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Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 37

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37: Quiebre 37: Quiebre Ella no podía procesar nada, estaba en blanco.

La ira y la decepción que la habían invadido comenzaron a disminuir lentamente, pero de alguna manera persistían.

Justo ahora estaba en la habitación de Emmet.

El cielo empezó a relampaguear y la tormenta comenzó a azotar el pequeño pueblo.

Ella estaba sentada en un suave sofá, observando cómo la lluvia golpeaba con fuerza cada ventana y se deslizaba rápidamente por la acumulación de gotas.

— ¿Qué hago aquí?

-su voz era apenas un susurro, perdida en el estruendo de la tormenta.

— ¿Te encuentras bien?

-la suave voz de Emmet la interrumpió, sacándola de sus pensamientos.

Ella volteó a verlo.

Emmet entró a la habitación, cerrando la puerta detrás de él.

Traía una bandeja de plata con dos tazas de té humeante.

No era el té que Noah siempre tomaba para sus nervios.

Era otro tipo de té, lo supo por el olor dulce y desconocido que desprendían las tazas.

—Un poco -le respondió ella, volviendo su mirada a la ventana, observando cómo el pueblo ahora era apenas visible por la tormenta.

—Mírate cómo estás -murmuró Emmet con una preocupación palpable en su voz.

Dejó la bandeja en un escritorio al otro lado de la habitación, dándole la espalda a Tanya.

Ella no dijo nada.

No quería saber cuál era su aspecto, pero de alguna forma, podía imaginarlo: deshecha.

Emmet entró al baño de su habitación y, momentos después, salió con una toalla pequeña y húmeda.

Caminó hacia ella, con una determinación silenciosa.

Ella lo miró.

Él tenía el ceño ligeramente fruncido cuando hicieron contacto visual.

Parecía molesto, preocupado y algo más que ella no supo identificar en ese momento, pero era intenso.

Emmet se arrodilló delante de ella.

Con su mano izquierda, tomó la barbilla de Tanya con delicadeza para que ella no moviera el rostro y, con la toalla, empezó a limpiar su cara.

Primero lo hizo por la nariz, o por debajo de esta, y cuando alejó un poco la toalla para cambiar a un lado limpio y húmedo, Tanya observó horrorizada cómo había sangre.

“Genial… me sangró la nariz de nuevo.

Ni siquiera sentí cuándo pasó.” —No preguntaré qué te hizo llegar a este estado…

por ahora -Emmet siguió limpiando su rostro con la toalla húmeda, pasándola por sus mejillas donde habían caído algunas lágrimas secas-.

No quiero hacerte sentir incómoda o molesta de nuevo… pero juro que mataré a quien te hizo esto.

—Da igual, Emmet -Tanya alzó la mano con una lentitud agotada y tomó la muñeca de Emmet para que parara de limpiar su rostro.

No quería hablar del tema, no quería recordarlo.

Sentía que si volvía a pasar por algo así, o algo peor, no lo resistiría.

Su mente se rendiría.

—Bien, como tú desees entonces -Emmet dejó que ella tomara la toalla y terminara de limpiar su rostro.

Él se puso de pie y caminó de regreso a las tazas.

Las tomó en sus manos y se sentó a un lado de ella, evitando verla de nuevo, como si temiera lo que sus ojos pudieran revelar-.

Toma, sé que te calmará -le ofreció la taza.

“Qué amable… aunque no me mires y luchas con tu ira.” Tanya miró la taza, y sin dudarlo, la tomó en sus manos, agradeciéndole en un susurro apenas audible.

Tomó la cuchara que estaba al lado y empezó a revolver un poco el té.

Olía dulce, más de lo normal; seguramente le había puesto miel en vez de azúcar a ese té desconocido.

Emmet también revolvió su té con una cuchara y, después de un segundo, dio un pequeño sorbo.

Luego dejó la taza en una mesa pequeña frente al sofá donde estaban sentados.

Tanya, por el contrario, miró su reflejo en el té.

El viento había revuelto su cabello suelto.

Seguro le costaría un poco desenredarlo.

— ¿De qué es el té?

-su voz sonaba suave, sin ganas, como si no le interesara, pero lo hacía para mantener su mente lejos del abismo.

—Lo pedí de diferentes países… -informó Emmet, dando otro pequeño sorbo-.

Tiene té de Ginseng, té de Damiana y un poco de infusión de maca.

—Oh… ya veo -mencionó ella sin verlo, y llevó la taza a sus labios.

Probó la mezcla de té e infusión.

Lo saboreó en su paladar: era dulce, cálido.

Era… lo que necesitaba en ese momento, un bálsamo para su alma.

Él la miró de reojo, le dio un último sorbo a su té antes de dejarlo en la mesa cercana y se recostó contra el respaldo del sofá.

— ¿Quieres hablar de lo que pasó?

-Tanya negó con la cabeza, tomando otro sorbo del té-.

Recuerda lo que dijo Víctor: nada de situaciones de estrés.

Y llegaste con la nariz sangrando.

—Solo recordarlo me estresa -Tanya dio otro sorbo a su té, sintiendo cómo la magia de la infusión la ayudaba a relajarse un poco.

El té era su único refugio en ese instante.

—Pero hablarlo te puede ayudar a soltar el estrés, al menos un poco -Emmet le dedicó una sonrisa que intentaba ser amigable, pero sus ojos denotaban una preocupación inmensa-.

Me preocupas, Tanya, y quiero ayudarte.

“Entonces quieres saber… ¿Qué me pasó?

¿O quién lo causó?

¿Quieres cazarlo?” Tanya se resignó.

Sabía que si no le decía en ese momento, lo tendría que hacer después.

Emmet jamás se quedaría con la duda de algo, menos con algo que tuviera que ver con ella y la hubiera dejado en ese estado lamentable.

Tanya bebió todo el té de un trago, sin importarle que se enfriara.

Necesitaba relajarse por completo, o al menos lo suficiente para no volver a explotar como antes.

Dejó su taza vacía al lado de la taza medio llena de Emmet.

—Jared… lo sabe -soltó ella, y él se congeló por unos segundos.

Ella negó con la cabeza-.

No sobre el narcotráfico y eso.

Se enteró que le había puesto al Búho Dieciocho como vigilante… pero lo sospecha.

—Dilo en una sola oración -pidió Emmet, pasando una de sus manos por su rostro y soltando un suspiro pesado-.

¿Cómo se enteró?

¿Le diste pistas?

¿Se lo dijiste?

¿Qué sospecha, Tanya?

Tanya volteó a verlo con una molestia creciente.

Emmet nunca dejó de observarla, pero su expresión ahora era de una seriedad gélida.

—Él logró atrapar al Búho con las manos en la masa.

Emmet alzó una ceja con incredulidad, una mueca de escepticismo cruzando su rostro.

— ¿Me estás diciendo que ese idiota temeroso de las palomas… logró atrapar al Búho Dieciocho?

¿Me estás tomando el pelo?

—No me creas si no quieres, pero así fue.

Él logró atraparlo justo cuando yo lo llamé para recibir un informe de sus días anteriores -mientras ella hablaba, podía sentir cómo el dulzor del té seguía en su paladar, un pequeño consuelo en medio del caos-.

Me pidió.

No.

Me exigió respuestas, además de acusarme de que le oculto muchas cosas.

Emmet se enderezó un poco y dirigió su mirada a la ventana de nuevo cuando una ráfaga de viento y lluvia azotó el cristal con violencia.

— ¿Se las diste?

-Emmet sonó más serio, y algo… ¿decepcionado?

La palabra se clavó en el aire, punzante.

—Algunas… -le contestó ella, cortante, su voz un filo helado.

El silencio se apoderó del lugar, denso y cargado.

Emmet negó con la cabeza lentamente, tal vez decepcionado de ella, o molesto porque ella le había dado algunas respuestas.

Ella solo juntó sus piernas, sintiendo cómo la molestia volvía a crecer dentro de ella, y algo más… ¿culpa?

— ¿Por qué se las diste?

¿Tan importante es ese idiota para ti?

-Tanya miró a Emmet.

Este juntó sus manos, entrelazando sus dedos, sin verla.

Su voz era baja, pero cargada de una furia contenida-.

Tanya, si él se entera de esto, lo dirá a todos… y se acabó todo esto, no solo para ti, sino para todos en esta mansión.

“Lo sé.” —No lo entenderías, Emmet -le respondió ella, porque ni siquiera ella sabía por qué lo necesitaba, por qué después de lo que él le dijo, le negó la verdad y le confesó eso… aún así seguía esa necesidad irracional por él.

—Si ese es el punto, no lo entiendo -Emmet se puso de pie, su mirada clavada en Tanya con una mezcla de frustración y resentimiento-.

¿Por qué haces todo por él?

¿Acaso en tu mundo solo importa él?

¿No importan los demás?

¿No importo yo?

Tanya negó con la cabeza y se puso de pie de nuevo, enfrentándolo.

—No hagas esto personal.

Sabes que tengo diferentes prioridades -Ella lo miró con el ceño fruncido, desafiante.

— ¡Ja!

Sí, claro, diferentes prioridades -Emmet soltó una pequeña risa sarcástica, teñida de amargura-.

Agrandar el pueblo solo por él, visitarlo y dejar que te toque sin vergüenza… ¿También es una prioridad, Tanya?

Tanya sintió sus mejillas un poco acaloradas, recordando vívidamente cómo Jared la había tocado antes.

Sus besos.

Sus manos.

Su cuerpo junto al de ella.

La imagen la invadió, dolorosa y persistente.

— ¡Emmet!

-ella lo reprendió, y ahora él frunció el ceño con una confusión teñida de rabia.

— ¿Qué?

¿Por qué debe ser él y no yo?

Yo jamás te haría enfadar, jamás te haría sentir insegura o celosa, o dejarte en ese estado.

Y sobre todo, nunca te haría llorar -Tanya chasqueó la lengua molesta cuando Emmet dijo lo último, porque en el fondo lo sabía, sabía que él no podría lastimarla de esa manera-.

Lo sabes, mi lealtad está solo en ti, en más de una forma.

¿O acaso te gusta usarme cuando él no está?

Tanya llegó a un límite, no tenía muchos por ahora; debía enfrentarlo.

Ella se molestó y hasta se sintió ofendida por sus palabras, un fuego latente encendiéndose en su interior.

—Tú me dijiste claramente hace un tiempo que te utilicé -Emmet tensó la mandíbula y dio un paso más cerca de ella, un movimiento que la hizo reaccionar por reflejo: intentó dar un paso atrás, pero su pierna se topó con el sofá, atrapándola.

—Es porque en ese entonces yo no sabía que me iba a enamorar de ti a este punto -confesó afligido, su voz una mezcla de dolor y súplica-.

En ese entonces solo quería utilizarte, lo confieso, quería usarte en mi beneficio.

Pero con el tiempo me di cuenta de que tenemos más en común.

Una conexión única, y sé muy bien que tú también la sientes.

Tanya desvió la mirada.

Desde que Emmet había dejado en claro sus sentimientos por ella, todo le afectaba un poco más.

No supo qué responder, no iba a admitirlo.

¿Era su orgullo?

A Emmet no le gustó que evitara el contacto físico y visual; alzó una de sus manos y tomó la barbilla de Tanya para obligarla a mirarlo, mientras su otra mano se posaba en su cintura, sabiendo que ella podía alejarlo en cualquier momento, pero que no se atrevería a hacerlo.

—No desvíes la mirada, Tanya.

Siempre te desvías conmigo, pero nunca con él -Él logró mantener contacto visual con ella, pero Tanya reaccionó a sus manos en su cuerpo, sorprendida y hasta confundida cuando el roce le envió una corriente eléctrica que la recorrió por completo, erizándole la piel-.

¿Por qué debe ser él?

¿Por qué no yo?

Tanya se asustó un poco cuando sintió su cuerpo ajeno.

No respondía como quería, se estaba volviendo vulnerable.

¿O solo eran sus sentimientos pidiéndole salir a la luz?

¿Tendría alguna consecuencia si ella decía la verdad?

¿Algo malo pasaría?

“Al diablo, no lo sabré si no lo hago, ¿no?

¿Qué puedo perder?” —Yo no lo sé -Emmet frunció el ceño ante las palabras de ella, incapaz de procesarlas.

— ¿Cómo que “no lo sabes”?

-Emmet acercó su rostro al de ella, manteniendo el contacto visual, su aliento cálido en su piel-.

No comprendo… ¿Es que no lo amas?

—No lo sé.

Todo es confuso -Emmet abrió los ojos un poco, la sorpresa tiñendo sus facciones.

Tanya sentía cómo un peso en su pecho empezaba a disminuir al confesar la verdad.

Y la sensación le agradó tanto que quiso soltar un poco más-.

En todos estos años pensé que era amor o algo parecido, pero… no lo sé, con lo que pasó hoy… no estoy segura de qué es, o tal vez nunca lo estuve.

Emmet aflojó poco a poco su agarre en la barbilla y la cintura de ella, logrando soltarla y le dio algo de espacio.

Tanya sintió con una punzada la ausencia del tacto de Emmet.

— ¿Esto tiene algo que ver con tu origen?

-Tanya ahora fue quien abrió los ojos en grande ante su pregunta, el asombro y el miedo mezclándose en su rostro.

Antes de que ella pudiera hablar, Emmet continuó, su voz apenas un susurro cargado de una nueva comprensión-.

Sé solo lo que Noah sabe, no sé mucho al respecto, pero sospecho que tiene que ver con eso, ¿no?

“Puedes ser… no, más bien, lo es.” Tanya, por primera vez, quebró su promesa.

Y ahora, ya no era Tanya.

Era Doce.

Era solo una chica asustada y confundida, diciéndole la verdad al chico que estaba a su lado.

Le contó todo… y el primero en saberlo no fue Noah, fue Emmet.

Él la escuchaba con los ojos: horrorizados, asqueado y asombrado por todo lo que le contaba ahora, Doce.

Su creación, el origen de su don, cómo experimentaban con su ADN, sus cicatrices que ni él había notado antes, las torturas que ella y sus hermanos habían sufrido, sobre su creador desquiciado, sobre el plan fallido de escape que les arrebató a sus hermanos, y cómo se topó con Jared, quien logró “despertarla”.

Luego, su pequeña plática que tuvo con Jared sobre su vida en peligro, y esas cosas que la llevaron a ese estado de colapso.

Las expresiones de Emmet se transformaron con cada palabra, un sombrío resumen de la vida de Tanya, quien ahora se había revelado como Doce.

Su seriedad se transmutó en ira, luego en un asco visceral, seguido por un dolor punzante y, finalmente, una profunda tristeza.

Tanya recuperó el aliento, con el pecho aún agitado, y sin pensarlo, tomó el té sobrante de Emmet y lo bebió de golpe, sintiendo una relajación extraña, una liberación de ese dolor y peso que la oprimían.

Arrojó la taza lejos, sin importarle el estruendo de la porcelana al romperse.

Pero el gran silencio de Emmet la devolvió bruscamente a su cruda realidad.

“Lo… lo he dicho todo… le dije la verdad.” Tanya miró a Emmet, que aún la observaba con la mirada deshecha, fija en ella.

Tanya supo que había metido la pata de una forma irreparable.

Ella jamás habría bajado sus muros con nadie, ni siquiera con Noah.

Jamás lo había hecho.

Se había jurado que Doce había muerto en aquel bosque, enterrada bajo el peso de sus traumas.

¿Entonces por qué le había dicho todo a Emmet?

¿Por qué era débil con él?

¿Era por sus sentimientos?

¿Por eso no podía hacer nada para detenerlo, para protegerse?

“Debo irme…” —Emmet, yo… -Ella fue interrumpida abruptamente cuando Emmet se acercó a ella sin previo aviso y la rodeó con sus brazos, abrazándola con una fuerza desesperada.

Una de las manos de Emmet se posó en su nuca, sosteniendo su cabello con delicadeza, mientras la otra se aferraba a su cintura.

Tanya se sorprendió por el gesto, pero no le molestó en absoluto su cercanía.

Por alguna razón inexplicable, se sintió más que bien en ese abrazo; se sintió segura, cálida y, por primera vez en mucho tiempo, verdaderamente protegida.

Se dejó envolver por él.

Sus manos cayeron inertes a los lados de sus costados, sintiendo el latido furioso de su propio corazón contra el de Emmet.

—Tanya… no, más bien, Doce.

Tus cicatrices no cuentan la historia de tu dolor, sino la de tu valentía; ya no estás sola… -Sus palabras tuvieron un efecto devastador y extrañamente liberador en ella.

Resonaron en su corazón, doliendo de una forma que la hizo temblar, su visión se nubló por completo y, entonces, sintió las lágrimas caer sin control por sus mejillas.

Las lágrimas brotaban sin parar, un torrente incesante.

Tanya sentía cómo su corazón latía más rápido de lo normal, el aire le faltaba, y al mismo tiempo, se sentía extrañamente protegida.

Era un sentimiento que había anhelado durante tanto tiempo, y ahora, por fin, podía experimentar lo que era ser protegida por alguien más que no fueran sus hermanos, sus hermanas o ella misma.

Y de nuevo, se permitió llorar todo el dolor que había cargado durante años.

Le dolía su vida.

Lo tenía todo por fin, como siempre había planeado, ¿pero cuál fue el precio a pagar?

¿O aún debía seguir pagando?

¿Era una deuda de por vida?

¿Su karma era no ser feliz?

Emmet la abrazó con más fuerza al escuchar sus leves sollozos, apretándola contra su cuerpo.

Esperó pacientemente a que Tanya lo aceptara; su abrazo, sus sentimientos… a él.

Tanya alzó sus brazos temblorosos, sintiéndose débil.

No comprendía por qué, pero si Emmet no la estuviera abrazando, ella se habría derrumbado en el suelo.

Lentamente, rodeó con sus brazos sin fuerza el cuello de Emmet.

Él soltó un suspiro ahogado cuando sintió cómo Tanya le devolvía el abrazo, una rendición silenciosa.

Se quedaron así unos minutos, el mundo exterior desvaneciéndose en el estruendo de la tormenta, hasta que Tanya se calmó un poco.

Aunque siguió sollozando, fue suficiente para liberarla de la gran carga de dolor que la había mantenido encadenada de por vida.

Emmet se alejó un poco de ella, sin soltarla por completo de sus brazos, solo lo suficiente para ver su rostro.

Tanya, ahora después de la catarsis, sentía vergüenza y un rubor de calor en sus mejillas.

Había mostrado su verdadera personalidad, sin la máscara que siempre había mantenido.

Él, en silencio, deslizó su mano del cabello de ella hasta su rostro, ahuecó una de las mejillas de Tanya en su palma y con el pulgar limpió el rastro húmedo que las lágrimas habían dejado.

Tanya lo miró a los ojos, notando que era increíblemente empático con ella; no le preguntó nada más, respetaba su silencio con una devoción que la conmovió profundamente.

Emmet también miró los ojos de Tanya, y el corazón de ella se alteró de nuevo, un ritmo frenético que la sorprendió.

“Tal vez a este paso deba pedirle a Víctor que se especialice en cardiología.” —Ya no estás sola… yo estoy contigo, y lo estaré para la eternidad -murmuró con su voz más suave y comprensible, una promesa grabada en el aire.

Tanya apretó sus manos en puños, aún alrededor del cuello de él.

Y lentamente, notó cómo Emmet acortaba la distancia entre sus rostros.

Ella sabía sus intenciones, pero no lo detuvo.

Ya no quería detenerlo más.

Tal vez lo hiciera después del beso, o después de ese día, o semanas, o meses.

Pero en ese momento, siguió sus impulsos y deseos, como si su conciencia o autocontrol hubieran desaparecido por completo.

Tal vez era porque venía herida por su discusión con Jared, o porque el dolor que la atormentaba la había desarmado.

No sabía la razón, pero cuando Emmet rozó sus labios con los de ella, no supo cómo alejarse.

Lentamente cerró los ojos y unió sus labios con los de él.

“Suaves…” Él ya había rozado sus labios con los de ella en ocasiones anteriores, pero esta era la primera vez que la besaba despierta, con Tanya plenamente consciente.

Y ella sintió la suavidad de los labios de Emmet contra los suyos por primera vez.

Los labios de él se movieron con una lentitud paciente; ella se quedó unos segundos estática, como si su mente hubiera olvidado cómo devolver un beso.

Pero, después de una pausa que pareció una eternidad, siguió la danza suave del ósculo.

Fue un beso lento y delicado, una ola de electricidad pura que recorrió el cuerpo de Tanya.

Su respiración se volvió errática, afectada por la intensidad de la sensación.

Su mente se veía impedida para pensar con claridad, atrapada en el instante.

Emmet, aún con su mano en la mejilla de ella, decidió inclinar un poco la cabeza hacia atrás, logrando un mejor acceso a sus labios.

Un escalofrío le recorrió la espalda, y Tanya apretaba sus manos por reflejo cada vez que una nueva ola eléctrica la sacudía.

Emmet la acercó más, presionando el cuerpo de ella contra el suyo.

La lluvia golpeaba las ventanas, los truenos retumbaban, y el único sonido que importaba era el de sus labios uniéndose en una danza lenta y delicada, como si estuvieran ensayando un baile aprendido en sueños.

El beso duró unos momentos más hasta que ambos se separaron lentamente.

Ella mantuvo los ojos cerrados, tratando de normalizar su respiración mientras sentía la frente de Emmet unirse con la suya, el aliento de él acariciando sus labios entreabiertos.

Luego, abrió los ojos con lentitud y se topó con los de Emmet, fijos en los suyos, ahora con un brillo apenas contenido, una mezcla de anhelo y triunfo silencioso.

La mirada de Tanya se alternaba entre los ojos y los labios de él, una invitación muda.

Emmet comprendió la señal y, de nuevo, estampó sus labios contra los de ella.

Ambos cerraron los ojos, llevando el beso a un nuevo nivel de intensidad.

Tanya se esforzó por no dejarse llevar por completo por la vorágine de sensaciones, pero por alguna razón, se sentía… bien.

“Muy bien.” Emmet mantuvo un ritmo cautivador, alternando besos profundos con pequeños roces de sus dientes en el labio inferior de ella.

Tanya se estremeció ante esos roces placenteros, una nueva emoción que la sorprendía.

Y no le desagradaba tanto como lo había pensado hacía tiempo.

Apretó sus brazos alrededor del cuello de él, aferrándose.

Tanya sintió cómo la respiración de Emmet comenzaba a tornarse algo pesada y, segundos después, en medio del beso, sintió la lengua de Emmet acariciar sus labios, una sutil y ardiente petición para que abriera su boca… y ella lo hizo.

Entreabrió sus labios para él, rindiéndose por completo al momento.

________________________________ Pequeño anuncio, tratare de subir capitulos cuando pueda, la universidad y mi estado emocional no estable aun me han limitado mucho, pero no puedo dejarlos a ustedes lectores.

Asi que tratare de seguir escribiendo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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