Puedo Copiar Y Evolucionar Talentos - Capítulo 834
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Capítulo 834: El costo de la subestimación
Para Northern se había vuelto fácil percibir la verdadera esencia del alma de una persona. Con el tiempo, una semblanza de la habilidad de los Ojos del Caos también se había contagiado a su vista mundana.
Así que, aunque no era tan claro como cuando activaba los Ojos del Caos, aún podía discernir la intención de una persona hasta un punto razonable.
Podía ver la verdad, las mentiras y la necedad de la humanidad. Algunas de estas emociones eran demasiado enrevesadas, enredadas en una maraña que no lograba desentrañar del todo, como las de la chica contra la que acababa de luchar.
Pero otras eran tan claras como el cielo de mediodía.
Desde el momento en que el chico pelirrojo habló, Northern vio algo acechando en las profundidades de su alma. No era exactamente una mentira, pero tampoco una verdad.
Y cuanto más hablaba el chico, más se retorcía aquello en una extraña y sigilosa oscuridad.
Luego vino la sugerencia: usar su habilidad más débil. Northern observó cómo esa oscuridad se asentaba, enroscándose en una cómoda quietud.
El chico estaba convencido. Mediante sutiles manipulaciones, creía haber guiado a Northern a tomar una decisión precipitada.
Por supuesto, no había forma de que pudiera predecir la elección exacta de palabras o acciones de Northern. En su lugar, confió en la abrumadora confianza que alguien del calibre de Northern mostraría inevitablemente.
Y como Northern había decidido casualmente adoptar la personalidad de un personaje superpoderoso, todo pareció desarrollarse perfectamente a favor del chico pelirrojo.
Al menos, eso parecía.
El verdadero problema —y la razón por la que Northern se compadecía de él— era que el supuesto talento más débil que había elegido… no había forma de que el chico pudiera defenderse de él.
Era un talento tan absurdamente astuto que incluso la Fuerza del Vacío había tenido dificultades para defenderse de él.
Pero como el chico se había forjado meticulosamente un camino tan delicado hacia la victoria, Northern quería creer que tenía un plan, por muy cobarde que pareciera.
Así que, en señal de respeto por su supuesta preparación, Northern respondería con sinceridad.
Con su ataque más débil.
Solo que puede que le pusiera un poco de empeño.
«Espero que me entretenga un poco»
El cuerpo del chico relucía con una armadura radiante, de superficie pulida como un espejo. Atrapaba la abrasadora luz de la tarde, curvándola y dispersándola, lanzando el resplandor directamente a la cara de Northern.
Pero a Northern no le molestó.
Los Ojos del Caos habían alterado su vista mundana de formas que ni él mismo comprendía del todo. Uno de sus efectos persistentes lo hacía inmune a las distracciones basadas en la luz. Podía alzar la mirada y observar fijamente el corazón de un sol abrasador durante horas, sin inmutarse, sin parpadear.
Los rayos podían ser agudos, penetrantes, pero nunca ocultaban lo que necesitaba ver. Es más, era como si las mismísimas partículas de luz se apartaran, despejándole el camino a su visión para que atravesara.
Había una fuerza en juego, un concepto gobernado por los Ojos del Caos, igual que él podía influir sutilmente en la gravedad.
Por lo tanto, el resplandor cegador de la armadura del chico no lo inmutó en lo más mínimo.
El chico, sin embargo, sonreía satisfecho, complacido consigo mismo como si ya se hubiera alzado con la victoria.
—¡Mi nombre es Tristein! Tristein Voldiburg, del clan Voldiburg.
Northern asintió.
«¿Qué pasa con su manera de presentarse?»
Parecía apropiado devolver el gesto, aunque le veía poco sentido a tales formalidades. Abrió la boca y habló.
—Soy Rian. De ningún clan.
La sonrisa de Tristein se ensanchó. Asintió con la cabeza, exudando pura euforia.
—Estoy listo.
Todo en él irradiaba confianza. Había tenido en cuenta dos posibles resultados; dos casos cuidadosamente calculados. Por supuesto, ambos aún conllevaban la posibilidad de su muerte, pero su planificación había sido meticulosa.
Tras presenciar la primera batalla con Ayuri Miu, Tristein se había percatado de algo crucial. El estudiante no había usado un solo talento. Eso solidificó su teoría.
Las habilidades principales de Northern tenían que estar ligadas al fuego y al hielo. Era todo lo que había mostrado antes. ¿Su vuelo? Una compleja interacción de esos elementos: calor y escarcha trabajando en tándem, fuerzas que se contrarrestaban.
Y así, Tristein llegó a una conclusión.
La abrumadora ofensiva de Northern significaba una cosa: su defensa sería deficiente.
Esa era la naturaleza de los talentos elementales. Servían para ataques devastadores, pero a menudo se quedaban cortos en la fortificación.
El hielo podía formar gruesos muros, pero al final, seguía siendo hielo: quebradizo.
Su láser lo atravesaría con facilidad.
Lo mismo se aplicaba al fuego. Un muro de llamas no era diferente de un muro de agua; su ataque lo atravesaría como una cuchilla al pergamino.
¿Y si Northern optaba por pasar a la ofensiva?
Mejor aún.
La mano de Tristein rozó su armadura, cuyo peso era una presencia reconfortante.
Había sido un regalo de su abuelo.
Una reliquia del viejo mundo.
Una Armadura Antigua.
Un tesoro tan raro que hasta los Paragones desatarían guerras para reclamarlo.
Su abuelo simplemente se la había dado.
Se decía que la armadura era capaz de desviar incluso toda la fuerza de la propia estrella del día.
Una risa ahogada retumbó en su garganta, apenas reprimida.
«¡Te quiero, abuelo!»
Esta armadura —este momento— iba a grabar su nombre en la historia de la academia.
Ya podía oír los susurros de su leyenda en formación.
Tristein Voldiburg, el primer estudiante en derrotar al chico que la academia creía que nunca podrían vencer. ¡El que puso en su sitio al extraño estudiante no combativo!
Sus hombros se sacudían por la risa apenas contenida. Por mucho que lo intentara, no podía reprimir la vertiginosa emoción que bullía en su interior.
Northern preparó su ataque.
Tal como había prometido, sería el más débil de su arsenal; el único talento que nunca había mejorado, en el que apenas había pensado y que casi había olvidado.
Susurro del Vendaval.
Nunca le había gustado. El talento de viento carecía de la devastación pura de sus otras habilidades. El único mérito que tenía era su costumbre de colarse entre las defensas, atacando sin previo aviso: silencioso, invisible, inesperado.
Y ahora, a lo que Northern se refería con ponerle empeño era…
Con la esencia del Vacío de una Sabia y su propia improvisación gracias a DiY, forjaría una cuchilla de viento lo bastante grande como para causar impresión.
Entrecerró los ojos mientras calculaba la altura del chico.
Confiaba en que Tristein se defendería, o que, como mínimo, resistiría el ataque sin sufrir daños fatales.
Así que creó la cuchilla para que se ajustara al tamaño del chico.
Pero la cuchilla no era de acero. Era el viento mismo: sin forma, invisible, un susurro transportado por el aire.
Para el ojo inexperto, la única señal de su existencia era una débil ráfaga que se arremolinaba a los pies de Northern.
Ni siquiera necesitó moverse.
Ni un blandir. Ni un gesto.
Solo un pensamiento…
Y el viento obedeció.
Avanzó con fuerza, enmascarado en su propia naturaleza, velado más allá de la percepción.
La multitud contuvo el aliento.
Todo el mundo esperaba un ataque.
Incluso Tristein, que prácticamente temblaba de impaciencia, estaba empapado en el sudor de la expectación.
—¡Vamos! ¿Acaso vas a…?
Sus palabras se cortaron.
Un espantoso reguero de sangre brotó desde su hombro derecho, cruzando su torso hasta la parte derecha de su cintura.
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