Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 123
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- Capítulo 123 - 123 CAPÍTULO 123
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123: CAPÍTULO 123 123: CAPÍTULO 123 —Hola.
—Fox quiere darte las buenas noches.
Sonreí.
—De acuerdo.
Después de los besos y los abrazos, apagué la luz y acompañé a Stoney escaleras abajo.
—Gracias por lo de esta noche —dije.
—Iba a decirte lo mismo —dijo él.
—Se lo ha pasado en grande y eso es lo más importante.
Quiero que confíe en ti.
—Me doy cuenta —dijo—.
Y te lo agradezco.
—¿Quieres terminarte la cerveza?
—Claro, si no estás muy cansada.
Sonreí.
—Estoy bien.
Me serví una copa de vino y me senté con él en la isla de la cocina.
—¿Te ha hablado de lo de llamarte «papá»?
—Sí.
Le dije que podía llamarme como se sintiera más cómodo —sonrió Stoney—.
Se relajó por completo.
Es un niño que se preocupa por todo, ¿eh?
—Dios mío, no tienes ni idea.
Sé que es por todo lo que vio con Ria, así que intento que las cosas aquí sean muy tranquilas y pacíficas.
—Estás haciendo un gran trabajo, nena.
Es obvio que es feliz y está equilibrado.
—Gracias —dije—.
Solo quiero que llegue a un punto en el que duerma tranquilo.
Tiene pesadillas un par de veces por semana.
—Arreglaremos eso, Breezy.
—¿Eso crees, eh?
Él sonrió de oreja a oreja.
—Sí.
Como no estábamos lo bastante cerca para brindar, incliné mi copa de vino hacia él.
—Buena suerte con eso.
Él sonrió.
—¿Por qué su apodo es «Fox»?
—Creo que tenía tres años cuando empezó —negué con la cabeza al recordarlo—.
Sacó todo de debajo del fregadero de la cocina de Mamá y Papá, se metió dentro y cerró las puertas.
Durante unos buenos diez minutos, no pudimos encontrarlo y no respondía cuando lo llamábamos.
Corrimos por toda la casa, por supuesto, por todas partes menos por la cocina, porque pensamos: ¿dónde podría esconderse?
Finalmente, Mamá entró en la cocina y se encontró todo por el suelo.
Mamá abrió las puertas del armario y Felix se rio, diciendo: «Encontré una madriguera de zorro».
—Jesús —dijo con una risita.
—¿A que sí?
Dio bastante miedo, pero fue divertido una vez que se nos pasó el susto.
Al parecer, el día anterior había visto un documental sobre zorros.
Así que, ahora es «Fox».
Aunque estoy llegando a un punto en el que tendremos que declarar una moratoria a los regalos de zorros.
Se está volviendo un poco ridículo —sonreí—.
Su habitación está llena de zorros hasta los topes.
—Sí, me he dado cuenta.
—¿Cómo es que se te dan tan bien los niños?
—pregunté y luego di un sorbo al vino.
Se encogió de hombros.
—Me gustan los niños.
Bueno, me gustan los niños guays.
Y recuerdo lo que era ser un niño, así que es fácil ponerse a su nivel, por así decirlo.
—¿Tienes familia cerca?
—Mi madre y mi hermana.
Mi padre ya no está.
Murió hace diez años.
—Oh, lo siento.
—Era un capullo.
Ninguno de nosotros le llora.
Mi hermana está como una cabra y es probablemente la más cercana a mí.
Mi madre es superreligiosa, así que chocamos mucho, pero es la única madre que tengo, así que intento que no me afecte.
Suspiré.
—Qué faena.
Mis padres son supercatólicos, pero cuando nos hicimos adultos, nos dejaron elegir.
Decidimos no formar parte de la Iglesia, pero vamos a misa en Navidad y Pascua.
—Sois católicos de Navidad y Pascua, ¿eh?
Me reí entre dientes.
—Sí, más o menos.
—¿Cómo te metiste en tu club?
—Mi colega, Greenie, y yo conocimos a Sundance cuando trabajaba para Rocky.
Es el dueño de Rocky Mountain Motors, en la Quinta, y lo mantuvo incluso cuando el club se metió en el negocio del cannabis.
Asentí.
Había pasado por allí un par de veces.
—Rocky nos dio trabajo a los dos mientras estábamos en el instituto, y supongo que Rocky y Sundance fueron como los padres que nunca tuvimos.
Recibí mi parche en cuanto cumplí los dieciocho.
Greenie esperó hasta los diecinueve.
No he vuelto a mirar atrás.
—¿Seguís siendo amigos Greenie y tú?
—Está muerto.
—Oh, Dios, lo siento.
Se encogió de hombros.
—No se puede cambiar.
—¿Tu club está de verdad al margen de la ley?
—No hablo de mi club, Sabrina.
Arrugué la nariz.
—Necesito saber dónde estoy metiendo a Felix.
—Felix no se está metiendo en nada, salvo en una familia extendida y en unos hermanos que le cubrirán las espaldas —dijo—.
Eso es todo lo que necesitas saber.
—Sabes que voy a preguntarle a Luca, ¿verdad?
—Adelante —me retó.
—Preferiría oír las respuestas a mis preguntas de tu boca —dije.
—Y estaré encantado de responder a lo que pueda.
Pero las mierdas del club no se discuten.
—Lo que me lleva a creer que tu club no es del todo legal, Noah.
Él sonrió con aire de superioridad.
—Puedes creer lo que quieras, Breezy.
—Esto me molesta, señor Stonewell.
—Estoy seguro de que sí, señorita Moretti, pero eso no va a cambiar nunca —se bajó del taburete de un salto y enjuagó su botellín de cerveza—.
Me voy a marchar.
—Vale —me puse en pie y lo seguí hasta la puerta principal—.
Gracias por lo de esta noche.
Ha sido muy divertido.
Él sonrió y se inclinó para besarme en la mejilla.
—Lo ha sido.
Te veo pronto.
En cuanto se fue, cerré la puerta con llave.
Apoyándome en ella, cerré los ojos con fuerza.
Esto nunca funcionaría.
Era hora de sacarme de la cabeza la idea de meterme en la cama de Stoney.
Nunca podría estar con alguien que no lo compartiera todo conmigo.
Me separé de la pared y puse la alarma, cogí el vino y subí las escaleras.
Era hora de terminar el día en la cama.
Con vino y «Notebook».
O «Cujo».
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