Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 124
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124: Capítulo 124 124: Capítulo 124 Sabrina
El viernes por la noche, Luca vino después del trabajo, y lo hizo porque se lo pedí.
—¿Estás bien?
—preguntó, una vez que entró.
—En realidad, necesito información.
Enarcó una ceja, pero no tuvo oportunidad de responder porque Felix corrió hacia él.
—¡Tío Luca!
—Hola, campeón —dijo Luca, levantándolo en alto—.
¿Cómo está mi Fox favorito?
—¿Vas a cenar con nosotros?
—Sip.
—¿Podemos jugar a Super Smash Bros después?
—Sip.
—¡Yupi!
—canturreó Felix.
—¿Qué tal si vas a lavarte las manos, cariño?
—dije—.
Vamos a comer en cinco minutos.
Luca lo bajó al suelo y Felix se dirigió al baño mientras Luca se lavaba las manos en el fregadero de la cocina.
—¿Qué información necesitas, Bree?
Y si es sobre los Aulladores, ahórrate el aliento.
—Creo que tengo derecho a saber con quién va a pasar el tiempo nuestro sobrino.
Él suspiró.
—Limítate a llevarlo solo en las noches familiares y no tendrás problemas.
—Estoy tan harta de esta mierda de macho alfa.
—Uh, Tía, le debes diez dólares al tío Luca —amonestó Felix, volviendo a entrar en la estancia.
—Lo descontaré de su cuenta —respondí con descaro, y Felix se rio—.
Arriba —le indiqué, y Felix se subió a uno de los taburetes.
—¿Quieres leche, campeón?
—preguntó Luca, y Felix asintió, así que Luca le sirvió un vaso.
—Esto tiene buena pinta —dijo Luca mientras yo ponía los platos delante de ellos.
—Albóndigas de mamá.
Me dejó algunas para congelar.
—Es la mejor madre del planeta.
Me reí entre dientes.
—Sí, la verdad es que sí.
—¿Qué tal el colegio?
—le preguntó Luca a Felix mientras comíamos, y Felix charló sobre su día y sobre la chica nueva del colegio.
Me dio la impresión de que a Felix le gustaba un poco.
—¿Puedo tomar helado de postre?
—preguntó Felix.
—Ya tomaste galletas de merienda después del colegio, pero buen intento —dije.
La regla en nuestra casa siempre había sido un snack poco sano, como patatas fritas, y un dulce al día.
Podíamos tomarlos cuando quisiéramos, excepto en el desayuno, pero solo uno de cada.
Era algo que María había mantenido con Felix, así que yo también lo hice.
Felix suspiró y echó la cabeza hacia atrás.
—Creí que colaría.
—Oh, ya me di cuenta —dije—.
Venga, deja los platos al lado del fregadero.
Se deslizó del taburete y me abrazó.
—Lo siento, Tía.
—Siempre perdonado —dije, y él llevó sus platos al fregadero.
—Ve a ponerte el pijama y el tío Luca jugará contigo en un minuto —dije—.
Lávate los dientes también, por favor.
—Vale —dijo, y se fue corriendo.
—Tienes que darme información, y ahora mismo, hermanito —ordené.
—¿Por qué?
¿Concretamente?
—preguntó—.
¿Y por qué me da la sensación de que esto tiene que ver con algo más que Fox?
—¿No crees que es importante que Felix esté con alguien seguro?
—Tú abriste ese melón, Bree.
Si te preocupara que Stoney y los Aulladores fueran peligrosos, te habrías mantenido jodidamente alejada de su club.
Solté un gemido de frustración.
—No podía mantenerlo alejado de Felix, Luca.
Hubiera estado mal.
—Lo entiendo, hermanita, pero comprendes que esto complica las cosas, ¿verdad?
—preguntó, empezando a enjuagar los platos.
Asentí.
—Pero quiero saber exactamente cómo las complica.
Él suspiró, metiendo un plato en el lavavajillas.
—¿Sinceramente?
No tenemos ninguna prueba de actividades ilegales.
Tienen negocios de cultivo por todo el estado, pagan impuestos, parecen ser legales, pero también sé que moteros de bandas rivales han aparecido muertos y los Aulladores tienen motivos de sobra para que acabaran así.
—¿Motivos cómo?
—Uno de ellos supuestamente mató a la mujer de Sundance hace ya más de diez años.
A él lo encontraron poco después de la muerte de ella.
Fue una escena espantosa, así que sé que no tuvo una muerte rápida.
—Dime la verdad, si alguien asesinara a tu mujer, ¿no querrías matarlo tú también?
—Claro que querría.
Pero no lo haría.
Dejaría que el sistema se encargara.
—A no ser que sientan que el sistema no se encargaría.
—¿En serio los estás defendiendo?
—gruñó él.
—No han hecho nada malo.
—Eso es incorrecto.
Es solo que aún no los hemos pillado.
Eso no significa que no lo vayamos a hacer —dijo.
Me crucé de brazos.
—Y vas a por ellos, supongo.
—No, hermanita, no lo hago.
Pero no ponen fácil que haga la vista gorda.
—No creo que te estén pidiendo que hagas la vista gorda.
Creo que solo quieren que te metas en tus asuntos.
Frunció el ceño.
—¿Así que ahora eres una experta en todo lo relacionado con los Aulladores Primales?
—No estoy diciendo eso.
—Te gusta —me acusó.
—Claro que me cae bien.
Es agradable.
Y necesito mantener la paz por el bien de Felix.
—Pamplinas —dijo, cuidando su vocabulario.
Odiaba lo bien que me conocía mi hermano.
—No ha pasado nada —mentí—.
Y no pasará nada, así que puedes cambiar esa cara de enfado por tu habitual indiferencia.
—Estoy listo —anunció Felix.
—Deja que termine esto y luego jugamos —dijo Luca.
—Yo lavo los platos —me ofrecí—.
Ve a divertirte.
Mi teléfono vibró justo cuando cerraba el lavavajillas y vi que era Stoney quien llamaba.
Dudé si contestar, pero los buenos modales ganaron y cogí el teléfono.
—Soy Sabrina.
—Hola.
—Hola.
¿Cómo estás?
—Estoy bien.
¿Y tú?
—Bien.
Ocupada, eso sí.
Estoy en medio de algo, ¿puedo llamarte luego?
—Sí, no es nada urgente.
Solo llamaba para ver qué tal estabas.
—Vale, genial.
¿Quieres mandarme por mensaje algunas fechas para que tú y Felix quedéis y las apunto en el calendario?
—Sí, Breezy, puedo hacerlo —dijo.
—Vale, genial.
Hablamos pronto.
—Que pases buena noche.
—Tú también —dije—.
Adiós.
Colgué y suspiré, apoyándome en la encimera.
Dios, necesitaba controlar mis emociones.
Había sido casi grosera con Stoney, y era porque ya había empezado a levantar un muro.
No quería que me hicieran daño.
Pero eso no era excusa para ser cortante con él.
Cogí el teléfono de nuevo para devolverle la llamada justo cuando me llegó un mensaje suyo con fechas para Felix.
Decidí que le llamaría cuando estuviera un poco más relajada, así que cogí una copa de vino y me dirigí a la sala de estar para pasar el rato con mi familia.
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