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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 175

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175: CAPÍTULO 175 175: CAPÍTULO 175 Me cogió de la mano y me llevó al ascensor.

Bajamos a la planta baja, donde nos esperaba el coche de VTC.

El coche nos llevó a un restaurante cerca del hospital, conocido por sus chuletones y por el hecho de que se podían tirar las cáscaras de cacahuete al suelo.

Nos sentaron en un reservado para dos junto a la ventana y el camarero nos tomó nota enseguida antes de marcharse.

No me gustaba lo callado que estaba Aero, así que deslicé las manos sobre la mesa y tamborileé con los dedos delante de él.

Captó la indirecta y posó sus manos sobre las mías.

—Te quiero.

Él suspiró.

—Yo también te quiero, bebé.

Siento haberme portado como un capullo.

—Perdonado.

—¿Qué ha dicho la enfermera?

Le apreté las manos.

—Que a menos que tu madre te dé un poder notarial, solo ella puede prohibirle la entrada a la gente.

—Joder —siseó.

—Hablaremos con Hatch —dije—.

Él lo arreglará.

—Por lo visto no tiene ningún control sobre él, Letti, así que no creo que vaya a funcionar.

—Se lo preguntaremos de todos modos —dije—.

¿Cómo está tu madre?

—Confundida —dijo, volviendo por fin a centrarse en mí—.

Sabe quién soy, pero no parece recordar que Stella está muerta.

Me quedé sin aliento.

—¿Así que tienes que decírselo cada vez que pregunta?

—Sí —dijo con voz ronca.

—Lo siento muchísimo —susurré.

—Es lo que hay.

—Intentó apartar las manos, pero yo las sujeté con fuerza.

—No te escondas de mí, cariño.

—Es demasiado, Violet.

—Sí.

Demasiado para que lo lleves tú solo.

Me miró a los ojos.

—¿De verdad quieres hacer esto?

—Claro que sí, joder, quiero hacer esto —siseé en voz baja—.

Es decir, preferiría que nada de esto estuviera pasando, pero si tú lidias con ello, yo también.

—Le apreté las manos de nuevo—.

Estoy contigo hasta el final, cariño.

¿Necesitas que te lo repita?

Él sonrió con picardía.

—Puede que sí.

Finalmente se relajó y me devolvió el apretón.

—Gracias, bebé.

—De nada.

Llegó la comida y Aero me sujetó el meñique con el suyo mientras nos ponían los platos delante.

—Gracias —dijimos, y el camarero se marchó.

Aero me soltó la mano y empezamos a comer.

Justo acabábamos de cortar nuestros chuletones cuando su móvil vibró y contestó de inmediato.

—Jasper.

Mmm, ah, ¿en serio?

Sí.

Ah, vale, sí.

Claro.

Vale, gracias.

—Colgó y suspiró—.

Le dan el alta mañana.

El seguro no le cubre más tiempo.

—¿No es ilegal que la echen?

—No lo están haciendo —dijo—.

El médico de verdad cree que puede hacer la rehabilitación de forma ambulatoria y que así ahorrará dinero.

—Eso es bueno, ¿no?

—Sí, la verdad es que se han portado de puta madre —dijo Aero—.

Pero eso significa que tengo que quedarme.

—Sí.

—Contuve las lágrimas—.

¿Por cuánto tiempo?

Se pasó una mano por la barba.

—Unas semanas, quizá un mes.

Sorbí por la nariz, secándome las lágrimas de las comisuras de los ojos.

—Bebé, no es para siempre.

—Sí que es para siempre.

Un mes es una eternidad —susurré.

—Sí —convino él—.

Esperaba que no sonara tan mal al decirlo en voz alta.

—Te equivocabas.

—Estaba jodidamente equivocado.

Respiré hondo.

—Vale, esto es lo que vamos a hacer.

Voy a volver a casa y a terminar los exámenes finales, y luego volveré para quedarme contigo hasta que tu madre esté bien.

—¿Y tu trabajo?

—Tú eres más importante.

—Bebé, no puedes mandar tu trabajo a la mierda sin más.

Además, tenemos que encontrar un sitio donde vivir.

Yo puedo quedarme en el club o con mamá, pero…
—Papá dijo que él nos buscaría algo.

—¿Pero qué cojones?

—susurró.

—Papá dijo…
—No, ya te he oído, Violet —gruñó—.

Pero ni de coña va a venir otro hombre a solucionarme mis asuntos.

—No te enfades conmigo —repliqué—.

Yo solo soy la mensajera.

Volvió a pasarse las manos por la cara.

—Lo siento —susurré—.

Sé que esta es una situación de mierda.

—Necesito que te vayas a casa, Letti.

Si mandas tu vida a la mierda por esto, me cabrearé.

—Me cogió la mano—.

Y como se te ocurra pensar que no te quiero aquí, me cabrearé el doble.

—No quiero que estés aquí solo.

—Lo sé, bebé.

Es lo último que quiero yo también, pero tienes que aprobar los finales y asegurarte tu puesto en el zoo.

—Lo sé —susurré—.

¿Pero y si tu madre no mejora nunca?

—Ya nos preocuparemos de eso si ocurre.

—Prefiero prepararme para el peor de los casos —repliqué.

—Me la llevaré a Colorado.

—¿En serio?

—dije con voz ronca.

—Sí, bebé.

No voy a renunciar a mi vida allí.

Debería habérmela traído conmigo desde el principio —dijo.

—Pero ella tiene su propia vida, cariño, quizá no habría venido.

—Aun así, debería habérselo preguntado.

—Puedes preguntárselo ahora.

Él asintió, con expresión de dolor.

—¿Les pongo algo más?

—preguntó la camarera al acercarse a nuestra mesa.

—Solo la cuenta —dijo Aero.

Ella asintió, dejó una carpeta de plástico delante de él y se marchó.

Él deslizó el dinero en efectivo por la ranura, pidió un coche y salimos del restaurante.

Aero me rodeó con los brazos y me abrazó con fuerza mientras esperábamos nuestro transporte, y yo le apreté con fuerza, necesitada de su calor.

Cuando volvimos al hospital, la madre de Aero todavía estaba en radiología, así que nos sentamos en su habitación a esperar que volviera.

No mucho después, una enfermera la trajo de vuelta en silla de ruedas y la ayudó a meterse en la cama.

Como no me conocía, salí mientras se acomodaba, insegura de si querría que una extraña la viera en una posición tan vulnerable.

No sé cuánto tiempo estuve paseando por el pasillo, pero Aero tardó un buen rato en salir, y cuando lo hizo fue para decirme que su madre estaba cansada y quería descansar.

—Le enviaré un mensaje a Razor —dije.

—Ya lo he hecho —dijo él.

—¿Te veré esta noche?

—No lo sé, bebé.

Asentí y apoyé la cabeza en su pecho.

—Vale.

Nos quedamos en el pasillo, con sus manos acariciándome el pelo, mientras esperábamos a que Razor viniera a recogerme.

Llegó demasiado pronto para mi gusto y abracé a Aero un poco más fuerte mientras Razor se acercaba.

—Te escribiré —prometió Aero.

—Dame un segundo —ordené cuando intentó apartarse.

Me abrazó más fuerte, me besó la coronilla y le di un último apretón antes de besarlo y alejarme para no cambiar de opinión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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