Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 31
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Capítulo 31: San Valentín
“Para algunos, San Valentín es un día de celebración, pero para otros puede ser un recordatorio de lo que falta”
–Libe Gloze
Tanya
“¿La gente de verdad ama este día?”
La atmósfera en el pueblo era… tensa. A pesar de la explosión de decoraciones, los apetitosos puestos de comida, el entretenimiento constante y la actividad principal que bullía en el corazón de la casi ciudad, las multitudes apenas se atrevían a acercarse. Solo los niños, con su dulce e inquebrantable inocencia, tiraban de sus padres o familias enteras hacia la promesa de dulces y juegos.
El pueblo estaba empapelado con carteles de San Valentín, un torbellino de corazones y rosas. Los mensajes instaban a la gente a amar a sus seres queridos “antes de que no puedan devolver los abrazos y cumplidos”. Los más pequeños, deslumbrados por la perspectiva de golosinas y una pequeña feria, eran los únicos que irradiaban una alegría genuina. Sin embargo, adolescentes, adultos y ancianos… se mantenían distantes, sus miradas precavidas sobrevolando la festividad. No era difícil deducir que los adultos habían puesto al tanto al resto de sus familias sobre el pequeño “incidente” frente a la mansión Malka. Aunque las aguas parecían haberse calmado en la superficie, nadie sabía lo que bullía en las profundidades de ese asunto.
—Te ves bien con los colores negro y rojo -una voz familiar susurró en su oído, cortesía de los comunicadores de búhos más modernos-. Rosa de Hielo, ya estamos en posición, listos para fotografiar a todos.
Tanya rodó los ojos. Era Búho Uno, su compañero de trabajo leal, si es que se le podía llamar así. Lo contactó de nuevo, pidiéndole a él ya los otros búhos que capturaran fotos de todas las personas desde un punto de vista lejano, pero con acceso claro a sus rostros. Desde que había salido de su mansión, Tanya había sentido varias miradas clavadas en ella. Pensó que una de esas podría ser la de Emmet, quien, en secreto, se había puesto un atuendo a juego con el suyo. O la de Noah, que alternaba su mirada entre ella y Emmet sin soltar una palabra. También sentí las miradas pesadas de la gente del pueblo. Y ahora, la mirada de Búho Uno. Pero, de algún modo, sentía otras miradas más… No sabría cómo explicarlo, pero eran miradas “ajenas”, distintas a las que ya podía reconocer.
“¿Me estoy volviendo paranoica? No… puedo sentirlo. Alguien. No. Más de uno me está observando con detenimiento, esa mirada ajena, analizándome con otros finos. ¿Dónde? ¿Quiénes? Con esas dos preguntas resueltas, puedo encontrar.”
—No pongas los ojos en blanco, sé que me escuchas, pero me gustaría oírte hablar. Seguimos trabajando en unos nuevos comunicadores, ¿sabes? Tus fondos son de mucha ayuda -le informó Búho Uno.
Tanya se acercó a su puesto, donde un Noah, visiblemente incómodo, había sido obligado a adornar su ropa con corazones, corazones de papel o tela. Como ella, y de hecho, como todos los habitantes de la mansión Malka, incluyendo a los empleados que los acompañaban en señal de apoyo y atendían los otros puestos. Se sentían algo ridículos con los atuendos, pero era parte del plan.
—El “Doctor” es algo lento por su edad, pero muy bueno. Te llevaré el siguiente prototipo la próxima semana, hasta entonces tendremos que dejar los walkie-talkies atrás.
—Genial -fue más una queja apenas audible que un cumplido por parte de Tanya, pero el tono llamó la atención de Noah.
— ¿Ha sucedido algo? -Noah, junto a Emmet, que lucía un nuevo corte de cabello y un peinado que lo hacía aún más encantador -algo que sabía atraería a más gente al puesto y de lo que, sin duda, se estaba aprovechando- ajustaba los últimos detalles en el puesto de cartas anónimas.
—Es Búho Uno, diciendo cosas innecesarias pero confirmando que ya está en posición. Ya podemos empezar con todo esto -aseguró ella, observando su puesto.
El lugar era una instalación prefabricada, segura y, sobre todo, elegante. Estaba decorado con corazones, estrellas y cartas ilegibles, puramente ornamentales. Una gran mesa con tres sillas se erigía al frente, sirviendo como el escritorio del día. El orden sería el siguiente: Amaris en la silla izquierda, Tanya en el centro y Noah a su derecha. Amaris se encargaría de convencer a la gente de escribir sus cartas y les proporcionaría los materiales; Tanya llenaría un formulario con los datos de la persona, haciendo todo un “espectáculo” de la actividad; y Noah tomaría los datos importantes que necesitarían. Detrás de ellos, había otra mesa con dos sillas y diversas cajas. Allí, Emmet y Aleph se encargarían de “guardar las cartas” aparentemente al azar. En realidad, las organizarían por género, y Búho Uno se había coordinado con ellos para que les pusieran claves a las cartas, manteniéndolas en orden y facilitando la identificación con las fotos de las personas.
— ¿Ya empezamos todo? -preguntó Emmet, girándose hacia Tanya con una gran sonrisa. Le encantaba ver cómo sus atuendos combinaban a la perfección, como si fueran una pareja celebrando el día del amor, no de la amistad.
— ¡Ya! ¿Dónde están los otros dos? -Tanya miró alrededor del puesto, esperando encontrar a los dos faltantes, pero no estaban.
—Dado que aún no habíamos comenzado por la falta de gente, Amaris convenció a Aleph de… atraer algo de público -mencionó Emmet, mirando por encima del hombro de Tanya.
Ella se volteó para ver qué estaba observando. Al darse la vuelta, quedó sorprendida al ver cómo Aleph y Amaris, con volantes del puesto de cartas anónimas en sus brazos, eran seguidos por un pequeño grupo de personas, en su mayoría adolescentes y jóvenes adultos. Probablemente muchos avergonzados por ir casi en un desfile hacia el puesto, y otros, seguramente, por un atrevido desafío.
“¿Ellos? ¿Ellos me ayudaron a conseguir gente? ¿Sin que yo se los ordenara o pidiera? ¿Voluntariamente?… Seguro pedirán algo a cambio.”
— ¿Ya estamos listos para iniciar? -Aleph, al llegar, dejó los volantes a un lado de la mesa donde trabajaría junto a Emmet.
—Todo está listo -le confirmó Emmet a su amigo, y luego desvió la mirada hacia Amaris, quien explicaba animadamente al público cómo se llevaría a cabo la actividad-. Veo que ya entró en su modo extrovertido.
—Sí, ella decidió tomar la iniciativa, aunque claro, esto tendrá un costo -Aleph alzó un poco la voz para fastidiar a Tanya, sabiendo que ella lo escuchaba aunque les diera la espalda.
Tanya lo miró por encima del hombro, con el ceño fruncido. Ya se lo esperaba, pero la desfachatez la irritaba.
—Lo hablaremos cuando el trabajo esté hecho -le aseguró, sentándose en su silla y regalando su mejor sonrisa al público. Amaris, emulándola, también tomó asiento y extendió una carta y una pluma al primer participante, quien las tomó entre la vergüenza y el nerviosismo.
Así dio comienzo esta aventura del Día del Cariño. Parecía que muchas personas cargaban con sentimientos no correspondidos, eran demasiado tímidas para expresarlos, o simplemente estaban allí por un reto de amigos. Las risas y los nervios de escribir las cartas comenzaron a surtir un efecto contagioso, atrayendo a curiosos que, al enterarse de la dinámica, decidieron sumarse.
“A ver, no era algo que requiriera fuerza física, ni había restricciones de edad. Los niños podían participar libremente, sus cartas simplemente serían descartadas. Pero todo esto era, en el fondo, una cuestión de valor.”
Todo iba sobre ruedas. Aunque algunos se negaban, tachando la actividad de pérdida de tiempo o de algo tonto, ahí entraba en juego la sutil manipulación de Tanya, Amaris y Noah. Jugaban con el ego de la gente, sembraban supersticiones e inflaban las tristes y vacías esperanzas de un amor correspondido hasta convertirlas en algo casi palpable. La gente empezó a relajarse. La comida, las risas y la música melodiosa y suave se convirtieron en el cóctel perfecto para que más y más personas se acercaran al puesto de Tanya y los demás.
“El mejor ambiente. No necesito convencer a todos… solo a uno y todos lo seguirán. Y ya lo conseguí.”
El plan primario de todos estaba dando sus frutos. La gente entregaba sus datos, ya cierta distancia, los búhos, con sus flamantes comunicadores, se encargaban de fotografiar los rostros de estas personas, asignando números clave para vincularlos a cada carta. Se comunicaban constantemente con Emmet y Aleph, que esperaban en la retaguardia.
“Odio la tecnología. No me gustan los cambios en esos aspectos, me recuerda a cuando estaba encerrada y había mucha tecnología cerca donde-“
— ¿Puedo hacer una carta para mi bella dama?
Una voz familiar resonó frente a Tanya. Ella alzó la vista de los papeles, saliendo de sus pensamientos, y una sonrisa se expandió por su rostro al ver a Jared.
Estaba allí, imponente, sosteniendo un ramo de rosas adornado con chocolates dorados y una pequeña caja de terciopelo negro en la otra mano. Las heridas que había visto aquella noche en su rostro apenas eran cicatrices, casi curadas por completo. Y, como si de una promesa se tratara, la había estado visitando más seguido, hablando con ella, escuchándola, cuidándola. Sin embargo, esto también alejaba a Emmet, aunque por las noches Tanya seguía durmiendo con él. No le gustaba esa situación, pero no sabía cómo resolverla. Algo dentro de ella clamaba por una decisión, pero se negaba a aceptarlo, ¿quizás por orgullo o por su moral?
—Jared -murmuró Tanya al verlo tan… deslumbrante frente a ella. No fue la única en notarlo; Noah soltó un bufido que pasó desapercibido para todos y regresó a su trabajo, mientras Amaris observaba la escena, curiosa y con intenciones ocultas.
Jared vestía ropa formal, y la gran coincidencia era que sus colores eran rojo y negro, exactamente como la ropa de ella y la de Emmet, quien ahora lo fulminaba con la mirada. Aleph, por su parte, estaba ajeno a la tensión, inmerso en su tarea de crear informes idénticos a los de los búhos. Jared parecía una persona completamente diferente a la que Tanya había conocido. Su traje formal se ajustaba a su cuerpo con una perfección impecable, y la corbata le confería un toque de madurez que ya poseía. Su cabello, ligeramente despeinado y alborotado por el viento, le daba un aire encantador que complementaba a la perfección su atuendo. Además, el ramo de rosas, los chocolates y la caja de terciopelo negro lograron que Tanya no pudiera pensar en nada más que lo bien y elegante que se veía Jared.
— ¿Quieres participar en la actividad? -Amaris sacó a la “pareja” de su ensimismamiento. Ambos se habían quedado mirando como si el resto del mundo hubiera desaparecido. Tanya se levantó de su asiento cuando Jared rodeó la mesa para acercarse a ella, respondiéndole a Amaris con la vista fija en Tanya, solo en ella.
—Claro que quiero, aunque ya no sería anónima la carta -Jared le ofreció el ramo de rosas a Tanya, quien las tomó, aún con sentimientos y emociones abrumadoras-. Perdona mi ausencia estos dos meses. Te lo compensaré. Y aunque me llevó más tiempo encontrar el regalo adecuado para ti, cuando vi esto… supe que era para ti, ya que me recordaba a ti cada vez que lo veía.
La gente del pueblo, aglomerada justo en los alrededores o en la misma actividad, observaba en silencio la escena romántica con sonrisas expectantes. Jared abrió la caja de terciopelo con una lentitud dramática, creando un suspenso palpable.
“¿Qué hay dentro de esa caja? Es un regalo para mí, pero… ¿qué es exactamente?”
Tanya abrió los ojos desmesuradamente cuando una idea la asaltó: unanillo. ¿Y si era un anillo? ¿Por qué se lo daría? ¿Para dejar clara su relación? ¿Un anillo de promesa? ¿Uno de gran valor sentimental? ¿O un anillo de… compromiso?
“No, no, no. No puede ser un anillo de compromiso. Somos muy jóvenes. Bueno, considerando que la edad común para casarse en estos tiempos es este. ¿Pero Jared está dispuesto a casarse conmigo? ¿Así, solo después de estos meses de relación?”
Tanya miró de reojo las reacciones a su alrededor. Noah parecía que el alma se le salía del cuerpo y estaba pálido. Amaris observaba la escena embelesada y muy emocionada. Emmet, en cambio, quedó congelado, sin reaccionar, su mirada fija en la caja negra. Aleph… seguía absorto en los expedientes. El resto del pueblo también reaccionó atónito y ansioso por saber qué contenía la misteriosa caja. Todos compartían un pensamiento: las posibilidades de que fuera un anillo de compromiso eran bajas, sí, pero nunca cero.
—Espero que te guste mucho mi regalo para ti -Jared terminó de abrir la caja y mostró un collar de plata con una gema en forma delágrima-. Feliz San Valentín, cariño.
Tanya soltó un aliento que no sabía que estaba conteniendo, y escuchó detrás de ella otros dos sospechosos, probablemente uno de Noah y otro de Emmet. Además, percibió algunas reacciones de engaño entre las personas mayores del público.
—Jared… es hermoso, me encanta -Tanya le dio una de sus sonrisas más sinceras a su pareja, quien se sintió orgullosa por la reacción. Ella observará con atención la gema de su nuevo collar-. Nunca había visto una gema como esa.
—Es poco probable, amor mío. Es una Tanzanita grisácea azulada, una gema increíblemente rara que solo se encuentra en un pequeño rincón del mundo. Su belleza radica precisamente en eso: es única, difícil de encontrar, con un color que cambia sutilmente con la luz, revelando azules profundos, toques de gris y destellos violetas -explicó Jared mientras sacaba el collar de la caja y rodeaba a Tanya para colocarlo. Se tomó su tiempo, con una mano, para apartarle el cabello y con la otra, con destreza, abrochó el collar alrededor de su cuello. Su mano rozó la piel sensible de su cuello, provocando que Tanya soltara un aliento entrecortado. Jared dejó caer el largo cabello de Tanya y la abrazó, rodeando su cintura para atraerla hacia él. La espalda de Tanya se apoyó contra el pecho de Jared.
—Y esa es la razón por la que te la regalo, Tanya. Su rareza, su singularidad, su belleza que se revela en cada matiz… me recuerda a ti. Eres mi Tanzanita en este mundo. Incomparable, preciosa, un tesoro que me regala cada día una nueva perspectiva, una nueva razón para maravillarme. Al igual que esta gema es un hallazgo único, nuestro amor es así. Irrepetible, y cada momento contigo es un nuevo color, una nueva luz que se revela.
—Jared… -Las palabras de Tanya no salían. No sabía qué decir. Su corazón era un caos, latiendo muy fuerte y rápido. Ambos compartían una mirada de enamorados, el claro ejemplo de ese mismo día. Y la gente del pueblo soltó un “¡Awww!” en conjunto, una exclamación de afecto por el momento romántico. Los enamorados miraron a la multitud, y Jared tomó la palabra con una sonrisa de felicidad.
—Los invitamos a hacer cartas para las personas más importantes para ustedes -Jared le habló a todo el público-. Yo le hare cartas a la mujer más hermosa de mi mundo -concluyó su discurso, dándole un beso en la mejilla a Tanya.
El público estaba conmovido por las palabras y acciones de Jared. Como por arte de magia, más y más gente comenzó a unirse a la actividad. Jared permaneció al lado de Tanya en todo momento, ayudándola y sacando temas de conversación. También tuvo la oportunidad de conocer a Amaris y Aleph. Sin embargo, en medio de una plática entre Amaris y Jared, surgió el tema de qué tipo de familiar de Tanya era Amaris. Amaris, con su gran sonrisa, ya estaba pronunciando las primeras tres letras: “Herm-“, cuando Tanya la interrumpió, dejando claro que solo eran primas. Amaris captó el tono, que denotaba cierta molestia, y rectificó sus palabras, aclarando que eran primas pero se sentían como hermanas, y que, por supuesto, Aleph era su querida pareja.
Durante toda la actividad, Tanya sintió una mirada que parecía perforarle un agujero en la cabeza. Sabía de quién era: Emmet. Además, notó que Jared también percibía esa mirada por parte de él. Pero a Jared parecía encantado, incluso divertido, por cómo Emmet quería asesinarlos con la mirada. Oh, más bien, a ambos.
Y como todo lo que empieza, siempre acaba, el tiempo pasó volando para Tanya. Jared le contó el porqué de su ausencia, no para justificarse, sino para relatarle sus aventuras en busca de la gema de su collar. Cuando salía de sus clases al mediodía, se iba del pueblo, pasando por seguridad para ir a las ciudades vecinas en busca de vendedores que poseyeran esa gema. No lo logró los primeros cinco días, pero en esos días fue donde encontré la cadena de plata y la caja de terciopelo. Ante la posibilidad de no encontrar la gema, Jared también invirtió su tiempo libre en crear el oso de peluche a mano, asistiendo a clases de costura y confección. Sin embargo, a principios de mes, logré encontrar la gema que tanto buscaba y luego visitó lugares de gemología para darle él mismo la forma de lágrima. Finalmente, de su propio jardín, donde había plantado algunos rosales, tomó las rosas y creó el ramo.
“Eso explica su ausencia en estos casi dos meses del año. Él estaba buscando el regalo perfecto para mí… haciéndolo él mismo. ¿Pero y la pelea con su familia?”
—Jared, perdona que pregunte esto, puedes evitar contestar si te incomoda hablar sobre ello -él la miró, dándole toda su atención. Una de sus manos rodeó la cintura de Tanya y le dio un leve apretón para que continuara hablando-. ¿Por qué te peleaste con tu familia hasta llegar al punto de los golpes?
Jared se puso serio, instintivamente acercándose un poco más a ella. Se humedeció los labios y desvió la mirada, como si verla le impidiera encontrar el valor para contar lo sucedido. Lanzó una mirada rápida a su alrededor para asegurarse de que nadie más escucharía sobre el tema.
—Bueno… ¿Quién no ha tenido peleas con sus padres? -inició la conversación, luego la miró a los ojos-. Mi familia es algo… cerrada en muchas cosas. Más mi… padre. Él es alguien directo, estricto y no acepta un no por respuesta.
Tanya observó al público, deteniéndose en la familia Hagen. Estaban en un puesto de juegos donde la madre de Jared participaba en un juego de jalar la cuerda, buscando un premio aleatorio. Fijó su mirada en el padre, quien hablaba con Denia con una ligera sonrisa. No parecía el hombre que Jared describió, pero claro, ¿quién mostraría su verdadera cara delante de todos? Ni siquiera ella estaba actuando como era en realidad.
—Ya sé lo que piensas -Jared ladeó la cabeza, soltando un pequeño suspiro resignado, como si ya hubiera tenido esa conversación antes-. ¿Cómo un hombre amable puede ser así? Incluso puedes pensar que estoy mintiendo.
—No -Tanya lo miró de nuevo y observó el rostro de Jared, sorprendida por su monosílabo-. Te creo. -Jared presionó un poco más su agarre en la cintura de ella, apreciando su confianza hacia él-. Sigue.
—Una noche él… me pidió hacer algo que yo… no quería. Te use a ti como excusa, como si fueras el problema aquí, y eso -sonó con cierto rencor, dejando claro que aquella plática no había sido de su agrado-. Pero le dejé claro que el problema no eras tú, sino otra cosa, y bla, bla, bla. Y bueno… no le gustó mi negativa y…
Tanya no quiso que la conversación continuara. Sus venas ardían de ira al pensar cómo su padre lo había golpeado hasta dejar su rostro en ese estado cuando lo vio aquella noche. Además, no quería hacerle pasar un mal momento a Jared en un día especial en el que debía disfrutarlo.
“Pero aún tengo dudas… ¿Qué fue eso que él le pidió hacer? ¿Por qué se negó tanto? ¿Y por qué ella tuvo que ver en la discusión? Algo aquí no… No, no debo pensar así en Jared. Todos tienen problemas familiares.”
Ella se armó de valor, ignorando las miradas de los demás. Llevó una de sus manos a la barbilla de Jared, lo acercó a su rostro y le dio un beso tierno. Algo extraño en ella, pues era todo menos tierna, pero con Jared… era diferente. A Jared le gustó mucho ese beso, pues se lo devolvió momentos después. Luego se separó de ella con una sonrisa en los labios. Tanya avistó un destello cerca del cuello de Jared; su mano en su barbilla se deslizó al cuello de su camisa y la hizo a un lado un poco, lo suficiente para ver una cadena de plata.
— ¡Ah! Me descubriste -usó un tono juguetón, llevando su mano al cuello y exponiéndolo por completo. En efecto, era una cadena de plata, y también tenía un dije, pero en este caso era un círculo con un agujero en forma de lágrima en el centro. Justo como el dije que tenía Tanya-. Estaremos siempre a juego.
Ella iba a decir algo, pero unas pequeñas campanas de una iglesia cercana resonaron, anunciando la hora, justo cuando las actividades estaban terminando y la noche caía sobre el pueblo.
Los oficiales y sus guardias, mezclados entre la gente, empezaron a ponerse en alerta mientras todos reconocían los puestos con cierta prisa, pues debían dar con los asesinos esa noche. Aleph, con la mano casi dormida y adolorida de tanto escribir, era atendido por Amaris, quien le daba masajes cariñosos y uno que otro beso en la mano. Pero aparte de ellos, había dos miradas algo desaprobatorias sobre ella y Jared, quien también la estaba ayudando a recoger las cosas. Pero no solo eso. Ella aún podía sentir esas miradas ajenas sobre ella. ¿Cómo era posible, si la gente del pueblo había sido acompañada a sus casas con guardias? ¿Entonces qué eran esas miradas que sentía? ¿Eran los asesinos mirándola todo este tiempo?
— ¿Tanya? -Jared la tomó de la mano al notar que estaba algo perdido en sus pensamientos-. ¿Todo bien? ¿Hay algo más en lo que quieras que te ayude?
—Ella está perfectamente bien -intervino Emmet antes de que Tanya pudiera hablar-. Agradecemos tu ayuda en el día de hoy, pero ya es hora de que vayas a tu casa.
Emmet apareció detrás de Jared como si una presencia maligna se materializara. Jared no se inmutó ante su llegada ni la rudeza de sus palabras. Al contrario, solo alzó una ceja con evidente diversión y se volteó para mirar a Emmet.
—Veo que has copiado mi estilo de vestir hoy -Jared lo recorrió lentamente con la mirada de pies a cabeza, la sonrisa burlona aún presente en sus labios.
Emmet presionó la mandíbula. Dio un paso adelante, entrecerrando los ojos-. O quizás -gruñó con voz grave y peligrosa-. Solo llevas mi ropa usada -Apretó los puños a los costados, con los nudillos blancos. Por una fracción de segundo, pareció que iba a abalanzarse sobre Jared, pero se contuvo visiblemente, un tic nervioso en su mejilla. El aire crepitaba con violencia contenida.
— ¡Jared, Emmet, basta los dos! -Tanya jaló a Jared hacia ella, creando algo de distancia entre ellos-. ¿Ya le ayudaste a Noah a meter las cajas con las cartas al auto, Emmet?
—Desde hace minutos -respondió Emmet, sin mirarla a ella, sino aún asesinando con la mirada a Jared.
—Veo que alguien está de mal humor en un día tan especial como hoy. ¿Qué pasa, amiguito, la chica de la que estás enamorado te ha rechazado? -Jared rodeó con uno de sus brazos el cuerpo de Tanya, su mano reposando peligrosamente en la cadera de ella.
Emmet inhaló aire ruidosamente, una pequeña vena en su cuello comenzó a resaltar. Ocultó sus manos detrás de su espalda y, de forma inesperada, sonriendo con una amabilidad que sorprendió a Tanya y Jared. Se podía notar cómo su autocontrol regresaba, como si toda la ira lo abandonara y solo dejara la calma en él.
—Vamos, no estoy de mal humor. Después de todo, la persona que me encanta comparte la misma cama que yo todas las noches. ¿Por qué me pondría de mal humor al saber eso?
Tanya fulminó con la mirada a Emmet, quien ahora no borraba su sonrisa. Jared solo ampliamente ante las palabras de Emmet, incluso felicitándolo por el “avance”.
—Jared -una voz femenina los interrumpió. Los tres voltearon a ver a la responsable: era su madre, acompañada de Denia y un guardia-. Ya debemos regresar, se hace tarde.
“¿Dónde está el padre?”
—Sí, madre -Jared se acercó a ella y luego hizo contacto visual con Tanya. Puso sus dos manos en el rostro de ella, le dio un suave y cariñoso beso en la frente, luego en la mejilla, y terminó en sus labios-. Te veré mañana, Tanya.
—Sí, te estaría esperando -le respondió ella con un tono más blando de lo que solía usar con los demás.
Observó cómo Jared se alejaba para acompañar a su familia, junto con el guardia, de regreso a su hogar. Miró la silla en la que antes estaba sentada y tomó el ramo que le regaló, apretando las rosas contra su pecho. También sentí el collar rodeando su cuello. Era la primera vez que alguien se esmeraba tanto en regalarle algo de ese valor. A ella no le importaban las joyas o cosas parecidas; Creía que solo eran otro tipo de cadenas o ataduras a cosas superficiales. Pero ahora que Jared le regaló ese dulce collar, además de que iba a juego con el suyo, Tanya podía entender por qué algunas personas usaban joyas en su día a día: por el valor sentimental…
“Sentimental… ¿Tengo el derecho o permiso de sentir algo así?”
—Camina, o el auto se irá sin nosotros -Emmet ahora estaba a su lado, posando una de sus manos en la espalda de ella para guiarla hacia el auto, donde tres pares de ojos los observaban atentos y en silencio, esperando por ellos.
Ambos subieron al auto, que se sintieron demasiado silenciosos e incómodos para todos. Así aprendí el viaje de regreso a la mansión, donde toneladas de cartas debían ser clasificadas junto con los búhos.
“Esta noche no dormiré ni siquiera mis ocho horas… “
Eran las cuatro, cuarenta y cinco de la mañana. Decenas de tazas de café y té vacías se acumulaban en el gran comedor, donde todos estaban al borde del colapso. La excepción eran Tanya, Noah y los búhos, quienes, gracias a sus episodios de insomnio, parecían inmunes al desarrollo. Los demás luchaban por mantener los ojos abiertos.
Los empleados hacían turnos para dormir, pero el resto del equipo no tenía permitido ni siquiera cerrar los ojos por más de cinco minutos. La enorme mesa del comedor estaba repleta de cajas, atestada de cartas y fotos que debían unir para el registro. Aleph trabajaba junto a Búho Uno y Amaris; la pareja, de vez en cuando, se frotaba los ojos por la fatiga, pero cumplían con su trabajo tal como Aleph lo había prometido. Por otro lado, Noah y Emmet eran los encargados de ayudar a Tanya a comparar la letra de las cartas con las que ella había recibido de los tres asesinos. Hasta el momento, no había ninguna coincidencia.
“¿Tal vez sí era una pérdida de tiempo como había dicho Aleph? ¿Hice todo esto por nada?”
Tanya ya iba por su quinta taza de café, que Noah había sustituido por té por órdenes suyas. Ella miraba y comparaba las cartas con las fotos y datos de las personas, pero nada. Faltaban pocas horas para el amanecer; Ese era el límite. Si llegaba el primer rayo de sol, todos dejarían de trabajar en la búsqueda de los posibles asesinos. Tanya, sin embargo, no se detendrá. Algo dentro de ella le decía que la pista para encontrar a los culpables estaba ahí, en medio de todas las demás cartas. Tomó una carta sin identificar, sin datos, sin foto. La leyó por curiosidad antes de entregársela a los otros tres encargados de unir la información.
“De seguro se les fue entre todas las cartas, veamos qué dice… ¡¿Qué… qué demonios?!”
— ¡Ustedes! -exclamó Tanya con un grito que sonó más a una mezcla de preocupación y furia, logrando sobresaltar a todos en el comedor, incluso a los empleados ajenos a la búsqueda-. ¡Necesito la foto y los datos de esta persona ahora!
Ella le dio la nota a Amaris, quien buscó la clave o número con el que los habían identificado a cada uno. Pero Amaris presionó los labios al no lograr vincularla a ningún dato o foto.
—No hay… -murmuró, sorprendida.
— ¿Cómo que no hay? Todos mis búhos tomaron fotos a cada una de las personas del pueblo, incluso a los guardias -Búho Uno miró con indiferencia a Amaris. Aleph tomó la nota de la mano de Amaris y trató de buscar algo que pudiera relacionar con lo que habían hecho, pero alzó ambas cejas al no encontrar nada.
—No hay datos ni foto para esta nota -confirmó Aleph.
—Esa letra… es la misma que la primera nota que recibió en el correo -Tanya miró a Noah-. Estuvo a la par nuestra y no lo vimos, pasó desapercibido.
Noah le pidió la nota a Aleph, y cuando la tuvo en su mano, la leyó junto con Emmet, quien estaba a su lado.
—”No me has visto ¿Acaso no me extrañas?” -recitó Noah, malhumorado-. Quienquiera que sea, tiene mucha seguridad en que nadie lo ha visto.
—No hay foto de esa persona, por lo que sigue siendo anónimo y ahora es un fantasma por pasar desapercibido ante todos -Tanya plantó sus manos en la mesa con furia.
— ¡Hay otra nota sin datos o foto! -Aleph alzó la nota y luego se la pasó a Tanya, quien la tomó con una rapidez febril.
“Terroncito, esta vez pararé el fuego contra los demás, alguien ha usurpado mi identidad. Y es mi deber descubrir quién es.”
— ¿Qué? ¿Parará el fuego porque alguien ha usurpado su identidad? -Tanya estaba cada vez más confundida y molesta.
—Déjame leerlo -Emmet pidió la nota, y Tanya se la dio, pensando en varias teorías sobre esas extrañas palabras.
El objetivo era reconocer o tener una pista de esos asesinos, no que siguieran con su anonimato para continuar molestándola. Fijó su vista en el collar que Jared le había regalado; se había salido de su blusa y ahora colgaba de su cuello de atrás hacia adelante. Ella siguió la vista del collar y luego enfocó su atención en una de las cartas que estaba en la mesa. Reconoció la letra, la tomó entre sus manos apresuradamente. Esta nota ya estaba junto a sus datos y la foto del dueño de esa letra.
— ¡Hay uno! -se apresuró a anunciar a todos, quienes quedaron atónitos ante sus palabras-. Debemos llamar al Sheriff, Noah.
—Ahora mismo -respondió él, levantándose de su silla para acompañarla.
Tanya se paró en seco y miró detrás de Noah cómo Emmet ya venía tras ellos.
—Tú no. Quédate esta vez y sigue con el trabajo junto con Aleph y Amaris -le ordenó, pero Emmet abrió los ojos y frunció el ceño en desacuerdo.
—Claro que no. Si irás tras un asesino, tengo que ir y cuidarte -aseguró, dando otro paso, pero alguien más puso una mano en su hombro: fue Búho Uno.
—Relájate, novato, la Rosa de Hielo sabe lo que dice. Quédate, yo la cuidaré. Nunca pongas en duda su protección -Búho Uno dejó atrás a Emmet, quien estaba completamente ofendido de que tomara su lugar. Emmet iba a empezar a discutir hasta que otra mano se posó en su otro hombro.
—Quédate -dijo esta vez Aleph-. Váyanse, mientras más tarden será peor.
Tanya avanzó ante la oportunidad de que le dio Aleph y salió del comedor junto con Noah y Búho Uno detrás de ella, dejando a los otros tres en el comedor. Debían seguir y encontrar al último asesino que les quedaba.
El amanecer estaba a solo segundos, el cielo volviéndose cada vez más claro. El frío era tortuoso, pero no para Tanya, quien rebosaba de adrenalina y venganza frente a la casa al pie de la montaña, justo debajo de su mansión. El Sheriff, junto con los demás oficiales, rodeó la vivienda en caso de que el asesino intentara escapar por otro lado. Noah estaba totalmente alerta, mientras que Búho Uno mostraba una indiferencia imperturbable.
—A la una -murmuró el Sheriff, y los oficiales se alistaron-. A las dos… -Cada oficial sacó su arma-. ¡Y a las tres! ¡Ya, ya, ya!
El equipo de armas y tácticas especiales fue el encargado de derribar la puerta principal, mientras algunos ingresaron de forma más dramática por las ventanas del hogar. Todos irrumpieron gritando el nombre del asesino. Tanya se adentró también, con Noah y Búho Uno justo detrás de ella.
“Es una casa vieja y grande, fácil de poder colarse y vivir sin ser descubierto… curioso.”
Un olor mohoso la asaltó. Tuvo que taparse la nariz ante la fetidez que inundaba el lugar. Una señora de la tercera edad salió de una de las habitaciones, completamente pálida ante la situación. La policía la retuvo.
— ¡¿Qué sucede?! ¡¿Qué es todo esto?! -La mujer, llena de arrugas, miró con terror cómo los oficiales la esposaban.
—Señora Sevil, tiene derecho a guardar silencio -Los demás oficiales fueron a registrar la casa, que constaba de dos pisos-. Señora Sevil, ha sido acusada de complicidad en el ocultamiento de Jacob, quien está acusada del asesinato de la joven Elizabeth Van, de 20 años. Según la investigación, Jacob presuntamente está oculto en esta casa. Este delito está tipificado en el artículo sesenta del Código Penal de Hidetown, y podría conllevar una pena de diez años de prisión.
— ¡¿Cómo?! ¡Yo no oculté a ningún asesino! -empezó a gritar la mujer en estado de pánico.
—Tiene derecho a guardar silencio -le recordó un oficial que la sacó del hogar.
— ¡Sheriff, tenemos algo aquí arriba! -llamó una oficial desde el segundo piso.
Todos subieron con rapidez. Tanya pensaba en una sola posibilidad que deseaba con todas sus fuerzas que no fuera cierto. Pero al llegar al segundo piso, todas las puertas fueron abiertas o derribadas, revelando cuartos vacíos, armarios, baños. Sin embargo, cuando llegaron al final del pasillo, mostrando la última habitación, la encontraron desierta.
La habitación estaba ordenada, con la inconfundible esencia de que alguien había estado allí hacía poco, pero no parecía haber rastro del asesino. ¡Falso! Sí había algo, y era casi imposible pasarlo por alto. En el techo de la habitación, un mensaje en pintura negra seguía ligeramente fresco, aunque en su mayoría ya seca: “Estuviste cerca”.
“Estuviste cerca”, “¿Qué estuve cerca?”, “¡¿Cerca?!”
—Parece que el sospechoso escapó antes de que llegáramos al lugar. No hay registro o pistas que nos diga dónde se dirigió -informó un oficial.
—Revisen las cámaras de seguridad -ordenó el Sheriff, mirando el mensaje en el techo, y se llenó de ira-. Ese bastardo no pudo haber ido tan lejos.
Él no era el único furioso por la fallida caza. Tanya era la más afectada en ese momento. Apretó sus manos en puños mientras seguía viendo el mensaje, que, aunque podía referirse a cualquiera, era más que seguro que era para ella.
—Tanya… -la llamó Noah, frustrado-. Debemos ir a la comisaría por la señora Sevilla.
“Lo tuve todo este tiempo bajo mis pies…”
—Lo mejor será que deje salir a mis crías y que vuelen por el área -opinó Búho Uno, mirando a Noah-. Aún debe haber algo que nos diga adónde fue si es que eligió escapar por el bosque.
“Él me observó buscarlo…”
—Miren, sé que estoy bajo amenaza si hablo de esto, pero lo mejor será que le dejen este trabajo a los oficiales y no a gente como ustedes -el Sheriff habló una vez que los cuatro estuvieron a solas-. El sospechoso huirá si se entera de que el lado de la ley y el lado que evita la ley lo están buscando sin descanso.
“Todo este tiempo… él jugó conmigo… siempre él, no yo.”
Tanya sintió cómo la furia empezaba a ganarle. Los cristales de la habitación comenzaron a astillarse lentamente. Su poder la estaba dominando, sus emociones la gobernaban.
—Usted no tiene voz ni voto en lo que hace el lado que evita la ley —le recordó Noah, colérico-. Le recuerdo que no solo usted está bajo amenaza, sino toda su familia. Más le vale no hablar de esto a la ligera.
“Cállense…”
— ¡Ja, tómala! -se burló Búho Uno.
“Silencio… quiero pensar”
— ¡Cómo osas hablarle de esa manera a tu Sheriff! -Este entró en cólera, y Noah de igual forma.
“Que nadie hable…”
— ¡Ya no es nuestro Sheriff, su poder y ley ya no nos afecta, está debajo de nosotros por mucho poder! ¡Le recomiendo que cuide su lenguaje! -Noah alzó aún más su voz.
— ¡¿Cómo?!
— ¡Todos cállense! -gritó Tanya sin poder contener su furia. Las grietas de los cristales atravesaron las paredes, agrietándolas también, y se extendieron mientras Tanya se daba la vuelta para mirar a aquellos tres que quedaron sin palabras por lo que pasaba delante de ellos-. ¡La única que tiene poder aquí, soy yo! ¡Y ahora lo que quiero es la cabeza de ese hombre!
Las grietas empezaron a aumentar en la habitación. Ventanas, decoración, paredes, techo. Todo se vio afectado por la ira de Tanya. Noah llamó igual que Búho Uno, quien no ocultó su sonrisa al observar el poder devastador e inestable de Tanya. El Sheriff palideció al observar la escena, no podía creer que estaba viendo con sus propios ojos.
— ¡Largo! -gritó ella hacia el Sheriff, y este, a trompicones, salió de la habitación.
—Señorita, respire -le ordenó Noah al ver su estado inestable. Era un nivel que jamás había alcanzado, nunca antes había logrado agrietar paredes y techos-. Tiene que calmarse
— ¡¿Que me calme?! ¡Jugó con nosotros, Noah! -Tanya estaba tan enfadada que se lastimó las palmas al encajar sus uñas en ellas-. ¡Él sabía que lo íbamos a buscar y logró escapar! ¡Escapó! ¡Seguirá jugando con nosotros! ¡¡SEGUIRÁ ESTANDO ENTRE NOSOTROS Y NO PODREMOS HACER NADA!!
Noah no tuvo más opción ante el descontrol de Tanya y, con un suspiro, habló.
—Perdóneme -susurró Noah y alzó su mano para darle una cachetada a Tanya. La dejó a ella y al Búho Uno consternados. Las grietas en las paredes y techos se detuvieron en seco. Tanya puso una de sus manos lastimadas en la mejilla donde recibió el impacto y miró a Noah-. No pierdas la cabeza por una simple rata, recuerda quién es…
“¿Quién soy?”
Tanya tragó con dificultad su odio, sintiendo cómo este le quemaba la garganta y respiraba con dificultad. Pero se recompuso, alejando su mano de su mejilla y volviendo a ser quien es.
“Estuvo vigilándonos a su gusto ¿A quién informaba? ¿Por qué la vigilaba o a los demás? ¿Cuál era su objetivo? ¿Por qué nos mando esa nota? ¿Por qué no la ataco ese día? ¿La quieren viva? ¿Son ellos…? Johan sabe que estoy viva, y que estoy aquí… Y él hará daño a cualquiera que yo conozco pero esta vez… no lo dejare. No dejare que me arrebate lo que tanto me costó conseguir. No de nuevo”
—Gracias -Noah ladeó la cabeza y ella miró al Búho Uno-. Necesito que los demás búhos vigilen el bosque, necesito una barrera, un límite, algo donde nada ni nadie pueda entrar por el bosque.
—Ah, sí. Claro -el Búho Uno alternaba su vista entre Tanya y el caos que ella había creado-. Veo que tienes mucha ira en ese cuerpo tuyo, te recomendaría ir a un psiquiátrico.
Tanya ignoró su burla y salió de la habitación hecha con furia. Noah la siguió y, por último, el Búho Uno. Pero lo que nadie sabía es que en el bosque, por medio de unos binoculares, el mismo asesino los estaba observando con incredulidad. Y solo alarmantemente ante el nuevo juego que tenía en mente para ella.
“Te encontraré… Jacob. Y te hare pagar”
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