Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 103
- Inicio
- Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC
- Capítulo 103 - 103 CAPÍTULO 103
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
103: CAPÍTULO 103 103: CAPÍTULO 103 —¿Incluso María?
—¿Por qué coño iba a querer hacerle daño a María?
Que en paz descanse.
Me encogí de hombros.
—Al final, mucha gente estaba enfadada con ella.
Supuse que después de la carta, tú estarías furioso.
—Estoy más bien confundido —admitió—.
Pero podemos aclarar eso cuando tu sobrino esté en casa a salvo, ¿de acuerdo?
Me mordí el labio y asentí.
—Ahora, envíame esa información —exigió, devolviéndome el móvil.
No tardé mucho y dejé el móvil sobre la isla de la cocina.
—¿Qué vas a hacer?
—Es mejor que no lo sepas —dijo, mientras sus dedos volaban sobre el móvil—.
¿Cómo fue la sobredosis de tu hermana?
¿Heroína?
—En cierto modo —dije—.
No murió tanto por una sobredosis de heroína como por una de fentanilo.
Para cuando consiguió desintoxicarse, no solo había disminuido su tolerancia, sino que la propia heroína había cambiado.
El uso generalizado de fentanilo para cortar la heroína no solo la había hecho más adictiva, sino también más mortal.
Ni siquiera creo que consiguiera el colocón que buscaba.
El dragón la consumió antes de que pudiera llegar al castillo.
—Joder —susurró—.
Lo siento, cielo.
Me encogí de hombros, secándome las lágrimas.
—No pasa nada.
No puedo hacer nada para cambiarlo.
—Tu hermana me caía bien.
Era genial.
Loca, pero genial.
Asentí.
—Lo era.
Era increíble.
Cuando estaba sobria.
Pero entonces los demonios la atacaban y ella…, bueno, necesitaba encontrar una vía de escape.
Antes de que pudiera darme cuenta de lo que pasaba, los brazos de Stoney me rodearon y me vi envuelta en el par de brazos más fuertes que jamás había sentido.
Y fue entonces cuando me derrumbé.
Por completo.
—Tranquila, cielo, te tengo —susurró, abrazándome con más fuerza.
No podía dejar de sollozar, inundada por todas las emociones que había sentido por la muerte de mi hermana.
Creía que ya había superado todo aquello, pero al parecer no.
Al menos no con los brazos de Stoney a mi alrededor.
Me sentí segura.
Hacía mucho tiempo que no me sentía segura y no tenía ni idea de qué hacer con eso.
Me aferré a su chaqueta y me acurruqué contra su pecho, sollozando hasta que no me quedó nada.
Ni lágrimas, ni aliento, nada.
—Tengo que encontrarlo.
No puedo vivir sin él —dije con voz ronca en cuanto pude articular palabra.
—Vamos a encontrarlo, Sabrina.
Te juro por Cristo que lo haremos.
—¿Cómo vas a encontrarlo si ni siquiera sabemos quién se lo llevó, ni por qué?
—pregunté, echándome hacia atrás para mirarlo a los ojos.
Sonrió, pero esta vez no me asustó.
—Tengo contactos.
—Eso espero.
—¿Alguna idea por tu parte?
—preguntó.
—Antes de desintoxicarse, se juntó con mucha gente turbia durante muchos años.
En un momento dado, debía mucho dinero por toda la ciudad y no sé si todas esas deudas se pagaron por completo.
Mi madre mencionó que el coche de mi hermana desapareció poco después de su muerte.
Si mi hermana le debía dinero a alguien, quizá se llevaron a Felix para pedir un rescate por él.
—¿Tu familia tiene dinero?
—preguntó.
—Estoy segura de que si todos pusiéramos en común nuestros recursos, podríamos juntar veinte o treinta mil, pero quién sabe cuánto debía.
—No me imagino a nadie tomándose la molestia de llevarse a un niño por veinte mil, así que esperemos que la deuda no fuera mayor.
—Oh, Dios mío —dije con voz ronca.
Me acarició la mejilla.
—Yo me encargo.
Me sonrojé y me aparté de él asintiendo.
—Voy a dejar a un hombre vigilando tu casa —dijo.
—¿Qué?
¿Por qué?
Enarcó una ceja.
—Porque puedo.
—Mi hermano ya…
—Sí, me importa una mierda.
—¿Dónde está?
—pregunté—.
¿Tu hombre?
—Cerca —dijo con evasivas.
Negué con la cabeza.
—Bien.
Él y el hombre de mi hermano pueden arreglárselas a golpes.
La comisura de sus labios se crispó.
—¿Arreglárselas a golpes?
—¡No tengo tiempo para gilipolleces de machos alfa cuando mi sobrino está desaparecido!
—gruñí.
—Vamos a encontrar a Felix, Breezy.
Te lo prometo.
Hice un gesto con las manos hacia la puerta.
—Adelante.
Ponte a buscar.
Porque no puedo quedarme aquí sentada sin hacer nada.
—Quedarte aquí por si vuelve no es no hacer nada, cielo.
Esperar es siempre la parte más difícil, pero es importante.
Me encogí de hombros.
—¿Seguro que estás bien?
—¿En contraposición a qué, exactamente?
¿Una damisela en apuros?
—espeté—.
Noticia de última hora…, no soy la jodida damisela de nadie.
Levantó las manos.
—Vale.
Entendido.
Te enviaré un mensaje cuando encuentre algo.
—Te lo agradecería.
Gracias.
Stoney salió y cerré la puerta con llave tras él, dejándome caer al suelo y rompiendo a llorar.
Dios, como alguien no encontrara algo rápido, iba a volverme loca.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com