Puedo Copiar Y Evolucionar Talentos - Capítulo 719
- Inicio
- Puedo Copiar Y Evolucionar Talentos
- Capítulo 719 - Capítulo 719: El comienzo del festival Milhwa
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 719: El comienzo del festival Milhwa
Por primera vez desde que Northern fue admitido en la academia, vio a los estudiantes de las escuelas combativa y no combativa reunidos en un mismo lugar.
Se movían en grupos distintos, marginando claramente a los pocos estudiantes no combativos que se habían atrevido a participar en el concurso del festival. Todos marchaban hacia el salón multiusos, instalado justo fuera del recinto escolar. Su ubicación, cerca de la puerta, aseguraba que todos tuvieran que caminar la misma distancia para llegar.
A medida que se acercaban a su destino, una sensación de familiaridad invadió a Northern. Los caminos que tomaron le parecieron extrañamente reconocibles y el edificio de cristal que se alzaba ante ellos, un eco olvidado del pasado. Cuando entraron en el gran salón, bañado en un cálido resplandor dorado que danzaba sobre las pulidas paredes y suelos, la comprensión lo golpeó como un súbito escalofrío.
Era el mismo salón donde los reunieron a todos antes de engañarlos y teletransportarlos al continente oscuro.
La expresión de Northern se ensombreció, pero la ocultó rápidamente, volviendo su rostro un lienzo indescifrable. Una tensión lúgubre lo presionó como una mano fría en el hombro. Se giró hacia su izquierda.
Allí, de pie, había un chico completamente consumido por la furia; su ira era tan palpable que hasta los individuos más fuertes a su alrededor sintieron el peso opresor de su sed de sangre.
La mirada de Northern se desvió hacia un chico rubio cercano, que miró en su dirección con el ceño fruncido y recelo. Más adelante, dos figuras —una chica y un chico— los observaban fijamente. Su piel, pulida hasta obtener un brillo broncíneo, parecía refulgir débilmente bajo las luces doradas del salón.
…Igual que la de Vida.
«Eh…, esos tíos…, me resultan familiares».
El recuerdo afloró rápidamente; Northern lo recordaba con claridad. En Fughal, en el puerto de teletransporte, dos de ellos lo habían mirado de un modo extraño, evaluador.
En aquel entonces no les había prestado mucha atención, aunque pudo percibir que, en efecto, eran fuertes. Ahora era igual; o quizá un poco diferente. Gracias a lo fuerte que se había vuelto de la noche a la mañana, podía saberlo en un instante.
No solo con ellos: cada persona en la academia, cada individuo que caía bajo el alcance de su percepción espacial. Podía asegurar que ninguno de ellos, absolutamente ninguno, era lo bastante fuerte como para dejarle una huella imborrable en combate.
Quizá entre los instructores, podía distinguir a un par que eran fuertes. A pesar de que reprimían sus auras al mínimo, Northern podía notarlo. Esos dos eran los más fuertes de la academia, más fuertes incluso que Annette.
«Qué extraño…».
Northern desvió la atención al ver al grupo de instructores subir al estrado. Finalmente, se giró hacia el chico que tenía al lado y le dio un coscorrón en mitad de la cabeza.
El chico bufó de inmediato, dirigiendo toda su ira hacia Northern. En el instante en que lo encaró, sintió de pronto que todo el escenario a su alrededor se transformaba. Un muro colosal de oscuridad envolvente se cernió sobre él a una velocidad aterradora, y el tipo que acababa de darle el coscorrón apareció como una aparición terrorífica, con cuatro ojos carmesí y dientes tallados con saña.
Retrocedió, tambaleante, mientras gruesas gotas de sudor ya le corrían por el rostro.
—¿Eh? ¿Estás bien, Darryl?
Su amigo, que estaba de pie a su lado con aire despreocupado, preguntó con preocupación.
—Ah, estoy bien…, solo me he mareado un momento.
Respondió, mientras se secaba el sudor con la manga antes de fijar la vista al frente. Ni siquiera se atrevía a mirar de reojo a la persona que tenía al lado, por miedo a ver lo mismo otra vez.
Después de unos segundos, mientras los instructores esperaban la llegada del Director para dar el discurso de apertura, le dijo a su amigo:
—Oye, Eren, busquemos otro sitio donde ponernos, ¿vale?
—¿Eh? ¿Por qué? Pero si este sitio está bien. Puedo ver el estrado claramente desde aquí.
—Tío, vámonos.
Darryl se alejó, arrastrando a su amigo con él.
Northern les lanzó una mirada mientras se alejaban.
«Imbécil… Liberando toda esa sed de sangre… ¿Ante quién se cree que está?».
Northern entendía que el chico probablemente estaba tan enfadado como él, pero el hecho de que no pudiera controlarse demostraba lo poco que había aprendido en el continente oscuro.
«Probablemente uno de los hombres que estaban a las órdenes de Zephyr».
Había matado a muchos a quienes Afkon comandaba directamente. La mayoría de los supervivientes eran personas que habían marchado con Zephyr para conquistar la fortaleza de Lotheliwan. El chico era muy probablemente uno de ellos.
Los ojos de Northern volvieron a centrarse en el estrado cuando el Director, flanqueado por dos instructores —uno a su derecha y, para su sorpresa, Annette a su izquierda—, avanzó.
«¿Qué hace ella ahí?».
Llegaron al centro del estrado, y los dos acompañantes se retiraron a la fila de instructores que esperaban detrás, mientras el Director avanzaba en solitario hacia la estructura parecida a un atril de la que sobresalían varios micrófonos.
El hombre era tan común como se pueda imaginar. Llevaba el pelo cano peinado hacia atrás y varias arrugas surcaban su rostro, una muestra evidente de su avanzada edad. Su mirada era serena y perspicaz, y recorrió lentamente la multitud de cabezas con una ternura palpable.
Entonces se detuvo, metió una mano en el bolsillo de su elegante traje blanco, se estremeció un poco y se inclinó para hablar por el micrófono.
—Uf… qué frío hace.
Una nube de vaho se escapó de su boca al hablar.
—Veo que todos llevan jerséis, y chaquetas encima… debe de ser bastante sofocante. Yo tengo mi grueso esmoquin blanco, tejido por los mejores del continente para protegerme del frío. Ojalá diera para todos, de verdad, pero entonces tendría que dar este discurso desnudo. Ja, ja…
Unas risitas resonaron en el salón tras el torpe discurso del Director.
A Northern, sin embargo, no le hizo ninguna gracia.
«¿Quién empieza un discurso así?».
El Director continuó, ajeno a lo que nadie pudiera pensar de su introducción.
—El frío… no suele tratarnos a todos por igual en esta época, pero aun así es un compañero. Un recordatorio de que, incluso en la incomodidad, encontramos fuerza en la unidad. Nos impulsa a buscar calor, no solo en chaquetas gruesas o esmóquines blancos, sino en los lazos que forjamos los unos con los otros.
La voz del Director tenía una cadencia serena y mesurada que llenaba el salón, y sus palabras estaban impregnadas de un aire de sabiduría.
—El Festival de Milhwa es más que una celebración. Es una tradición arraigada en nuestra historia, un recordatorio del día en que esta academia fue fundada para servir como un faro de esperanza. Un santuario donde todos los que buscaban fuerza —ya sea de cuerpo, mente o espíritu— pudieran cultivar su potencial.
Hizo una pausa, dejando que sus palabras se asentaran en el silencioso salón antes de continuar.
—Este festival es también una oportunidad para honrar a quienes nos precedieron, a quienes sentaron los cimientos sobre los que hoy nos erigimos. Sus sacrificios, su valor, sus triunfos… perviven en el legado que mantenemos. Y depende de cada uno de ustedes, como estudiantes y futuros líderes, continuar con este legado.
Su mirada recorrió la multitud, deteniéndose en ciertos individuos con una intensidad que parecía perforar sus pensamientos.
—Todos ustedes están en el umbral de la grandeza, pero permítanme recordarles que la verdadera grandeza no se encuentra solo en la fuerza. Reside en el propósito. En la resolución de proteger, de crecer y de construir un mañana mejor.
El Director se echó ligeramente hacia atrás, y una leve sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios.
—Hoy, el Festival de Milhwa celebra más que solo nuestra fundación. Los celebra a ustedes. Cada concurso, cada actuación, cada esfuerzo puesto en hacer este día especial refleja su determinación y espíritu. Ganen o pierdan, la experiencia los formará. Así que, los insto, participen, animen a sus compañeros y atesoren estos momentos. Definirán no solo su tiempo aquí, sino también los caminos que elijan recorrer en el futuro.
Otra pausa, esta vez acompañada de un escalofrío, pues el frío pareció calar un poco más hondo. Soltó una risita y ajustó su postura.
—Ahora, antes de que me congele aquí arriba, permítanme declarar oficialmente el inicio del Festival de Milhwa. ¡Que sea un día de alegría, desafío y unidad!
Dicho esto, se apartó del atril e hizo un gesto con la mano hacia los instructores que estaban detrás de él. Una ovación estalló en el salón, salpicada por algunos vítores entre los aplausos, por lo demás comedidos.
Northern permaneció en silencio, parpadeando. De repente, empezó a aplaudir con fuerza. Sus aplausos fueron los que más resonaron.
«¿Qué demonios? ¡¡Ha sido la leche!!».
La voz del instructor resonó por el salón, serena, pero cargada con un peso que hacía que cada palabra pareciera más pesada.
—El Festival Milhwa se erige sobre tres pilares esenciales, cada uno representando el espíritu de la competición y la supervivencia. Este año, sin embargo, no se adherirá a la tradición de la forma que podrían esperar. Las reglas siguen siendo las mismas, sí…, pero el camino que tomarán se ha vuelto mucho más peligroso y desafiante.
Hizo una pausa y bajó la vista hacia el libro que reposaba en el atril. La tenue luz dorada danzaba sobre sus facciones afiladas y severas, y sus ojos grises eran fríos e inescrutables.
—Debido a la mayor severidad del festival de este año, el proceso de inscripción seguirá protocolos más estrictos. Dicho esto, estos cambios son menores. La participación sigue abierta para todos, sin importar el riesgo. Sin embargo, a todo estudiante con un talento clase D o inferior se le exigirá firmar una exención de responsabilidad legal antes de entrar.
Un murmullo de voces estalló como una ola rompiendo contra la roca. La confusión y la frustración se extendieron por la multitud.
—¿Un acuerdo legal para qué?
—¿Por qué tienen que señalarnos?
—¡No es nuestra culpa haber sacado la pajita más corta con los talentos clase D!
Northern miró a su alrededor y sus labios se curvaron hacia abajo con una ligera lástima.
«Pobres e ignorantes almas…».
El instructor permaneció en silencio mientras las protestas se hacían más ruidosas, con una expresión inalterable.
Entonces, con deliberada precisión, alargó la mano hacia el largo micrófono a su lado. Sus dedos se enroscaron en el cuello del aparato y, con un giro brusco, arrancó un chirrido de los altavoces que rasgó el salón como el lamento de una banshee.
La multitud retrocedió, agarrándose las orejas y gimiendo de incomodidad. Northern hizo una mueca de dolor, pero no pudo evitar sonreír con aire de superioridad ante el caos.
«Vaya forma de llamar la atención de todos».
Cuando el sonido se disipó, el instructor golpeó el micro dos veces, y los secos chasquidos resonaron por el ahora silencioso salón.
Aclarándose la garganta, reanudó su discurso con el mismo tono mesurado, completamente impasible ante la indignación que acababa de sofocar.
—Ahora que tenemos su atención, procedamos a la primera competición —dijo, con su voz cortando la tensión persistente—. Caza de monstruos. Como es tradición, las cohortes constarán de cuatro participantes. Sin embargo, el formato de este año no será una simple caza en un área extensa. En su lugar, cada cohorte se aventurará en una grieta… a solas.
Un jadeo colectivo recorrió a los estudiantes, y sus murmullos ahora estaban teñidos de auténtico miedo e inquietud.
Los agudos ojos de Northern recorrieron la multitud, observando las expresiones cambiantes mientras caían en la cuenta.
Una grieta no era un coto de caza ordinario. Era un campo de muerte.
El instructor dejó que los murmullos persistieran un momento antes de continuar.
—Este ajuste, por supuesto, explica las exenciones de responsabilidad. Debemos asegurarnos de que la academia esté protegida de toda responsabilidad en caso de que los estudiantes más débiles insistan en participar a pesar de los riesgos evidentes.
Northern chasqueó la lengua con fastidio, y un destello de irritación cruzó su rostro.
«Qué conveniente. Simplemente les echan la responsabilidad a los estudiantes y se lavan las manos».
Los ojos grises del instructor recorrieron la sala, su mirada como acero cortando los murmullos.
—Debido a la duración limitada del festival, la primera competición durará solo tres días. Al final de este periodo, todos los participantes serán extraídos de sus respectivas grietas. El equipo con el mayor número de bajas será declarado ganador de la primera competición.
Un silencio sepulcral se apoderó de la sala mientras las palabras del instructor calaban.
—Además —continuó, con voz fría y deliberada—, los tres primeros equipos en superar las cincuenta bajas confirmadas recibirán importantes recompensas adicionales. Ténganlo en cuenta.
Northern sonrió y se cruzó de brazos mientras estudiaba al hombre en el atril. El instructor pasó a otra página de su libro, con la expresión inmutable.
—La segunda fase de la competición, como de costumbre, será una exhibición de habilidad. Sin embargo, las autoridades les darán a todos una misión que cumplir para garantizar la equidad entre todos los estudiantes.
Pasó a la página siguiente.
—En cuanto a la última fase de la competición —el duelo de cohortes—, también habrá un cambio significativo. A diferencia de antes, donde los miembros de la cohorte podían elegir contra quién querían luchar, este año, una vez que pisen la arena, no bajarán de ella hasta que sean derrotados. La victoria de cada cohorte se calculará por el tiempo que un solo miembro permanezca en la arena. Después de eso, los resultados se combinarán y, en el último día de la semana —el día de la ceremonia—, se hará el anuncio.
El instructor pasó a otra página y permaneció en silencio durante unos segundos. Los murmullos aumentaron a medida que su silencio se prolongaba.
Por primera vez desde que subió al podio, Northern notó una emoción en su rostro.
Sus cejas se fruncieron mientras una expresión desagradable se instalaba en su rostro por un momento muy breve, casi imperceptible. Luego, levantó la cabeza.
Cuando su voz resonó por los altavoces del salón, los murmullos se apagaron.
—El último cambio… es el más interesante y significativo.
Hizo una pausa. El silencio inundó todo el salón mientras cada alma esperaba con expectación para oír lo que tenía que decir. Incluso Northern.
Y llegó:
—El festival se celebrará fuera de los terrenos de la academia.
Ignorando su soso anuncio, el salón entero estalló en un caos de gritos y saltos. Los estudiantes lanzaban las manos al aire y saltaban con una energía inmensa, abrazándose y regocijándose juntos.
Northern y probablemente algunos otros fueron los únicos que no saltaron ni celebraron como los demás estudiantes. Sin embargo, eso no significaba que no estuvieran contentos.
Northern, por ejemplo, se mostraba muy escéptico sobre lo de saltar, por si acaso abría una grieta en el suelo del salón. E incluso si quisiera, nunca saltaría.
«¿Por qué demonios haría yo eso?».
Otros estudiantes probablemente tenían razones igual de lógicas que las suyas.
Northern apartó la mirada de ellos y fijó sus ojos en el instructor.
«…Son buenas noticias… ¿por qué parecía disgustado por ello?».
Especialmente para Northern, esto creaba una oportunidad para un escenario mucho más grande, porque el hecho de que ahora fuera abierto significaba que invitados de todos los rincones de las Llanuras Centrales, y quizá incluso de otros continentes, se dirigirían a la ceremonia.
No solo eso, sino que las ciudadelas e incluso el gobierno —todos— estarían disponibles para ver la competición, ansiosos por tomar nota de posibles talentos y prodigios para reclutarlos a toda costa.
Esta era una vía para ganar mucho dinero con las entradas y hacer que su fama creciera aún más, aunque la academia ya era lo suficientemente renombrada.
Todo esto era bueno…, pero el instructor estaba disgustado por ello. ¿Por qué?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com