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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 174

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  3. Capítulo 174 - 174 CAPÍTULO 174
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174: CAPÍTULO 174 174: CAPÍTULO 174 —Este es Razor —dijo—.

Él te va a llevar.

—Ah.

Pensaba que conducía yo.

—Hatch se sentía más tranquilo si un recluta te llevaba adonde tenías que ir —explicó Maisie.

—Por lo visto, él y mi padre hablaron —refunfuñé.

Maisie me dedicó una sonrisa compasiva.

—No solo tu padre, cielo.

Le estreché la mano al recluta.

—Encantada de conocerte.

Levantó la barbilla a modo de saludo.

—Igualmente.

Maisie me entregó una llave.

—Es para la puerta principal.

Por si llegas tarde.

—No estoy segura de tener tanta suerte.

Se rio entre dientes.

—Cruzaré los dedos por ti.

—Gracias.

—¿Estás lista?

—preguntó Razor, bajándose del taburete de la barra.

—Sí —dije, abrazando a Maisie y siguiendo a Razor hasta una camioneta destartalada que había en la entrada.

Me abrió la puerta, lo que me sorprendió un poco, pero le seguí la corriente.

No todos los moteros eran neandertales y me gustaba la galantería, sobre todo cuando era inesperada.

Razor no era el tipo más hablador, así que nuestro corto viaje al hospital fue silencioso.

Al entrar en el aparcamiento, me giré para mirarlo.

—Puedes dejarme aquí —dije.

—Nop —contestó—.

Te entrego a tu hombre.

Suspiré.

—Desde luego.

Vi su boca crisparse en una casi sonrisa, y esperé a que aparcara para desabrocharme el cinturón y abrir la puerta.

Se acercó a mi lado de la camioneta y se aseguró de que no me cayera al bajar, y luego entramos.

Y llegamos al caos.

Harmon estaba en el suelo, con Aero encima de él, golpeándole la cara con el puño una y otra vez.

Con todo el alboroto, no tardarían en llamar la atención de seguridad.

—¡Aero!

—chillé, justo cuando Razor corrió hacia mi hombre y lo apartó de Harmon de un tirón.

Fui hacia Harmon y le ayudé a levantarse, saqué pañuelos de papel de mi bolso y se los di.

—Gracias —dijo, con la boca hecha un amasijo sangriento.

—No le hables, joder —gruñó Aero, intentando soltarse de Razor, pero el hombre parecía tenerlo bien sujeto.

Acorté la distancia entre nosotros y le rodeé la cintura con los brazos.

—Mírame.

Aero tardó unos segundos en relajarse lo suficiente para que Razor lo soltara, y entonces por fin me miró a los ojos.

—¿Qué está pasando?

—pregunté.

—Hatch te dijo que no vinieras —amonestó Razor a Harmon.

—No pensé que seguiría aquí —refunfuñó Harmon.

—Joder, eres un puto gilipollas —siseó Razor—.

Hatch dijo que no vinieras, y punto.

Eso no le va a sentar nada bien al presi.

Observé el rostro de Aero, que de repente se puso de un rojo veteado.

—¿Estás de puto aspirante para los Dogs?

—gruñó.

—Todavía no —dijo Harmon.

—Ni de puta coña —espetó Aero.

—Tú te vienes conmigo —le dijo Razor a Harmon—.

Hatch querrá hablar contigo.

—Se giró hacia mí—.

Tienes mi número.

Mándame un mensaje cuando necesites que te lleve.

Asentí, manteniendo los brazos firmemente alrededor de Aero y esperando a que Razor se llevara a Harmon a rastras.

Aero pareció desplomarse, rodeándome con fuerza con sus brazos y atrayéndome hacia él, hundiendo la cara en mi cuello.

—Hola.

—Hola, cariño —susurré, deslizando mis manos por su espalda—.

¿Qué está pasando?

—No estoy seguro —admitió—.

Pero pienso averiguarlo.

Le agarré del brazo cuando se dirigía al mostrador de las enfermeras de la UCI.

—No asustes a nadie.

—Alguien tiene que asustarse, Violet.

Estoy harto de esta mierda.

—¡Para!

—espeté, tirando de su brazo—.

Cariño, por favor.

Déjame hablar a mí con las enfermeras.

Estás demasiado alterado.

—Quiero que le prohíban la entrada.

Agarré su chaleco.

—Les haré saber que no debería acercarse a tu madre.

—Prohibida la entrada, Letti.

De todo el puto edificio.

—Vale, cariño.

Yo me encargo.

Me lanzó una mirada fulminante, pero luego se relajó y asintió.

—No te muevas —ordené, y me dirigí al mostrador de las enfermeras.

Una mujer mayor me sonrió desde detrás de un ordenador y le devolví la sonrisa en un esfuerzo por parecer lo bastante amable como para que hiciera lo que yo necesitaba que hiciera.

—¿Puedo ayudarla?

—La madre de mi…

bueno, de mi prometido, Marlene Campbell, está aquí y él lo está pasando mal con el caballero que parece que viene de visita cuando no debería.

Frunció el ceño.

—Déjeme echar un vistazo.

—Gracias.

—Miré de reojo a Aero, que caminaba de un lado a otro, apretando y relajando los puños a los costados.

—Aquí dice que la señora Campbell dio permiso específicamente a tres personas: Jasper Campbell, Connor Wallace y Harmon Rivera.

Suspiré.

—¿Hay alguna forma de que quiten al señor Rivera de esa lista?

—Solo si la señora Campbell lo solicita, o si le da un poder notarial a otra persona que pueda solicitarlo.

Suspiré.

—Eso me temía.

De acuerdo, gracias.

Volví con Aero y le rodeé la cintura con un brazo.

—¿Cenamos?

—¿Qué ha dicho la enfermera?

—Vamos a cenar primero y luego te pongo al día.

—¿Qué coño ha dicho, Letti?

—Más te vale guardarte ese tonito, Jasper.

Bien adentro de los cojones, porque a mí no me vas a hablar así.

Se frotó la cara con las manos y luego se las pasó por los ojos, y me lo imaginé enviando toda su ira hasta la entrepierna para no cometer el mismo error dos veces.

Deslicé mi mano por su pecho.

—Y ahora, ¿cenamos?

—A riesgo de cabrearte más, Let, necesito un minuto.

Reprimí una sonrisa y esperé a que se recompusiera.

Tardó unos minutos y, aunque no me pidió perdón, sacó el móvil y pidió un coche sin más comentarios sarcásticos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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