Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 35
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Capítulo 35: O Es Gris O Es de Color
“En la dualidad del día, el gris y el color se entrelazan, creando una paleta de emociones a veces contradictorias”
–Libe Gloze
Tanya
El silencio dominaba la enfermería de la mansión. Víctor estaba curando las cortadas que se había hecho. Emmet por lanzar el lazo por una ventana con cristales rotos. Noah se aseguraba de cuidar a Tanya, quien estaba de pie, mirando atenta cómo la mano de Emmet era vendada hasta la mitad de su muñeca. Aleph y Amaris no estaban presentes. Después de todo ese extraño y alterante momento, Aleph cargó en sus brazos a su amada Amaris y se fueron del pasillo sin decir palabra alguna. Tanya comprendió que necesitaba tiempo para que Amaris recuperara la cordura, pero ni siquiera dejaron que Víctor la viera. No habían salido de la habitación de Aleph, donde estaban encerrados los dos.
—Listo, evita mojarlo y cambia las vendas por unas nuevas por tres noches -Víctor dio sus instrucciones a Emmet.
—Gracias, Víctor -Le agradeció Tanya, levantando su mano y pellizcándose el puente de la nariz, ya que apareció el cosquilleo familiar de la sangre queriendo salir por su nariz.
“Ahora no, por favor.”
—No hay de qué, es mi trabajo -Víctor guardó todo en su maletín y luego miró a Tanya preocupada, para después mirar a Noah-. Ella está bajo estrés crónico, no debe estar expuesta a más estrés.
—Créeme que se lo recuerdo cada vez que puedo -respondió Noah, monótono, cansado de que le recordaran algo que siempre tiene en mente.
—Entonces se lo repetiré yo -Víctor se levantó de su asiento y se puso frente a Tanya; Tuvo que mirar un poco hacia abajo para verla a los ojos-. No esté bajo situaciones que le ocasionen mucho estrés, puede tener peores complicaciones en un futuro.
—Sabes que es imposible, el estrés es mi día a día -Tanya se cruzó de brazos.
—Entonces evite: el pueblo, su otro trabajo y algunas cosas personales. Deje todo eso de lado y concéntrese en bajar sus niveles de estrés -Víctor sacó una pequeña nota de su bata blanca y se la ofreció a Tanya, quien la tomó de mala gana-. Son instrucciones y actividades estrictas que deben seguir al menos por dos semanas cada mes.
—Son vacaciones obligatorias -parafraseó Emmet, mirando a Víctor-. Si es así, yo también quiero unas.
—Tú puedes seguir trabajando en cosas leves, tu mano tiene cortes nada graves, pero tu brazo está bien -Víctor miró de reojo a Emmet, pero luego regresó su atención a Tanya-. Dos semanas cada mes, es obligatorio.
Dicho esto, él se retiró y Noah lo acompañó a la salida, dejando sola a Tanya junto con Emmet en la enfermería. Ella soltó un suspiro y guardó la nota en uno de los bolsillos de su ropa, y luego miró la venda de Emmet.
— ¿Te duelo? -Su pregunta salió antes de que pudiera pensarla, un impulso.
—Ya oíste a Víctor, sí puedo trabajar así que no te preocupes por los próximos pedidos -le respondió él, observando su mano vendada, apretando y cerrando los dedos para hacer una prueba rápida sobre su capacidad de fuerza y sistema motor en su mano.
—Yo no… -Ella cerró la boca rápidamente cuando Emmet la volteó a ver con los ojos abiertos y una sonrisa genuina en su rostro.
— ¿Te preocupas por mí? -su voz sonaba más alegre de lo normal.
“¿Ya se le olvidó el ardor de su mano?”
—Hablando de preocupar… ¿Qué pasó hace unos momentos? -ella lo miró a los ojos, cambiando de tema, tratando de buscar alguna respuesta, pero grande fue su sorpresa cuando no encontró más que confusión e intriga.
—No lo sé -le respondió cortante; Estaba molesta, pero no con ella-. No sabía sobre los ataques de pánico de Amaris… y por lo que vi y escuché, son muy graves.
— ¿Aleph no te contó nada? -La incredulidad de Tanya se anotó en su tono de voz.
“Si tan amigos son, casi como hermanos, ¿por qué se ocultan cosas entre ellos mismos? ¿No hay confianza? ¿Hay problemas entre ellos?”
—No, pero supongo que Amaris le pidió no contar nada -Emmet pasó su mano sana por su rostro-. Pero aún así es molesto que no me dijeran nada, ni siquiera algo para evitar sus detonantes…
—Supongo que tienen sus razones -Tanya se cruzó de brazos por debajo de su pecho. Esa pequeña brecha en la confianza entre ellos le aseguró una cosa: si Aleph tratara de traicionarla, podía tomar a Amaris como una medida final si las cosas se ponían feas.
“Espero que nunca suceda.”
— ¿Por qué estás preocupada por ellos? Sigue preocupándote por mí, yo fui quien salió herido -Una pequeña sonrisa juguetona asomó en el rostro de Emmet, una sonrisa que Tanya sabía muy bien que sería difícil de quitar de ese rostro-. Aunque me sorprende un poco que estés preocupada por mí en algo que no tenga que ver con el trabajo.
—Te cortaste cerca de una vena por lanzar mi lazo por esa ventana, es normal que me preocupe, no soy tan monstruo como otros creen -Ella caminó hacia un escritorio de la enfermería, abrió un cajón donde varios utensilios y medicinas estaban guardados, y con tranquilidad empezó a sacar vendas de este cajón-. Debes seguir las instrucciones de Víctor; esa herida no debe tocar tu vena o de lo contrario todo va a empeorar.
Cuando Tanya sacó las vendas y cerró el cajón, no tardó en darse cuenta de que la presencia de Emmet estaba detrás de ella. Eso, y porque la había atrapado entre su cuerpo y el escritorio, posando sus dos brazos a los lados de ella, tomando el borde del mueble. Ella intentó ignorar este hecho y tomó una canasta que estaba a un lado y empezó a guardar las vendas en esta.
—Y si me hubiera lastimado la vena… ¿estarías más preocupada? -Su voz salió algo baja, pero el aliento de él rozó su oreja derecha. Ella presionó la mandíbula para evitar reaccionar como ya lo había hecho su cuerpo antes.
—Emmet -Ella tomó la cesta en sus manos, quería dar por terminada la plástica… porque temía por la respuesta, pero ¿por qué debía temer por dar una respuesta? ¿A qué le tenía miedo? ¿O más bien, no es miedo, sino más bien nervios?
— ¿Por qué evitas responder mis preguntas? También evitaste responder mis preguntas de nuestra antigua plática en el pasillo antes de que todo esto pasara -Emmet se acercó un paso más, presionando su cuerpo contra el de ella-. Me gustaría saber las respuestas a mis preguntas.
Emmet alzó una de sus manos y movió el cabello de Tanya hacia adelante, dejando un poco de su nuca descubierta. Volvió a ubicar su mano en el borde de la mesa, encerrando a Tanya. Acercó su rostro a la nuca de Tanya y, con una lentitud tortuosa, pasó sus labios por la nuca de ella. Tanya respiró algo entrecortada, sabiendo cómo su cuerpo reaccionaría con eso. Una onda electrizante recorrió su cuerpo. ¿Esto era lo que la hacía sentir Emmet? ¿Y cómo se llama? Necesitaba una respuesta, las sensaciones eran familiares, estaba acostumbrada a cómo la hacía sentir Emmet y la ponía más nerviosa. Ella presionó la cesta en sus manos y trató de calmarse.
“¿Esto es lo que siento por Emmet?”
—Tu indecisión es mi tortura, Tanya -Emmet dejó un beso en la nuca de ella, logrando que apretara más la cesta en sus manos-. Cada mirada tuya a él, es una puñalada en mi corazón -Sus manos dejaron los bordes del mueble y se posaron en la cadera de Tanya, una a cada lado-. Eres mía, aunque aún no lo quieras admitir, y te arrancaré de sus brazos, aunque sea a mordiscos.
—Emmet -la voz de ella sonó firme, aunque en realidad no sabía en qué pensar. Había tantas cosas en su cabeza, pero tener a Emmet diciéndole esas cosas y actuar de esa manera solo la alteraba aún más. No tenía control, y eso la asustaba.
Emmet transmitió un pequeño gruñido ante el llamado de Tanya, alejó sus manos de su cadera y dejó un último beso en su nuca. Luego dio un paso atrás. Tanya se dio la vuelta mostrando su rostro serio, el mismo de siempre. ¿O era una máscara para ocultar lo que le hizo sentir? Emmet le dio una sonrisa amigable, como si no hubiera pasado nada, y con gentileza tomó la cesta de las manos de Tanya donde estaban las vendas que necesitaba.
—Entiendo -él la miró por última vez y se dio la vuelta, empezando a caminar hacia la puerta-. Pero recuerda, Tanya, me niego a compartirte; eres mi pecado y mi salvación. Te quiero con una violencia que te hará suplicar, y cuando te haga mía, entenderás que siempre me has pertenecido, como yo te pertenezco a ti. -Emmet volteó su rostro para mirar por encima de su hombro a Tanya-. Por ahora dejaremos el tema a un lado, Víctor dijo cero estrés, y yo puedo ayudarte a hacer algunas cosas que te quiten el estrés.
Y con estas palabras salió de la enfermería, dejando a una Tanya alterada. Ella sintió cómo sus mejillas se acaloraban un poco; agradecía estar sola, así nadie podía verla en ese estado vulnerable. Estaba en un conflicto que no sabía cómo explicar, no tenía a nadie con quien hablarlo. Noah era de confianza, pero no entendería su punto de vista por más que intentara, y lo más lógico es que se pusiera de su lado.
“¿Por qué me siento así? ¿Por qué dejo que me trate así?”
Ella odiaba sentirse vulnerable, lo detestaba. No era alguien vulnerable; era la líder del clan Malka, dueña de Hidetown y con la mitad del poder en el narcotráfico en casi todo el mundo gracias a sus alianzas. ¿Pero entonces por qué no podía alejarlo? Su cuerpo se congelaba cuando lo tenía cerca. Sus palabras la confundían. Su mente era un caos; la pregunta de Emmet aún rondaba su cabeza con más intensidad:
“¿Qué siento por Jared y Emmet? ¿Acaso siento lo mismo por los dos?”
Era más que claro que Emmet le hacía sentir muchas cosas, además de que su compañía la hacía sentir ahora cómoda, incluso relajada, pero también vulnerable y nerviosa. Ella admitía que le gustaba estar con Emmet; siempre tenía un tema del cual hablar, la cuidaba en las noches evitando que tuviera pesadillas e insomnio, siempre la cuidaba y alborotaba sus hormonas con sus acciones y palabras.
Ella posó sus manos en su cadera, pensativa, pero la sensación aún fresca de las manos de Emmet en la misma área la hizo respirar más hondo. Era agradable, de mucha ayuda, además de atractivo.
—Ja… pienso como si yo estuviera… -Su voz se fue apagando poco a poco mientras abría sus ojos al percatarse de algo.
Ella buscó un espejo en la enfermería, y cuando lo encontró, se acercó con prisa a este. Se ubicó frente al espejo y se observó a sí misma. Sus mejillas algo rosas, su cabello suelto echado al frente, pero lo más importante: sus pupilas dilatadas.
—No puede ser…
Ella colocó sus dedos índice y medio en la parte interna de su muñeca, justo debajo de la base del pulgar. Presionó ligeramente hasta sentir su pulso. No presionó demasiado fuerte para no lastimarse, pero ahí estaba su pulso. Empezó a contar los latidos por quince segundos.
“Treinta y cinco, ahora lo multiplico por cuatro…”
Soltó su muñeca de golpe y se observó por el espejo. Su ritmo cardíaco estaba elevado… Mientras ella contaba sus palpitaciones, pensó en una persona, y no era Jared. Lo hizo pensando en Emmet, y dio treinta y cinco palpitaciones en esos quince segundos. Luego, eso se multiplica por cuatro y da un resultado de ciento cuarenta… Lo normal para un adulto es que sus palpitaciones estén entre sesenta y cien, quitando la opción del ejercicio. Su ritmo cardíaco era muy alto…
—Demasiado para que se altere solo por pensar en ese idiota… -Tanya tuvo que apoyarse contra un mueble para buscar algo a lo que poder aferrarse y no perderse en sus pensamientos -. Eso solo dice que… yo… estoy… ena-
— ¿Señorita? -una empleada apareció de la nada en la entrada de la enfermería, su mirada delataba su preocupación ante el estado de Tanya.
Tanya, al ver que había alguien más, tuvo que recobrar la compostura, tomó el aire que pudo y se calmó, se enderezó y adoptó su personalidad seria y amenazante.
—Estoy bien, ¿qué tienes que informarme? -La empleada se relajó cuando vio a Tanya volver en sí.
—El joven Jared llamó a la mansión, diciendo que debía hablar con usted de un tema serio -le informó, y Tanya se relajó por completo, algo que ya era familiar en ella cuando mencionaban el nombre de Jared.
Jared vendría a la mansión, pero… no, sería mejor que ella hablar con él y dejar las cosas claras, temía que algo le pasara
“Iré yo a él. Algo pasó, acaba de irse y ya quiere verme de nuevo”.
—No le digas a nadie que salí, regreso antes de la hora de cena -Tanya caminó hacia la salida y la empleada se hizo a un lado para darle espacio-. ¿Quién más sabe que Jared llamó?
—Solo yo, la señorita Isabel y el joven Eliezer -respondió suave la empleada.
—Perfecto, que nadie más se entere, y por favor, guarden silencio, se les dará una bonificación por esto -A la empleada le brillaron los ojos al escuchar esto; solo se inclinó levemente ante la orden de Tanya y se retiró.
Tanya caminó por los pasillos, evitando a uno que otro empleado que pasaba cerca de ella. Debía poner las cosas en orden. Aún había confusión en su mente. Si ella de verdad estaba… ¿de Emmet? ¿Por qué sentía esta ansiedad que la asfixiaba al pensar que Jared podía dejarla? ¿Por qué sentía que no podía estar sin él? Tenían una buena amistad y conexión, ¿pero eso era lo que le impedía estar lejos de él? No comprendía la necesidad de estar con Jared. ¿Eran sentimientos de por medio? ¿Amor? ¿Necesidad? ¿Anhelo? ¿Deseo? ¿Lujuria?
No lo sabía, quería una respuesta. Pero sentía cómo su corazón se alteraba de nuevo al saber que Jared pidió hablar con ella. ¿A qué se debería? ¿Acaso se dio cuenta de lo que sucedía entre Emmet y ella? ¿La dejaría? ¿La haría a un lado? ¿Se desharía de ella?
“¿Por qué? ¿Por qué necesito a Jared?”
Ella logró salir de la mansión y tomó un camino corto por el bosque al bajar la colina de su mansión; debía evitar también al pueblo. De lo contrario, las personas la rodearían y le preguntarían sobre los asesinatos y qué haría ahora. Necesitaba llegar a la casa de Jared, hablar con él. Tenía que hacerlo.
“Lo necesito.”
Apura el paso, trotando para bajar más rápido la colina. Al llegar al pueblo, notó que había pocas personas. Con su poder, distraía a la gente para pasar rápida y desapercibida. Los botaba, les tiraba cosas, los asustaba, los distraía. Hacía lo necesario para llegar a Jared. Su corazón latía más rápido, incluso podía escuchar sus latidos en sus oídos como si estuvieran a la par de estos, resonando como tambores al unísono de sus respiraciones.
Al llegar a la casa de Jared no tardó en tocar el timbre. Y esperó… pero nadie la recibió. Ella se acercó a una de las ventanas, pero no vio a nadie.
“¿Nadie a esta hora?”
Siguió tocando el timbre, pero cada vez que pasaba una persona, tenía que esconderse de la gente. Pasaron los minutos y nadie salió. Rendida, negó con la cabeza suspirando y empezó a caminar de regreso a la mansión hasta que…
— ¡Tanya! -Esa voz resonó detrás de ella y una mano cálida y familiar tomó su muñeca.
Ella volteó a ver detrás de ella a Jared. Respiraba agitado ¿Tenía su mochila en su espalda? Seguramente corrió para detenerla y evitar que se fuera.
— ¿Q-Qué haces aquí? -le preguntó, limpiando unas gotas de sudor que bajaban por los laterales de su rostro y le dio un suave apretón a su mano.
—Recibí tu mensaje, que querías hablar conmigo -Ella se dio por completo la vuelta y lo enderezó a él; las mejillas de Jared estaban algo rosas por haber corrido quién sabe cuántas calles-. ¿Pasó algo? Solo pasó tal vez una hora desde que te fuiste y me llamas de nuevo.
—Sí… lo sé, llamé, pero era mejor ir y hablarlo en tu casa -Tanya apretó los labios, no quería hablar en la mansión.
—Mejor hablemos aquí, será más rápido…
Jared la miró sospechando algo, pero unas personas que empezaron a caminar justo por esa calle llamaron su atención. Tensó la mandíbula y entrelazó sus dedos con los de ella para caminar juntos hacia su casa. Tanya se sintió en paz cuando este contacto se hizo más profundo, pero esto la hizo entrar en dudas, avivando la pregunta de hacía años: ¿Por qué él?
Jared sacó una llave de su bolsillo y abrió la puerta, se hizo a un lado para que Tanya entrara primero, y después entró él para cerrar la puerta detrás. Dejó su mochila en un pequeño mueble cercano y dio un largo suspiro. Tanya, por su parte, miró la casa con cierto interés; no era como si siempre visitara ese lugar.
—Vamos a mi habitación -le pidió él, y empezó a caminar hacia las escaleras. Subió los primeros escalones y luego se dio la vuelta para ofrecer su mano a Tanya.
Ella miró su mano y luego el rostro de Jared. Había algo sospechoso en él. No estaba su sonrisa, o ese lado cariñoso que solía mostrar. Claramente, lo que tenía que hablar con ella era serio. Tanya tomó la mano de Jared, y juntos empezaron a subir los escalones en silencio. Al llegar al segundo piso, una hermosa vista la envolvió. La mayor parte del piso superior estaba rodeada de naturaleza. Ramas desde afuera se colaban por una ventana abierta. Macetas por cualquier lado, incluso en el techo. Además, lo que más predominaba eran las hortensias.
Jared la guio a una puerta de roble normal, la abrió y se hizo a un lado para que ella entrara. Sus ojos se toparon con una mitad familiar y la otra desconocida. Recordaba que desde el balcón, por medio del telescopio terrestre, solo podía observar su cama a la par de la ventana. Eso abarcaba un porcentaje de la habitación. Las otras porciones estaban distribuidas de manera ordenada.
Una gran estantería con libros de todos los géneros, hasta donde pudo ver. Un sillón en una esquina junto con una lámpara de pie. Luego, un escritorio donde había todo tipo de cosas para escribir. A un lado, un caballete de madera grande, y en este, un lienzo a medio terminar; por lo que podía observar, era una pintura de un bosque. A un lado, una pequeña mesa manchada con restos de pinturas. En esta, reposaban todo tipo de colores de pinturas. Un frasco con agua limpia y la mayor parte de la mesa abarcada por muchos pinceles y utensilios de pintura.
Las paredes estaban adornadas con pinturas hechas a mano, seguramente por Jared. Flores, autorretratos, bosques. Y luego sus ojos se posaron en un clóset, y encima de este, una radio encendida que transmitía una suave melodía.
—Quiero hablar un tema serio contigo -Jared sonaba algo ¿molesto?
Él entró a su habitación y cerró la puerta detrás. Caminó al sillón y le señaló a Tanya este, un mensaje silencioso de que tomara asiento.
Tanya sintió que algo estaba mal, ¿pero qué era? ¿En serio todo iba a terminar? Era lo mejor, pero entonces, ¿por qué se sentía ansiosa?
Tanya tomó asiento y miró a Jared, quien solo mostraba molestia e incluso ira en su mirada. Él caminó a la ventana de su cama y la abrió; el aire fresco movió las cortinas.
— ¿De qué quieres hablar? -A Tanya se le vino una cosa a la mente: ¿Acaso había descubierto que lo observaba a través del telescopio terrestre?
—Aún falta alguien -murmuró molesto, apretó sus manos en puños y habló-. Ya sal, sé que estás ahí. -Jared miró molesto por la ventana, y después de segundos, alguien entró por la ventana.
A Tanya se le vino el mundo abajo cuando vio al Búho dieciochoentrar por la ventana de Jared como si nada.
“¿Qué carajos?”
— ¿Acaso me darás otro té? Te aviso que eso me da ganas de orinar muchas veces y es una desventaja porque tengo que sacármela en cualq- El búho se quedó callado cuando su mirada se desplazó por toda la habitación y captó a Tanya en su vista.
Sin dudarlo, este se arrodilló frente a ella y se quedó en silencio de golpe. Tanya tragó cuando esto la delató, ya estaba pensando en excusas y cómo asesinar a ese búho sin que el Búho Uno se molestara.
—Pensé que era solo mi imaginación -Jared empezó a hablar detallando al búho aún arrodillado y en silencio-. Cada vez que salía de casa sin importar la hora, sentía que alguien me seguía. Traté de no ser paranoico, pero cuando la comida que dejaba en mi habitación desaparecía o cuando salía de mi habitación y cuando volvía encontraba la ventana abierta, sabía que no era mi imaginación. Pero ya no puedo soportarlo mas Tanya, ya no
—Jared-
—Culpa a mi hermana por esto -lo interrumpió él, su tono colérico era peligroso. Jamás lo había visto en ese estado-. Pero empecé a poner sutiles trampas y no era nadie de mi familia. Era alguien más. Empecé a hacerme el dormido y veía una silueta fuera de mi ventana hasta que una noche, cuando logré atraparlo…
Jared señaló al búho arrodillado y miró con una mirada desconocida a Tanya, algo que llamó su atención y la dejó en silencio, escuchándolo.
—Pensé que era un ladrón, o un mendigo que no tenía hogar -El búho se quejó bajo ante sus palabras-. Pero una noche, cuando dejé la ventana media abierta, cuando me quedé despierto hasta tarde, lo escuché hablar… contigo.
Tanya abrió sus ojos de par en par. Sabía que ya no había salida, negarlo sería quedar como algo peor que una descarada. ¿Pero qué podía decirle? Estaba con las manos en la masa.
—Escuché tu voz a través de algo que no logré ver en medio de la noche. Le preguntaste sobre mi “día” -Jared dio un paso más cerca de Tanya y el búho-. Esa noche lo atrapé, le lancé un cubo de aceite y cayó del árbol. Intentó escapar, pero lo atrapé…
— ¡Búho dieciocho! -El tono lleno de ira y decepción salió de la voz de Tanya.
El Búho Dieciocho reaccionó diferente al llamado de Tanya. Con Jared se quejó cuando lo llamó mendigo, pero ahora con Tanya se había congelado por completo; incluso podía apostar que podía verlo temblar un poco.
—E-es cierto, me quebré el tobillo y por eso necesité reposo. Pero se me negó -explicó el Búho Dieciocho, y eso logró descontrolar a Tanya; gracias a él, Jared lo sabía todo-. Este chico me ayudó con medicinas y té, pero jamás me habló, solo me dejaba las cosas en la ventana y yo las tomaba.
— ¿Por qué? -la voz de Jared logró llamar la atención de los dos, pero iba dirigida a Tanya-. ¡Tanya, te conté que hay alguien detrás de mí y de Denia! ¡Pensé que era él! ¡Por amor de Dios, Tanya!
Ella se puso más seria, debía enfrentarlo, no huir o mentir. Ella era Tanya Malka.
—Largo de aquí, luego hablaré con él -Le ordenó Tanya al Búho Dieciocho, y con el “él” se refería al Búho Uno. El Búho Dieciocho solo asintió y salió casi corriendo por la ventana. Dejando a los otros dos solos.
— ¿Por qué? -Repitió Jared, exigente-. ¿Por qué me pusiste a alguien a vigilarme?
“Rápido… elige algo que desvíe la verdad.”
—Todavía preguntas por qué -Tanya se puso de pie y dio un paso adelante, quedando a una distancia casi corta con él-. Hay alguien detrás de ti, hay tres asesinos en el pueblo, quería tener un ojo en ti para cuidarte -usó su habilidad de actuar y fingió estar preocupada, aunque mentira no era en su totalidad.
Jared estaba iracundo, sus manos convertidas en puños apretadas con fuerza hasta volver los nudillos blancos. Una mirada que echaba fuego por los ojos se posó en Tanya.
—Sé que hay otra razón aparte de esa -habló en un tono bajo, más peligroso que antes, y Tanya casi rompía su fachada preocupada por esta confesión.
— ¿Qué? -fue lo que salió de sus labios, mirando a Jared incrédula.
“¿Qué tanto descubrió? Sabía que era listo, pero esto ya es otro nivel”.
—Esa noche escuché cómo le ordenabas a ese sujeto que siguiera vigilándome y que te informara con rapidez si la chica de “cabello café quemado” aparecía -Jared estaba conteniendo su furia, que una vena de su cuello se hizo un poco presente-. ¿Cuál es la verdadera razón por la que me pusiste un vigilante?
—Jared, mira, yo…
—No te atrevas a mentirme, Tanya -le advirtió-. Sé muy bien que eres capaz de mentirme con tal de tenerme bajo tu poder.
Tanya se ofendió con sus palabras, si bien era cierto. Él también lo hacía de cierta manera con ella.
— ¿Quieres la verdad? -Tanya cambió su fachada preocupada por una completamente seria y molesta.
—Sí, la quiero toda completa. Quiero saber por qué me asignaste un vigilante y a quién se refería con “cabello café quemado” -Jared dio un paso más-. Todo esto que has hecho fue en contra de mi voluntad y conocimiento, algo que no se puede perdonar. ¿Sabes cómo me sentí? ¡Me sentí como un maldito delincuente! ¿Qué clase de paranoia/obsesión enfermiza es esta? ¡Pensé que confiabas en mí, Tanya!
Tanya apretó los dientes, molesta por sus palabras. ¿Acaso le estaba reclamando todo lo que hizo por él? Por su seguridad y por sus infidelidades.
“¡Sí! Es una obsesión a la cual no le encuentro sentido y estoy harta de no tener respuesta.”
— ¡¿Paranoia?! ¡¿Tú me hablas de paranoia?! -Ella también alzó su voz y, con sus manos, le dio un leve empujón, posando sus manos en el pecho de él, pero eso solo molestó más a Jared-. ¡Tú, que me engañaste como si fuera una estúpida! ¡No tenía otra opción! ¡Me obligaste a hacerlo!
— ¡¿Y ahora de qué hablas?! ¡¿La víctima eres tú ahora?! ¡Como si eso justificara esta locura de obsesión enfermiza! ¡¿Cuándo te he engañado?! -Jared dio un paso más, empujando un poco con su cuerpo a Tanya, lo cual la hizo enfadar a niveles peligrosos. Él alzó una de sus manos y señaló a Tanya-. ¿Acaso sabes lo que se siente ser seguido como un animal? ¡¿Lo sabes?!
“Sí… lo sé.”
— ¡No me vengas con tus dramas! ¡Tú te lo buscaste! ¡Y no me arrepiento de nada! ¡Cada segundo que pasé vigilándote valió la pena! ¡Me di cuenta del hombre que eres! ¡Un mentiroso y doble cara! -A ella se le quebró la voz de la furia, estaba a nada de lanzarse encima de él y golpearlo, aunque Jared también parecía dispuesto a esto.
Se escuchó algo agrietarse, pero ninguno de los dos prestó atención a esto. Ambos estaban tan enfadados que lo ignoraron por completo.
— ¡¿Valió la pena?! -Jared dio un grito de frustración-. ¡Me estás acusando de algo que no tienes pruebas! ¡Me trataste como a un criminal con ese sujeto vigilándome! ¡Y ahora me dices a mí doble cara! -Jared se salió de quicio-. ¡¡Tú eres la doble cara!! ¡¿Crees que no me he dado cuenta de las miradas de ese tu primo en ti?! ¡Parece obsesionado contigo! ¡Es algo enfermo, son familia!
El sonido de algo agrietándose resonó aún más, pero de nuevo los dos lo ignoraron. Los gritos aumentaron su volumen e intensidad, ambos estaban igual de molestos y alterados.
— ¡¿Son familia?! ¡¡Ahora vas a meterlo a él en esto!! ¡Esto es entre tú y yo! -Tanya lanzó un puño hacia el rostro de Jared, pero él lo detuvo unos segundos antes de que este impactara en su rostro. Ahora la mirada de Jared era una de confusión y furia-. ¡Me mentiste! ¡Y sigues mintiéndome!
— ¡Ya basta! ¡¿De qué estás hablando?! -Jared alejó el puño de Tanya del perímetro de su rostro y sostuvo su mano con fuerza-. ¡¿A qué te refieres con que te sigo mintiendo?!
— ¡Sé que hay algo más grave de por qué quieres huir del pueblo! -le confesó ella entre su furia, y ahora parecía que a Jared se le caía el mundo.
— ¿Qué…?
— ¡Mi intuición me lo dice, Jared! ¡¡Dime la verdad y deja de mentir!! Y no es la primera vez que me mientes y mantienes algo oculto, ¡Dime qué ocultas, Jared! -Él parecía alarmado.
—Tanya, yo… no puedo decirlo. -Ella alzó una ceja incrédula.
— ¡¿No puedes decírmelo?! ¿Acaso es un pecado capital confiar en tu pareja? -Jared ladeó la cabeza, molesto.
—No hables de confianza de pareja cuando me pusiste un maldito vigilante todo el día y noche -se defendió-. ¡Tú también me ocultas cosas! ¡¿Cómo es eso que sabes defenderte de gente peligrosa?! ¡¿Qué les harás una nueva celda para atraparlos?!
— ¡Ahora me acusas de que te oculto cosas! -Ella alzó sus brazos y los dejó caer de golpe, golpeando sus caderas y piernas molesta.
— ¡Si quieres confianza, debes decir la verdad! ¡Tú no me dices nada acerca de ti! ¡En todos estos años no me has querido decir nada! ¡Tengo razones para sospechar muchas cosas acerca de ti! -Estas palabras de Jared lograron hacerla estallar.
— ¡Sabes qué, no quiero escuchar nada! No eres quien para decirme qué es confianza. ¡Si no hablas conmigo no podré ayudarte! ¡Tengo todo el poder del mundo para salvarte! -se le escapó en su furia, pero en ese momento no le importaba-. ¡¿Qué tienes que decir en tu derecho?! ¡¿Seguirás diciéndome que sin confianza no hay nada?! ¡Entonces, a hablar y digamos todas las verdades aquí!
Ella lanzó su otro puño hacia Jared, pero de nuevo logró evitarlo. Él, en un movimiento rápido, dejó de tomar sus puños y tomó sus muñecas. En su rostro se notaba cierto conflicto, ¿pero de qué? Él no dijo nada por unos segundos, logrando que el enojo de Tanya disminuyera un poco, pero no del todo.
— ¿No me dirás la verdad? -Tanya podía sentir cómo su cuerpo ardía en furia-. Habla…
—No puedo explicártelo -fue su respuesta. Tanya intentó zafarse de su agarre en sus muñecas, pero Jared la sostenía con fuerza-. ¡No! ¡Si te lo digo no entenderías! ¡Te lo oculto por tu bien! ¡Entiende, Tanya!
— ¡¿Ahora te harás el héroe, que lo que sea que me estés ocultando es para cuidarme?! -aseguró ella, logrando zafar una de sus muñecas. Jared ahora se veía preocupado y desesperado.
— ¡Debes comprender que este es un mal momento! -Jared intentó tomar de nuevo su muñeca-. ¡Elizabeth ha muerto porque lo supo todo! ¡No te lo diré ahora porque es peligroso! ¡Es complicado de explicar! ¡No se puede hablar aquí!
Ella se detuvo de golpe y giró a verlo con ojos abiertos, sin querer procesar sus palabras.
— ¿Ella murió por saberlo? ¿Acaso está relacionado con uno de los tres asesinos? -Jared se detuvo frente a ella, quien se zafó su otra muñeca del agarre de él y lo señaló con uno de sus dedos-. Responde, ¿tus padres están vinculados con uno de los tres asesinos?
Jared, en su pánico, asintió frenéticamente con la cabeza, lo que llevó a Tanya a su límite y, sin aviso, logró darle una cachetada en una de sus mejillas. Logró que volteara su rostro a un lado por la fuerza del impacto y el sonido del golpe resonó un poco por el lugar. Jared estaba desconcertado y hasta extrañado por su golpe, incluso mandó una de sus manos a su mejilla golpeada, procesando el golpe.
—Eres cruel…
—No lo entiendes -su mejilla ahora algo roja por el golpe no le importó en ese momento, y alejó su mano para tratar de tomar la de ella-. Dame tiempo.
“¿Tiempo? ¿Este idiota me está pidiendo tiempo cuando puede explicármelo ahora mismo?”
— ¿Tiempo? Bien, pero tú también debes darme el tiempo que deseo. -Tanya rápidamente salió de la habitación de Jared hecha una furia y él la siguió, sabiendo que había elegido mal sus palabras.
—No me refiero a este tipo de tiempo -él la siguió por las escaleras en una batalla interior-. Tanya, por favor, te pondré en peligro como mis padres lo hicieron conmigo y con Denia.
— ¡No quiero hablar contigo ahora, Jared! -Tanya, con su don, abrió de golpe la puerta de la entrada y una gran ráfaga de aire entró a la casa, moviendo algunas cosas. Esto solo avecinaba una tormenta más tarde.
— ¡Tanya! -Jared tomó su muñeca y la detuvo antes de que ella saliera de la casa. Tanya se volteó a verlo.
— ¡Jared! -Tanya lo miró. Ambos merecían una explicación, pero no era el momento, arriesgaban muchas cosas-. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me lo ocultaste? ¡Han muerto personas por esto!
—No… No lo entiendes -él entrecerró sus ojos, apretando un poco su agarre en la muñeca de ella.
— ¿Y si me lo contaras ahora, entendería algo? -La respuesta de Jared fue soltarla de su muñeca de golpe.
—No -le respondió Jared, cortante. Esto dejó claro a Tanya que debían tomarse un tiempo necesario.
Antes de que alguien pudiera responder algo, Tanya salió corriendo del lugar, antes de llamar la atención. Se metió en el bosque para recuperar algo de aliento y estabilizarse. La respuesta de Jared no le agradó para nada. Tenía tanto odio en ella que no sabía cómo liberarlo.
— ¡Idiota! -gritó, dando un fuerte golpe a un árbol que estaba a su lado.
El impacto de su puño no fue fuerte, pero su don lo multiplicó y logró hacer una gran grieta en el árbol que casi lo dividía en dos. Tanya, al oír el árbol crujir, se calmó un poco.
Pero su mirada se llenó de algunas lágrimas. No había dicho mucho, no había confesado muchas cosas, pero ella entendió el mensaje. Si Jared hablaba, todo se arruinaría. ¿Acaso esto era lo que Noah quería evitar? ¿Él tenía razón? Ella ahora estaba molesta y herida por Jared. Pensó que le iba a explicar, ella estaba dispuesta a escucharlo, a charlarlo. Pero él… la dejó ir.
Se escuchó un trueno desde el cielo, y el atardecer se empezó a nublar. La tormenta estaba cerca. Ella decidió seguir su camino a la mansión. Debía desahogarse. Debía esconderse… Sentía que podía explotar, cerca de un colapso, el peso de las palabras de Jared era demasiado para ella. Si escuchara la verdad, no lo soportaría. No lo haría, no sabría qué haría su mente y tenía miedo de descubrirlo.
“Miedo… tengo mucho miedo.”
Llegó agitada y agotada a la mansión, caminó por los pasillos en dirección a su habitación. Cualquier persona que se cruzaba en su camino daba la vuelta y huía, nadie quería ser víctima del descontrol de ella. Nadie excepto una persona que fue valiente y le tomó la muñeca. Ella volteó a ver a la persona molesta y casi dando un grito, pero al ver a la persona se calmó un poco, y con su voz un poco más calmada, nombró a la persona.
— ¿Emmet?
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