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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 102

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102: CAPÍTULO 102 102: CAPÍTULO 102 Sabrina
Al entrar en mi garaje, apagué el motor, bajé la puerta y dejé caer la cabeza sobre el volante.

¿En qué coño estaba pensando?

Suspiré y apreté los párpados con fuerza.

Ahora que estaba lejos del complejo, podía empezar a procesar todo lo que había visto.

Con razón mi hermana se había metido en la cama con Noah ‘Stoney’ Stonewell.

Jesús, yo también quería, y eso que él me aterraba.

Cogí el bolso, entré en casa y lo dejé todo sobre la isla de la cocina.

—Llevabas fuera…

Solté un grito y eché mano a un cuchillo del taco, pero enseguida reconocí que mi intruso era mi hermano.

—Mierda, hermanita, lo siento —dijo, y luego se echó a reír—.

¿Qué ibas a hacer con eso?

Miré mi mano y me di cuenta de que había cogido el afilador de cuchillos.

—¿Vas a afilarme hasta la muerte?

—replicó él.

Lo volví a colocar en su sitio y fulminé a Luca con la mirada.

—Todavía podría sacarte sangre con esto.

Tu ojo sería un buen objetivo.

¿Qué haces aquí?

¿Has encontrado a Fox?

—No.

Pero lo haremos.

Se me ocurrió esperar aquí, ya que no podía hacer nada en la comisaría.

Al menos, nada que no pudiera hacer aquí.

—¿Tienes alguna idea de dónde está?

—Tenemos un par de pistas, pero nada concreto todavía —dijo, y se cruzó de brazos—.

Ahora, ¿vas a decirme por qué coño fuiste al complejo de los Aulladores Primales?

—Solo si prometes no enfadarte.

—Oh, estoy mucho más que enfadado, Sabrina.

Lo miré entornando los ojos.

—¿Necesitas que te recuerde que soy una mujer adulta y que no tengo por qué contarte una mierda?

—Bree, sabes que eres la luz de mi vida y que, si algo te pasara, perdería la cabeza.

Así que ¡no pienso disculparme por no gustarme que te hayas puesto en peligro entrando como si nada en la guarida de un notorio club de moteros del uno por ciento!

Negué con la cabeza.

—Supongo que es justo, pero no pasó nada.

A pesar de ser intimidantes y muy moteros, en realidad fueron amables.

Para ser moteros, supongo.

Por desgracia, no conseguí lo que necesitaba, así que fue un viaje en balde.

—¿Y qué era?

—preguntó él.

—Uno de los moteros es el padre biológico de Felix.

—Jesús.

¿Ria se folló a un Aullador?

—gruñó—.

¿A cuál?

—Eh, ¿Stoney?

—Jodido Cristo.

Genial —masculló con sarcasmo.

—¿Por qué?

¿Es malo?

—Todos son malos, Bree.

Son putos moteros.

—Bueno, eso es un poco prejuicioso.

—Es un juicio acertado.

—Suspiró—.

¿Vas a dejármelo a mí ahora?

¿Por el amor de Dios?

Asentí, mientras las lágrimas se deslizaban por mis mejillas.

—Tienes que encontrarlo.

Sabes el miedo que pasa por la noche.

Y ahora está completamente solo, sin mí.

Me atrajo hacia él para darme un abrazo.

—Estamos en ello.

Lo encontraremos.

—Trabajad más rápido —rogué, abrazándolo.

Me besó el pelo y me apretó con suavidad.

—Vale, hermanita.

Me aparté.

—¿Te quedas a cenar?

—¿Cocinas tú?

—¿Pizza?

Se rio entre dientes.

—Voy a ir a la oficina y luego a casa de Mamá.

Suspiré.

—Claro que sí.

—Tú también puedes venir.

También es tu madre.

—Tengo que quedarme aquí —dije—.

Por si acaso.

—Vale, te llamo luego.

Asentí y acompañé a mi hermano a la puerta, cerrando con llave tras él.

Una vez que lo oí marcharse en coche, me dirigí a la habitación de Fox y encendí la luz.

Todo estaba exactamente como esta mañana.

No sé qué esperaba.

Una pista, quizá.

Le quité las sábanas a la cama, con la intención de tenerlo todo limpio para cuando volviera a casa, pero a medio tirar de la sábana de arriba, sonó el timbre, así que apagué la luz, me dirigí a la puerta principal y la abrí de un tirón.

—¿Te has olvidado al…

—Hola, Breezy.

Stoney estaba en mi porche.

Pero no por mucho tiempo, pues se abrió paso al interior.

Con suavidad, pero con fuerza.

Me encaré con él.

—¿Qu…

eh, qué haces aquí?

¿Cómo has llegado?

—Bonito sitio —dijo, sin responder a mi pregunta.

—Stoney, ¿cómo demonios has descubierto dónde vivo?

—exigí.

Me estudió; sus ojos sonreían, aunque esa sonrisa no llegaba a su boca.

—Viniste a mi casa sin avisar, y ahora te devuelvo el favor.

No es muy importante cómo te he encontrado.

Solo que lo he hecho.

—¿Vas a hacerme daño?

—susurré, aunque ya sabía la respuesta.

—¿Qué te ha dado la impresión de que he venido a hacerte daño?

—¿Qué otra impresión debería tener?

—lo desafié.

—Nena, si quisiera hacerte daño, no habría llamado al timbre.

Me estremecí.

—¿Qué quieres?

—Solo hablar.

Necesito información para poder ayudarte a encontrar a Felix.

—Mi hermano…

—Tu hermano está limitado por la ley, cariño.

Yo no.

Cerré la puerta y me apoyé en ella.

—No tengo mucho, la verdad.

—Dame tu móvil —dijo, y yo me aparté de la puerta y me dirigí a mi bolso.

Revolví dentro, lo cogí y se lo entregué.

—Acabo de enviarme un mensaje —dijo—.

Así tienes mi número.

Quiero que me envíes fotos de Felix y luego quiero información sobre su profesora y el colegio.

—No le harás daño, ¿verdad?

—Jesús, ¿qué te pasa con eso de pensar que voy a hacerle daño a todo el mundo?

—se lamentó.

—Noticia de última hora…

eres bastante aterrador.

Esto lo hizo sonreír y a mí me asustó todavía más.

—Nena, deja de mirarme así.

No voy a hacerte ni puto daño —dijo, con tono de exasperación—.

No tengo la costumbre de hacer daño a las mujeres.

Sin importar quiénes sean o lo que hayan hecho.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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