Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 32
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Capítulo 32: Confianza Plena
“La confianza mal dada, hiere más que una espada”
–Libe Gloze
Tanya
“¡Se escapó…! ¡Está afuera…! ¿Dónde…? ¿Dónde estás ahora…? ¿Cómo supiste que íbamos tras de ti…?”
Tanya no podía dejar de pensar en cómo tuvo a uno de los asesinos que la acechaban en la palma de su mano, y aun así, se desvaneció. Como si fuera aire. Podía sentir su presencia, pero no atraparlo, una frustración que la carcomía. Pero algo era seguro: ese tal Jacob la conocía. Y él sabía perfectamente que iban tras él. ¿Pero cómo lo supo? ¿Y dónde se ocultaba ahora, en las sombras?
Tomó la foto de nueva. No lo reconocía: ese pelo rizado y castaño, ojos color miel y piel ligeramente bronceada. Un desconocido, pero una amarga sensación le invadía cada vez que veía su rostro en la imagen. Sin embargo, algo en su memoria se agitó: ese chico estuvo en su evento de San Valentín. Habló con Amaris, con Noah… y con ella. Lo tuvo enfrente. Intercambiaron unas pocas palabras. Pero eso fue hace días, y el tiempo, implacable, no podía retroceder.
Dejó la nota y la foto de Jacob a un lado, tomando la nueva nota que coincidía con la que había recibido por correo. “¿No me has visto? ¿Acaso no me extrañas?” La letra era la misma, sin duda alguna.
“¿Que si no te he visto? Me atormentas en mis pesadillas.”
“¿Acaso quieres que te vea? Prefiero estar ciega a verte de nuevo.”
“¿Acaso jugamos a las escondidas o atrapadas? ¿Quieres atraparme de nuevo?”
“¿Acaso no me extrañas?” La voz en su mente resonó con la burla del papel. “¡No, jamás en mi vida te extrañé! Preferí enterrarte en mi memoria, pero como un muerto viviente, volviste, queriendo arrastrarme de vuelta al infierno contigo. Y no regresaré a ese lugar a menos que sea mi cadáver… ¡Johan!”
Ella estaba más que segura: Jacob había sido enviado por Johan. Lo sabía, su intuición jamás le fallaba. Dejó ese pensamiento a un lado, uniendo la nota con la primera y guardándolas en una bolsa transparente, temiendo perder la pista más mínima.
“Ya tengo el orden.”
Su intuición le dictaba un patrón. El asesino uno era Jacob, la marioneta de Johan, persiguiéndola. Luego, llegó ese poema y la caja roja, a quien nombró asesino dos. Pero el asesino tres era algo más, un espectro invisible. Estaba presente, sentía su mirada, una presencia fantasmal que nadie más percibía. Observando, analizando, como los otros dos. Sin embargo, el asesino tres no había hecho ningún movimiento que lo identificara como un peligro inminente, pero Tanya no podía descartarlo por falta de pruebas. Quienquiera que fuera, era alguien peligroso; lo presentía en sus huesos.
El asesino uno, Jacob, iba por su cabeza, o eso parecía, queriendo devolverla al lugar del que había escapado. El asesino tres era el fantasma, sus intenciones aún veladas. Pero quedaba el asesino dos, la nota donde reconocía la letra y el apodo que le había dado. Era idéntico a los fragmentos del poema.
“Terroncito, esta vez detendré el fuego contra los demás; alguien ha usurpado mi identidad. Y es mi deber descubrir quién es.”
“¿Quién ha usurpado tu identidad?”
“¿Tienes una identidad?”
“¿Entre asesinos no hay códigos ni reglas?”
“¿Por qué me llamas terroncito?”
“¿Cuál es tu objetivo?”
Tanya ocultó la nueva nota junto con las que había recibido del asesinodos. El primero solo le había enviado dos, el segundo más de cinco, y el tercero, solo dos. Pero si el asesinodos estaba buscando a quien robó su identidad, era un giro que no lograba comprender.
“¿Quiere decir que hay un cuarto asesino del que aún no me he dado cuenta?”
—¡Está distraída de nuevo!-le advirtió a Noah antes de lanzar una patada a uno de sus costados.
Tanya salió de sus pensamientos y solo logró detener la patada con su antebrazo, recibiendo el golpe de lleno. Era su entrenamiento rutinario, no estaba en su oficina. Se había perdido en sus cavilaciones, creyendo estar en la tranquilidad de su espacio de trabajo, pero la realidad era que entrenaba con Noah, y no estaba prestando la más mínima atención.
Tenía el cabello recogido, ropa deportiva y pesas en sus muñecas y tobillos que ralentizaban sus movimientos. Seguía entrenando con Noah, más aún después de que su gran descontrol se manifestara días atrás. Noah, también con su ropa deportiva, tenía una ligera capa de sudor cubriendo su cuerpo, al igual que el de ella. Ambos jadeaban, y el único sonido en la sala de entrenamiento era el de los golpes.
Noah había sido guardia personal de Dalia por más de quince años y ahora llevaba más de tres con ella. El entrenamiento era diario; No importaba si él podía entrenar con ella o no, Tanya debía tener su cuerpo listo para una posible batalla. Noah, a pesar de su apariencia madura, se mueve como un joven de veinte años, casi a la par de ella. Podría decirse que tenía la fuerza de un capitán de guerra sediento de sangre.
“¿Y si los asesinos tienen este tipo de entrenamiento? Entonces luchar no serviría de nada.”
— ¡Que no se distraiga! -Noah dio una voltereta mientras alzaba su pierna derecha para impactar el otro costado de Tanya; el golpe sí la alcanzó, provocando que se quejara en voz baja por el impacto en sus costillas-. ¿Qué es lo que la distrae en este momento? Si se descuida, podría dejarla inconsciente. Recuerde que no debe usar su poder en el entrenamiento.
Tanya colocó una mano en su costado golpeado y dio un paso atrás, buscando recuperar el aliento. Negó con la cabeza, queriendo ahuyentar los pensamientos que la distraían. Sabía que Noah era capaz de dejarla inconsciente, y no quería más moretones en su cuerpo.
—Nada, no es nada. Sigamos.
— Si sigue con el entrenamiento de esta manera, le terminare rompiendo un hueso -advirtió Noah, volviendo a su posición de pelea mientras calmaba su respiración. Se veía sereno, pero podía dar un golpe letal-. ¿Es acaso por su descontrol en la casa de la señora Sevilla? ¿Se siente avergonzada porque el Sheriff y Búho Uno notaron su descontrol?
Tanya no titubeó y lanzó una combinación de golpes y patadas hacia él. Noah los desviaba con agilidad, al mismo tiempo que lanzaba algunos ataques propios.
— Mandé a comprar el edificio, así que ahora ese edificio es mío y ya lo mandé a arreglar… -Noah lanzó su puño al rostro de Tanya, pero ella logró evitarlo con rapidez. Ahora, ambos tomaron distancia, caminando en círculos lentamente, como depredadores-. Además, la señora Sevil estuvo de acuerdo en vendérmela a cambio de sacarla de la cárcel y dejarla seguir viviendo ahí.
— Entonces, si no es eso, es porque la identidad del asesino Jacob, que escapó con antelación -afirmó él, logrando que Tanya apretara sus manos en puños, tratando de controlarse y evitar molestarse. Seguro era una prueba para alcanzar ese nivel de descontrol de nuevo y saber cómo evitarlo… aunque deseaba que ese no fuera el caso.
— Estuvo bajo nuestros pies, quién sabe cuánto… vigilándonos -Ambos se detuvieron frente a frente-. Él no asesinó a esas chicas porque sí… No tengo pruebas de que él haya asesinado a esas chicas, pero estoy segura de que asesinó a más de alguien y más cuando hay una razón oculta, solo debemos descubrir cuál es, pero solo lo sabremos si logramos capturarlos y estuvimos muy cerca de lograrlo.
Noah suspiro, de acuerdo con ella. De la nada, llevó sus manos a su pantalón con velocidad, lanzó un cuchillo con la izquierda y con la otra, sujetando su arma, disparó hacia ella. Tanya, en un parpadeo, alzó su mano y detuvo tanto el cuchillo como la bala en el aire. La bala quedó suspendida justo frente a su mano. Unos segundos más y la bala la habría atravesado, dejándole una cicatriz como la que poseía Noah. Él solo esbozó una micro sonrisa y guardó su arma de nuevo.
— Los reflejos están bien a pesar de su estado alterado y distraído, pero debe ser más rápido. Podía haberme detenido cuando metí mis manos por las armas -la reprendió levemente-. Manténgase alerta y deje de estar distraído, aún quedan dos posibles asesinos anónimos.
Tanya apretó los dientes, molestando pero a la vez comprendiendo el punto de Noah; no debían enfocarse en solo uno, eran tres en total. Dejó caer tanto la bala como el cuchillo al suelo. El entrenamiento había terminado.
— Los encontraremos, Tanya -la voz de Emmet los interrumpió. Entró a la sala, bien arreglado como siempre.
— ¿Qué pasa?-Ella lo miró mientras Noah le pasaba una toalla para secar su sudor.
— El Sheriff se está encargando del pueblo sobre todo este asunto en el funeral de Elizabeth y las dos víctimas extranjeras. Pero debemos estar más alertas ahora, debemos guardar toda la información relacionada con nuestro verdadero trabajo, ya que muy pocos oficiales saben sobre nuestro verdadero trabajo ahora -Ella caminando ante sus palabras-. ¿Ya terminaste con el papeleo?
— Sí… ya podemos guardarlo -Ella caminó hacia la salida junto con Noah-. Será en el sótano del mausoleo donde estuvo el Sheriff. Primero vayamos por los papeles.
— ¿En el sótano del mausoleo? La humedad puede arruinar los papeles clasificados -Noah iba detrás de ella, al igual que Emmet.
— No pasará nada, la ventilación, aunque sea pequeña, no dejará que la humedad arruine los papeles.
— Pensé que los guardarías en tu habitación, tal vez en un piso falso o incluso en el techo pegado a algo -Emmet, a pesar de hablar con ella, podía sentir algo de… molestia cuando miraba el collar que le regaló Jared alrededor de su cuello y el dije cerca de su pecho.
—No, es muy peligroso dejarlos en la superficie; alguien puede meterse a robarlos. Es mejor dejarlos bajo tierra.
— También podemos dejar una mitad del papeleo enterrada en el jardín, solo debemos cubrirlos bien para evitar que se ensucien -Tanya miró de reojo a Emmet por encima de su hombro, y este solo aparentemente coqueto, guiñándole un ojo-. Solo te doy opciones; Mientras más regados estén los papeles, más fácil será equivocar a los posibles ladrones.
“Tiene razón, debe admitirlo. No es mala idea dividir la cantidad de papeles en diferentes escondites”.
Los tres se dirigieron a la oficina de Tanya para recoger el papeleo. Noah se unió a la conversación en algunos momentos, aportando ideas para otros posibles escondites. Ahora, con los papeles en sus brazos, siguió a Tanya por el jardín, recorriendo el camino de piedras que llevaba al mausoleo.
— Podemos esconder una parte en el interior de una tumba -Noah miró el mausoleo y luego a Tanya-. Sería algo ingenioso; a nadie se le ocurriría buscar en una tumba unos papeles.
“Es otra opción”.
Al llegar al mausoleo, el silencio junto con un ligero eco los recibió. Tanya se detuvo frente a la pared falsa de tumbas y deslizó su mano por ella.
— Noah, ¿qué sabes del primer dueño de esta mansión? -Esta pregunta tomó por sorpresa al nombrado. Se quedó en silencio unos segundos, registrando toda la información que había recopilado en sus años de trabajo.
— No lo sé con claridad. Hay algunas versiones que se contaban entre los primeros empleados que apenas quedan y los pueblerinos mayores. Pero la más sonada era que el primer dueño, el Sr. Malka, era un hombre inteligente que vivía con su familia, y que algo pasó, algo malo que le hizo perder a su esposa. Fundó Hidetown en nombrede su esposa e hijo, y lo poco que sé del hijo es que también perdió a su esposa de una forma misteriosa -Tanto Emmet como Tanya escucharon la historia atentos-. Algunos dicen que una epidemia azotó el lugar y la esposa del Sr. Malka falleció, al igual que años después murió la esposa del hijo, pero eso es lo poco que sé. Las personas mayores no pueden recordar mucho; su memoria se va deteriorando.
Tanya notó un tono algo abrumador en las últimas palabras de Noah; Sabía que él ya era mayor y que a ella aún le faltaban años para llegar a esa edad, pero era un futuro que aterraba a todos.
— ¿Dalia tampoco sabía nada sobre el fundador? -Tanya se volteó hacia Noah, sin dejar de tocar la pared falsa con su mano-. Digo, de sus ancestros, porque me sorprende un poco que ni tú ni ella supieran sobre esto hasta que yo lo descubrí.
Noah respondió.
— Dalia tenía las mismas dudas sobre el origen de la familia Malka, había ciertos… rumores acerca de la familia. Pero tampoco quiso investigarlo, como si de alguna manera evitara aceptar una realidad… que ella no quisiera aceptar -Tanya avanzando con la cabeza-. Pero su padre fue el que expandió la mansión, creando más cuartos y el “sótano” que es el laboratorio hoy en día.
—¿Por qué preguntas el origen de los Malka, Tanya?-Emmet la miró con algo de gravedad.
— Porque nadie de al menos tres generaciones antes que yo sabe sobre ellos o sobre este lugar -Ella abrió la pared falsa, dejando a la vista la habitación secreta-. Me da una mala espina, como si este apellido estuviera maldito.
Noah y Emmet quedaron en absoluto silencio por lo que decía Tanya; entendieron su punto de vista. Ella era la última con el apellido y el origen era incierto, por lo que era normal sospechar y tener dudas. Ella se adentró en las escaleras, en completa oscuridad, advirtiéndoles sobre cada precaución que debían tomar mientras bajaban los peldaños. Abrí la última puerta, revelando la habitación oculta. Los tres observaron el lugar: una mesa con utensilios oxidados, sangre seca en paredes, techo y suelo, y dos sillas. Pero había algo que les llamó atención la a los dos detrás de Tanya: huesos humanos acomodados en una caja de cartón en una esquina; En concreto, había tres cráneos.
— ¿Qué es este lugar? -murmuró Emmet, mientras su mirada recorría cada hueso visible desde su posición.
“Oh, es cierto… él sabía del lugar, pero nunca ha estado aquí”.
— Una antigua sala de tortura -le respondió Noah, algo tenso. No le gustaba aquel lugar y mucho menos los cráneos nuevos en esa caja-. Es justo donde encerramos al Sheriff… y de seguro los antiguos Malka hicieron varios tipos de tortura.
— Lo descubrí desde hace un año -Tanya movió a un lado los utensilios oxidados, dejando un espacio en la mesa-. Aquí nadie más encontrará estos papeles. Acepto la idea de repartir los papeles en diferentes lugares. Dejaremos aquí una parte, otra la dejaremos en una tumba y otra enterrada en el jardín cerca del mausoleo.
Noah avanzaba ante la orden de Tanya, pero seguía mirando de reojo los cráneos.
— Bueno, nadie sabrá que hay un sótano en un mausoleo, así que, sí, sí es seguro -Emmet se acercó a la mesa de madera, algo débil, dejando la torre de papeles en esta-. Porque solo ahora nosotros tres sabemos sobre este lugar… y el Sheriff, pero de seguro querrá olvidarse de lo que sea que le pasó aquí.
— Estoy muy seguro que lo que le pasó aquí no lo querrá recordar -Noah también dejó los papeles y echó otro vistazo más a la caja de huesos-. Pero esos cráneos… son frescos… ¿Cuándo los trajeron y por qué? -La pregunta salió con un tono molesto de él hacia Tanya.
— Son los deudores que me traían los empleados -se limitó a responder ella, y Noah abrió un poco los ojos-. Lo hecho, hecho está. Y antes de que preguntes más cosas específicas, lo hice en mis momentos de insomnio, pero ya no lo haré más por ahora, ya no han… habido más deudores o más bien… ladrones. Lo hacía por nuestra seguridad, pero ahora ya no, además sería muy peligroso que alguien más desaparezca sin razón alguna. Además, este lugar solo tendrá tres víctimas más.
— Los asesinaste… -Emmet le dedicó una sonrisa sádica-. No te quedarás con toda la diversión para ti sola, yo también quiero participar si es que llega uno más.
— ¿Deudores o ladrones? -Noah miró a Tanya y dio un paso hacia ella-. Necesitaré más información.
Tanya puso los ojos en blanco, pero de todas formas le dio más información.
—Unos empleados me informaron que había un “deudor” merodeando cerca de la mansión. Lo atrapé porque mi intuición me decía que mentían. No parecían ser… deudores. Más bien parecían extranjeros -explicó ella, Emmet y Noah la escucharon atentos.
— ¿Deudores extranjeros? Eso es poco creíble -opinó Emmet-. No tiene sentido.
—Exacto, ellos no eran de aquí. Ni siquiera estaban como visitantes, porque nadie los ha nombrado. Ni la policía, ni los pueblerinos -Emmet abrió en grande los ojos-. Buena ropa, extranjeros, cerca de la mansión…
—Ellos no eran deudores… Si los describe de esa forma y dada la situación de ahora, ¡eso quiere decir que…!
—Que trabajan para alguien -concluyó Noah, y Tanya ascendió cuando comprendió su punto de vista-. Tal vez trabajaron para Jacob.
—No -Emmet tomó la palabra-. Si trabajaran para él, no hubieran sido pasivos; Habrían atacado a la primera oportunidad o hubieran huido.
—Es algo que también tomé en cuenta -Emmet sonriendo de lado cuando Tanya dijo eso-. Creo que trabajaban para el asesino dos o tres. Pero no dijeron nada, todo se lo llevaron a la tumba… eran leales debo aceptarlo
—Esto sí da escalofríos -murmuró Emmet ante el silencio de Noah, quien pensaba en la posibilidad de que aquellos “deudores” fueran cómplices de los otros dos asesinos.
—Ellos están tras mi cabeza, no la tuya -Ella alzó su mano hacia uno de los cráneos y este levitó hasta ella. Acarició el hueso, algo empolvado con su pulgar; habían pasado pocos días y ya tenía polvo encima.
—Uno ya descubierto, faltan dos -Noah miró con disgusto cómo Tanya acariciaba el cráneo y se ensuciaba la mano con el polvo-. Los búhos vigilan el bosque, los oficiales el pueblo y las carreteras, ellos están aquí, y los atraparemos esta vez.
—No tendrán escapada -apoyó Emmet, observando a Tanya con una expresión sombría.
Tanya acarició una última vez el cráneo antes de destrozarlo en su puño, la ira intensificando cada fibra de su ser. Los fragmentos cayeron, esparciéndose por el suelo.
“Solo faltan dos por descubrir… Y cuando lo haga, no habrá piedad”.
¿Jacob #2?
Era una noche supuestamente tranquila, pero su mente era un tormento. No había claridad en ella y eso lo irritaba. Y mucho.
“¡Mierda!”
Corría, intentando ser lo más silencioso posible, pero sus pies crujían sobre las hojas secas y las ramas caídas mientras regresaba a su refugio. Estaba buscando al responsable de usurpar su identidad, pero ahora un peso diminuto, aunque insidioso, se había posado en su corazón.
“Me lo busqué, y estas son las consecuencias”, pensó, una amarga verdad. “Sentencié mi vida”.
Sabía muy bien que probablemente irían por su “terroncito”, la que le robó su identidad; después de todo, era la única chica lista, sabia y hermosa en este jodido mundo. Pero ahora, ella corría el peligro de morir por culpa de esa persona que se hacía pasar por él. Sin embargo, eso no era lo más importante ahora. Además, le habían revelado una verdad, lo habían reconocido, y todo su mundo podía desmoronarse por culpa de ese tal Búho Uno.
“¿Cómo pude ser tan descuidado? Yo solo…”
(Horas antes…)
Habían pasado días desde que dejó aquel claro mensaje en el árbol. Desde entonces, no había encontrado más cadáveres que ocultar, algo que agradecía; no quería más trabajo extra. Caminaba tranquilo por el oscuro bosque, buscando pistas, hasta que divisó a unapersona extraña en medio de su área de búsqueda y, a la vez, de huida. Debía refugiarse.
“¿Quién es? ¿Qué hace? ¿Qué quiere? Es solo un estorbo…”
Se acercó un poco a esa persona para saber quién era. No era un oficial, pues no llevaba su linterna encendida ni nada parecido, ni siquiera un uniforme. Pero tampoco era un excursionista o una persona “normal”. Su ropa era del color adecuado para camuflarse en la oscuridad del bosque, e incluso tenía ramas y hojas adheridas para ayudarlo a mezclarse y ser uno con el entorno. Lo curioso era que había dos mochilas en el suelo. Si era solo uno, ¿Por qué dos mochilas? ¿Había alguien más cerca?
— ¿Noticias del lado este, Búho Ocho? -Lo escuchó hablar, como si hablara con alguien más cerca cuando estaba solo, pero supo que era, no era tonto
“Comunicadores”
—Nada aquí… el lugar está tranquilo, salvo una parejita que quería coger en el bosque, pero los saqué corriendo con facilidad -respondió el que debía ser Búho Ocho.
“Son nuevos si puedo escucharlo desde esta distancia… última tecnología”
—No hagas nada que llame la atención, él por alguna razón trabaja ahora solo para ella todos los días a todas horas, es asfixiante -se quejó el hombre con un gorro cubierto de hojas secas que le ocultaba el cabello.
—Tal vez se deba a que paga muy bien -otro hombre salió de la nada, y él tuvo que esconderse de inmediato detrás de un árbol, agudizando el oído para no perderse nada de la conversación.
“Lo sabía, eran dos”.
—La paga es generosa, sí. No me quejo. ¿Pero no te parece raro que espere a que ella lo llame con tanta ansia? -El hombre del gorro miró a su compañero, que vestía una indumentaria similar, salvo que este tenía una mascarilla que le cubría la mitad del rostro, dejando sus ojos grises a la vista.
—No culpes los gustos de él -se burló Búho Ocho-. ¿Qué no las chicas rudas son tu gusto, Búho Doce?
—Sí, son mis gustos, pero hay algo en esa chica que no es normal… lo presiento -Búho Doce se recostó contra un árbol, con el walkie-talkie aún en la mano-. Es muy lista, bella y cruel para su conveniencia, casi como si no fuera…
— ¿Humana? -terminó de decir su compañero de ojos grises, mirándolo fijamente, como si también estuviera de acuerdo con él.
—Exacto… ella no es humana. No puede existir alguien como ella a menos que sea creada desde cero.
—Eso no es posible, sabes que aún no existe esa tecnología hoy en día -Búho Ocho soltó un suspiro grave.
— ¿Y si la hubiera? -Los dos búhos se quedaron callados ante su pregunta-. ¿Y si solo no existe ella, sino que hay más como ella?
—Entonces que Dios nos ampare de esos monstruos que habitan nuestro mundo -respondió Búho Ocho, dramático.
“¿Que esa chica no es humana? Parece que alguien no cree en los milagros… ¿Pero de quién hablan? Dijeron ‘ella’, así que es una chica, pero ¿quién?”
Comenzó a alejarse del lugar con sigilo, absorto en la conversación de aquellos “búhos”. Pensó en la posibilidad de que fueran nombres clave. Pero eso significaría que hay más de doce de ellos.
“¿Estarán por todo el bosque?”
— ¿Y tú quién eres? -escuchó una voz detrás de él. Se volteó con rapidez para observar a un hombre que vestía ropa negra y un gorro que apenas lograba ocultar su cabello rizado y negro, que se escapaba por los bordes. Llevaba una mochila en la espalda y sus ojos, de rasgos asiáticos, estaban completamente sedientos de sangre y curiosidad, dándole un toque letal en ese momento. Además, una cicatriz atravesaba sus labios.
Este hombre de rasgos asiáticos sostenía un walkie-talkie en su mano izquierda y un cuchillo de caza ensangrentado, con dos conejos muertos en la otra.
—Búho Uno, haremos el cambio de turno -se escuchó la misma voz de aquel hombre llamado Búho Doce.
“Así que este es Búho Uno… Qué emocionante.”
El Búho Uno dejó caer al suelo los conejos, su walkie-talkie y su mochila en un movimiento rápido, lanzando con velocidad y fuerza el cuchillo de caza hacia su hombro.
“¿Mi hombro? Eso no me matará… Quiere dejarme fuera de combate”.
Él evitó el ataque con el cuchillo que siempre llevaba consigo, logrando que los metales chocaran entre sí con un clang metálico. El Búho Uno alzó sus ojos, sorprendido por los reflejos de aquel desconocido frente a él. Pero no lo dejaría escapar sin saber quién era. Ambos comenzaron una pequeña y tensa pelea, puramente defensiva. Él movía con agilidad su cuchillo, además de lanzar golpes hacia este hombre llamado Búho Uno. Sin embargo, al ser un poco más musculoso y alto, el Búho Uno llevaba una ventaja superior en velocidad y fuerza.
El Búho Uno notó cómo, a pesar de tener ventaja contra esta persona desconocida, era muy bueno para mantenerse a su nivel, desviando y lanzando ataques. Decidió entonces dirigir su cuchillo de caza hacia una de las piernas de su oponente, pero este ya lo había previsto. Dio un salto para evitar que el cuchillo lo hiriera, y en un movimiento ágil, logró propinarle una patada en el pecho al Búho Uno. Pero también sintió cómo le quitaba algo de su… camuflaje nocturno.
Él tomó distancia del Búho Uno. La luna menguante proyectó un tenue resplandor entre ellos dos. Vio cómo el Búho Uno tenía en una mano su cabello y en la otra su cuchillo de caza, usándolo para disminuir el impacto de la patada. Pero al verlo frente a él, el Búho Uno abrió la boca, atónito.
—Tú… ¡Eres tú! -murmuró, escéptico. Lo miró de pies a cabeza y luego a la peluca en su mano-. ¿Por qué usas una peluca? ¿Qué haces aquí… a estas horas y con un cuchillo en mano? ¿Él sabe que estás aquí?
— ¿Me conoces? -En su voz había hostilidad, y no bajaba el cuchillo por nada del mundo-. Espera… ¿Lo conoces a él?
— ¿Que si te conozco? Desearía jamás haberte conocido o saber de ti, para ser sinceros -El Búho Uno dejó caer su cuchillo de caza al suelo-. Pero sí… te conozco más que ciertas personas en este pueblo, y sí… trabajo para él, así que lo conozco.
“Lo sabía… su objetivo no era matarme… era capturarme para obtener información… y llevarme a él de nuevo”.
—Yo jamás te he visto en toda mi vida -Él mantuvo su cuchillo en mano, pero dejó de apuntar directamente al cuerpo de Búho Uno-. ¿Cómo sabes sobre mí?
El Búho Uno lo miró de pies a cabeza. Ahora entendía algunas cosas que no cuadraban, y eso lo puso algo nervioso, pero no lo demostró; debía proyectar calma y seguridad.
—Te conozco mejor que nadie. Johan me contó que tú eres…
— ¡No digas mi nombre! -lo interrumpió rápidamente-. De día soy el falso “él”, pero de noche… soy mi verdadero yo.
— ¿Acaso tienes problemas de identidad o personalidad múltiple? -Búho Uno adoptó un tono bromista, examinando con más detenimiento la peluca en sus manos-. ¿Alguien lo sabe?
—No, y deseo que siga siendo así. Y quien sepa la verdad morirá… no importa si soy yo quien los asesina. Será asesinado por otras personas. -Él fue claro y directo con sus palabras, y estas llamaron la atención del Búho Uno.
— ¿Quién sepa la verdad morirá? ¿Quiere decir que algunas personas ya lo supieron y las asesinaste? -Él frunció el ceño mientras su mirada se oscurecía con hostilidad-. Así que por eso has asesinado a esas chicas, porque ellas se enteraron de este secreto, ¿me equivoco? Por eso él se enojó contigo.
“Ja… ellas se enteraron del secreto equivocado”.
— ¿A qué chicas te refieres? -Quería comprobar qué tanto sabía sobre él.
—Bueno… hay muchos cadáveres, a decir verdad, pero si debo ser específico, tú fuiste quien asesinó a esa chica, ¿cómo se llamaba? ¿Elizabeth? Sí, Elizabeth… a la que mutilaron y abandonaron su cuerpo por todo el bosque. Pero sé quién eres… y sé casi toda tu vida.
— ¿Ah, sí, quién soy? -Debía arriesgarse y recolectar información.
“¿Acaso es él quien robó mi identidad? No… algo me dice que él no es, pero me niego a aceptar quién ha tomado mi identidad”.
—Jacob… -Él se tensó ante ese nombre-. El que vivía en el edificio de la señora Sevil…
Él frunció el ceño, confundido.
— ¿Quién? -respondió aún con hostilidad. No se dejaría engañar ni tomar confianza tan fácil, pero Búho Uno ladeó la cabeza, señal de confusión.
— ¿Tú… no eres Jacob? -le preguntó directamente, juntando sus cejas.
Una pequeña brisa los envolvió, haciendo que las hojas de los árboles chocaran entre sí. El cabello de él se movió con el viento, mientras Búho Uno sentía cómo la peluca en sus manos también se movía con la brisa. Él pensaba que ese Búho Uno era quien había usurpado su identidad, pero ahora sabía que fue alguien llamado “Jacob” y que había pistas en el edificio de la señora Sevil… Por otro lado, Búho Uno aún no podía procesar que “él” estaba frente a él como si nada. Había intentado atacarlo y se defendió bien, incluso logrando darle una patada. Y, además, había pasado desapercibido por la policía gracias a su “disfraz” que, de seguro, usaba para asesinar a esas chicas o personas que supieran su secreto…
“Todo esto es complicado. Además, robó mi nombre también… sin duda es él”.
— ¿Cómo quieres que te llame? -Búho Uno sonó amigable, pero él sabía que detrás de esa amabilidad había intenciones oscuras y de doble filo.
“¿Qué cómo quiero que me llame? La respuesta es obvia”.
—Llámame Jacob.
“Es mi nombre y lo robaron también. Ja, la falta de respeto abunda por aqui”.
—Bien, Jacob. ¿Me dirás qué haces aquí o por qué haces esto? Acabas de…
— ¡Cállate! Sé muy bien lo que hice -afirmó colérico. No quería que le repitieran su decisión como si hubiera sido algo malo.
Silencio. El ahora “Jacob” no respondió a sus preguntas y Búho Uno supo que esto sería complicado. Dio un paso adelante hacia él, intentando atraparlo en su nueva y divertida trampa.
—Mira, hagamos un trato -Alzó su mano en forma de juramento, justo donde tenía la peluca-. Información por información… tú me dirás algo y te diré algo que debes saber.
“¿Algo que debo saber?”
Él alzó la mano donde tenía su cuchillo, copiando la posición de Búho Uno, y esbozó una sonrisa falsa, la mejor de las que tenía.
—Hecho… pero debo dejar en claro que si nuevos rumores se empiezan a esparcir conmigo de protagonista, iré tras de ti y todos los búhos que encuentre. ¿Entendido?
El Búho Uno sonrió complacido por sus palabras.
—Hecho, mi buen amigo Jacob… ahora responde. ¿Qué quieres saber?
—Ese hombre que has nombrado, que se llama Jacob y vivía en el antiguo edificio de la señora Sevil, ha robado mi identidad, robó mi nombre, se hace pasar por mí -Búho Uno alzó una de sus cejas, curioso-. Trato de encontrarlo y mostrarle que no debe robar identidades, es un delito.
—Así que estás al tanto con toda la información a tu disposición… -Él asintió, viendo cómo el hombre delante de él sonreía cada vez más.
—Sí… ahora responde mi pregunta: ¿Quién eres, qué haces aquí y cómo sabes sobre mí?
—Vaya, ¿por dónde empezar…? Te contaré la verdad que debes conocer, amigo mío.
Zarévich
Llevaba días, o quizá semanas, vigilándola. Observando cada mínimo movimiento de Tanya. Podía mezclarse sin problema entre la gente del pueblo, incluso le había entregado una carta el Día de San Valentín. ¿Pero por qué ella no podía verlo? ¿Tan poca importancia le daba?
“Pero debo aceptar que la comida estaba deliciosa.”
—Tanya… pronto nos veremos -murmuró pensativo mientras bebía de su copa de vino.
— Zarévich… -La chica, con otra botella de vino en mano, se acercó a él. Lucía nerviosa y algo desesperada-. ¿Cuándo tendré que empezar mi trabajo?
—Dentro de poco -Él tomó un sorbo de vino, mirando a través de la improvisada ventana que había construido en su refugio en el bosque, en aquella montaña.
“Dentro de poco nos veremos de nuevo, o bueno, te veré de nuevo.”
— ¿Y los demás? -La chica se sentó en el sillón de ramas y troncos, una pieza construida por él y los demás antes de enviarlos a un literal matadero-. Ya no hemos recibido noticias de ellos desde que los metieron en esa mansión por los empleados.
—Lidia… no debes tener miedo -Él no dejó de observar por la ventana, a través de sus binoculares. Podía verla salir de aquel mausoleo junto al joven de “pelo de Elote” y el anciano.
—Pero usted mismo lo ha dicho, Zarévich. Los tres de nuestros mejores trabajadores entraron a esa mansión y jamás han vuelto a salir… solo quedo yo…
“Para ser más específicos, ella los ha metido en el mausoleo y jamás han salido de ahí. ¿Acaso le gusta enterrarlos vivos?”
—Ya han pasado muchos días, se podría decir que casi un mes -Lidia apretó la botella en sus manos, muriendo de nervios y desesperación al intuir su destino-. En ese mes, envió a los tres que nos acompañaron encubiertos como deudores y desaparecieron como si fueran polvo.
—Lo sé… es fascinante -Él se recostó en su improvisado sillón de madera-. Los ha ocultado muy bien…
— ¡Yo no quiero… yo no quiero desaparecer! -Lidia lanzó la botella de vino al suelo, que se rompió en miles de pedazos de diferentes tamaños, derramando el vino restante-. ¡¿Por qué tanta obsesión con esa chica?! ¡Incluso cruzó el mundo para quedarse aquí y observarla todos los días! ¡Solo debía hacer un maldito contrato! ¡Los demás seguirían vivos si hubiera hablado con ella desde el primer día, cuando Eliot logró acercarse a la mansión!
Él dejó de observar por los binoculares y miró a Lidia con una mirada de advertencia. Ella se levantó del sillón y corrió por el refugio hasta su cama improvisada en el suelo, donde comenzó a sollozar. Pensó que eso podría ablandar el corazón de Zarévich.
—Nunca lo entenderías… ni tú, ni nadie en este mundo -Él miró el techo de su refugio, todo hecho a base de ramas, troncos, hojas, arbustos y todo lo que la naturaleza le ofrecía-. Ella es especial, es única… y debo convencerla de algo… pero por ahora debo vigilarla, analizar y calcular todo…
“Falta poco… muy poco, y después de todos estos días nos veremos de nuevo.”
Él sabía que no podía ir así como así. No ahora, debía tomar precauciones… pero no podía dejarla sola, debía estar con ella. La manipularía y se la llevaría con él a Rusia. Y lo haría sin falta, enviando a cuantos de sus trabajadores fueran necesarios a una muerte segura con tal de seguir vigilándola sin parar.
Johan
—Bien… son las once y cuarto de la noche del sábado dieciocho de febrero de mil novecientos noventa y cuatro. Haremos más pruebas con el suero Aurora letal y el SN-83 -Johan grabó su informe en su grabadora, mientras veía los papeles de información sobre los nuevos sueros frente a él-. Me encuentro en los pisos inferiores, en el ala oeste. Área de pruebas y análisis. Sección uno, habitación uno. Experimentando con G-08.
Johan dejó de grabar y guardó su grabadora en uno de los bolsillos de su bata blanca. Tomó una de las dos cajas negras que reposaban en su escritorio. Ambas necesitaban un código de seguridad para poder abrirlas. Puso el código de acceso en la primera caja y miró su contenido: una ampolla con un líquido nuevo, de un color platino casi idéntico al mercurio. Dentro de la caja también estaba la pistola de ampollas para poder utilizarla. Un sollozo detrás de él resonó. Miró la celda de G-08, una chica moribunda en el sentido de que el dolor que sentía podía ser su propia muerte. Ella trataba de usar su poder de hidrokinesis en los fluidos del suelo que la rodeaban: sangre, lágrimas, vómito y saliva.
Iba a decirle algo, hasta que el teléfono en su escritorio sonó. Dejó la caja abierta, colocando con cuidado la ampolla en su lugar, y tomó el teléfono mientras recordaba la hora. Un suspiro agotado salió de él; sabía muy bien quién podía llamar a esas horas.
— ¿Sí? -Respondió con un suspiro.
— ¿Hay avances en el suero? -La voz fue directo al grano, sonaba normal, sin cansancio ni quejas leves de dolor.
—Veo que ya estás mejor que hace unas semanas -Obtuvo un bufido como respuesta.
— ¿Entonces no ha habido avances? ¿Mis donaciones no han servido de nada o acaso te lo estás robando todo para ti? -La molestia y desesperación eran evidentes, pero él solo respiró hondo; no podía enojarse, no ahora.
—La ciencia se trata de prueba y error, ¿sabes? Hacemos pruebas y la mayoría fallan -Trató de explicarle con voz calmada, sin querer alterarse.
—Tú no haces pruebas, solo errores. Cuando recibo tus informes, la mayoría tienen fallos o no hay respuesta -Se quejó, y luego se escuchó el sonido de un trago.
“¿Estará tomando algo? Seguro es su fino licor. ¡Ahg, qué envidia!”
— ¿O en serio? Pues perdóname por no saber cómo cambiar y alterar el ADN de estos monstruos que creaste para usarlos a nuestro favor -Respiró hondo, tratando de mantener su poca calma.
“No se puede hablar con alguien ebrio… aunque no suena tan ebrio.”
—Mira, no es fácil hacer todo esto -Johan pasó una de sus manos por el cuello, notando que la tensión que tenía antes, cuando intentó distraerse, no había desaparecido por completo-. Llevo años haciendo esto, no es posible que gracias a tus donaciones algo pase de la noche a la mañana.
— ¡Quiero venganza! -soltó colérico, y el sonido de algo quebrándose resonó a través de la llamada.
—La tendrás, pero no ahora -le aseguró él, mirando las dos cajas negras que reposaban en su escritorio-. Tenemos que debilitarla, o de lo contrario podrá escapar.
Hubo un silencio del otro lado. Johan deslizó su mano del cuello al puente de su nariz y lo pellizcó con fastidio. ¿Por qué había respondido el teléfono? Tal vez porque, si no lo hacía, le quitaría todo el dinero que le había dado hasta ahora. Los materiales y químicos que necesitaba para sus experimentos no eran nada baratos. Siempre y cuando tuvieras contactos a los cuales sobornar, podías obtener lo que quisieras. ¿Pero de verdad tenía que soportar a su socio ebrio, escuchando sus quejas e insultos, por el dinero?
“Sí… lo vale, y todo”.
— ¿Tu informante… no te ha dicho algo de valor? -Su tono, aunque tenso, dejaba ver una chispa de respiración honda donde intentaba calmarse-. Incluso escuché rumores de que tu “corderito” te dio la espalda y ahora lo estás cazando.
Johan tuvo que respirar profundo para no recordar su más grande decepción y su nuevo origen de odio acumulado.
—Él manda mensajes en código, pero según el último que recibimos, ella ya sabe sobre su presencia y posiblemente su identidad… No. Es más que seguro que ya sabe cómo se ve -Una risa seca resonó al otro lado de la llamada-. Le ordené que regrese, pero lo han acorralado, no puede salir. Además, también le dije que buscara al otro.
—Qué divertido, básicamente ya está muerto. El que quieres muerto vivirá y el que te ayuda, no. ¡Qué ironía!
—No hables así de mi asistente -Johan lo reprendió-. Está corriendo mucho riesgo estando aún en ese pueblo, sabiendo que de alguna forma ya conocen su apariencia y nombre. Pero el otro no, ese es otro tema aparte, un tema del cual no quiero hablar a menos que me hagas enojar.
—Mira, tu perro leal es inútil en pocas palabras -Él apenas mantenía su paciencia al límite y decidió terminar la llamada, sabiendo que no había información de valor que transmitir-. Y el corderito te abandonó como si de una pieza desechable se tratara.
—Te avisaré si hay algún avance, ahora si me disculpas regresaré a mi trabajo -Iba a colgar la llamada cuando algo que su socio dijo lo detuvo.
—Él no está muerto -informó con indiferencia-. No encontraron su cuerpo en ningún lado, esos cadáveres que investigó ese Búho Uno en la casa quemada en el bosque no eran ni de él ni de ella… pero yo lo conozco mejor que nadie y sé que algo ha pasado aquí…
— ¿Quién “él”? ¿El asesino que está en el pueblo, cuya identidad sigue siendo anónima? Ya te dije que eso no es de nuestra importancia -Johan colgó el teléfono de mala gana, sin querer escuchar más palabras de su socio odioso y ebrio.
—Sé que hay una rata desconocida en todo esto, ¡pero NO! ¡No hablo de esa rata! ¡Yo hablo de…! -Johan colgó el teléfono de mala gana, sin querer escuchar más palabras de su socio odioso y ebrio.
Su mirada se posó en la celda de G-08. Notó que con su poder, ella creaba pequeñas lanzas de unos cinco centímetros de largo y las lanzaba en dirección a él, estrellándose contra el vidrio de máxima seguridad.
“Una lucha sin sentido”.
—Sigue, dentro de poco probaré contigo el suero SN-83 -le informó, mientras le echaba un vistazo a su pantalón, que aún tenía el cierre abajo. Llevó una de sus manos para subirlo y evitar que se viera más allá de su ropa interior mal puesta.
—E-Eres un monstruo -susurró otra voz. Venía de la celda de G-09, una niña que tenía la vista perdida en el suelo de su celda. Sus pies sucios y lastimados se frotaban entre sí para crear algo de calor en aquel lugar frío.
G-09 tenía su cabello recogido en una débil y mal hecha trenza que G-08 le había trenzado antes de que las encerraran de nuevo en sus celdas. G-09 había presenciado, al igual que los restos de niños en la sección uno, cómo Johan abusaba consecutivamente de G-08 sin importar sus súplicas y sollozos. Esa era su forma de desestresarse y distraerse de su trabajo. Había contemplado cómo su hermana mayor era abusada de todas las formas posibles en tan pocas horas. Se había quedado en posición fetal con los ojos abiertos y carentes de brillo por las atrocidades recién presenciadas, balanceándose débilmente hacia adelante y atrás para calmar su tormentosa mente.
— ¿Yo? ¿Yo soy el monstruo aquí? -Johan miró con desagrado a G-09 por llamarlo así-. Yo no soy quien fue creado en laboratorios y tiene dones extraños e inútiles; al menos yo no los creé a ustedes.
G-08 apenas podía cubrirse con su ropa rasgada y sucia mientras Johan alistaba el arma, ubicando la ampolla con el líquido platino. Se posicionó en la parte trasera de la celda, asegurándose de que la ampolla con el suero SN-83 estuviera en el pequeño escudo diseñado para atravesar cualquier tipo de material. G-08 movía la boca como si tratara de hablar, pero ningún sonido inteligible salía de ella, solo sollozos, sabiendo que después de ese suero, vendría su muerte con el suero Aurora letal.
—Bien, este es el suero ochenta y tres que me dieron del laboratorio del suero neutralizador. Después de casi cuatro semanas, este suero debe ser mejor que los anteriores -Él ubicó el arma por la abertura y, sin previo aviso, disparó a la espalda desnuda de G-08, justo en la columna vertebral.- Intenta usar tu poder ahora, aunque debería bloquearlos, pero aun así, inténtalo.
Johan, con el arma vacía en su mano izquierda, caminó al frente de la celda sin quitarle la mirada a G-08. Al estar en el lugar perfecto, se agachó para tratar de ver la efectividad del suero, deseando con todo su cerebro que fuera efectivo. G-08 comenzó a quejarse, describiendo un ardor que se esparcía por su sistema, pero no movió ninguno de los líquidos cercanos a ella. Johan, con un suspiro tenso, se levantó de su lugar y caminó al escritorio donde reposaba un bastón negro con unas pequeñas antenas al final. Se acercó a la celda de G-08 de nuevo y, por la abertura por donde le daban su comida, introdujo este bastón. Las antenas soltaron electricidad que lograron retorcer a G-08 de dolor por los choques eléctricos.
—Dije, utiliza tu poder o dime qué sientes además de dolor por la electricidad y el suero -Él alejó el bastón de ella, y G-08 por fin emitió palabras, cargadas de dolor y miedo.
—N-no puedo moverme… la cabeza me da vueltas…
Johan no mostró ninguna expresión ni reacción ante las palabras de G-08; solo asintió con la cabeza.
—Lo sé, los primeros segundos provocan mareos. Aunque, intentemos algo: ponte de pie.
G-08 obedeció esta vez; no quería otro castigo que involucrara electricidad. Ella comenzó a levantarse del suelo con la ayuda de sus manos y piernas. Era evidente que sentía mareos, pero Johan parecía molesto cuando ella logró ponerse de pie con dificultad.
“Esto no debe ser así…”
—No deberías ser capaz de levantarte por los mareos -Negó con la cabeza, sabiendo que el SN-83 era un rotundo fracaso, otra vez-. ¿Cuál es el dolor que sientes?
—S-solo mareos soportables -contestó ella de pie, tratando de cubrir su cuerpo maltratado con las manos.
—Mareos soportables… deberían ser mareos que te manden al suelo sin poder enfocarte bien en tu realidad. Solo así podremos capturarla a ella -Johan se quedó pensativo un rato y luego señaló la sangre aún fresca en el suelo-. Usa tu poder y levanta tres gotas.
“Si ella logra usar su don, nos hemos alejado aún más de nuestro objetivo.”
G-08 alzó su mano tambaleante. El mareo la desorientaba, pero no era algo que no pudiera controlar. Se enfocó con todas sus fuerzas, y Johan observó cómo una semi-gota de sangre se alzaba del suelo y luego caía de nuevo.
—No puedo… -G-08 cayó de rodillas al suelo-. No me siento bien…
Johan negó con la cabeza, una furia contenida visible en su expresión. Sacó su grabadora del bolsillo de la bata y la encendió.
—Son las once y veinticinco de la noche. Probé el suero SN-83 en G-08. Los resultados fueron: al inyectárselo, se retorció un poco de dolor como si el suero la quemara por dentro, pero solo duró segundos. Luego, mencionó tener cierto mareo manejable y logró ponerse de pie. Por último, logró usar su poder por un mínimo tiempo, pero cayó de rodillas por la fatiga. A continuación, usaré el suero Aurora letal, ya que la semana de experimentación terminó con ella. -Apagó la grabadora y se dirigió a su escritorio, donde la otra caja negra, que también requería un código de acceso, reposaba.
— ¿C-cuál es su objetivo con el suero SN? -G-08 lo miró con una mezcla de molestia y desesperación, sabiendo que su final estaba cerca y que solo le quedaban pocos minutos, pero quería irse de este mundo con respuestas.
— ¿Cuál es nuestro objetivo? ¿Qué no lo oíste cuando se lo conté a G-05? ¿Espera… sí se lo conté o no? ¡Ahg, no lo recuerdo! -Johan ingresó el código y sacó una ampolla con un líquido de color violeta con toques verdosos que no se mezclaban, como si fueran agua y aceite. Lo introdujo en su correspondiente pistola para estas ampollas y terminó los últimos detalles con su escudo protector.
— ¿Dime cuál es? ¿Es ella? ¿Es la legendaria A-12? -G-09 negó con la cabeza a G-08 para que guardara silencio y dejara de hablar, pero esta la ignoró. Quería saber por qué ellos sufrían y ella no-. ¡Es ella, ¿cierto?! ¿Por qué nosotros tenemos que pasar por algo así y ella no?
—Sí, bueno, sí es ella. Lo es, definitivamente -afirmó Johan con el arma lista, caminando de regreso a la celda de G-08-. Lo que queremos es que el suero neutralice su poder por un mínimo de media hora y un máximo de una hora, además de debilitarla para poder atraparla. Pero primero debemos probarlo en ustedes. ¡Y basta de preguntas y reclamos, que ya me cansé de todo esto por hoy!
—Pero-
Johan ya no le dio tiempo a G-08 para seguir hablando. Apuntó el arma hacia el vidrio supuestamente blindado y difícil de romper, y disparó. La ampolla salió disparada con el pequeño escudo que la cubría y protegía del vidrio, logrando atravesarlo. La ampolla se incrustó en la frente de G-08 y le inyectó todo el suero. El cuerpo ahora sin vida de G-08 cayó al suelo. Todos los demás niños lloraron en silencio por la muerte de su querida hermana. Las muertes eran cada vez más rápidas y crueles.
—Bien… -Johan sacó su grabadora de nuevo y comenzó a hablar-. La protección extra de la ampolla logró atravesar el vidrio de máxima seguridad como si de agua se tratara, pero el escudo para el SN-83 no funcionó. -Johan miró con emoción el agujero en el vidrio-. Pero el escudo del suero “Aurora letal” es efectivo, y también en la muerte. Lo tenemos listo.
“Al menos las pruebas del suero de la Aurora letal ya terminaron, un peso menos.”
Él caminó a su escritorio, tomó una cámara de uso profesional y se acercó de nuevo a la celda para tomar fotos del agujero en el vidrio y del cadáver de G-08. Luego, guardó estas fotografías en un cuaderno donde anotó algo con su bolígrafo y dio un largo suspiro agotado.
“Por fin… tengo horas libres.”
Johan se quedó mirando el techo del lugar y una sonrisa retorcida adornó su rostro, viendo el lado divertido y ventajoso que tenía.
“O más bien, tengo horas extras libres.”
—Tienes suerte… ahora te toca a ti, G-09 -Johan caminó a la celda de esta chica, la cual se arrastró por el suelo hasta que su espalda chocó con uno de los vidrios. Su mirada suplicaba que se alejara.
—N-no, la doctora Miranda vendrá dentro de un día… aún no es mi turno de experimentar -explicó ella, empezando a soltar algunas lágrimas, sabiendo en el fondo que había otras intenciones.
Johan se acercó a su celda, ingresó el código de acceso y abrió una de las puertas, dando paso al interior. Johan se quitó su bata y la dejó caer fuera de la celda, justo encima de su escritorio, y sus manos se dirigieron al cierre de su pantalón mientras, con una sonrisa sádica, se acercaba a la indefensa niña que solo poseía el poder de la telepatía.
—Sabes, no me refiero a los experimentos… -confirmó, abalanzándose sobre G-09 y rompiéndole sus ropas mientras la pobre niña suplicaba por su perdón y por su existencia.
Todos los niños evitaron ver el familiar escenario, tapándose los oídos y cerrando con fuerza los ojos. Pero aun así, podían escuchar los gritos de dolor y miedo de su hermana, como si traspasaran sus oídos para que escucharan su tortura, una tortura que duraría toda su vida hasta que decidieran hacer lo mismo con ellos…
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