a la cama donde dormía plácidamente Tanya.
“Esta mujer me volverá loco, lo juro.”
Fue a su armario para ponerse el pijama. Luego tomó una de las muchas almohadas de la cama y un par de sábanas del armario, tirándolas al sofá cama que estaba al lado de su propia cama. Ni loco se dormiría junto a Tanya; sabía que no se quedaría quieto y podría arrepentirse de sus acciones. Pero antes de alejarse de ella, no pudo evitar sus impulsos. Se acercó, su cuerpo inclinándose sobre el de ella. El deseo de tener a alguien como Tanya desnuda en su cama lo estaba llevando al abismo, jamás había conocido a una chica que lo llevara a esos límites, y por eso la deseaba ahora mucho más, como una tentación o droga que lo estaba volviendo adicto. Deslizó sus labios por el cuello de ella, logrando que Tanya soltara un suspiro entrecortado. Su mandíbula se tensó ante aquel dulce sonido y siguió pasando sus labios por el cuello de ella hasta que…
—J-Jared…
Emmet se detuvo en seco cuando Tanya lo llamó por el nombre del “llorón”. Algo en él se removió duramente, un sabor amargo llegó a su boca. Entonces, tomó su venganza y, sin dudarlo, la besó. Besó esos labios carnosos en un impulso de desquite. Tanya no le correspondió, obviamente, pero él se grabó la textura y suavidad de sus labios. Luego se alejó de ella para irse al sofá y esperar que su “amigo” de abajo se calmara de nuevo, mientras pensaba en esa noche tan loca y frustrante.
(Regresamos al presente)
Ahora, en el presente, Tanya miraba con vergüenza a Emmet. No podía creer que se hubiera vomitado a sí misma y, peor aún, encima de él.
—Perdóname, Emmet, créeme que estoy muy avergonzada de mis acciones.
—Está bien, no pasó nada -Emmet pateó con furia el saco de boxeo, desgarrando aún más la tela. Estaba furioso de solo recordar que Tanya lo había llamado por otro nombre-. Más bien cuéntame, ¿por qué te emborrachaste hasta ese nivel?
Tanya se tensó por completo y evitó mirarlo a los ojos. Emmet supo que no le diría nada tan fácil, y eso también lo enojó; sentía que ella no lo veía como alguien de confianza.
—Es algo personal… -se excusó ella.
Caminó hacia una canasta donde se guardaban las toallas ya usadas para ser limpiadas. Emmet la siguió, quedándose de pie detrás de ella. Era más alto, por lo que logró acorralarla entre el canasto de ropa y su propio cuerpo. Tanya se dio la vuelta, algo sorprendida por su acción, a veces no podía escuchar sus pasos algo que Emmet tomaba ventaja cuando lo descubrió.
— ¿Emmet? -lo llamó Tanya con algo de confusión, pero también en un tono alerta.
Emmet, después de ver cómo esa toalla viajaba del estante a sus manos, supo que no debía hacerla enojar. Pero le iba a decir sus intenciones, algo que aún era confuso en su interior. Tal vez estaba confundiendo sentimientos, pero era más fácil decirlos que mantenerlos dentro como prisioneros.
—Tanya, sé que es difícil hablar de esto, pero necesito que me escuches. Veo que estás pasando por un momento complicado y me duele verte así -Alzó su mano para ahuecarla en su mejilla y acariciarla suavemente, y tomo mas ventaja cuando ella… no lo aparto-. Quiero que sepas que estoy aquí para ti, siempre. Nos conocemos hace poco pero te debo una vida. Si buscas una pareja que te apoye, te respete y te haga sentir segura, yo quiero ser esa persona. Sé que quizás ahora no estés lista para pensar en eso, pero por favor, considéralo.
Tanya abrió los ojos como platos ante las palabras de Emmet, y se quedó en silencio. Ella lo miró a los ojos, buscando algún indicio de broma o trampa en sus palabras, pero sonaban sinceras. Ella puso su mano en el pecho desnudo de Emmet y lo empujó levemente. Emmet entendió y dio un paso hacia atrás, dejando que ella caminara en silencio hacia la salida de la habitación.
—Tanya… -la llamó. Ella se detuvo y se volteó a verlo-. Lo dije en serio…
“Tal vez…”
Y con estas palabras, Tanya salió de la habitación. Dejó a Emmet en ese lugar. Él recordó lo de esa noche y cómo ella lo llamó por otro nombre. Furioso, caminó con pasos pesados hacia el saco de boxeo y le dio una patada tan fuerte que logró romperlo, dejando que la arena saliera de este y cayera al suelo formando una pequeña montaña. Se quedó ahí de pie, agitado, furioso por esa noche. Pero también miró a su pantalón, donde se notaba el bulto.
—Amm, disculpe -habló una voz femenina. Emmet volteó a verla, una empleada con un carrito que tenía algunas ropas sucias, de seguro venia por las toallas y arreglar su desastre. Ella se sonrojó levemente al verlo sin camisa. Él le dio la mejor de sus sonrisas.
— ¿Cómo te llamas? -le preguntó, acercándose a ella, que estaba en la puerta del lugar.
—M-Me llamo Sindi -le contestó Sindi algo tímida, su voz apenas un susurro.
Emmet se puso frente a ella y deslizó una de sus manos a la cintura de la chica para atraerla hacia él. Con su otra mano, comenzó a cerrar la puerta lentamente.
—Sindi, qué bello nombre. Necesito que me ayudes con un problema -le dijo con un tono seductor que hizo que Sindi se sonrojara aún más, cerrando por completo la puerta y dejando a la vista el letrero de “NO ENTRAR” que a veces ponía Tanya para estar sola en sus ataques de ira
Tanya
Después de algunos días, llegó el tan esperado día: Nochebuena. Un día que todos festejan y beben hasta medianoche, disfrutando el tiempo en familia y recordando viejas anécdotas. Es el momento de ver a viejos y lejanos familiares que solo aparecen por unos días al año.
En Hidetown, esto no era la excepción. Tanya, cuando recién se estaba acostumbrando al pueblo hace seis años, nunca le agradó la tradición local: crear una feria que dura desde Nochebuena hasta Año Nuevo. La idea era que varias familias y parejas convivieran en un lugar agradable y lleno de colores. Y en los días de celebración —que eran dos—, justo a la medianoche, el cielo estallaba en color con grandes fuegos artificiales, creando un recuerdo memorable y hermoso.
Ella nunca visitó esa feria desde que llegó. Le agradaba ver los fuegos artificiales desde su gran mansión, aunque se estuviera congelando por la altura, no quería ir. Siempre estaría sola. Dalia y Noah eran como el pan y la mantequilla, la dejaban sola y se iban por su cuenta. Y aunque Dalia ya no estuviera, Noah se resignaba a visitar la feria por el dolor del recuerdo. Recordar a Dalia bajo la luz de los fuegos artificiales y pasar una Nochebuena y Año Nuevo sin ella era demasiado doloroso.
Tanya no quiso obligarlo a ir a esa feria. A ella tampoco le agradaba ir, pero sí que le picaba la curiosidad de probar la comida de esos lugares. La imagen de la comida, el olor y ver cómo la gente degustaba los platillos hacían que su boca se hiciera agua. Sobre todo, ese delicioso platillo que llevaba plátanos y chocolate, llamado Mole.
Y en ese momento lo estaba degustando. Más bien, lo devoraba. Tanya pensaba llegar a la hora indicada a la feria, hablar con Jared y luego disfrutar la deliciosa comida. Pero la iniciativa de Emmet le colmó la paciencia. También era su primera feria en Nochebuena y estaba más que ansioso por ir.
“Parecía un golden retriever, lleno de energía y bien arreglado.”
Tanto Emmet como Tanya llevaban ropa fina, elegante y abrigada contra el frío, para que pudieran estar cómodos y protegidos. Partieron a la feria, tarde, ya que Tanya se tardó a propósito en arreglarse. Desde el incidente con el vino, Emmet y Tanya se habían vuelto algo… cercanos. Ella apenas podía soportar toda la energía de Emmet; huía de él cuando tenía la oportunidad, pero de algún modo siempre lograba encontrarla. Y en este caso no fue la excepción, pidiéndole que se apurara, que ya se fueran a la feria. Tanya sabía que Emmet lo hacía a propósito, y cuando ella lo descubría, él solo le sonreía y seguía.
Pero ahora que ya estaban en la feria, donde algunas personas del pueblo los saludaban, la atmósfera cambiaba. El frío era un poco menos fuerte. ¿Se debería a que todas las personas del pueblo estaban en ese lugar? El olor a comida inundaba el ambiente, al igual que los gritos de las personas valientes que se subían a los juegos mecánicos. Ni siquiera ella tenía la valentía de subirse a esos juegos.
“Puedo estar al borde de la muerte, puedo asesinar a personas, puedo hacer cualquier cosa, pero subirme a una de esas cosas… jamás.”
Ella estaba a la par de Noah. Por que si, cuando supo que ella iba a ir, salto como padre protector a ponerse ropa abrigada para acompañarla. Estaban de pie frente a una atracción a la cual se había subido Emmet. Él había levantado los brazos, disfrutando de la adrenalina del momento. Mientras escuchaban y observaban la atracción, tanto Tanya como Noah comían un delicioso Mole caliente. El sabor del chocolate, algo picante, y los plátanos calientes eran una comida divina, digna de dioses. Tanya miró de reojo a Noah, quien estaba degustando su último plátano.
— ¿Qué tal está tu platillo? -le preguntó, mirándolo de reojo.
—Delicioso -le respondió cortante.
Tanya ya se esperaba esa respuesta, pero deseaba que no le respondiera de esa forma. Le hablaba de ese modo desde que descubrió que ella había estado con Emmet en su borrachera. No sabía cómo arreglar las cosas. Quería hacer las paces, pero ¿cómo? Su orgullo le ganaba, pero el sentimiento de distancia y la molestia de Noah la incomodaban profundamente.
Tanya sintió un escalofrío. No le pasaba esto desde que peleó con su hermano Cinco. Cuando lo escuchó quejarse de ella, gracias a su don, no le gustaba que fuera algo callado y honesto. Por un momento, se le había olvidado que el poder de su hermano Cinco era la súper audición y que había logrado escucharla quejarse de él. No le hablaba con el cariño de siempre desde ese momento, incluso la ignoró un día entero. Su hermana Nueve tuvo que ayudarla a hacer las paces con su hermano. Se tragó su orgullo y tuvo que disculparse con él; después de todo, le dolió mucho que la ignorara por un día completo.
— ¡Tanya! ¡Tanya! -Escuchó esa voz familiar que la llamaba. Alzo su vista de su plato a Emmet, quien venía hacia ella con el cabello desordenado, pero luciéndolo encantador-. ¡Vamos a las pruebas de tiro!
A ella no le quedó de otra que seguirlo cuando la tomó de la mano y la guio a la prueba de tiro, donde muchas personas, tanto chicos como chicas y padres de familia, ayudaban a sus hijos a apuntar bien el arma al blanco.
Emmet llamó la atención cuando pagó por cinco tiros. El chico del puesto le dio una sonrisa arrogante y le cargó el arma, un rifle de balines. El chico estaba a punto de decirle cómo sostener el arma, pero Emmet la acomodó en sus brazos y solo le bastó con poner sus ojos en el blanco y disparar sin miedo y con toda confianza.
Cinco disparos en diferentes blancos. Uno a simple vista, otros dos un poco difícil de acertar y tres en el último que estaba en medio del premio que quería reclamar. Las personas que estaban cerca, e incluso los mismos encargados del puesto, quedaron asombrados cuando las alarmas y bombillas se iluminaron rápidamente al acertar Emmet a todos los blancos. La sonrisa arrogante ahora la tenía Emmet cuando reclamó el premio por el que todos se estaban peleando. La gente le aplaudió cuando Emmet tomó un gran oso de felpa, más grande que él. Emmet hizo una reverencia a las demás personas y se alejó del puesto con una gran sonrisa en su rostro y cargando al peluche con un solo brazo.
“Claro, nació con un arma en su mano, este puesto de juegos sería pan comido para él, incluso para mí o Noah.”
—Esto es para ti -Emmet se paró frente a ella, señalando el oso de felpa gigante que sostenía en su brazo.
—Gracias -Tanya miró al gran oso de felpa, se veía tan suave y acogedor.
“Ahh, hermanas, Tres, Seis, Nueve y Once, les hubiera encantado tener un oso de peluche igual a este.”
Emmet miró detrás de Tanya, donde Noah no miraba a ninguno de los dos. Él también sabía el porqué de la actitud de Noah. Justo cuando Tanya iba a tomar el oso de felpa, Emmet lo hizo a un lado, logrando que ella lo viera con confusión.
—Ve y habla con él -le dio una sonrisa reconfortante-. Es mejor que lo arreglen antes de Nochebuena, es dentro de ¿qué, una hora?
Tanya suspiró ante las palabras de Emmet; él tenía razón, debía tragarse su orgullo y arreglarlo.
—Nada de suspiros, y ve con papá.
El tono burlesco de Emmet hizo que Tanya lo mirara frunciendo levemente el ceño, pero Emmet ensanchó su sonrisa y se alejó del lugar para ir a otro puesto de juegos, esta vez uno de lanzamiento de hachas, donde seguramente ganaría de nuevo. Tanya lo perdió entre la multitud y caminó hacia Noah, quien al verla acercarse, cerró los ojos por un instante y miró hacia otro lado. Tanya sintió un golpe en su interior ante la reacción de Noah.
—Noah, quiero disculparme -fue honesta y directa al grano.
Cuando escuchó esas palabras, Noah volteó a verla, esperando a que siguiera hablando.
—Actué mal, lo sé, no hay excusas para mi comportamiento de ese día. Te pido disculpas.
Noah soltó un suspiro y movió levemente sus brazos, como si se zafara de algo invisible. La sonrisa amigable de Noah volvió a su rostro; cuando se enojaba era muy cruel, pero si se disculpaban con él, volvía a ser como antes.
—No me molestó por eso, señorita -Noah caminó hacia el escenario que estaba a un lado, donde se daba un espectáculo de un baile tradicional con sus instrumentos típicos, las marimbas-. Me molestó el hecho de que usted recurrió al joven Emmet, a quien apenas conoce por unos días si no que semanas, y no a mí, que me conoce por cinco años.
Tanya se puso al lado de Noah, disfrutando cómo las chicas, vestidas con trajes tradicionales, bailaban al son del instrumento llamado marimba. Sus trajes llenos de colores y las sonrisas de todos hicieron que el ambiente se aligerara rápidamente. Algunas personas se unían a sus parejas o tomaban la mano de alguien desconocido y empezaban a bailar también, sonriendo, y otros observaban la escena con felicidad y tranquilidad.
“No fui con él porque quería, me desmayé en sus brazos, que es otra cosa. Pero supongo que Emmet no le dijo nada sobre el tema de que desperté en su habitación, y será mejor que siga de esa forma.”
—Perdóname, Noah, pensé que la opinión de alguien nuevo podría darme una mano -mintió Tanya, la mirada fija en el espectáculo.
— ¿Y funcionó? -preguntó Noah, su tono aún un poco cauteloso.
Tanya pensó en el nuevo paso de su relación con Emmet. Sentía que algo había cambiado para bien, o al menos eso creía.
—De alguna forma.
Noah estuvo de acuerdo con esa respuesta, y el enojo en él se disipó como si nunca hubiera existido. Se quedaron un rato más observando el espectáculo mientras tomaban un atol de elote caliente para combatir el frío. Tanya se separó de él cuando el espectáculo terminó, y todos empezaron a dirigirse al lugar abierto y cómodo para observar los fuegos artificiales que serían en media hora. Tiró el vaso vacío en el basurero más cercano.
Pero no se esperaba que alguien la tomara de la mano y la hiciera voltear repentinamente. Pensó que era un asesino, un narcotraficante o el mismo asesino. Pero cuando miró a Jared con una sonrisa, se tranquilizó.
—Ya es hora, ¿recuerdas? Once y media de la noche, en la casa del terror -Jared la tomó de la mano, entrelazando sus dedos con los de ella, y caminó con ella por detrás de los puestos para que nadie los viera-. Tranquila, le dije a Noah que estaría contigo.
“¿Le dijo a Noah? ¿Él? ¿Y lo dejó estar conmigo a solas?”
— ¿Qué te dijo? -Tanya apretó levemente su mano contra la de Jared. Él vestía formal y elegante, típico de él, aunque Tanya podía sentir su corazón latir con fuerza. Sentir su mano junto con la de él ya era el mismo cielo. Pero aún seguía algo dolida y molesta por lo que vio y escuchó de esa “pelos de café quemado”.
—Supongo que su mirada de pocos amigos y el obligado asentimiento de cabeza fue su permiso -Jared rio bajo al recordar la imagen de un Noah queriendo asesinarlo con la mirada y estando obligado a respetar las reglas morales.
Tanya sonrió divertida al pensar en qué regaño o queja le daría Noah sobre Jared pidiendo permiso para estar con ella un rato. Ambos llegaron a la casa del terror, que por fuera sí daba algo de miedo. Si Tanya no fue capaz de subirse a algún juego mecánico, ¿cómo podría estar tranquila entrando a un lugar como ese?
“Todo tiene un límite, mi miedo también lo tiene.”
Tanya quiso entrar por la entrada normal, pero Jared apretó su mano, aún entrelazada con la suya. Tanya lo volteó a ver, este solo movió su cabeza a un lado y caminó con ella de nuevo, alejándose de la entrada principal.
“¿Entonces no iban a entrar? Qué suerte.”
—Tenemos que esperar a que salgan los trabajadores -le susurró Jared, atrayéndola a su lado y mirando por una esquina la puerta principal, esperando que los trabajadores salieran del lugar.
— ¿Entonces entraremos? -Su pregunta sonó con algo de inquietud. Jared la volteó a ver y sonrió de lado.
— ¿Tienes miedo de unos muñecos y luces parpadeantes? -Su pregunta ofendió un poco a Tanya.
“O sea, sí, escapé de asesinos, de narcotraficantes, me he enfrentado a cosas peores que muñecos y luces parpadeantes, pero… joder, hay momentos en los que temes que esas cosas agarren vida de la nada y te lleven al mismo infierno.”
— ¿Tú no? -le preguntó, escuchando cómo algunas voces se acercaban a la entrada de la casa.
—Hay cosas peores a las cuales temerles, como a tu mayordomo, por ejemplo.
Tanya suprimió una leve risa que quería salir de ella ante aquel comentario. Ambos quedaron callados cuando los trabajadores de la casa del terror salieron del lugar y caminaban hacia el campo libre donde ya estaba la mayoría de la gente. Jared le hizo señas a Tanya de que lo siguiera en silencio. Ella asintió; había recibido entrenamiento especial para eso, fue creada para estas misiones.
Jared sacó de su pantalón un par de ganzúas tubulares y empezó a forzar el seguro del lugar. Tanya sonrió ante las acciones de Jared; estaba preparado para la ocasión. “¿Ya lo había hecho con anterioridad? Su sonrisa se borró de golpe al pensar si había hecho eso por alguien más, por otra chica.” Vio que era muy hábil con las ganzúas. Ella podría abrirlas jalando la cerradura con su don, rompiéndola, pero decidió observar las habilidades de Jared.
— ¿Ya habías abierto una cerradura de esta forma? -Jared la miró de reojo por unos segundos y luego volvió su vista a la cerradura, casi lista.
—Denia ha cerrado la puerta con seguro muchas veces, algunas a propósito. Como hermano mayor, es mi responsabilidad cuidarla, así que tuve que aprender por mi cuenta.
Esa confesión sorprendió a Tanya. “¿Denia cerraba las puertas con seguro y Jared las abría? ¿Por qué? Jared se preocupa por su hermana menor, lo sabe, pero abrir la puerta con ganzúas, llegar a ese extremo, es algo… extraño.”
Jared logró abrir la puerta y la abrió, dando un paso atrás para darle el paso a Tanya, cosa que ella agradeció. Es un caballero. Ella entró al lugar, que estaba oscuro debido a que no había nadie. Jared entró después de ella y le ofreció una linterna. Ella la tomó y al encenderla, se topó con el letrero de reglas y costos de entrada para el lugar.
—Ven, podemos tardarnos todo lo que queramos -habló con un tono de voz bajo, se veía muy confiado. No era la primera vez que entraba a ese lugar sin supervisión.
Tanya siguió a Jared y, al cruzar la cortina que tapaba el interior, se tensó. Parecía una escena del crimen. Sangre falsa por todos lados, cuerpos falsos, cadenas falsas. Aunque todo en ese lugar era falso, le causó escalofríos. Ella ya había visto todo lo real de aquellas cosas. Lo único que podía verse en aquel lugar eran muñecos horribles, armas falsas, pasillos tenebrosos. Algo que no era su estilo, pero estaba decorado de una manera que era escalofriante pero llamativa, invitándote a seguir profundizando en aquel lugar a pesar del miedo constante.
Jared iba delante de ella, siguiendo algunos pasillos del lugar. Parecía conocer bien el sitio. Llegaron a un área donde había un carro de viaje muy pequeño. Era una mini atracción del lugar: una vagoneta de madera que seguía unos rieles por un camino donde había escenarios de asesinatos y escenas del crimen. Tanya miró todo con curiosidad; era su primera vez en una casa del terror, pero sintió una vibra familiar al ver los escenarios de cadáveres falsos y las marionetas que, si la casa del terror estuviera en funcionamiento, saltaban hacia ti, robándote varios sustos y, si fuera posible, la vida.
— ¿Cómo te encuentras? -le preguntó Jared, quedándose frente a un escenario donde había un muñeco envuelto en ropa para evitar ver su rostro. Este muñeco estaba en una pose que simulaba correr con un cuchillo en la mano, y al lado, otro muñeco de una pareja huyendo de este posiblemente asesino.
—Me encuentro bien -le respondió ella, quedándose a su lado y detallando la escena. Los muñecos estaban en un bosque, justo como por el que ella tuvo que caminar para llegar a ese lugar y por el que huyó de los guardias.
—Qué bueno que estás bien, aunque yo preguntaba sobre hace unos días.
Tanya lo volteó a ver para encontrarse con los ojos de Jared observándola, algo que la sorprendió. “¿Desde cuándo la estaba viendo?”
— ¿Hace unos días? -Ella hizo memoria, fue cuando se había emborrachado.
—Sí, yo… quería darte un regalo y fui a visitarte -le confesó, caminando a la próxima escena de exhibición, la cual era sobre un cuarto de tortura donde un chico tenía un martillo ensangrentado en la mano.
“¿Me fue a visitar? ¿Cuándo? ¿Por qué no me enteré?”
— ¿Por qué no te vi entonces? -Ella apretó su agarre en la linterna, pensando que Noah lo había echado o le había dicho algo hiriente.
—Bueno… tu primo me recibió -Jared se subió al escenario y tomó un arma falsa para jugar con ella. Tanya abrió los ojos como platos.
—Me había dicho que estabas muy enferma y que no podía verte por miedo a contagiarme.
“¡Maldito Emmet! ¡¿Por qué lo hizo?!”
—Solo era un… resfriado, es invierno, es normal enfermarse en estos tiempos -dijo Tanya con calma, pero por dentro pensaba en cómo asesinar a Emmet por sus acciones y por no decirle nada al respecto.
Jared dejó el juguete en su lugar y se bajó del escenario. Siguieron caminando por el lugar hasta llegar al final del camino, que parecía un pasillo sin salida. Sin embargo, a la derecha había un esqueleto falso atado a una pared también falsa, que revelaba el siguiente tramo de la casa.
—Mira, Tanya, Elizabeth dijo eso por impulso -habló finalmente sobre el tema. Tanya sintió doler su hombro por tanta tensión en ese momento-. La confronté sobre sus palabras, ella no debía haber dicho eso. Joder es mi prima seria enfermo pensar en esas cosas –confeso con una mueca de desagrado pero esto sorprendió a Tanya
“¿Su prima? ¿Ella era su prima?”
— ¿Por qué no me habías dicho que era tu prima? -La pregunta de Tanya hizo que Jared se detuviera y se diera la vuelta, quedando frente a ella.
“Incluso podría jurar que le había dicho que había rechazado sus sentimientos ¿Por qué tendría sentimientos por Jared, si era su primo? ¿Acaso es una mentira? No, no podría serlo, seria algo muy grave y… extraño”
—No hay nada entre ella y yo por que es imposible. Si Ella me confesó sus sentimientos hace tiempo, pero los rechacé por que había descubierto que era un familiar lejano, pero la catalogue como una prima -afirmó, mirándola a los ojos. Su honestidad era palpable-. Ella estaba en mi casa ese día porque, al ser vicepresidenta del colegio, debíamos ver a los nuevos alumnos del otro año.
“¿Entonces por qué te vi besándola en tu habitación? ¿De nuevo me estás mintiendo, Jared? ¿De verdad harás eso? ¡¿Una mentira tras otra?!”
— ¿A los nuevos alumnos del otro año? ¿Acaso eres el director del colegio? -Jared sonrió ante la voz malhumorada de Tanya.
—Teníamos que ver quiénes tomarían los nuevos lugares de algunos alumnos del consejo estudiantil. Algunos ya se graduaron y queríamos ver quiénes eran aptos para los puestos libres.
Tanya sintió un poco de alivio al saber por qué la vio en su casa durante las vacaciones y un fin de semana, pero eso no explicaba el cabello húmedo de los dos, o por qué ella estaba en el segundo piso, donde se encuentra su habitación.
—Pensé que era tu novia o algo por el estilo. Digo, bajó del segundo piso de tu casa y me dijo que era tu novia así de la nada, aun sabiendo que eran familia lejana -Tanya se cruzó de brazos, recordando con furia aquel momento.
Jared se rascó la nuca nervioso y, al parecer, avergonzado al explicar la situación. Tanya lo miró fijamente, esperando una respuesta. El lugar quedó en silencio mientras sonaba una canción de las bocinas de la feria. A Tanya le costó un poco recordar el nombre de la canción y del cantante; ella no escuchaba música, pero Noah de vez en cuando la tarareaba. Era “Come and Get Your Love” de Redbone.
—No es la primera vez que lo hace. Me dijo que lo hace para proteger mi corazón por lo de Jessica -se quedó callado un rato, pero luego asintió con la cabeza, ahuyentando algunos pensamientos-. Llegó antes de la hora indicada y mi madre no podía dejarla afuera con el frío, así que la dejó entrar a casa -empezó con su explicación-. En ese momento yo estaba regando las plantas, y ella se atravesó en la manguera, logrando mojarse. Para no mojarla más, terminé mojándome también ya que el grifo está pegado a la pared -Se quedó mirando fijamente a los ojos a Tanya-. La llevé al baño del segundo piso porque Denia tiene una secadora de cabello ahí, y nos secamos el cabello para no morir de hipotermia por un descuido.
Tanya logró calmarse un poco al tener al fin una explicación para ese momento, pero aun con la verdad saliendo de los labios de Jared, no pudo evitar sentirse molesta con Elizabeth.
“¿Acaso le había dicho eso para molestarla? ¿Para dejar en claro que estaba interesada en Jared? ¿O tal vez porque sabía que sentía algo por Jared y quería protegerlo como él dijo hace unos momentos?”
Un ruido ajeno a ellos resonó por la casa del terror. Ambos se pusieron en alerta. Estaban solos y a oscuras en un lugar donde fácilmente podían pasar como decoración si se topaban con alguien peligroso. Pero el verdadero peligro en ese lugar era Tanya, y no dejaría por nada del mundo que tocaran un solo cabello de Jared. Ella estaba lista para ir a inspeccionar y descubrir qué provocó el ruido. Pero Jared la tomó de la muñeca y la llevó a una escena de exhibición donde había una cortina que lograba camuflarlos con la oscuridad. Ambos apagaron las linternas y esperaron otro sonido, pero todo quedó en silencio.
Aun podía escucharse la música lejana de fondo. Tanya soltó un suspiro, agradeciendo que no fuera nada y, aun más, que no fuera un asesino. Pero rápidamente se dio cuenta de la situación. Jared, al cuidarla, la ocultaba con su cuerpo, logrando acorralarla entre él y la pared del escenario. La cercanía era mucha; su corazón empezó a latir aún más rápido al reconocer ese tranquilizador aroma a hortensias. Jared también, al voltear a verla, notó lo cerca que estaban. Tenía su antebrazo al lado de la cabeza de Tanya para apoyarse en la pared falsa.
“Oh Dios mío… esto es… emocionante.”
Tanya alzó un poco su cabeza para verlo. Un rasgo atractivo de Jared era que era más alto que ella. Y al verlo a los ojos, notó que estos tenían un brillo diferente, uno que nunca antes había visto. Jared, con su otra mano, la dirigió a la mejilla de Tanya, acariciándola levemente con el pulgar, una caricia que logró debilitar por completo las piernas de Tanya.
—Rechacé a Elizabeth y a otras chicas… porque ellas no eran la persona que me interesa -murmuró con voz algo ronca. Tanya sintió su corazón arder, sabiendo que era una indirecta muy directa. Apretó sus manos temblorosas en su ropa y se atrevió a hacer la pregunta más estúpida del mundo, solo para escuchar lo que siempre deseó y soñó.
— ¿Y quién es la persona en la que estás interesado? -Ella copió el tono de voz de Jared. La tensión aumentó con cada segundo. Jared deslizó su pulgar por el labio inferior de Tanya.
— ¿Tú quién crees? -le sonrió con un leve tono burlón y luego pasó lo que Tanya siempre soñó hasta ese momento:
La besó.
Sintió el contacto de sus labios contra los suyos, una sensación jodidamente excitante y emocionante. Ambos cerraron los ojos, disfrutando del contacto de sus labios, ambos moviéndolos en una danza sincronizada y lenta. Tanya sentía tantas cosquillas en su vientre, sintiendo que podía desfallecer en ese lugar. Estaba en el jodido cielo, sintiendo la humedad y suavidad de los labios de Jared.
“Si este es mi único momento, lo haré inolvidable.”
Tanya movió sus manos temblorosas por el pecho de Jared, ascendiendo. Sintió la respiración entrecortada de Jared, algo que la animó a seguir con sus impulsos. Ella continuó deslizando sus manos por su pecho hasta subir a su cuello y, finalmente, enviar una de sus manos a la nuca de él. Luego, descansó su mano en su cabello y enredó unos mechones en sus dedos.
“Suave… acalorado… excitante… tentador… muchas cosas que procesar. Mejor lo pienso después y sigo gozando el momento.”
Jared también quería seguir con el momento acalorado. Decidió actuar. Su mano, que ahuecaba la mejilla de Tanya, la movió un poco hacia atrás, inclinando la cabeza de Tanya para profundizar el beso. Sintió cómo Tanya apretaba su agarre en su cabello, lo que lo hizo gruñir levemente.
Quitó el antebrazo que lo apoyaba en la pared falsa y dirigió su mano a la cintura de Tanya, rodeándola por completo junto con su antebrazo y acercándola a ella, acortando toda distancia y teniendo contacto físico total. Jared sentía cómo el pecho de Tanya presionaba contra el suyo, sintiendo sus latidos acelerados. Acarició con su pulgar su cintura, disfrutando cómo su pulgar podía pasar de la tela de su camisa a la tela de su falda con un simple movimiento. Tanya, por su parte, disfrutó del agarre firme y suave de Jared, disfrutando poder tirar levemente de su cabello y sentir cómo el pecho de Jared presionaba con el suyo gracias a sus respiraciones pesadas. La caricia de su pulgar en su cintura fue el detonante para que apretara lentamente sus piernas, sintiendo ese delicioso pero tortuoso placer que ansiaba aún más atención.
La mano de Jared que había quedado en la nuca de Tanya se deslizó hasta el cabello largo de esta. Tomó un buen puñado de él y lo tiró placenteramente hacia atrás, logrando que Tanya se quejara en un leve jadeo ante el goce que sentía. Jared, al sentir sus labios abrirse levemente para dejar salir el jadeo, no desperdició la oportunidad y deslizó su lengua dentro de la boca de Tanya para volver el beso en uno apasionado y acalorado.
Una oleada de calor recorrió a Tanya al sentir su boca invadida por la lengua de Jared. La calidez y humedad de su lengua al encontrarse con la de él hicieron que Jared gimiera bajo, algo que derritió a Tanya de inmediato. El beso subió de intensidad, volviéndose más acalorado y desesperado.
“Demonios, esto se siente bien. Más que eso… jodidamente bien, es el mismo paraíso en mis labios.”
Los movimientos de la lengua de Jared eran expertos y tentadores, haciendo que Tanya se aferrara al cuello de su camisa y a los mechones de su cabello. Se aferraba como si esa fuera su cordura, y si la soltaba, no sabría cómo parar después. Jared, por su parte, sentía cómo Tanya intentaba seguirle el ritmo con los movimientos de su lengua. Le encantaban sus intentos de responderle y disfrutaba de sus agarres, sintiendo cómo sus manos temblaban ante las sensaciones abrumadoras. Jared succionó su labio inferior y en algunos momentos los rozaba con sus dientes, llevando a Tanya a otro nivel de placer que la estaba sobrepasando, y a él también.
“Más, más, quiero más de esto, quiero más de él. Lo quiero a él, lo necesito.”
(Al mismo tiempo)
En el campo libre donde todos en el pueblo estaban más que listos para ver el espectáculo de fuegos artificiales, Noah buscaba con la mirada a la adolescente que debía cuidar y al otro adolescente que quería lejos de ella. Pero por más que buscaba, no los encontraba. “De seguro estaban por ahí comiendo algo mientras esperaban los fuegos artificiales”, pensó, así que no se preocupó mucho. “No serían capaces de hacer algo en este lugar donde debe celebrarse Nochebuena, ¿no?”
(En la casa del terror)
Jared y Tanya tuvieron que detener el beso por la maldita falta de aire. Sus respiraciones chocaban contra los labios del otro, sin separarlos por completo. Sus manos no abandonaron el lugar donde estaban. Ambos abrieron los ojos al mismo tiempo, y solo se podía notar una cosa: deseo. El deseo era mutuo, y sin un límite, irían más allá. La mente de Tanya dejó de reaccionar cuando descubrió que sus sentimientos eran mutuos, que el deseo y la lujuria eran mutuos. Se sentía en el paraíso al saber que Jared había rechazado a la “de pelos color café quemado y a mas” por ella. La prefirió a ella. Solo a ella.
“Mío, eres solo mío, Jared, y me encargaré de demostrarte que solo eres mío.”
Esta vez fue Tanya quien inició un segundo beso, adentrando su lengua en la boca de Jared y haciendo los mismos movimientos que él había hecho con anterioridad; aprendía rápido. Exploraba cada rincón de su boca, tratando de guardar el sabor para la eternidad. Jared soltó un jadeo ante sus movimientos, logrando que el deseo aumentara y palpitara en los muslos de Tanya, haciendo que ella siguiera con una fricción placentera, tratando de calmar su deseo con poco éxito.
Ella sintió cómo Jared soltaba su cabello y deslizaba sus dos manos por su cuerpo, detallándola con una suavidad y sensualidad que la volvió loca de deseo. Sus manos se deslizaron por su cintura, por su cadera, y finalmente pasaron por sus curvas bajas, deteniéndose en ese lugar y apretándolas con firmeza y deseo. Esto logró que Tanya gimiera en su boca de nuevo, disfrutando de sus acciones y deseando aún más. Jared moldeaba sus manos en su trasero, apretándolo a su antojo, y siguieron su camino a sus muslos. Tanya comprendió el mensaje. Se sujetó de sus hombros fuertemente, y dejó que Jared la levantara, posando una de sus manos en su muslo y otra en su trasero. Tanya rodeó con sus piernas débiles su cadera, logrando que su falda se subiera más y pudiera tener más contacto, sintiendo cómo algo se clavaba en su muslo derecho, sabiendo muy bien que no era ropa ni nada por el estilo.
Jared tanteó el lugar, logrando encontrar un soporte para lograr sentar a Tanya y tenerla a su altura para un tercer round de besos desesperados y lujuriosos. Los dos se olvidaron de que estaban en pleno invierno, ya que sentían un calor infernal. Sus cuerpos ardían entre el deseo y la adrenalina del momento. Ambos, a un nivel de excitación mayor, alcanzaron el límite de la cordura y empezaron a dejar de pensar en las consecuencias, pensando más bien en seguir adelante, queriendo explorar el cuerpo del otro sin necesidad de la ropa. Una mano de Jared se posó en la cadera de Tanya, teniendo más contacto, dejándole en claro a ella lo que sentía por él en ese momento. Y lentamente se deslizó por su pierna, llegando a su muslo, donde la falda se había levantado, y adentró sus dedos lentamente, dejando en claro que quería seguir, pero con su permiso. Si ella decía no, la quitaría rápidamente. Su otra mano subió por el costado de Tanya, logrando estremecerla, y llegando a uno de sus pechos, acariciándolo por encima de la ropa y dándole un leve apretón, logrando sacar más deliciosos sonidos de Tanya y queriendo crear más.
(En el campo libre)
La gente del pueblo comenzó la cuenta regresiva, lista para darle la bienvenida a Nochebuena. Mientras tanto, en la casa del terror, Jared rompió el beso y deslizó sus labios por el cuello de Tanya, dejándole besos húmedos y mordisqueando aquí y allá. Tanya echó la cabeza hacia atrás, apretando sus manos en los hombros de Jared y soltando un gemido algo alto que fue amortiguado por los fuegos artificiales que resonaron por todo el lugar.
Al mismo tiempo que los fuegos artificiales estallaban y Tanya gemía, algo suave y grande cayó al suelo sin hacer ruido, siendo muy acolchonado. Un oso de felpa gigante, y a la par, el ganador de dicho premio. Emmet estaba de pie cerca de una escena del camino, haciéndose pasar por un muñeco, observando lo que pasaba cerca de él. Escuchaba esos sonidos y veía las siluetas devorándose con deseo y sin restricciones frente a él. Quedó en estado de shock al escuchar cómo Tanya gemía el nombre de Jared. Apretó sus manos en puños, tratando de controlar su furia al punto de ebullición.
¡Y llegó Nochebuena! ¡O más bien, y fue una Buena Noche!
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