Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 126
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- Capítulo 126 - 126 CAPÍTULO 126
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126: CAPÍTULO 126 126: CAPÍTULO 126 Sabrina
El martes por la noche, Stoney llegó a las seis y veintinueve, y abrí la puerta para encontrarlo con unos vaqueros oscuros, botas de motorista, una Henley negra y su chaleco de cuero.
Estaba para comérselo.
—Hola —dije, sonriendo—.
Pasa.
—Hola —respondió él, entrando y besándome la mejilla—.
Estás preciosa.
Yo llevaba unos vaqueros ajustados con una blusa azul de estampado floral y unos botines negros con un tacón de diez centímetros.
—Gracias.
Tú también.
Él se rio entre dientes.
—¿Estás lista?
Asentí.
—Solo voy a coger el bolso.
Esperó en el recibidor mientras yo cogía el bolso y las llaves, luego puse la alarma, cerré con llave y lo seguí afuera.
Esta noche había traído una camioneta, lo cual agradecí, y me abrió la puerta galantemente y me ayudó a subir.
—¿A dónde me llevas?
—pregunté, una vez que él estuvo dentro de la camioneta.
—Al Bistro —dijo, arrancando el motor.
—Oh, me encanta el Bistro.
Él se rio entre dientes.
—A mí también.
—¿Siempre llegas a tiempo a las citas?
—pregunté mientras íbamos en coche.
—Hace mucho tiempo que no salgo con nadie —dijo—.
Pero Sundance y Rocky siempre me han inculcado que llegar a la hora es llegar tarde; llegar pronto es llegar a la hora.
—Volvamos a lo de que «hace mucho tiempo que no sales con nadie».
Él se rio entre dientes.
—Eres la primera en diez años.
—No me lo creo.
¿Cuántos años tienes?
—Treinta y cuatro.
—¿No has salido con nadie desde que tenías veinticuatro años?
Él sonrió.
—Así es.
—¿Por qué?
—pregunté.
—Nunca he conocido a nadie a quien quisiera invitar a salir.
Hay un montón de coños en el club si necesito follar, así que no se ha dado el caso.
—¿Nunca has conocido a nadie con quien quieras tener una relación más significativa?
—¿Para qué necesito yo a una mujer?
—preguntó.
Suspiré.
Tenía razón.
—La verdad es que no tengo respuesta para eso.
Se rio, y extendió el brazo para tomarme la mano.
—Estoy abierto a lo que venga, Breezy.
Me gustas.
Estoy deseando conocerte.
—¿Y qué hay de Fox?
—¿Qué pasa con él?
—Solo quiero estar segura de que, si esto que tenemos no funciona, no le afectará negativamente.
—No dejaré que pase.
—Eso dices, pero si las emociones están a flor de piel y me siento herida, me da miedo que la pague contigo, y que tú la pagues con Fox.
—Vaya —dijo—.
¿Por qué das por sentado que vas a salir herida?
Me encogí de hombros, incapaz de responder sinceramente a su pregunta.
Me apretó la mano.
—Breezy, voy a necesitar que respondas a eso.
—Porque eres tú.
—¿Qué se supone que significa eso?
—preguntó, aparcando detrás del restaurante.
Me sonrojé y me giré hacia la ventanilla.
—Aún no estoy preparada para decírtelo.
Me soltó la mano, se bajó de la camioneta y fue hasta mi lado para bajarme y apoyarme suavemente contra la puerta.
—Eres preciosa, Sabrina.
—No estoy buscando cumplidos, Stoney.
—Lo sé —dijo—.
Solo quería asegurarme de que lo supieras, porque el hecho de que pienses que podrías salir herida es ridículo.
El que corre el riesgo aquí soy yo.
Lo miré a los ojos.
—Si hacemos esto, si intentamos que algo funcione entre nosotros y no resulta, entonces tú puedes volver a tus coños de turno.
Yo tiendo a hundirme en la miseria.
—¿Por qué te hundes?
Me encogí de hombros.
—Porque que te dejen duele.
—¿Ahora ya te estoy dejando?
Arrugué la nariz.
—También entro en bucle y me monto películas en la cabeza.
Se rio.
—Por lo visto.
—Me encantaría ser un tío para simplemente follármelas y largarme.
—La verdad es que no es para tanto —admitió.
—¿No?
Su mano se deslizó hasta mi cuello y se inclinó para besarme.
—No.
Sus labios cubrieron los míos y suspiré, abriendo la boca para recibir su lengua.
Mi mente se fue directa a lo más guarro, imaginando lo que su lengua podría hacer en otras partes de mi cuerpo.
Deslicé mis manos por su pecho, rodeé su nuca con los brazos y profundicé el beso.
Oí a alguien carraspear y rompí el beso, dándome cuenta de repente de que nos estábamos enrollando a la vista de todos.
—Ocúpese de sus asuntos —le gruñó Stoney al hombre mayor que pasaba con su cita, y yo dejé caer la cabeza sobre el pecho de Stoney, esperando que mi pelo ocultara mi vergüenza.
Su pecho retumbó con su risa, mientras su mano ahuecaba mi nuca—.
Vamos, nena, entremos a comer.
Negué con la cabeza.
—¿Se han ido?
—susurré.
—Sí.
Levanté la cabeza y miré a mi alrededor; al ver que volvíamos a estar solos, me puse de puntillas y lo besé de nuevo.
Dios, no podía tener suficiente de su boca.
—Joder —siseó contra mis labios—.
Como sigas haciendo eso con la lengua, no llegamos a entrar en el restaurante.
Me incliné ligeramente hacia atrás.
—¿Qué cosa con la lengua?
—Joder.
—Respiró hondo—.
Decide.
O entramos y comemos, o volvemos a tu casa y te como a ti.
Me estremecí.
Quería elegir lo segundo, pero mi educación católica asomó su cabeza moral y dije con voz rasposa: —Entramos.
Él asintió, me tomó de la mano y me guio hacia el interior del restaurante.
La recepcionista nos llevó a una mesa y nos entregó los menús; leímos en silencio.
Tuve que seguir apretando las piernas porque estaba tan jodidamente cachonda que apenas podía soportarlo.
—Respira hondo, Breezy —susurró Stoney con una sonrisita.
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