Rechazada por mi compañero, ahora compañera del Rey Licano - Capítulo 19
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19: CAPÍTULO 19 19: CAPÍTULO 19 ~ NYSSA
Nunca había pensado mucho en cómo moriría.
Principalmente porque siempre pensé que viviría una vida larga y plena.
La única vez que lo había pensado, supuse que sería en la casa de la manada, rodeada de los hijos que tuviera con Henry.
Esa idea sonaba tan descabellada ahora mismo, considerando la realidad a la que me enfrentaba.
Yacía boca abajo en la tierra, con el dolor extendiéndose por cada centímetro de mi cuerpo.
No podía saber si la batalla a mi alrededor había cesado porque no podía oír nada por encima del zumbido en mis oídos.
Todo lo que sentía era dolor y sufrimiento.
Intenté moverme, pero mi cuerpo no respondía.
Sentía como si ya no fuera mío, como si yo fuera una figura flotando en el aire, observando todo lo que me sucedía.
El cuchillo debía de ser de plata, porque ninguna otra cosa tenía el poder de ponerme de rodillas así.
—¿Sigues ahí?
—le pregunté a mi loba, desesperada por una voz familiar.
Morir era terrible, pero morir sola era la peor tortura.
—Estoy aquí.
—Su voz era suave, apenas audible.
La sentía tan débil…, tan inalcanzable.
Ya podía sentir cómo se desvanecía en el fondo de mi mente.
Me aferré a ella con la poca fuerza que me quedaba.
—No te vayas.
—Lo intento —logró decir—.
Toda mi fuerza se está usando para mantenerte con vida.
Lo siento, Nyssa, tengo que hacerlo.
Sentí cómo se me escapaba de los dedos hacia los recovecos de mi conciencia.
A medida que ella se desvanecía, también lo hizo el bloqueo mental que mantenía sobre mí y sentí la fuerza de la puñalada golpearme por completo.
Podía sentir la plata corriendo por mi sangre, envenenándome…, debilitándome.
—¡Ahí está!
—gritó una voz.
Sentí unas manos desconocidas agarrarme con fuerza y, de repente, estaba suspendida en el aire.
Oía que se decían palabras, pero no podía distinguirlas.
Podía sentir la oscuridad arrastrándose hacia mí como una vieja amiga y el agotamiento empezó a pesar sobre mí.
Un ligero golpecito en mi mejilla.
—¡Mantente despierta!
Te llevamos a un hospital.
Una maldición.
—¡Nos va a matar, joder!
Más maldiciones.
Más manos zarandeando mis hombros, intentando despertarme.
Intenté mantenerme despierta, de verdad que lo intenté, pero cuanto más lo intentaba, más perdía.
Nunca iba a ganar la batalla, no contra un oponente tan poderoso.
La oscuridad me reclamó finalmente, y todo se volvió negro.
*******************************
Un pitido agudo llenó mi conciencia, sacándome de las profundidades de la oscuridad que me había engullido.
Era como un martilleo en mi cráneo del que no podía deshacerme por mucho que lo intentara.
El sonido continuó resonando hasta que se volvió tan insoportable que pensé que mi cabeza se abriría por la presión.
Me obligué a abrir los ojos, gimiendo cuando la brillante luz sobre mi cabeza me dio de lleno.
Intenté moverme, pero no podía obligar a mi cuerpo a hacer lo que le pedía.
Sentía como si me aplastara un camión, pero al mirar hacia abajo, no había nada sujetándome.
Yacía en una cama de hospital, tenía cables conectados a los brazos, pero nada parecía fuera de lugar.
—¡Estás despierta!
—exclamó una voz a mi derecha.
Me giré y encontré a una mujer de pie a mi lado.
Llevaba un uniforme blanco de enfermera, con su pelo rojo recogido en un moño en la nuca.
Tenía las mejillas teñidas de un ligero tono rosa y parecía asustada…
como si no me hubiera esperado.
—Solo venía a revisar tu vía intravenosa —explicó—.
Has estado inconsciente unas horas.
¿Recuerdas lo que pasó?
Logré asentir con la cabeza.
No olvidaría ese incidente en mucho tiempo.
Si cerraba los ojos, aún veía la cara del renegado; su cruel sonrisa.
—Quién…
—se me quebró la voz.
Corrió a mi lado, me sirvió un vaso de agua y me lo acercó a los labios.
Odiaba sentirme indefensa, pero no había nada que pudiera hacer.
Aún no había recuperado el uso completo de mis extremidades y estaba completamente a su merced.
Una vez que bebí lo suficiente, chasqueé los labios.
—Gracias.
¿Quién me trajo aquí?
—Los guardias del palacio.
Prácticamente estaban perdiendo la cabeza cuando lo hicieron.
Irrumpieron por las puertas y exigieron que un médico te viera de inmediato.
No aceptaban un no por respuesta.
Fue un poco sexi, si lo piensas.
Debió de darse cuenta de que estaba hablando con una paciente, porque soltó una maldición.
—Lo siento.
Que estuvieras herida no fue sexi.
No sé en qué estaba pensando.
Debería llamar a un médico.
Quédate aquí —cerró los ojos con fuerza y maldijo—.
¡Joder!
No puedes moverte.
Yo…
adiós.
Me habría reído si eso no me hubiera costado demasiada energía.
Tal y como estaban las cosas, mantener los ojos abiertos era una tortura.
Seguía sin sentir a mi loba y, aunque podía sentir que la vida empezaba a volver a mi cuerpo, tampoco podía mover las extremidades.
Era como un cachorrito ansioso.
Era adorable.
Si tuviera que adivinar, diría que no era mayor que yo.
Su aura gritaba inocencia y había algo casi infantil en ella.
Probablemente acababa de salir de la facultad de medicina.
Abrió la puerta para irse y unas voces fuertes llenaron el silencio de inmediato.
No tenía ni idea de que las habitaciones del hospital estuvieran insonorizadas.
Por otro lado, antes de hoy, nunca había estado en el hospital.
Yo pertenecía a la afortunada población que nunca se rompía un hueso, y los hombres lobo nunca se ponían enfermos.
El hospital era meramente por precaución y para los soldados heridos en batalla.
Masculló otra disculpa y se apresuró a cerrar la puerta cuando oí una voz muy familiar.
La última vez que la oí, pensé que era fría y distante, pero eso era un juego de niños comparado con ahora.
No había nada más que pura ira grabada en cada palabra.
La rabia no se dirigía a mí y, sin embargo, me provocó escalofríos por la espalda y metió el miedo directamente en mi corazón.
—¿Dónde coño está?
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