Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 34
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Capítulo 34: Pasados Oscuros
“Las sombras de su pasado no eran elecciones, sino cadenas que le arrastraron a una oscuridad forzada”
–Libe Gloze
Aleph
Era uno con el bosque, como siempre le había gustado ser. Sus pasos eran sigilosos; si pisaba hojas secas o ramas, estas no emitían sonido alguno. Era un don que había aprendido a controlar a su antojo.
Un ruido sordo a su izquierda. Volteó hacia ese lugar, deteniéndose de golpe, sin perder el equilibrio. Allí estaba su presa. Un ciervo, imponente y vigoroso. Era el contraste de lo que muchos esperarían de su especie, a menudo, vistos como débiles y pequeños. Este era diferente, único. Su altura superaba el promedio, su musculatura era notable, y sus orejas se movían frenéticas al menor susurro del viento. El ciervo bebía de una poza de agua cristalina, ajeno a la presencia que lo acechaba.
—Es ahora -murmuró.
Descolgó el arma de su hombro. No era su fiel compañera, la amada, sino una nueva. Tanya se la había recibido como agradecimiento por su favor de archivar a las personas del pueblo. Él la había mandado a personalizar: un rifle de cerrojo con la culata de un tono verdoso y sus iniciales talladas. Era un arma del año, inmaculada, sin el más mínimo desperfecto.
Se hincó sobre una rodilla con agilidad y sin titubear, sin producir el más mínimo roce. Tomó el rifle, que ya estaba cargado, y apuntó al ciervo, que había dejado de beber y ahora observaba su entorno, como si ya presintiera la amenaza inminente. Aleph miró a través de la mira, la cruz de su retícula se posó con precisión sobre el animal. Contuvo la respiración, buscando la inmovilidad total para asegurar la puntería perfecta.
— Ofrenda a ti, mi amada -susurró, cerrando los ojos por unos segundos mientras su dedo índice se ubicaba sobre el gatillo.
Tras esas palabras, abrió los ojos de golpe y, sin esperar un instante más, jaló el gatillo. El estruendo del disparo ahuyentó a las aves cercanas, que levantaron el vuelo, dispersándose lejos del lugar. Aleph se incorporó de la tierra para observar cómo su presa caía al suelo, inerte. Había logrado un disparo impecable, librando al animal de cualquier dolor o sufrimiento prolongado.
Unos aplausos resonaron a su espalda.
— Un perfecto tiro, chico -lo aduló Noah, aplaudiendo con sus manos enguantadas.
—Gracias -respondió, abriendo su arma. El casquillo vacío de la bala tintineó al caer al suelo, y luego la recargó con un movimiento fluido.
Estaban de cazar por un “amistoso” pedido de Noah. Al principio, a Aleph le parecía extraño. Se negó las tres primeras veces que Noah se lo propuso. Pero Amaris, con su habilidad para convencer, logró que cambiara de opinión. Le habló sobre la nueva vida que debía aceptar ya la que tendrían que adaptarse por ahora. A eso, Aleph solo pudo darle la razón.
“Será mejor mezclarme y acostumbrarme a esto… Aunque, viéndolo bien, no está tan mal como pensé.”
—El siguiente es suyo -declaró Aleph, colgando el arma de nuevo en su hombro.
—Es muy amable de su parte, pero si usted ve primero a otra presa, tómela sin pensarlo. Acepto cuando alguien es mejor que yo -Noah le dedicó una sonrisa amable que arrugó ligeramente el bigote ya canoso que enmarcaba su boca.
—Bien, si usted está de acuerdo con eso. Le agradezco -Aleph respondió con respeto.
“Todo está bien… pero hay algo aquí… algo que no cuadra. Mi sentido de supervivencia está alerta.”
Ambos vestían uniformes de caza, portando sus armas. Una tensión sutil flotaba entre ellos, invisible. Podría decirse que se veían relajados, incluso amigables. Pero, ¿de verdad se sintieron de esa manera?
—Puedo preguntar… ¿por qué me invitó a este pequeño juego de caza? -Aleph comenzó a caminar hacia su presa en el suelo. Noah lo siguió, la sonrisa aún en sus labios.
—Mmm, hacía mucho que no salía a cazar y quería hacerlo con alguien; es mejor en compañía -le explicó, deteniéndose junto al cuerpo inerte del ciervo-. Y usted es la mejor compañía.
—Yo no era el único a quien podías pedirle, ¿sabes? -Aleph sacó unas cuerdas de un pequeño bolsillo mientras se arrodillaba de nuevo y comenzaba a atar las patas del animal-. Está tu jefa, está Emmet y también Amaris.
—A la señorita Tanya no le gusta la caza -Noah se frotó la barbilla con su mano enguantada. Aleph torció un poco la boca ante el comentario-. Al joven Emmet no le gusta para nada la caza. Y bueno, con la señorita Amaris… no podría pedirle este favor.
Aleph ladeó la cabeza, comprendiendo sus palabras. Amaris no, ni siquiera él le pidió que lo acompañara de caza. Entendía a Emmet; le resultaba difícil y no quería molestarlo preguntándole por qué… ¿Pero Tanya?
—Claro, a tu jefa no le gusta… Con ese poder le sería fácil cazar cualquier cosa. Así que puedo suponer que no le gustan las cosas fáciles -soltó un bufido, algo molesto por la ventaja del don de Tanya.
Noah se aclaró un poco la garganta. Aleph terminó de atar las patas del ciervo y se puso de pie.
—La señorita Tanya tenía estrictamente prohibido usar su don a la hora de las cacerías -corrigió Noah, con un matiz de orgullo-. Ella tuvo que aprender a usar armas ya ser uno con el ambiente; le enseñé a que no dependiera únicamente de su don. -Aleph iba a comentar algo, pero Noah lo interrumpió-. Pero aprendí tan bien que se le hizo fácil cazar, y se le volvió algo aburrido. Dejó de hacerlo una vez que tomó el poder absoluto de todo Hidetown.
—Claro, sí. Mucho trabajo -Aleph tomó la cuerda del ciervo en sus manos.
—El joven Emmet se niega rotundamente a estar en la caza por voluntad propia. Creo que mencionó algo con la vida de los animales o algo parecido… -Noah se puso a pensar, o más bien a recordar lo que Emmet le había dicho.
“Ya está viejo, que apenas recuerda cosas…”
—Sí, no hace falta que lo recuerdes. Pero yo tampoco sé la razón por la que a Emmet no le gusta la caza -afirmó Aleph. Noah alzó un poco las cejas, sorprendido por las palabras de su compañero-. Y no pienso preguntárselo, lo respeto.
— ¿Usted no lo sabe? ¿Y por qué me había mencionado al joven Emmet como una posible opción para este juego de cacería si se opone tanto a la caza?
— ¿En serio?
—Tenía curiosidad de saber si Tanya lo había obligado a hacer algo en contra de su voluntad -Noah descolgó su arma del hombro, un movimiento que puso en alerta a Aleph .
—Una de las reglas que la señorita Tanya siempre les recuerda a todos sus empleados es que jamás los obligará a nada que no quieran -Noah metió una mano en su bolsillo y sacó una bala solitaria-. Ella nunca le ha hecho eso a ninguno de sus empleados y jamás lo hará.
Noah abrió su arma con cierta dificultad. Intentó meter la bala, entrecerrando los ojos, pero le costaba. Cometió algunos errores en el proceso. Aleph suspiró y, con un gesto de impaciencia, ayudó a Noah a colocar la bala en su lugar y luego cerró el arma. Noah le agradeció, algo apenado.
—Y la señorita Amaris… ella no está hecha para estas cosas. Es muy considerado y su corazón es tan noble que sé que no le haría daño ni a una flor en el jardín -Aleph entusiasmadamente al escuchar las palabras de Noah.
“Nos ha estado vigilando, debo tener cuidado.”
—Así que la has visto tratar de quitar una flor en el jardín -Aleph viajó rápidamente en sus pensamientos, reproduciendo una y otra vez los momentos en los que Amaris fracasó al intentar arrancar flores del jardín.
—Sí, así que mi única opción era usted. Y no me equivoqué al elegirlo. La caza se le da muy bien.
Noah caminó un poco por el lugar, y Aleph lo siguió, arrastrando el ciervo sin problema por el suelo.
—Sí, bueno, la caza es una de mis cosas preferidas en la vida -Aleph miró los alrededores, atento a otra presa, ya fuera animal o humana, que representará un peligro para él.
— ¿Lo hacía solo o en compañía de alguien? -La pregunta de Noah lo molestó un poco.
—Solo -respondió con un tono corto. Una pequeña risa se escapó de Noah.
—Lo suponía. Shahar no era alguien que disfrutara de las actividades al aire libre -Aleph miró fijamente la espalda de Noah.
—Pues supone bien. Jamás le gustó, pero me obligó a practicarlo -Aleph cerró la boca de inmediato al darse cuenta de lo que acababa de decir. Sabía que Noah estaba intentando jugar con su mente para hacerlo hablar sobre su familia o algo privado.
Noah se detuvo abruptamente y miró de un lado a otro. No había presas cerca. El silencio los acechaba a cada instante.
— ¿Te obligaba a actuar de manera irracional o injusta? -Noah dirigió su mirada al frente, entrecerrando los ojos, confundiendo un tronco con un ciervo.
Aleph no contestó de inmediato. ¿Acaso era una trampa y él estaba cayendo en ella? ¿Si hablaba, le daría la información necesaria para uno de sus aviones y luego se desharían de él y de Amaris? Era algo que no quería poner una prueba.
—Algunas cosas, sí -decidió responder-. ¿Hay alguna presa por aquí?
—Sí… la hay -le respondió, aún mirando al frente.
Aleph volvió a mirar a su alrededor en busca de algún animal. Pero cuando regresó su mirada al frente, observó a Noah apuntando el arma hacia él. Esto lo tomó por sorpresa. No supo en qué momento se había dado la vuelta o apuntado el arma sin hacer ruido. Soltó la cuerda con la que sostenía el venado y quiso tomar su arma, pero Noah abandonó el seguro del arma en advertencia.
“¡Maldición!”
Aleph alzó ambas manos, queriendo demostrar vulnerabilidad, pero en su mirada se veía un brillo salvaje. Observó la postura de Noah: sostenía el arma sin problemas. Era todo lo contrario a cómo había cargado el arma hacía unos momentos.
“Estaba actuando, fingió no saber cargar el arma para despistarme. Qué genio”.
—Dime, chico, ¿has pensado en derrocar o atacar a la señorita Tanya? -Aleph alzó su rostro, su expresión desprovista de intimidación o miedo.
—Claro que sí, para qué mentirte -fue honesto.
— ¿Y funcionó algo de tu plan? Porque claramente no llegó a su final; la señorita aún sigue viva -Noah mantuvo su distancia, sin dejar de apuntarlo con el arma.
“Listo… no se acerca a mí porque sabe que puedo desviar la dirección del arma o incluso quitársela.”
—No… nadie quiso ayudarme -comentó-. Todos le tienen miedo.
—Exacto. Solo hay dos opciones en cómo tratar con la señorita Tanya -El dedo índice de Noah se deslizó lentamente hacia el gatillo-. La primera es el miedo: todos saben que puede hacerlos desaparecer si ella quiere, pero es misericordiosa y los deja vivir. Y la segunda es el respeto. Si la respetas, ella te respetará también.
Aleph tragó con dificultad cuando el dedo de Noah se posó sobre el gatillo. Su mente corría, buscando una forma de escapar, al menos vivo. ¿Arrojarle una roca? ¿Tirarle tierra a los ojos? ¿Intentar desviar el arma? No, una bala ya estaría en su interior con un solo movimiento.
— ¿A dónde quieres llegar, anciano? -Su tono hostil hizo sonreír a Noah, pero esta sonrisa era maliciosa.
—Te propondré un trato -Aleph lo miró incrédulo-. Aseguro tu seguridad, como lo hago con el joven Emmet. Te ayudaré a ganarte el respeto de Tanya, lo que a la vez garantiza tu vida en este lugar, y también la de la señorita Amaris.
Las manos en alto de Aleph flaquearon un poco ante la oferta.
— ¿Qué? ¿Por qué lo harías? ¿Por qué ayudarías al enemigo? -La confusión y la incredulidad eran palpables en su tono de voz. Un sudor frío le corrió por la espalda y los laterales del rostro.
Noah, en cambio, se mantuvo firme en su posición, dejando claro quién era la presa y quién el cazador en ese momento. Lo había atrapado perfectamente en su trampa: un lugar vacío donde estarían solos, donde el sonido de los disparos era normal, al igual que la sangre. Podría deshacerse de él sin problema alguno.
“Es un anciano muy peligroso. Es Noah Mor, el guardián de los Malka.”
—Porque nos serás de ayuda para ella. Lo ha demostrado al ayudarnos a descubrir la identidad del asesino Jacob -Noah mantenía un agarre firme en su arma y la dirección de esta-. Quiero que trabajes para ella, como te lo había propuesto, pero esta vez sin intentar traicionarla de ninguna forma.
—Disculpa que te arruine el plan, pero ya aceptaste ese trato con ella, incluso me hizo firmar un contrato -le mencionó, algo irritado.
—Una cosa es que lo firmes, y la otra es que lo cumplas -La voz del anciano “buena onda” había desaparecido por completo; la hostilidad y la amenaza eran evidentes-. Ayúdala y ella te ayudará, respétala y ella te respetará. Así es como el joven Emmet la ha tratado y sigue con vida.
— ¿Y qué otros beneficios tiene para mí aceptar ese trato además de seguir prolongando mi vida en este lugar?
—La seguridad de la señorita Amaris. La señorita Tanya quita lo que más le importa a los demás. Y ella hará lo imposible, posible, para que sus objetivos no se vean afectados de ninguna forma. Y todos nos dimos cuenta de que Amaris es lo más valioso para ti…
Aleph lo pensó un poco. Sabía que su vida y la de Amaris eran consideradas por separado. Pero la sola idea de que Amaris resultara herida, o incluso sin vida por su culpa, sería algo que odiaría y, muy probablemente, se culparía el resto de su vida.
Pero tampoco podía darme cuenta del lujo de no aceptar, no cuando un arma muy mortal apuntaba justo a su frente. ¿O sí? Él tomó una decisión. Abrió la boca y dijo su respuesta. Noah frunció el ceño y jaló del gatillo. El sonido del disparo, de nuevo, asustó a muchas aves que salieron volando lejos del lugar.
Tanya
(Al mismo tiempo que el juego de caza)
Papeleo, archivos, defunciones, ferias, autopistas, turistas, gente del pueblo… Tanya estaba en su oficina, hundiéndose en documentos como en casi todos sus últimos años en la mansión. Su cuerpo trabajaba en modo automático: sellaba papeles, firmaba documentos y permisos, respondía cartas. Pero su mente estaba en otro lugar. Más bien, en tres personas. Habían pasado algunos días desde que se enteraron de la identidad de Jacob, pero no habían logrado encontrarlo. Los informes que recibía de todos los búhos no eran alentadores.
“Jacob… Jacob… Jacob. ¿Dónde te escondes?”
— ¡Oh, mi querida Tanya! -escuchó una voz suave y algo irritante provenir del pasillo fuera de su oficina.
“No, por favor… ahora no, estoy trabajando”
Amaris apareció por las puertas de su oficina, con una caja en sus manos. Se veía algo pesada, pero ella la sostenía sin problema.
— ¿Qué…?
—He venido a enseñarte algo maravilloso y que muy probablemente te encante -la interrumpió Amaris, dejando la caja sobre su escritorio sin importarle los papeles que había.
—No me interru- Tanya sintió un tic en su ceja por la ira que iba acumulando ante el descaro y la personalidad de Amaris.
— ¿Conoces a Madonna? -habló de nuevo, abriendo la caja e interrumpiéndola otra vez.
— ¿Quién…?
— ¿Ace of Base? -la interrumpió de nuevo-. ¿Michael Jackson? ¿Guns N’ Roses? ¿Tina Turner? ¡¿ABBA?! ¡Dime que al menos conoces a Queen! -preguntó Amaris, algo aterrada de que Tanya solo frunciera el ceño ante los nombres de cantantes y bandas que le mencionaba-. Rayos… vives bajo una piedra.
— ¿Y esos quiénes…?
—Perdóname por mi expresión. No vives bajo una piedra común, vives bajo una piedra de diamante. Una piedra de diamante puro -se corrigió a sí misma, sacando de la caja varios casetes con nombres de canciones y sus respectivos autores.
“Esta chiquilla sigue interrumpiéndome.”
Tanya sentía cómo un ojo le empezó a vibrar por momentos debido a la ira y ahora el estrés de las críticas de Amaris.
— ¿Puedo preguntar el porqué de tu visita en mi oficina? No sé si te diste cuenta, pero tengo trabajo que hacer -Tanya le ofreció la mejor de sus sonrisas falsas a Amaris.
— ¿Será que tampoco conoces a Prince? -se preguntó a sí misma Amaris, mientras leía el casete del cantante.
—Amaris… -murmuró Tanya, al borde de su paciencia.
—No la regañes -se escuchó una tercera voz. Tanya miró detrás de Amaris cómo Emmet entraba a su oficina con una grabadora en sus manos-. Solo quiere ayudarte a olvidarte del trabajo y yo la apoyo. Recuerda, Tanya: “El estrés nos puede herir, si no sabemos cómo partir, pero con calma, podemos resistir”.
—No es necesario y eso te lo acabas de inventar -se negó Tanya rápidamente, pero Emmet ya había colocado la grabadora encima de su mesa de trabajo.
— ¿O acaso le gusta la música clásica? -Amaris seguía eligiendo un casete de la caja de cartón.
“¿Acaso esto es lo que llaman Karma?”
—Elige una de tus preferidas, de seguro a Tanya le encantará también -le recomendó Emmet a Amaris mientras sonreía y rebuscaba con ánimo en la caja.
— ¿En serio esto es necesario? -Tanya se quejó en voz baja cuando Emmet se acercó a su lado.
—Te divertirás, Amaris sabe cómo animar a la gente -Emmet se acercó a ella y, sin previo aviso, le dio un beso en la frente a Tanya-. Trata de comprender un entorno más… juvenil que de un dictador.
—Me gusta mi entorno dictador -Tanya posó suavemente su mano en el área donde Emmet la había besado y sintió su estómago removerse un poco.
—Lo sé, pero te encantará más este entorno -Emmet acarició el dorso de la mano de Tanya por unos segundos-. Pero lo harás a solas con ella; yo me iré al laboratorio a seguir trabajando.
Emmet no le dio tiempo a Tanya para quejarse más. Se alejó de ella y caminó hacia la salida del lugar mientras Amaris corría animada a la grabadora, insertaba un casete y pulsaba un botón.
Una melodía compuesta de piano, saxofón, guitarra eléctrica, trompetas, bajos, sintetizador y más comenzó a sonar desde la grabadora. Amaris le subió el volumen para que la música resonara en la oficina.
“¿Qué demonios es esto?”
Amaris empezó a cantar al mismo tiempo que la vocalista de la canción. Se la sabía de memoria; claro, la entonación no era la misma, pero la cantaba con entusiasmo desbordante. Comenzó a mover su cuerpo al compás de la música alegre y llena de instrumentos.
— ¡Ven! -la invitó a bailar con ella, alzando una de sus manos. Pero era de esperar que Tanya no hiciera ni el intento de mover un dedo.
—Es muy ruidoso, al menos bájale un poco el volumen -le ordenó, tratando de mantener la paciencia entre tanto estruendo.
— ¡Entonces bájalo tú! -la desafió Amaris animada, mientras seguía moviéndose y subiendo aún más el volumen.
Tanya la miró, alzando una ceja, sin creer del todo que Amaris la desafiara. ¿Acaso no le tenía miedo? ¿Ya había perdido el miedo en tan poco tiempo? Tanya alzó una de sus manos para intentar atraer la grabadora hacia ella, pero Amaris se interpuso.
— ¡No con tu poder! ¡Hazlo manualmente! ¡¿O no puedes?! -La desafió aún más, provocando que el ego y el orgullo de Tanya la impulsaran a levantarse de su silla.
—Claro que puedo, no hace falta mi don para hacerlo -Caminó hacia la grabadora, pero Amaris la tomó de las manos y la jaló para bailar-. ¡¿Qué crees que haces?! ¡Suéltame! -exigió.
—¡Girls just wanna have fun! -comenzó a cantar de nuevo Amaris, jalando a Tanya de las manos para bailar sin una coreografía o pasos específicos.
— ¡Amaris, suéltame! -le ordenó Tanya de nuevo, tentada a usar su don para paralizarla, pero… no lo hizo.
Quedó sorprendida por la forma en que bailaba Amaris. No, más bien, por la forma en que ella se movía sin miedo ni restricciones, ignorando el poder que Tanya poseía y tratándola como a ella misma. Como lo que ella era: una chica. Tanya sintió un revoloteo de nuevo, pero no en su estómago, sino en su corazón. Algo dentro de ella se removió y, más bien, nació, listo para crecer. Veía moverse a Amaris libre, soltando el estrés y simplemente disfrutando de la música, disfrutando del momento, ignorando todo lo demás.
— ¡Vamos Tanya! ¡Baila conmigo! -Amaris siguió moviéndose, mientras Tanya parecía una estatua, solo moviendo las manos y los brazos por los jalones de Amaris.
Estaba fascinada; era algo nuevo para ella. Nadie más en ese lugar había hecho eso con ella. Nadie la había tomado de las manos y la había invitado a bailar, a moverse sin un control que seguir, sin reglas que obedecer. Solo moverse a su antojo y disfrutar de lo que hacía. Lo quería, ansiaba y envidiaba la libertad con la que Amaris podía moverse de esa forma libre frente a ella, que era la autoridad absoluta en ese momento.
— ¿No sabes cómo bailar? -le preguntó ella a Tanya, quien salió de su ensoñación-. ¡Oh, perdona! Me animé mucho porque era mi canción favorita. Ven, te enseño.
Tanya la miró y le prestó atención, como una invitación a ser algo que siempre deseó ser… ella misma. Amaris le dio consejos de cómo moverse, no le dio reglas, no le dio algo que seguir más que su corazón y cuerpo. Le dio consejos de cómo no moverse para evitar un golpe o un calambre y luego le soltó las manos para que lo hiciera ella sola. Tanya miró cómo Amaris levantaba sus brazos, alzaba sus piernas y movía su cadera mientras cantaba. Se veía tan…
“Libre…”
Tanya quería ser igual, no, Tanya quería también ser libre. Ansiaba saber lo que se siente al olvidar las malditas reglas y seguir su propia forma de ser y de pensar. Quería liberarse y ser ella misma. La música… ya no sonaba tan mal. La sonrisa y la voz de Amaris la animaron un poco, y movió levemente su mano para empezar a soltarse, a ser ella misma, hasta que…
—Señorita -se escuchó un golpe en la puerta-. La está buscando el joven Hagen.
Tanya entonces cayó en cuenta cuál era su papel en ese momento. Salió de su ensoñación, que se quebró en pedazos. Caminó hacia la grabadora y la apagó. La oficina quedó en silencio, solo se escuchaba la respiración agitada de Amaris ante el desconcierto de la visita.
— ¿Hagen? -preguntó Amaris, desconcertada, mirando a Tanya en busca de una respuesta.
—Es Jared -le confirmó Tanya a Amaris, y se miró en un espejo para ver su aspecto.
Tenía la ropa algo arrugada por los movimientos de brazos que hizo cuando Amaris la había invitado a bailar. Pero no esperó que Amaris se pusiera detrás de ella con rapidez y la ayudara a arreglar su vestimenta.
—Es tu pareja y quieres la mejor imagen de ti, ¿no? -le sonrió Amaris a través del espejo-. Te ayudaré.
—Yo… -Tanya no sabía cómo reaccionar. ¿La estaba ayudando? Jamás había conocido a una persona como ella.
— ¡Tanya! -se escuchó la voz de Jared al entrar en la oficina. Vestía de manera casual y algo fresca por la temporada de cambio de estación. Su cabello estaba despeinado por el aire, y llevaba un ramo de hortensias en sus manos-. ¡Oh! Y la prima de Tanya.
Él también saludó a Amaris sacudiendo levemente su mano, ya que Amaris salió del lugar para darles algo de privacidad. Esto también sorprendió a Tanya, pues Amaris lo hizo sin que ella le dijera nada. Jared se paró frente a Tanya, mirándola con ese brillo en sus ojos. Un brillo que podía ser de cualquier cosa.
—Te extrañé -Jared la abrazó, rodeando el cuerpo de Tanya con sus brazos. Tanya también lo abrazó de vuelta, sintiendo cómo la ansiedad dentro de ella se controlaba y casi desaparecía-. No importa si te vi ayer, o si te veré mañana, siempre te extrañaré.
—Yo también te extrañé -Tanya se sorprendió de sus propias palabras. ¿Las había pensado antes de decirlas? ¿O las dijo antes de pensarlas?
Jared se alejó de ella sin soltarla de sus brazos lo suficiente para verla. Tanya también lo observó con gran detalle: sus ojos, sus rasgos, los mechones de cabello que caían en su frente y a los lados de su rostro. El olor a hortensias, que ya le resultaba familiar. Por suerte, no tenía golpes esta vez.
—Te traje flores… de nuevo -Jared le extendió el ramo de hortensias-. Debería traer diferentes regalos -sonrió él, algo apenado por el regalo repetitivo.
—Cualquier cosa que me regales siempre será apreciada, Jared -la tranquilizó Tanya, tomando el ramo en sus manos.
Caminó hacia el quinto florero que tenía en su oficina. Los otros cuatro ya tenían más flores: lirios, orquídeas, rosas y tulipanes. En este florero puso las hortensias. Mientras arreglaba las flores, pudo sentir la intensa mirada de Jared. Pero podía sentir algo, no sabía qué era, pero había algo en Jared y quería saber qué era. Se dio la vuelta y lo miró, de pie, observándola en silencio.
— ¿Ha pasado algo? -le preguntó, acercándose a él-. Te noto… diferente.
Jared asomó una pequeña sonrisa en sus labios. Desvió la mirada por unos segundos para luego regresarla a ella cuando ya estuvo a centímetros de él.
—No puedo ocultarte nada -Una de sus manos se alzó para tomar la suya, su pulgar acariciando el dorso-. No comprendo cómo te das cuenta cuando algo me atormenta o no estoy tranquilo.
—Tal vez se deba a que tenemos una conexión especial -respondió ella en voz baja, observando esos ojos que la calmaban. Él ablandó la mirada y se relajó un poco con sus palabras.
—Solo con mirarte, siento que mi corazón late más fuerte, Tanya, como si cada segundo a tu lado fuera un universo hecho solo para mí -Jared apretó un poco su mano contra la de ella-. No puedo evitar enamorarme más y más de ti, cada vez que escucho tu voz, cada vez que tu belleza me conquista una vez más… Eres la razón por la que mi alma se llena de fuego y esperanza, y sé que contigo, mi mundo es completo. -Jared acercó su rostro al de ella y, con una cariñosa sonrisa, besó su frente, justo donde Emmet la había besado antes.
“¿Ahora por qué viene él en mi cabeza cuando estoy con Jared?”
Ella sabía muy bien que su relación con Emmet había cambiado, dejando de ser profesional para convertirse en algo desconocido y sin etiqueta. O más bien, no quería etiquetarlo por lo que era porque ya tenía a Jared.
“No te puedes enamorar dos veces de diferentes personas. Nunca termina bien”.
—Tú sabes lo mucho que significas para mí, Jared -Ella habló con su corazón, pero la imagen de otra persona se estaba colando en su mente. Jared sonrió, acariciando suavemente su nariz contra la mejilla izquierda de Tanya.
“Pero no puedo negar que a veces mi corazón se divide. No quiero lastimarte, solo quiero ser honesta y decirte que, aunque te amo, mi corazón no es solo tuyo.”
Las manos de Jared, de un momento a otro, estaban en la espalda de Tanya, explorando sus costados y la cintura baja. Ella sintió una corriente eléctrica recorrer su cuerpo, incluso su cabello. Pero no era la única afectada; podía ver algo en Jared, sentimientos ocultos, pero ¿sobre qué? Parecía luchar contra algo.
—No me has dicho qué es lo que pasa por tu mente que te tiene intranquilo -le recordó Tanya mientras lo miraba. Jared tomó esta mirada como una de preocupación, pero ella en realidad le dio una mirada analítica, estudiando y comparando sus rasgos faciales con sus emociones.
Jared vaciló unos segundos en contarle algo, tal vez la verdad o una mentira. Su rostro delataba un conflicto interno, pero no emitió sonido alguno. Tanya decidió aplicar algo de presión. Sus manos fueron al rostro de Jared, ahuecando cada mejilla en su mano. Sus pulgares lo acariciaban suavemente como si fuera algo delicado y preciado.
La guardia de Jared bajó y, con un suspiro resignado, cerró lentamente los ojos y confesó lo que ocultaba.
—Estoy pensando en mudarme -confesó Jared, una declaración que Tanya, en cierta manera, también la tomó con la guardia baja.
“¿Mudarse?”
— ¿Te vas a mudar? –“No te vayas”-. ¿A dónde? ¿Por qué? -Las palabras de Tanya lograron que Jared abriera los ojos, y un brillo desconocido tomó desprevenida a Tanya.
—Las peleas con mi padre siguen -Tanya sintió estallar algo en su mente, en sus emociones y, sobre todo, en su mente-. A este paso, si sigo con él, las cosas terminarán mal.
“¿Las peleas con su padre siguen? ¿Él se irá… del pueblo?”
— ¿Te irás del pueblo? -Tanya soltó las mejillas de Jared. Quería dar un paso atrás, pero los brazos de Jared la retuvieron, pegándola a él sin poder soltarse a menos que usara la fuerza-. Jared… no lo hagas, no puedes dejarme -la voz de Tanya flaqueó un poco, algo inesperado hasta para ella misma.
“¡¿Piensa abandonarme?! ¡¿Así como si nada?! … ¡¡Soy su pareja!!”
—No, no pienso dejarte. Eso jamás -explicó rápidamente, su tono de voz era serio-. Quería pedirte que vinieras conmigo, múdate conmigo, vivamos juntos lejos de Hidetown.
Ella se quedó sin palabras, sin saber cómo responder a esa petición. Si iba con él… abandonaría todo por lo que había trabajado. Dejaría atrás a Noah, a Emmet, su casa, el pueblo. Lo abandonaría todo para irse con él.
— ¿Que me mude contigo? Jared, ¿si sabes cuál es mi papel en este lugar? -Tanya ubicó sus manos en el pecho de Jared para alejarlo, eligiendo el camino de la fuerza, pero él la retuvo, aplicando más presión en sus brazos sin soltarla-. ¡¿Sí sabes lo que me estás pidiendo?!
—Sé lo que estás pensando -su tono de voz era inquieto, su lenguaje corporal delataba pánico, pero la mirada en sus ojos mostraba una lucha interna-. Créeme, intenté buscar más caminos, pero este no es un lugar adecuado para vivir. Violencia familiar, asesinatos… No es un lugar para vivir.
Tanya intentó alejarse de Jared; necesitaba su espacio, aire. Tenía que pensar con la cabeza fría, o si llegaba a enojarse, podría agrietar algo y exponerse frente a Jared. Pero sus palabras le estaban causando un desorden emocional.
— ¡Joder, Jared! ¡No puedo simplemente abandonar todo y huir contigo! —Tanya sintió que no estaba hablando de algo tranquilo, sino de algo mucho más… grave.
— ¡No estamos huyendo de nada! ¡Solo estamos buscando mejores opciones para vivir juntos! -Jared, en algún momento, aprisionó a Tanya contra una de las muchas estanterías de su oficina, y por primera vez en años, ella se sintió sin escapatoria, aprisionada, bajo control-. Te elegí a ti antes que a mi familia… Te juré que jamás te abandonaría, Tanya. Por eso te ruego que vengas conmigo… Me llevaré a Denia también, no la dejaré en ese lugar de violencia e hipocresía.
—Jared, lo que dices no tiene sentido -Ella intentó alejarlo una segunda vez, aplicando más fuerza. Las manos de Jared tomaron las muñecas de Tanya y las aprisionaron contra la estantería, y acercó su rostro al de ella.
—Lo tiene, te juro que sí lo tiene. No te miento ni invento nada, Tanya. Te quiero en mi vida, pero temo que te pase algo en este lugar. Asesinaron a mi prima… ¿Qué me asegura que no te pueda pasar algo a ti siendo la alcaldesa de Hidetown? -Tanya se fijó en las manos de Jared sobre sus muñecas; una sensación extraña se apoderó de ella.
“Tiene razón… nada asegura que viviré muchos años… Hay tres asesinos detrás de mí…”
Tanya se quedó en silencio, procesando todo. La ama, no la dejaría. Le estaba rogando que se fuera con él. Que dejaran todo atrás y huyeran los dos. Su propuesta era grave, muy grave. No solo dejaría un pueblo a su suerte, sino que abandonaría el narcotráfico. Sin importar si huía o se escondía… la terminarían encontrando. Tanto los del narcotráfico como Johan…
—Ven conmigo, Tanya -Jared tenía un agarre firme pero suave en sus muñecas. Su cercanía y la posición en la que estaban dejaban en claro quién dominaba en ese momento; su pedido sonó más a una orden.
— ¿Hay algo más detrás de esto? -Jared parpadeó un poco ante su pregunta-. Quiero saber qué y cuán grave es este asunto para que me pidas huir contigo y dejar todo esto atrás.
Él se lo pensó mucho… Luchó contra su conciencia, su lógica. Pero la miró de nuevo a los ojos, y no sabía qué expresión tenía ella en ese momento, pero fue suficiente para que Jared se abriera a ella.
—Encontré una nota de amenaza hacia mi vida… -reveló Jared, y Tanya se quedó congelada.
“¿Una nota de amenaza? ¿Están detrás de él? ¿Quién?”
— ¿Una nota de amenaza? ¡¿Jared, en qué rayos te metiste?! -Tanya empezó a aclarar su mente, pero ahora se sentía asustada. Podía perderlo en cualquier momento. Pero él negó con la cabeza.
—Mis padres… se toparon con gente peligrosa, Tanya; mi vida y la de Denia corren peligro ahora -Jared presionó su cuerpo contra el de ella-. Esa es la razón por la que empezaron las peleas con mis padres… Si esas personas descubren que estoy contigo… te pueden hacer daño y no quiero saber qué más cosas pueden hacerte por culpa de mis padres…
“¿Personas peligrosas? Yo soy una persona peligrosa… Si esas personas te hacen daño a ti… no vivirán para contarlo. No huirás… no huiremos…”
—No vamos a huir -explicó Tanya, y Jared abrió los ojos de par en par ante sus palabras-. Jared, ¿con quién crees que estás hablando? Soy Tanya Malka, alcaldesa de Hidetown. Quien se meta contigo, se meterá conmigo.
—Tanya, no sabes lo que dices -Jared suspiró, algo angustiado por sus palabras-. Esto no es como agrandar el pueblo o algo parecido, es serio; nos podrían llegar a buscar.
—Jared, tú no tienes ni idea de con quién estás hablando -dijo Tanya, con una sonrisa firme y llena de determinación-. Jamás permitiré que te hagan daño a ti o a mí. Tengo el control de la situación y sé exactamente cómo defenderme. No dejaré que esas personas nos acorralen ni nos dobleguen. Si fuera necesario, incluso daría mi vida por protegerte a ti y a este pueblo. No vamos a dejar que el miedo nos venza -Ella tomó algo de aire-. Ven a vivir conmigo aquí en la mansión. Estaremos juntos y seguros los dos… y enfrentaremos lo que nos espera.
Jared sintió un nudo en el pecho al escuchar la fuerza en la voz de Tanya, esa seguridad que parecía inquebrantable. Sus ojos se humedecieron un momento, pero después se llenaron de una intensidad amorosa y de deseo profundo, con una mezcla de confianza y preocupación.
—Tanya, tú eres mi fuerza -susurró, con voz temblorosa pero decidida-. Confío en ti con todo mi corazón. Pero también me preocupa, mucho. No quiero que te pongas en peligro… Solo… solo necesito que sepas que confío en que harás lo que sea necesario para mantenernos a salvo. Y que, si hay que luchar, estaré a tu lado, con todo mi amor y mi vida si hace falta. Tú eres mi todo, y no dejaré que nada ni nadie nos destruya -aseguró Jared, apretando un poco su agarre en las muñecas de Tanya.
Las mejillas de Tanya se encendieron, su estómago cosquilleó por las palabras de Jared.
—Jared-
—No digas nada -la interrumpió. En un movimiento ágil, Jared juntó las muñecas de Tanya y las inmovilizó arriba de la cabeza de ella con una sola mano. Ahora, con su mano libre, acarició dulcemente la mejilla de Tanya. Una mezcla letal y seductora-. Solo déjame transmitir mis sentimientos a ti, en todas las formas posibles y permitidas.
La posición en la que se encontraba Tanya le recordó la noche de Navidad, en aquella casa del terror donde se besaron y acariciaron en medio de la oscuridad. Algo de adrenalina se apoderó de ella cuando Jared empezó a acortar la distancia entre ellos dos. Pero el sentimiento de preocupación persistía en su mente por la confesión que le hizo Jared: alguien le mandó una nota de amenaza. ¿Quién? ¿Quién se atrevió a tal declaración de guerra con ella? Era imperdonable, demasiado imperdonable.
“No dejaré que nos separen ni te asusten; no saben de lo que soy capaz por ti.”
Sus labios se encontraron, ambos cerrando los ojos. Una mezcla de dulzura, cariño y deseo inició aquel beso. Pero en tan solo milisegundos, la intensidad estalló junto con nuevas emociones para Tanya. Era un beso diferente, una nueva sensación para su cuerpo y mente, algo que disfrutó y que a la vez le causó curiosidad. Jared, quien hasta ahora solo le había mostrado esa intensidad en sus momentos íntimos, ¿podía tener algo más oculto? ¿Algo más que lograra llevar a Tanya a nuevas sensaciones para conocer y explorar?
Jared dominaba el beso, manteniendo un ritmo intenso pero lento. Dejaba claros sus sentimientos, y lo hacía con lentitud a propósito para que las sensaciones fueran más duraderas. Tanya se sintió sumisa ante aquella dominación, entregada a esas nuevas sensaciones no tan desconocidas, pero sí a otro nivel. Jared inclinó hacia arriba el rostro de Tanya con ayuda de su mano en la mejilla de ella para tener un ángulo más accesible a su boca. Esto no le molestó, pero abrió los ojos con sorpresa cuando sintió la lengua de Jared rozar sus labios. Jared abrió los ojos lentamente para ver los de ella. Una mirada feroz y… hambrienta dejó en claro que estaba luchando contra su autocontrol. Ella sintió que si le daba acceso a ese paso, sería difícil parar. Aunque Jared no pidió permiso; introdujo su lengua en la boca de Tanya, explorando su sabor y memorizándolo para nunca olvidarlo. Esto tomó por sorpresa a Tanya; el atrevimiento de Jared la hizo jadear, cerrando los ojos y convirtiendo sus manos en puños, luchando contra el sentimiento que la abrumaba: placer.
La sensación era placentera. Hechizante. Abrumadora. Le encantaba ese lado atrevido y dominante de Jared. Ella siempre era de tener el control en todo, de dominar cada situación, pero no estaba haciendo nada, más bien, dejaba que él tomara el control. Algo que era lo contrario a lo que siempre estaba acostumbrada. Su lengua se encontró con la de él; el roce hizo que su vientre bajo ardiera. Jared, en respuesta, soltó un leve gruñido, un sonido que Tanya grabó en sus memorias. Sus lenguas tuvieron una pequeña danza, sus alientos encontrándose. Pero no duró mucho, ya que ella sintió cómo Jared elegía el autocontrol antes que el descontrol. Pero antes de que el beso terminara, ella sintió cómo Jared deslizó sus dientes sobre su labio inferior, atrapándolo en una mordida y aplicando la fuerza necesaria para lastimar un poco el labio y dejarle una herida o, más bien, una marca.
El beso terminó. Jared mantuvo la distancia corta, ambos tratando de recuperar algo de aire. Pero cuando Tanya observó la mirada de Jared, no pudieron evitar repetir el beso por segunda vez. La mano de Jared que ahuecaba la mejilla de Tanya encontró el camino a su cabello y tomó un puñado de este para empezar el segundo beso.
…
Después de unos momentos, Jared abandonó la mansión después de dejarle claro a Tanya que aceptaba su plan de ir a la mansión, pero que le tomaría tiempo para que sus padres no supieran nada y para convencer a Denia de dejar la casa. Además, le dejó la marca en su labio inferior que permanecería allí por días. Ahora, Tanya estaba en su habitación, con ayuda de una empleada, arreglando su cabello que había sido desordenado por Jared. Miró a través del espejo cómo la empleada la ayudaba a recoger su cabello con un listón que combinaba con su ropa, algo que agradeció.
—Ya está listo, mi señorita. ¿Desea algo más? -le preguntó amablemente la jovencita detrás de ella.
—Una taza de té -le pidió Tanya, respirando hondo-. Iré a la cocina, así que iré contigo.
La empleada asintió con la cabeza, y ambas salieron de la habitación, caminando por los pasillos de la mansión hacia la cocina.
— ¿Qué tanto hablaste con tu noviecito? -Esa voz, con ese tono molesto, le hizo saber quién era.
—Adelántate a la cocina -le ordenó Tanya a la empleada mientras se detenía en medio del pasillo. La empleada acató la orden y llegó al final de este, donde Emmet se encontraba de pie, con los brazos cruzados y una mirada de pocos amigos.
Ambos solos en el pasillo. Sin decir una sola palabra. Emmet sabía que Tanya no caminaría hacia él ni le daría una respuesta. Pero Tanya también sabía que Emmet no la dejaría en paz sin una. Emmet se encontraba molesto, mirando con detalle la ropa arrugada de ella, su nuevo peinado y, sobre todo, la marca en su labio inferior.
—Veo que no me invitaron -su tono bromista no estaba; era más bien un reclamo sarcástico.
— ¿Ahora tengo que invitarte a los momentos que comparto con Jared? -Emmet se alejó de la pared y caminó hacia ella, quien permaneció inmóvil en medio del pasillo.
La molestia de Emmet era palpable, incluso visible a simple vista. Ahora, frente a Tanya.
—Claro, ya que estás con ambos al mismo tiempo -Tanya frunció el ceño ante las palabras de Emmet.
—No estoy con los dos -aclaró ella, aunque supo que, en cierta parte, era verdad.
— ¿Ah, no? ¿Y los besos que nos damos y las veces que duermo en tu habitación son solo caridad? -Emmet dibujó una sonrisa maliciosa, intentando provocarla.
—Eso lo haces porque tú decides hacerlo, eres libre de dejar de hacerlo -Emmet tensó su mandíbula ante las palabras de ella; su sonrisa se borró de golpe. Tanya supo que había sido dura con sus palabras, ya que también se lastimó a sí misma al decirlas.
—Pero tú también eres libre de alejarme y no lo haces -Tanya se quedó callada, sin tener cómo responder, ya que era verdad-. Y tengo muy en claro que odias el contacto físico… pero haces excepciones con tu noviecito y conmigo.
—Eso…
—Te haré una pregunta y quiero que la respondas con honestidad, Tanya -Emmet la interrumpió, y dio un respiro, tratando de pensar bien sus palabras-. ¿Jared no sabe nada sobre lo que haces conmigo?
—No -Su respuesta fue rápida y directa.
— ¿Y por qué no se lo has dicho? -Emmet ahora dio un paso más cerca de ella, pero no retrocedió.
—No debo por qué responder eso -Emmet alzó una de sus manos y, con su dedo índice, negó frente al rostro de Tanya, logrando molestarla.
—Tienes que responder, porque tú besas y abrazas a dos hombres diferentes cuando ya estás en una relación con uno de ellos -Emmet esbozó una sonrisa de satisfacción-. Eso es lo que muchos llaman infidelidad.
—No es infidelidad si no hay sentimientos de por medio -corrigió Tanya a Emmet, quien frunció el cejas con confusión y aún más molestia.
— ¿Si no hay sentimientos de por medio? ¿Y qué es lo que sientes por mí? ¿O por ese idiota?
Tanya iba a contestar. Abrió la boca, pero… no supo qué responder. ¿Qué sentía por él y por Jared? ¿Qué sentía por los dos? Ella no lo sabía. Había emociones y sentimientos de confusión entrelazados con sus pensamientos. ¿O los estaba confundiendo con los beneficios que le traía tener a los dos? Jared la hacía estar en calma, y Emmet… ¿Qué le hacía sentir Emmet?
Ella abrió los ojos de par en par cuando se hizo esta pregunta.
— ¿Qué hacen en medio del pasillo? -La voz de Noah resonó en el pasillo. Ambos voltearon a verlo junto con Aleph a su lado.
Aleph
(Momentos antes)
No mentiría, oír el sonido del disparo lo hizo entrar un poco en pánico. Pero cuando no recibió ningún impacto de bala, logró evitar que su alma abandonara su cuerpo. La bala había pasado justo por su costado izquierdo, y segundos después escuchó algo caer detrás de él. Giró un poco su rostro para ver qué había caído a sus espaldas. Era otro ciervo. Pero este no era como el que él había cazado antes: era normal, pequeño, débil y sin nada de riesgo.
—Logramos cazar a una pareja de venados, joven Aleph -Noah pasó a su lado como si no lo hubiera apuntado con su arma, que ahora colgaba de su brazo-. Pero me sorprende que no haya notado que este ciervo nos empezó a seguir después de que usted haya cazado a la probable pareja de este ciervo.
Aleph se tomó unos segundos en procesar todo. No le había disparado, lo puso a prueba, pero ¿había pasado la prueba?
“Supongo que sí, por algo sigo vivo.”
—Bueno… no es fácil prestar atención a algunas cosas cuando un arma podría apuntarte en cualquier momento -él observó cómo Noah ataba las patas del ciervo como si nada.
—Eso sí no puedo contradecírselo -rió bajo Noah-. Pero ya que hemos cazado dos ciervos, es más que suficiente para un festín en la cena -Noah tomó uno de los lazos donde había atado su presa y miró con ese rostro amable a Aleph-. ¿Nos retiramos?
Aleph parpadeó, incrédulo de ver a un casi anciano jalar a un ciervo como si nada, como si de una manta se tratara. Él tomó un lazo de su presa que aún seguía en el suelo, luego tomó su arma y caminó detrás de Noah.
— ¡Me ha engañado! -le reclamó a Noa-. ¡Pensé que eras un viejo que no podía hacer mucho!
Noah se puso un silbar de felicidad. Y luego volteó su rostro para verlo por encima de su hombro.
—Joven Aleph, “jamás juzgue a un animal por su apariencia” -Aleph alzó una ceja por su refrán mal dicho.
—Es “nunca juzgues a un libro por su portada” -lo corrigió, estando ya a su lado-. Y sí, admito que lo juzgué por su apariencia, pero sus acciones pasadas también me habían dejado claro que no puedes hacer mucho esfuerzo.
Noah rió bajo por el rostro molesto de Aleph.
—Se le llama actuando, joven, y mi refrán está bien dicho. Mire a nuestras presas -Noah se detuvo unos momentos, al igual que Aleph, y voltearon a ver a sus presas-. Su presa, joven, por más fuerte y peligroso que se viera, nunca se percató de nosotros. En cambio, mi presa, luciendo débil y fácil de derrotar, nos siguió en sigilo, y cuando lo puse a prueba a usted, el venado se acercó detrás de usted para atacar.
Aleph alzó sus cejas, sorprendido por la confesión de Noah. Miró a la presa de Noah.
“¿Esa cosa debilucha iba a atacarme?”
— ¿Me salvó? -Aleph volvió su mirada incrédula a Noah, y este caminando.
—Por así decirlo. Yo ya tenía a la vista a mi presa y aproveché para sacar algo de información y ponerlo a prueba -Aleph apretó sus dientes, conteniendo la ira-. Vamos, no se moleste, joven, lo he salvado del ataque de un venado.
—Me engañó dos veces -Aleph apretó el lazo en sus manos, no molestar con Noah, sino consigo mismo por no haber pensado o notado algo.
—Solo una vez, lo admito -declaró Noah-. Mi trato con usted era verdadero. Y como aceptó, es mi deber cuidarlos y priorizar tanto su vida como la de la joven Amaris a cambio de sus servicios a la señorita Tanya.
Aleph negó con la cabeza. Tragó duro, aún recordando cómo cuando escuchó el disparo había pensado por unos segundos que todo había terminado.
—Deje de torturarse y vayamos a la mansión. Pero recuerda -Noah usó su tono amenazante de nuevo-. Si noto alguna acción sospechosa en usted o la joven Amaris, el trato se acaba -Aleph lo miró colérico.
—Y lo mismo va para usted. Si rompe su trato y Amaris llega a salir herida, no me quedará de brazos cruzados.
—Una respuesta aceptable -Noah empezó a caminar junto con él hacia la mansión.
“Espero que acepte su ayuda haya sido la mejor decisión.”
Ambos llegaron a la mansión, dejaron sus presas en la cocina con ayuda de más empleados. Y en su camino a las habitaciones se toparon con Emmet y el diablo. Escuchándolos discutir algún tema.
— ¿Qué hacen en medio del pasillo? -la voz de Noah resonó en el pasillo, y observó cómo los otros dos voltearon a verlos.
Pero Aleph se congeló cuando se fijó en un detalle en especial que estaba en Tanya.
“Demonios… No, no, no, no, no, no puede ser”.
Aleph caminó rápidamente hacia aquellos dos. Noah, notando este sospechoso, caminó detrás de él.
“Tengo que quitárselo antes de que ella lo vea.”
—Veo que ya estamos todos reunidos -La voz de su amada Amaris resonó detrás de él, y si en el juego de caza él no dejó que su alma lo abandonara, lo hizo ahora.
Y como si en cámara lenta fuera, él se dio la vuelta, dejando caer su arma al suelo sin importarle el costo de esta, y corrió hacia ella para tratar de evitar que lo viera. Pero fue tarde. Observó cómo el rostro de su amada, de ser uno tranquilo, pasaba al terror y miedo en unos segundos. Y luego el grito de terror absoluto de Amaris resonó por todo el lugar, tomando por sorpresa a todos y dejando a un Aleph desesperado por calmarla.
Tanya
“¿Cómo es que sucede todo esto en un día? Primero Jared me da una confesión inesperada, luego Emmet me hace dudar de muchas cosas y ahora esto…”
Amaris llegó al pasillo y la vio, para luego soltar un grito de puro terror. ¿Acaso ahora estaba usando una estrategia para llamar la atención de Tanya y desviarla de algo más importante? ¿O acaso ella también tenía algo mental? ¿Víctor podría encargarse de eso?
Amaris gritaba como si algo estuviera frente a ella, siendo la única que podía verlo. Tanya se puso alerta pensando que podía ser una emboscada. Noah también pensó lo mismo, tomando su arma de caza y apuntando a todas las direcciones posibles. Emmet, quien también fue tomado por sorpresa por todo esto, sacó su arma y apuntó por los pasillos, esperando ver al enemigo que alteró a su amiga. También se acercó a Tanya y se puso detrás de ella para cuidarla y evitar que, si esto era un ataque, él recibió un disparo y no ella.
Algunos empleados cercanos llegaron corriendo al lugar y esperaron ser de ayuda en algo, pero lo único que vieron fue a Amaris tener un casi colapso mental, si no es que ya lo tenía, ya los demás ver los alrededores con rapidez suma, apuntando con sus armas.
— ¡Necesito que cuiden las entradas principales del pueblo y pongan a todos a salvo! ¡Alerta al Sheriff! ¡Avisen a los Búhos que estén alerta y vigilen el perímetro! -ordenó Tanya a los empleados-. ¡Todos ustedes salgan de aquí y ocúltense en un lugar seguro!
— ¡Pero señorita! ¡¿Y ustedes?! -preguntó una de las empleadas preocupada, mirando por todos lados.
— ¡Largo! -ordenó Tanya firme y la empleada dudó en irse.
— ¡Señorita Tanya, ocúltese! -pidió Noah, caminando hacia ella en pasos rápidos. Amaris seguía gritando y señalando a Tanya-. ¡Emmet, cuídala! -ordenó Noah y Emmet avanzando rápidamente-. ¡Avisen a todos ahora! -gritó Noah a los empleados que esperaban a Tanya ya los demás para irse con ellos.
—Vámonos, Tanya -Emmet la tomó de su brazo, comenzando a jalarla hacia el final del pasillo.
— ¡Amaris, él no está! ¡Estoy yo! ¡Solo yo! -Aleph gritaba y repetía estas frases una y otra vez mientras abrazaba a Amaris y trataba de calmarla, pero ella solo podía observar a Tanya, espantada.
—Espera -Tanya detuvo su paso y, junto a ella, Emmet y Noah también se detuvieron, y los empleados ante sus palabras-. No hay peligro.
— ¡NO! ¡LARGO! ¡NO LO HARÁ DE NUEVO! ¡NO DE NUEVO! -Los gritos desesperados de Amaris resonaron de nuevo, logrando que los cristales de las ventanas temblaran por segundos. Aleph, al ver el estado de su amada en sus brazos, miró a Tanya.
— ¡Quítate ese puto lazo de la cabeza! ¡AHORA! –Exigió Aleph a Tanya, pero esto solo la dejó más confundida.
“¿El lazo de mi cabeza? ¿Qué lazo?”
Tanya se llevó una de sus manos a su cabeza en busca de un lazo, y encontró el lazo que formaba un moño en su peinado. Los demás se calmaron un poco al darse cuenta de que no era un ataque sorpresa y que era otra cosa, lo cual no los dejó relajarse demasiado. Amaris, entre sus gritos, empezó a soltar lágrimas. Miraba su cuerpo como si tuviera algo y luego empezó a tratar de arrancarse la ropa a rasguños y jalones, hiriéndose a sí misma. Pero Aleph la detuvo, tomándola de las muñecas, deteniéndola, pero sus gritos seguían al igual que sus lágrimas.
— ¿Este lazo? -preguntó atónita Tanya, tomando el lazo en su mano pero sin quitárselo.
“¿Todo esto, era por ese lazo en mi peinado?”
— ¡EMMET! -El grito de Aleph sonó más a una súplica, buscando ayuda de su amigo.
“Sí, lo es, mierda.”
Emmet tomó en su mano el moño del cabello de Tanya, deshaciéndolo y volviéndolo al lazo que era, mientras ella alzaba su mano para abrir la ventana. Logró abrirla con su don, pero la abrió con tanta fuerza que destrozó los cristales. Estos salieron volando hacia fuera junto con el lazo que Emmet lanzó con rapidez. El lazo, gracias al aire y su peso, fue cayendo lentamente en picada hasta perderse en la naturaleza que rodeaba la mansión.
—Ya, Amaris, no hay nada. Mírala bien -pidió con voz suave Aleph, aún reteniendo a Amaris, quien respiraba alterada y sus mejillas estaban mojadas por sus lágrimas.
El aire entró por la ventana, moviendo el cabello largo de Tanya. Emmet miró a sus amigos deseando que estuvieran bien. Noah y los demás miraron la escena preocupada. Pero era seguro que todos se hacían la misma pregunta: ¿Por qué reaccionó de esa manera?
—Llamen a Víctor -ordenó Tanya sin mirar a nadie; su vista estaba fija en Amaris, quien ahora estaba más calmada en los brazos de su pareja.
Noah miró a uno de los empleados y movió su cabeza, y un empleado acató la orden de llamar a Víctor. Era más que claro que Amaris lo necesitaba.
“Bueno… este día sí que fue de emociones fuertes.”
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