Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 135
- Inicio
- Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC
- Capítulo 135 - 135 CAPÍTULO 135
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
135: CAPÍTULO 135 135: CAPÍTULO 135 —Soy Coco, cabrón.
Creo que tengo la pierna jodida —gritó.
—Y apuesto a que duele bastante, pero déjame asegurarte que te sentirás mucho peor si dejo que mi amigo de ahí te ponga las manos encima.
—Sundance me señaló—.
Esta es tu única oportunidad para decirme por qué perseguíais a la mujer del Mercedes.
—Los Psychos de por vida —fue todo lo que dijo Coco.
—Eso debería ser fácil.
Tu esperanza de vida acaba de volverse jodidamente más corta —gruñí.
Sundance me ignoró y continuó su línea de interrogatorio de «policía bueno»: —Te lo digo por tu bien.
Dime por qué seguís persiguiendo a esa mujer.
—¿Sabes lo que le hicimos al último tipo que enviasteis?
—pregunté, cada vez más impaciente.
—¿Por qué crees que estamos aquí?
¿Crees que Los Psychos van a dejar pasar esa mierda?
—escupió Coco.
—¿Qué tal si me encargo de que no vuelvas a ponerte de pie, hijo de puta?
—Cierra la puta boca, Stoney —espetó Sundance, antes de continuar—.
¿Por qué a vuestro club le importa tanto la deuda de una antigua clienta muerta?
—¿Una deuda?
—rio Coco, escupiendo sangre—.
¿Crees que matamos a esa zorra por una deuda?
Su coche saldó esa mierda.
—¿Qué has dicho?
—pregunté, mientras la sangre empezaba a hervirme.
—Los Psychos no están sin blanca.
No vamos a adulterarle la mierda a una yonqui porque nos deba un par de miles —dijo.
—¿Matasteis a María?
¿Asesinasteis a la hermana de Sabrina?
—pregunté en un susurro de incredulidad, antes de volverme hacia Coco—.
¿Por qué la matasteis?
—¿Y por qué coño iba a decírtelo?
—¿Por qué vais a por Sabrina?
—siseé.
—¡Que te jodan a ti y que le jodan a esa zorra también!
Le cortaré el cuello y haré que el crío mire.
Me abalancé sobre el hombre en el suelo, pero Sundance y Wrath me agarraron antes de que pudiera alcanzarlo.
—Soltadme —gruñí, mientras los dos hombres luchaban por contenerme.
La rabia en mi interior crecía por segundos.
Cada vez que pensaba en lo que estos animales le habrían hecho a Sabrina si la hubieran atrapado, mi sangre hervía aún más—.
¡Quitadme las putas manos de encima!
—Ni hablar —dijo Sundance con un gruñido—.
Necesitamos algunas respuestas de este tipo, y ya está bastante destrozado.
—Maldita sea, Sundance.
Soltadme.
—Forcejeé con todas mis fuerzas.
Una vez más, mi único deseo era matar a un hombre que había amenazado a mi…
familia.
Mis rodillas flaquearon ante este pensamiento, y de repente Sundance y Wrath me estaban sosteniendo más que reteniéndome.
—¿Estás bien?
—preguntó Wrath, mientras me estabilizaba.
—Estoy bien.
Soltadme —repetí.
Sundance y Wrath intercambiaron una mirada—.
He dicho que estoy de puta madre, ¿vale?
—Finalmente aflojaron el agarre y me aparté de ellos con violencia.
—¿Qué coño te pasa, Stoney?
—dijo Sundance, en un tono que era una mezcla de molestia y preocupación.
—¿De qué cojones estás hablando?
—bufé—.
Lo has oído.
Esos putos enfermos no van a parar de ir a por Sabrina y Felix.
—Lo entiendo, pero ¿cuál es tu plan?
¿Crees que si te ensañas con este tipo, eso los protegerá de alguna manera de Los Psychos?
—No creo que lo entiendas, Sundance.
Felix es mi hijo.
—¿Que no entiendo lo que es tener un hijo en peligro?
—preguntó Sundance retóricamente.
—No uno del que te acabas de enterar.
Tú tuviste tiempo para aprender a ser padre.
Tiempo para acostumbrarte al miedo paralizante de saber que tu hijo es vulnerable a las maldades del mundo.
Yo no.
La mirada de Sundance se suavizó.
—Además.
No se trata solo de Felix —continué—.
Siguen yendo a por Sabrina, la única madre que le queda a este niño.
La mujer que lo quiere lo suficiente como para criarlo como si fuera suyo.
La mujer a la que amo.
En cuanto pronuncié esas palabras en voz alta, hasta el último ápice de rabia se desvaneció de mi cuerpo.
No me malinterpretes.
Todavía quería que ese trozo de mierda quejumbroso que yacía en el suelo de la zona de visitas sufriera.
Pero ya no tenía cuerpo para ser yo quien le provocara ese sufrimiento.
Además, por primera vez podía ver que no era con Los Psychos con quien estaba cabreado.
Mi ira apuntaba ahora precisamente hacia donde debía.
Hacia mí mismo.
Era culpa mía que la madre de Felix me lo hubiera ocultado todos estos años.
Intentaba protegerlo.
Protegerlo de un motero salvaje y sanguinario.
Un motero exactamente igual al que yacía en el suelo frente a mí.
No conocía a mi propio hijo por mi estilo de vida, por la clase de hombre que he elegido ser.
Y ahora, después de joder las cosas entre Los Psychos y los Bulykins, solo había atraído más peligro sobre las dos personas que más amaba.
—Joder, Sundance.
¿Qué coño vamos a hacer?
—Confía en mí —dijo, poniéndome una mano en el hombro.
Asentí.
Sundance sacó el móvil del bolsillo y marcó.
—Luca, soy Sundance.
Voy a enviarte una ubicación por mensaje y necesito que te reúnas conmigo de inmediato.
Ah, y, eh…, trae una ambulancia.
—¿En serio?
—siseé.
—Es hora de acabar con esto —dijo Sundance.
Asentí y esperamos a Luca.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com