Rechazada por mi compañero, ahora compañera del Rey Licano - Capítulo 37
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37: CAPÍTULO 37 37: CAPÍTULO 37 ~ NYSSA
Durante los dos días siguientes, las cosas transcurrieron sin problemas.
Por un momento, me olvidé del puto desastre en el que estaba metida y empecé a ilusionarme con la hoguera.
Aria y yo fuimos a comprar ropa e incluso me llevó a ver los preparativos de la hoguera.
Fue increíble ver lo bien que estaba quedando todo.
Cuando cayó la noche el día del evento, rebosaba de emoción.
Estaba sentada frente al tocador, ahuecando mis rizos, cuando sonó el teléfono.
De hecho, tardé un momento en darme cuenta de que era el teléfono porque en toda la semana que llevaba aquí, no había recibido ni una sola llamada.
Lo cogí y fruncí el ceño al ver el identificador de llamadas.
Una parte de mí quería ignorarlo, pero supuse que debía de ser algo importante, así que contesté.
—Veo lo fácil que te resulta olvidar a tu manada —gruñó Henry en cuanto descolgué—.
Esperaba más de ti.
—No vas a intentar manipularme, Henry —dije sin más—.
¿Qué quieres?
—¿Que qué quiero?
—se burló, con tono ofendido—.
Te he llamado para informarte de que, mientras has estado de juerga con el Rey, tu manada sigue bajo ataque, ¿o es que ya te has olvidado?
No respondí porque la verdad era que…
sí lo había olvidado.
Con todo lo que había pasado aquí, me había olvidado momentáneamente de la manada.
Había relegado a un segundo plano todo lo relacionado con Rowan y nuestro trato y, por desgracia, la manada formaba parte de ello.
—Hay guardias allí —dije al fin—.
Deberían estar encargándose de ello.
—¿Lo están?
—siseó Henry—.
Puede que tú elijas ignorar qué clase de hombre es Rowan, pero yo no.
Sus guardias no están aquí para ayudar, están aquí para espiarnos para él.
Quiere nuestra manada.
Puse los ojos en blanco.
—¿Te das cuenta de lo ridículo que suenas?
¿Por qué coño iba a querer nuestra manada?
¿Qué gana con eso?
Tiene un puto palacio.
—No estoy siendo irrazonable…
—Sí, Henry, lo estás siendo.
Nos está ayudando.
Tenemos un trato…
Henry soltó una risa sin humor, un sonido como el de unas uñas arañando una pizarra.
—¿De eso se trata, verdad?
Te lo estás follando, por eso lo defiendes.
Mis mejillas se pusieron al rojo vivo, no porque tuviera razón, sino por el veneno con el que escupía sus palabras.
Las soltaba como si estuvieran sucias y, a pesar de que no estaba a mi lado, podía sentir sus ojos como dagas quemándome la piel.
—Eso es inapropiado…
—Pero es verdad —se burló—.
Debería haberlo sabido.
¿Por qué si no ibas a aceptar esa regla ridícula?
¿Por qué si no iba a aceptarla él?
Estuve a punto de decirle que se equivocaba, pero sus últimas palabras me detuvieron.
—¿Qué coño significa eso?
—Vamos, Nyssa, ¿de verdad crees que el Rey te elegiría como su compañera?
Si quisiera hacerlo, ¿por qué no lo ha hecho?
Si de verdad le importara el vínculo de pareja, ya tendrías una corona en la cabeza.
Lo único que le importa es follarte y tú le has dado justo eso.
Sus palabras se clavaron como dagas afiladas directas a mi corazón.
Siguió hablando, pero yo ya apenas podía entender sus palabras.
Colgué, lanzando el teléfono sobre la cama como si me quemara.
Volvió a llamar, pero dejé que sonara hasta que se cortó.
Intenté apartar esos pensamientos de mi mente, pero ya habían echado raíces en lo más profundo de ella.
Sus palabras tenían mucho sentido, por mucho que no quisiera creerlas.
¿Por qué si no me mantenía Rowan a su lado?
Aún no había intentado follarme, pero eso no significaba…
Unos golpes en la puerta me sacaron de mis pensamientos.
Sobresaltada, di un respingo y el corazón me dio un vuelco en el pecho.
Me obligué a respirar.
No había ninguna amenaza.
—¡Adelante!
—grité.
De todas las personas que esperaba ver, Aria no era una de ellas.
Estaba de pie en el umbral de la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho mientras me recorría con la mirada, yo aún en bata y con el pelo medio mojado.
Llevaba un vestido azul corto que se le ceñía como una segunda piel y lo había combinado con unas botas altas hasta el muslo.
Tenía el pelo ligeramente rizado con pequeñas cintas entrelazadas entre los mechones.
—¿Por qué demonios no estás vestida?
—preguntó con incredulidad.
—Dijiste que empezaba a las nueve.
—Dije oficialmente.
Tienes que ir antes para poder pasar primero por todos los otros puestos.
¿Es que no hacéis hogueras en tu manada?
Negué con la cabeza.
Era un concepto ajeno para mí.
Lo mejor que teníamos allí eran fiestas enormes para celebrar el cumpleaños del Alfa, pero la última que hicimos fue justo antes de que muriera el padre de Henry.
—Como sea —masculló—.
Vístete, te espero fuera.
Cerró la puerta tras de sí, dejándome en el silencio de mi habitación.
Para ser sincera, ya no quería ir a la hoguera.
Las palabras de Henry me habían robado toda la alegría.
Me dirigí a la puerta para decírselo, pero me detuve con la mano en el pomo.
Henry ni siquiera estaba aquí y yo estaba dejando que me amargara la vida.
¿Y qué si Rowan quería follarme?
No era el fin del mundo.
Además, era demasiado cobarde para hacer algo al respecto.
Con un resoplido de determinación, me dirigí al armario y saqué el conjunto que Aria había elegido para mí.
Era más atrevido que cualquier cosa que yo hubiera elegido por mi cuenta y discutí con Aria por ello hace dos días, pero ¿ahora?
Era perfecto.
Los shorts vaqueros eran tan cortos que podrían haber pasado por ropa interior, y el top era un crop top de encaje sin mangas que no dejaba casi nada a la imaginación.
Lo combiné con unas botas y una chaqueta de cuero ancha, cogí el bolso y un brillo de labios y me fui a buscar a Aria.
Que se jodan los dos, esta noche va solo de mí.
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