Proyecto: Almas Cosechadas - Capítulo 39
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 39: Una Situación Cálida
“Cuando el error siembra el camino, la confusión cosecha la dirección, dejando solo un laberinto sin salida a la vista”
–Libe Gloze
Emmet
“Jamás me consideró alguien santo… Lo admito. Soy egoísta, cruel y obtengo lo que quiero, sin importarme las consecuencias o el precio a pagar.”
Emmet fue el primero en despertarse cuando los primeros rayos del sol se colaron perezosamente por las ventanas de su habitación. Abrió los ojos con una lentitud que rozaba la indiferencia y lo primero que encontró fue a Tanya durmiendo plácidamente en sus brazos. Recorrió con la mirada el cuerpo de ella, apenas cubierto por la sábana. Luego observó su cuello: las marcas rojizas persistían, e incluso las huellas de algunas mordidas eran aún visibles. Su cabello era un caos indomable, y solo podía imaginar el estado de sus pobres piernas.
Con sigilo y una paciencia casi felina, Emmet se deslizó fuera de la cama. Los rayos del sol acariciaron su cuerpo desnudo. Dio una vista panorámica a la habitación: ropa desparramada por el suelo, la cama hecha un desastre, y Tanya, ajena a todo, sumida en un sueño profundo. Pero lo que le importaba en ese momento… era deshacerse de las evidencias: las tazas de té de la noche anterior. Caminó hacia la taza que yacía en el suelo, la misma que Tanya había arrojado con vehemencia tras vaciar su contenido. En su rostro, una sonrisa maquiavélica, teñida con un atisbo de culpa, apareció y se desvaneció con rapidez.
“Lo tomo todo… las dos tazas. No estaba en el plan que tomara mi taza, pero los resultados… siempre le tengo fe a los afrodisíacos. Aunque no pensé que fueran tan efectivos en esos tés.”
Emmet observó los restos pegajosos del té adheridos a las paredes de la taza. Hacía tiempo, antes de conocer a Tanya, había investigado y buscado tés con afrodisíacos para mezclarlos y probar su efectividad. Fue difícil encontrarlos durante el tiempo en que comenzaron a encerrarlo y Tanya lo trajo a su mansión.
— ¿Quién iba a decir que iba a funcionar?
Emmet se acercó a la mesa entre los sofás y miró la otra taza. Esta también tenía un contenido pegajoso en sus paredes, pero no le dio mayor importancia. Era solo un afrodisíaco, nada más. Alternó su vista entre las tazas y Tanya, observando cómo ella respiraba tranquila. Soltó un suspiro de alivio, aunque no por completo.
“Tenía pensado que solo tomara su tasa con su nivel de afrodisíaco, y yo también la mía. Quería que me eligiera a mí, tener la oportunidad de besarla. Pero ella se lo tomó todo. Y luego…”
Emmet se sintió culpable por lo de anoche. Prácticamente había drogado a Tanya para que ella accediera a sus deseos. Pero solo le había ofrecido una única taza para que cediera. La dosis no era fuerte, ella podría haberse negado. Quería probar hasta dónde llegaría. Pero no tuvo en cuenta que ella se tomaría también su té. De seguro eso había potenciado el efecto o nublado sus sentidos por completo.
“Debo anotar eso y evitar que se repita.”
Pero justo al decir eso, varias imágenes de la noche anterior asaltaron su mente con una fuerza abrumadora: Tanya sumisa a él, entregada a sus deseos, sus gemidos resonando por la habitación. Y sobre todo, su expresión de éxtasis al alcanzar sus orgasmos. Sintió sus mejillas arder por completo, pero la culpa solo se intensificó. No debía haber aprovechado de ella, no debía. ¿Pero se arrepentía? No. Esa era la cruda verdad. No se arrepentía de nada. Su plan, su intención, nunca fue drogar a Tanya para que accediera a sus deseos. ¿Le puso un afrodisíaco a su tasa? Si. Pero fue para ver la efectividad de una sola dosis, lo adecuado, nada grave, nada que la haría perder su juicio.
“No fue justo lo que deseaba… pero no me arrepiento de nada.”
Emmet tomó las dos tazas en sus manos y corrió al baño de su habitación. Se dirigió al lavabo y comenzó a lavarlas con una determinación febril. Después de borrar la evidencia, las dejaron a un lado y se observaron en el reflejo del espejo. Su cabello era un desastre, la marca en sus labios que ella le había hecho seguía ahí. Aparte de eso, estaba perfectamente bien, incluso podría decir que se sentía renovado, renacido. Negó con la cabeza cuando la culpa, como un fantasma persistente, regresó a su conciencia. La quería para él, pero no de esa forma. Sin embargo, lo hecho, hecho estaba. Por más que la culpa ahora habitara su mente y corazón, no podía regresar el tiempo.
Se metió a la bañera y se dio una ducha, pero en cuanto el agua tocó su espalda, ardió un poco. Se duchó rápido por la molestia, y cuando salió y se secaba, se dio la vuelta frente al espejo para ver la causa del ardor. Varias líneas rojizas verticales, pequeñas o grandes, surcaban su espalda. No pude evitar sonreír satisfecho por las marcas. Sabía que Tanya lo había disfrutado tanto como él. Pero ahora que ella despertara, las cosas cambiarían, y él debía aceptar el castigo que Tanya le daría si es que llegaba a enterarse. Por ahora… ya era suya.
“¿Qué podrá hacerme? ¿Me echará de la mansión? ¿Acaso acabará con mi vida? ¿Me cortará alguna extremidad? ¿O me cortará mi…?”
Emmet miró hacia abajo y tragó con dificultad. Los nervios y la culpa comenzaron a atormentarlo una vez más, con mayor intensidad. Decidió dejar de pensar en su posible final; Después de todo, se lo merecía por lo que había hecho. Salió del baño y caminó con sigilo hacia su armario, sacó su ropa interior y se la puso. Su mirada se desvió hacia Tanya, quien seguía dormida. Emmet soltó un pequeño suspiro. ¿Tenías miedo de que despertara? Si. ¿Quería repetir lo de anoche? Claro que sí, con cada fibra de su ser.
Pero sea cual sea la decisión que tome Tanya, la aceptaría, aunque eso significara perderlo todo. Sin embargo, sus otros pensamientos y sentimientos eran muy contrarios a la culpa y el miedo que sentía. Se sentía feliz, orgulloso, lleno de satisfacción y poder. Los sentimientos encontrados lo hacían debatirse entre la culpa y su propia felicidad. Amaba a Tanya, eso jamás lo pondría en duda. Y más ahora, al saber que ella lo había elegido, lo llenaba de posesividad a un nivel nuevo y peligroso. Era suya, y también él le pertenecía a ella. Pero ella tendría que aceptar la realidad, ya que aún faltaba el otro. Aunque… no tenía el valor para contar la verdad.
—Que Dios me ampare…
Tanya
“Dios… me duele el cuerpo. La cama se siente tan cómoda, no quiero dejarla. Pero… este olor es familiar, es relajante, pero no es el mío. ¿Dónde estoy?”
Tanya seguía con los ojos cerrados, tratando de cambiar de posición. No sentí el calor sofocante al que estaba acostumbrada; De hecho, jamás había sentido una pijama tan fresca como la tela que ahora cubría su cuerpo. Movió una de sus piernas para acomodarse mejor, pero un punzante dolor la asaltó. La sorpresa la inmovilizó. No quise abrir los ojos mientras intentaba sentarse en la cama; su cabeza le dolía sin razón aparente. Sin embargo, no logró erguirse del todo, pues su cadera protestó con otro espasmo de dolor.
—Acaso Noah me dio una patada en el entrenamiento matutino o qué?
—No te muevas más, solo te dolerá más -la voz de Emmet resonó detrás de ella, pero no la tomó por sorpresa. Ya habían dormido juntos varias noches, y tenerlo en plena mañana en su cama no era nada nuevo-. ¿Cómo te sientes?
—Adolorida, me duele la maldita cadera y la cabeza -se quejó ella, finalmente sentándose en la cama. Llevó una mano a su sien, presionando para mitigar el dolor pulsante.
“¿Por qué duele? Ahg… me siento mareada. ¿Acaso tomé ayer? No. Yo no tomé…”
Tanya finalmente abrió los ojos y notó, con un escalofrío que no era su habitación. Se enderezó un poco más, y la sábana que cubría su cuerpo se deslizó hasta su regazo. Sintió un aire helado, una frescura inusual. Con una punzada de pánico, miró su cuerpo desnudo. Vio marcas alrededor de su pecho, en su abdomen. Un ligero ardor y una humedad sutil entre sus piernas le robaron el aliento por unos segundos.
“¿Q-qué demonios? ¿Qué hice anoche?”
Tanya sintió una vergüenza abrasadora, intensa, casi insoportable, mezclada con una inaudita timidez. Intentó mover sus piernas, pero estas comenzaron a temblar, sintiéndolas extrañamente débiles. Sintió sus mejillas encenderse y el calor extenderse por todo su rostro, hasta sus orejas, que percibía rojas y ardientes. Con manos temblorosas, tomó la sábana y cubrió su cuerpo de nuevo, tragando con dificultad por los nervios.
Cerró los ojos por un momento. ¿Vergüenza? Sí, y mucha. No sabía por qué había cedido a sus deseos tan rápido. Poco a poco, los fragmentos de la noche comenzaron antes a regresar: a Emmet besándola, sus manos y boca recorriendo su cuerpo. A él empezando a desnudarse, a él encima de ella. Y la inconfundible sensación de él en su interior…
Un pequeño tirón hizo que su cabeza doliera de nuevo. Unos recuerdos que había sepultado hacía muchos años regresaron en leves destellos. Las memorias de cuando experimentaban con ella volvieron a su cabeza como tirones bruscos de realidad. Johan abusando de ella una y otra vez. Tanto de ella como de sus hermanos y hermanas. Las palabras que le susurraba Johan al oído cuando la tomaban por la fuerza. Las marcas que le dejaba en su cuerpo. Todo volvió a su mente, pero luego se iba, solo para regresar y desaparecer de nuevo, aterrorizándola con la sola idea de aquel lugar y de su creador.
Comenzó a respirar hondo, tratando de tranquilizarse. Todo lo de anoche fue con su consentimiento, lo disfrutó. No pasó nada malo. Aquello había sucedido hace años, cuando era apenas una niña. Sufrió mucho, pero era ya el pasado. Esto era el presente.
— ¿Tanya? -preguntó Emmet, algo intranquilo por su respiración errática y la forma en que se había quedado inmóvil. Se sentó a su lado y sus brazos la rodearon con fuerza. La atrajo hacia su cuerpo, cubriéndola y haciéndola sentir protegida y segura de lo que fuera que la asustara en ese momento.
Ella se fue calmando poco a poco, regresando a su realidad, a su presente. No era Johan, era Emmet. No era el laboratorio, era su hogar. Su respiración se normalizó. Y posó una de sus manos sobre una de las manos de Emmet.
—Estoy aquí, Tanya. No te asustes -le susurró Emmet en voz baja contra su oído. Lo hacía siempre que ella despertaba por una pesadilla. Emmet, ahora detrás de ella, la abrazaba, cubriéndola aún más con las sábanas y susurrándole palabras tranquilizadoras para calmarla.
Tanya volteó su rostro para verlo y acercarse, indicando que el torbellino de recuerdos había cesado. Emmet le brindó una sonrisa cálida y besó una de sus mejillas suavemente, sin soltarla de sus brazos. En lugar de eso, ambos se recostaron de nuevo en la cama, Emmet se apoyó en la cabecera y Tanya acurrucada contra su pecho.
— ¿Emmet? -Ella presionó un poco su mano, la pregunta flotando en el aire.
Él apretó los labios con una expresión indescifrable. Tanya logró observar la felicidad y la calidez en su mirada, pero también algo más, algo que no supo descifrar.
— ¿Cómo está tu cuerpo? -preguntó en un susurro tranquilo y comprensible-. Perdóname, no fui nada suave o lento.
Tanya aún conservaba su sonrojo y desvió la mirada, apoyando la cabeza en el hombro de Emmet.
—No debes disculparte por eso… -murmuró con voz baja, la vergüenza de aceptar que había perdido los estribos y lo había disfrutado por completa la asaltaba.
Emmet guardó silencio unos segundos. Ambos disfrutaron de la comodidad del silencio que se había instalado entre ellos, saboreando la calidez de sus cuerpos y la forma en que parecían encajar a la perfección.
—Te daré algo de ropa, puedes enférmate -le mencionó, besando una de sus sienes y luego ayudándola a enderezarse lo suficiente para que él pudiera salir de la cama y caminar hacia su armario.
Mientras Emmet se movía en silencio, Tanya se quedó observándolo. Notó, con una mezcla de sorpresa y algo parecido a la culpa, las heridas en su espalda: rasguños que ella misma le había infligido la noche anterior. Él llegó a su armario y comenzó a buscar ropa cómoda para ella. Tanya, por su parte, recorrió el cuerpo de Emmet con sus ojos en busca de más marcas, pero cuando él sacó una camisa y un pantalón, girándose hacia ella de nuevo, solo distinguió una pequeña herida en su labio inferior. Nada más allá de esas dos marcas.
“Dios… ¿fui yo quien le hizo eso?”
—Puedes ponerte esto mientras te preparo un baño… -comenzó a hablar él, caminando de regreso hacia ella-. Anoche nosotros… bueno, lo hicimos -recordó con un deje de orgullo en su voz-. Y de nuevo, me disculpo si fui… salvaje.
Ella se quedó callada, su cabeza seguía doliendo un poco. Hizo un ademán con la mano para evitar que continúe disculpándose. Mientras él le ayudaba a vestirse para cubrir su desnudez, Tanya sintió que había algo más. Podía sentir… como una pieza faltante, pero no sabía qué era. No se sentía… tranquila. Pero la razón de esa inquietud se le escapaba.
—Anoche tú… ¿lo disfrutas? -Emmet frunció el ceño ante sus palabras y ladeó la cabeza, cruzándose de brazos con una incredulidad apenas disimulada.
— ¿Acaso me estás preguntando si lo disfruté? -le cuestionó, su tono denotando sorpresa.
—Y-yo… -tartamudeó, avergonzada por su propio balbuceo. Se quitó un poco, pero la molestia, casi dolorosa, de su cadera le recordó lo estúpida de su pregunta.
—Tanya -Emmet se sentó a su lado y alzó una de sus manos para ahuecar una de sus mejillas, obligándola a mirarlo-. Lo disfruté cada segundo. Cada roce, cada beso, cada respiración y sonido tuyo. Todo lo disfruté y me gustaría poder repetirlo de nuevo. —Tanya abrió un poco los ojos y presionó las sábanas en sus manos, nerviosa ante la idea de volver a hacerlo. Su cuerpo no podría soportarlo, y eso que entrenaba a diario. Emmet notó su nerviosismo y, con una leve risa maliciosa, se acercó su rostro al de ella y besó suavemente sus labios-. Tranquila, no pienso hacerlo de nuevo, al menos por hoy.
“Este tipo…”
Ella le agradeció con un sentimiento de cabeza cuando Emmet dijo que no pasaría nada más ese día. Luego, hizo un esfuerzo por recordar, mientras Emmet le acariciaba el rostro. ¿Cómo había terminado de esa manera? Había pasado la noche con Emmet, antes de eso habían hablado, y antes de eso, él la había visto… en ese estado, por Jared.
Un nuevo malestar se implantó en ella. Recordaba bien lo que había pasado con Jared. No quería verlo, no quería hablar con él. Era infantil de su parte, pero… temía por su verdad. Era como si huyera de lo que sea que él pudiera contarle. Pero en algún momento, debía escucharlo. Debía saber qué iba a decirle ese día cuando la dejó ir.
— ¿Qué tienes mi amada? –le pregunto dándole pequeños besos por su frente con una sonrisa y sus manos acariciando su cabello
“Parece un cachorro”
—Es solo que… no, nada –Ella miro a Emmet quien solo estaba usando su ropa interior para cubrirse. Ella supo que si no se cubría podría enfermarse quiso usar su don para levantar la sabana en el aire para tapar a Emmet pero entonces su cabeza empezó a dolor un más, mucho más que antes, solo entonces Emmet paro sus mimos al ver que ella sufría algún tipo de dolor
— ¡¿Qué pasa?! ¡¿Te hice daño?! ¡¿Qué paso?! –pregunto él casi entrando en pánico revisándola con la mirada
—Nada es solo que me duele mucho la cabeza –Tanya poso una de sus manos en su cabeza deseando que el dolor se fuera pero no paso nada. Incluso Emmet la miro preocupado
— ¿Acaso tomamos o comimos algo anoche? –Emmet no se tenso y solo negó con la cabeza ante la pregunta de ella
—No, solo hablamos, una cosa llevo a la otra y te abrace. Luego… –Tanya observo a Emmet y como sus orejas se ponían un poco rojas
Ella ya estaba completamente vestida pero seguía sentada en la cama, su cadera sí que dolía, pero más que doler era una molestia si se movía. Ella sintió sus mejillas arder al recordar de nuevo por qué dolían. Ahora ambos estaban en silencio y sonrojados mirándose el uno al otro. Emmet fue el primero en romper el silencio
— ¿Tienes hambre o quieres darte una ducha primero? –le dio una sonrisa tierna y acaricio de nuevo su mejilla
—Primero me daré una ducha, pero en mi habitación. Así podre ponerme mi ropa –Emmet dejo de acariciar su mejilla y su sonrisa se debilito un poco
— ¿Acaso hice algo que te molestara para que te vayas? –Ella negó a su pregunta y lentamente empezó a acercarse a la orilla de la cama
—No, pero no debemos dejar que cierta persona se entero de esto. Al menos no por otros -ella se puso de pie y sus piernas casi la traicionan al dejarla caer, las sentía débiles. Pero Emmet la tomo rápidamente de la cintura sosteniéndola
— ¿Acaso te avergüenzas de nuestra relación? –su tono se escuchaba dolido, pero ella de nuevo negó con la cabeza
—Trato de evitar que Noah se desquite contigo de alguna manera, no le agrada lo que hicimos –ella miro la herida en el labio de Emmet y desvió la mirada avergonzada
Ella sintió un poco de alivio al saber que todo fue con consentimiento de ella, y que podía recordarlo todo. Pero no podía comprender el dolor de su cabeza si no bebió o comió algo. Pero todo fue tan… inesperado. Tan de golpe. Noah ya era mayor y temía que una noticia así le diera algo. Si con Jared le causo molestia no quería imaginar que le daría con Emmet. Él al notar el desvió de su mirada y luego su silencio hizo la pregunta a la que le temía su respuesta
— ¿Te arrepientes? –Había algo oscuro en su pregunta, su tono era bajo-. Por que yo no, te dije que si se puede repetir lo haría con todo gusto, pero te respeto y no te obligaría a nada
Tanya sintió su corazón latir con fuerza. Ella dio un vistazo rápido a sus ojos haciendo contacto visual. Luego miro la cama, la ropa en el suelo…
—Yo… no sé –menciono con cierta duda, Emmet apretó los dientes y una mirada de desesperación apareció en sus ojos, pero no la soltó.
— ¿Por qué? ¿Por qué no estás segura? –él parecía asustado-. ¿Acaso hice algo mal? ¿No quieres que te toque más?
—Tranquilo –ella poso una de sus manos en el hombro de él-. No lo digo en esa forma yo… si lo disfrute –admitió algo avergonzada al ser directa pero debía serlo para tranquilizar a Emmet-. Es solo que… siento que te use por que no estaba bien cuando llegue aquí y yo-
—Eso no me interesa –la interrumpió él, y acerco su rostro al de ella, con una péquela mirad feroz-. No me importa si me utilizaste por que te sentías mal o querías olvidarte de algo o alguien. Me elegiste a mí, ahora eres mía y yo soy tuyo y eso es lo único que me importa ahora
—Emmet -Ella no se esperaba esas palabras, ni el leve toque posesivo que percibió de Emmet.
—Te ayudé a llegar a tu habitación -No fue una pregunta; Fue una declaración, firme, irrefutable.
Él iba a tomarla en sus brazos, pero ella lo detuvo.
—Espera -Él se detuvo en seco, porque ese “espera” no fue un pedido, sino una orden rotunda-. Puedo hacerlo sola, no estoy tan adolorida.
Emmet exhaló un suspiro resignado y la ayudó a encaminarse hasta la puerta, mientras él la abría. Tanya esperaba un reclamo, un argumento para convencerla.
—Perdón -Esto congeló a Tanya, que giró la cabeza para verlo-. Perdóname -Emmet apretó su agarre en la cintura de ella-. Yo no quise… apurar las cosas y ponerte en un aprieto con todo esto.
Ella presionó su mano en el hombro de él y, sin que Emmet se lo esperara, lo abrazó. Él se calmó un poco, y sus brazos la rodearon por completo, en un gesto que buscaba consuelo tanto como ofrecerlo.
—No debes disculparte de nuevo. No te alejaré ni nada de eso, solo quiero… evitarte problemas a ti con Noah. -Él negó con la cabeza, su objeción inquebrantable.
—No me importa él, me importas tú -susurró él, su voz cargada de una posesión recién descubierta-. Te iré a ver a tu habitación y ahora dormiré a tu lado para cuidarte. Yo te dejé en este estado y aprieto. Y me haré responsable en todo aspecto.
—Lo sé -Ella le dio un pequeño y sutil beso en su hombro, una promesa tácita.
Luego, Tanya comenzó a caminar con pasos lentos, calculados, para no sentir la punzada en su cadera. Cerró la puerta de la habitación de Emmet. Lo último que vio de él fue una expresión de angustia, un semblante que reflejaba la batalla interna que él también libraba. Ella sabía que podía quedarse con él, pero también quería estar sola. Quiso comprobar una teoría que había formulado hacía unos minutos. Miró un florero cercano y trató de hacerlo levitar con su don, pero de nuevo su cabeza empezó a dolerle a horrores. Se rindió a usar su don por esos momentos.
Ella dio un suspiro y decidió irse a su habitación. Jamás había tenido problemas con su don hasta ahora. Al dar el primer paso, sintió su cadera doler de nuevo, pero luego sintió cómo algo se deslizaba desde su entrepierna hasta su muslo y se sonrojó por completo. Necesitaba un baño, sin falta. Logró llegar a su habitación sin que nadie la viera. Se metió al baño, se quitó la ropa de Emmet y la lanzó lejos, mientras llenaba la bañera. Su mente era un caos. Empezó a recordar algunas cosas más: ella había hablado sobre su origen, pero no le había dicho ni mencionado nada acerca de su verdadera naturaleza. ¿Acaso Emmet la aceptaba, aunque no fuera una humana y con todo el peso de su pasado?
“Agh, qué día”
Se sumergió en el agua tibia, sintiendo cómo el calor aliviaba su cadera dolorida y sus piernas débiles. Pero su mente estaba aún más llena de preguntas, culpa y el dolor persistente en su cabeza.
Emmet la había llevado a su habitación, había intentado ayudarla a calmarse. Pero lo que hicieron no estaba bien, no lo estuvo para ella. Hacer eso con Emmet no era una excusa para lo que había pasado con Jared. No lo era, y era dolorosamente consciente de esto.
Se sentía avergonzada y vulnerable. ¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué había dicho esas cosas? ¿Ahora significaba que su pareja era Emmet y ya no Jared? Empezó a limpiar su cuerpo con el jabón, y mientras lo hacía, los recuerdos de lo que había pasado con Emmet volvían sin respetar la hora o lo que estaba haciendo: cómo se había sentido, qué expresiones hizo Emmet, las sensaciones que él le provocó. Todo volvió a su mente, un ciclo incesante.
Pero a la vez, un pensamiento de culpa la asaltó de nuevo. No estaba molestando con él, sino consigo misma. ¿Por qué pasó eso entre ellos sin dejar las cosas claras? ¿Por qué no hablaron primero? ¿Por qué tuvieron que sucumbir al deseo? Se sintió fatal, no solo esencialmente, sino también mentalmente, por la culpa. Emmet le había hablado de sus sentimientos, y ella estaba consciente de lo que él sentía por ella. Sentía que lo había usado, y él no merecía eso.
Limpió el jabón de su cuerpo y se quedó sentada, abrazando sus rodillas, mirando un punto fijo en el baño. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Qué podía decirle? ¿Qué iba a suceder entre ellos ahora? No lo sabía con seguridad… Tanya se hundió más en el agua tibia de la bañera, el vapor empañando el aire y su mente.
“¿De verdad me arrepiento?”
La pregunta resonaba, sin respuesta. Lo había disfrutado, sí, y también reconocía sus sentimientos por Emmet. Pero la punzada de culpa persistía; creía haberlo usado para mitigar el dolor que Jared le había infligido.
“¿Qué pasaría ahora? ¿Él podría confiar en mí? ¿Seremos los mismos de siempre? ¿Cómo será nuestra relación de ahora en adelante?” Las preguntas se arremolinaban, sin permitirle encontrar un asidero.
Un ruido de interferencia interrumpió el pesado silencio de la mansión. Venía del armario junto a su cama: un mensaje del Búho Uno.
—Buenos días, señorita Rosa de Hielo… no quería despertarte de esta manera, pero hay una noticia que dar. -Al no obtener respuesta, Búho Uno continuó, imperturbable-: Hay un empleado que actúa sospechoso en tu mansión, se ha estado juntando con algunas personas sospechosas. Creo que está vendiendo información. -De nuevo, el silencio de Tanya fue su única respuesta-. Ya tenemos la identidad de a quien le vendía información, pero no del empleado, aunque tenemos sospechas. -Todavía sin respuesta, la voz del Búho Uno se tornó más insistente-: ¡Hola! ¡Señorita Hielo!
Tanya escuchaba las quejas del Búho Uno por su falta de respuesta. Solo se recostó más en la bañera y se sumergió poco a poco en el agua, gimiendo apenas audible.
—Ahg… no quiero trabajar hoy.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com