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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 151

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151: CAPÍTULO 151 151: CAPÍTULO 151 Algo que la mayoría de la gente sabía de mí era que nunca podía resistirme a un abrazo de mi papá.

Aunque a veces chocáramos, era mi persona favorita en el mundo, y había dado un paso al frente de una manera increíble después de que mi mamá muriera.

—Te quiero —dijo, apretándome con suavidad—.

¿Lo sabes, verdad?

—Sí —admití—.

Yo también te quiero.

Incluso si eres un dictador.

—Pero soy uno benevolente, nena.

Me eché hacia atrás y lo miré a los ojos.

—Necesitas encontrar una mujer.

—Mujeres me sobran.

—No.

Necesitas una mujer que te ponga de rodillas.

—Tengo de sobra…

—No.

No quiero oír hablar de la vida sexual de mi papá —espeté, apartándome—.

Te has pasado, Papá.

Pero mucho.

Se rio entre dientes.

—¿Estamos bien?

—¿Puedo irme?

—pregunté esperanzada.

—No.

—Entonces, estamos más o menos bien, pero para mí estás muerto por lo menos dos días —dije con descaro.

Se encogió de hombros.

—Puedo vivir con eso.

Arrugué la nariz.

—Vete.

Tengo que dormir un poco para poder estudiar mañana.

El lunes tengo un examen final del semestre.

—Duerme bien, nena.

Te quiero.

—Yo también te quiero, papi.

Cerró la puerta y yo rebusqué en los cajones para ver qué me ponía para dormir.

* * *
El lunes por la mañana, Orion me llevó a la universidad y me dejó con la promesa de recogerme cuando estuviera lista.

Entré a clase y, después de sentarme, le envié un mensaje a Jasper.

No podía evitar sentirme impresionada por cómo se había preocupado por mí la otra noche, pero, aun así, esto probablemente no era una buena idea.

Eso no me detuvo, pero seguía sin ser una buena idea.

Se acabó lo de mantenerme alejada de él.

A lo mejor tenía suerte y era contable de día y portero de discoteca de noche.

Yo: ¿Tienes planes para dentro de dos horas?

Jasper: ¿Qué tienes en mente?

Yo: ¿Comemos?

Jasper: Me apunto.

Dime cuándo y dónde.

Le envié la dirección de la universidad por mensaje, apagué el móvil y lo metí en el bolso.

Me había dejado el culo estudiando para este examen, pero aun así esperaba que no hubiera sorpresas.

Dos horas después, salí de clase bastante contenta de cómo había ido el examen y nerviosa por la emoción de volver a ver a Jasper.

Me había enviado un mensaje con el lugar donde había aparcado, así que me dirigí al aparcamiento, donde lo encontré apoyado en la parrilla de su camioneta, concentrado en el móvil.

—Hola —dije al acercarme, y él levantó la vista, sonriendo de oreja a oreja.

Oh, sí, este hombre sería el perfecto para achicharrarme la vagina.

—Hola, guapa —dijo, inclinándose para besarme la mejilla—.

¿Tienes hambre?

—Me muero de hambre.

Acabo de salir del examen del infierno, así que necesito comerme mis emociones.

Se rio entre dientes, abriendo la puerta.

—¿Tan malo ha sido, eh?

Me subí a la camioneta.

—Oh, no, creo que ha ido genial.

La biología no es mi fuerte y la estoy compaginando con zoología, así que ahora que se ha acabado, estoy entrando un poco en pánico.

—¿Así que me has llamado a mí?

—enarcó una ceja—.

Me siento halagado.

Me sonrojé.

—¿No te importa?

—Sí, está bien.

—Sonrió ampliamente, cerró la puerta, caminó hacia su lado de la camioneta y se subió—.

¿Adónde vamos?

—Hay una taquería pequeña no muy lejos de aquí, si te gusta la comida mexicana.

—Me encanta la comida mexicana —dijo, arrancando el motor.

Y allá fuimos, hacia la mejor comida del planeta.

—¿Por casualidad eres contable?

Ya sabes, ¿de día?

Me lanzó una mirada de reojo.

—¿Tengo pinta de contable?

—No —exhalé—.

Pero se vale soñar.

—Ahí me has perdido.

—Olvídalo.

Solo son cosas mías.

Aparcamos frente al pequeño restaurante, fuimos a la ventanilla, pedimos y luego nos sentamos en una de las mesas de pícnic a esperar nuestra comida.

—Polly dijo que te acabas de mudar de Portland —dije, apoyando los codos en la mesa—.

¿Cuánto tiempo llevas aquí?

—Dos semanas.

—No me digas, ¿en serio?

Asintió.

—No has perdido el tiempo para encontrar trabajo.

—Tengo un contacto —dijo con evasivas.

—Es bueno tener contactos.

—Sonreí—.

¿Qué te trajo aquí?

—Los demonios —dijo—.

Pero esa es historia para otro día.

Me mordí el labio.

—Perdona, estoy siendo una cotilla.

—No pasa nada por ser cotilla, Letti.

Es solo que no puedo compartirlo todo.

—Vale.

«Número veintidós», se oyó por el altavoz, y Jasper se levantó de la mesa para recoger la comida.

Durante los siguientes treinta minutos, mientras comíamos, no hablamos de nada realmente importante.

No recordaba haberme sentido tan a gusto con alguien.

Era relajado, pero también tenía un punto peligroso.

Solo tenía que averiguar si ese punto peligroso era algo con lo que yo podría vivir.

—¿Tienes planes para mañana por la noche?

—preguntó Jasper mientras recogía nuestra basura.

—Tengo arresto domiciliario.

—¿Ah, sí?

—Sí.

Mi padre ha dado el martillazo y estoy sentenciada a quedarme en el complejo hasta nuevo aviso —dije—.

Pero mañana tengo un hueco entre clases.

Podríamos volver a comer.

—Sí, me parece bien.

Sonrió levemente y a mí no se me ocurrió preguntarle por qué.

Es decir, ¿por qué iba a hacerlo?

Estaba cegada por su atractivo de Vikingo y por la forma en que su mirada parecía penetrarme el alma.

No se me ocurrió preguntarle qué sabía él que yo ignoraba.

Así que cerramos una cita para comer al día siguiente y Jasper me llevó de vuelta a la universidad.

Yo era felizmente inconsciente de que mi vida iba a implosionar en T menos seis días.

* * *
El sábado por la mañana me desperté sintiéndome mucho mejor que el fin de semana anterior.

Podría tener algo que ver con el hecho de que era noche familiar, por lo que todos mis seres queridos estarían en la cabaña, y además por fin iba a conocer a ese nuevo candidato del que Papá había estado hablando.

Quizá si tuviera una nueva víctima sobre la que descargar su ira de cascarrabias, se calmaría de una puta vez y aflojaría las cadenas de mi celda.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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