Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Rechazada por mi compañero, ahora compañera del Rey Licano - Capítulo 18

  1. Inicio
  2. Rechazada por mi compañero, ahora compañera del Rey Licano
  3. Capítulo 18 - 18 CAPÍTULO 18
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

18: CAPÍTULO 18 18: CAPÍTULO 18 ~ ROWAN
Esperaba que no traerla aquí sería mejor para mi cordura, pero me equivoqué, porque con cada segundo que pasaba, no hacía más que pensar en ella.

El vínculo de pareja era la forma de tortura más cruel.

No hizo que ella me gustara al instante, lo que lo habría hecho más fácil, sino que hizo que la anhelara.

Percibía su aroma en mis sueños, oía su voz en mi mente cuando todo quedaba en silencio.

Era como una plaga, apoderándose de cada rincón de mi vida hasta que sentía que iba a estallar por dentro.

Machacaba el saco de boxeo con más fuerza, intentando expulsar de mi mente cualquier pensamiento sobre Nyssa y su ridícula perfección—
Un fuerte estruendo llenó el aire cuando el saco se arrancó de sus soportes y salió disparado contra la pared de enfrente.

—Vaya que le has demostrado al saco de boxeo quién manda —dijo Aria con sorna, cruzando los brazos sobre el pecho mientras se apoyaba en la pared.

Ignoré a mi hermana y me arranqué las vendas de las manos.

Tenía los nudillos magullados y ensangrentados, pero no le di importancia.

Parte de ser un licántropo era curarse rápidamente.

En unas pocas horas, estarían como nuevos.

—¿Qué quieres, Aria?

—pregunté una vez que recuperé el saco de donde había caído.

Ya no servía para nada.

Había rasgado la tela y la arena se desparramaba por el suelo bajo mis pies.

—Pensé que te gustaría saber que los guardias se están adaptando bien.

Me han estado poniendo al día sobre la manada.

Henry se está comportando como el imbécil de siempre.

Bufé.

—Dime algo que no sepa.

—No los han atacado desde que los enviamos, pero sí que han visto a algunos renegados merodeando demasiado cerca del territorio.

No creen que sea una coincidencia que los ataquen a ellos y no a las otras manadas.

Es algo que están investigando.

—¿Eso es todo?

—pregunté, intentando que no me temblara la voz.

No les había pedido a los guardias que me informaran directamente porque no quería arriesgarme a oír nada sobre Nyssa.

Creía que, manteniéndola alejada, todo sería más fácil, pero no fue así.

Estaba tan desesperado por cualquier dato sobre ella que me descubría a mí mismo revisando su expediente en la oficina a horas intempestivas.

—Si quieres saber algo, Rowan, solo tienes que preguntar —se burló, despegándose de la pared—.

Especialmente si tiene que ver con cierta chica de pelo castaño y ojos azules.

—Jódete —espeté ante la expresión de entusiasmo de su cara.

Su respuesta fue una carcajada que resonó por todo el gimnasio y me persiguió mientras subía las escaleras.

Nadie disfrutaba de esto más que Aria.

No es que le entusiasmara la idea de que yo estuviera emparejado con Nyssa, pero le encantaba verme sufrir.

No sabría decir si era cosa de hermanas pequeñas o si, simplemente, era un engendro del demonio.

—¡Perdón!

—gritó, corriendo detrás de mí—.

Es que es gracioso, nada más.

Seguro que hasta tú le ves la gracia a esta situación.

Por desgracia, sí que podía, y eso era lo que lo hacía todo aún más frustrante.

Me había pasado la vida entera evitando las relaciones románticas de cualquier tipo.

Siempre di por sentado que, si alguna vez tenía un compañero, sería estrictamente por política.

No tenía tiempo para mujeres, a no ser que se tratara de un placer pasajero, en cuyo caso jamás volvían a saber de mí.

Si había alguien en el mundo que mereciera menos que nadie tener un compañero…

ese era yo y, sin embargo, fui yo a quien la diosa eligió para bendecir…

o maldecir, según se mirase.

—No la han visto.

—Las palabras de Aria me hicieron detenerme en seco—.

Los saludó cuando llegaron, pero no la han vuelto a ver desde entonces.

No fuiste a por ella como dijiste que harías, y la manada no habla de otra cosa.

Seguramente se sienta avergonzada.

Justo como esperaba.

Con suerte, esto bastaría para quitarle de la cabeza la idea de que lo nuestro podría funcionar.

—Rowan, de verdad creo que deberías reconsiderar l-
El resto de sus palabras cayeron en saco roto, porque la atmósfera cambió de repente y una descarga de adrenalina me recorrió la espina dorsal.

Había pasado media vida en el campo de batalla.

Había entrenado con los mejores y había estado en las situaciones más aterradoras que uno pueda imaginar, pero nunca antes había sentido algo así.

Por un momento, todo lo demás dejó de existir y un fuego ardiente se extendió por mi columna hasta el torso.

El dolor casi me derriba.

Tuve que agarrarme a la pared para no caerme.

—¡Rowan!

—gritó Aria, con la voz cargada de preocupación—.

¿Estás bien?

¿Ha pasado algo?

Apreté los dientes, intentando forzar a que la sensación desapareciera, pero no lo hizo.

De hecho, se volvió más intensa.

Oía los gritos de preocupación de mi hermana, pero no podía desencajar la mandíbula para hablar por miedo a que, si lo hacía, solo pudiera emitir un gemido de dolor.

«¿Qué coño está pasando?», le espeté a mi licántropo.

«¿De dónde viene este dolor?»
«No viene de nosotros», respondió a duras penas.

De algún modo, supe de inmediato de dónde venía.

Solo había oído historias sobre la conciencia compartida.

Nunca la había visto manifestarse en la vida real.

Incluso en esas historias, solo funcionaba entre parejas que llevaban mucho tiempo juntas; cuyos vínculos habían superado todas las pruebas imaginables.

No había pasado ni una semana desde que la conocí, pero no había otra explicación plausible.

—Dile a los guardias que la encuentren —le espeté a Aria—.

Que registren toda la puta manada si es necesario.

—¿Encontrar a quién?

¿Qué dices?

—¡Nyssa!

—dije entre dientes—.

Está herida y se está muriendo, joder.

¡Tienen que encontrarla, ahora!

Ella asintió y agarró el teléfono, pero entonces la comprensión afloró en su mirada.

Se detuvo y se giró hacia mí.

—¿A dónde vas?

—¡A encontrarla yo mismo, joder!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo