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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 201

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201: CAPÍTULO 201 201: CAPÍTULO 201 Índigo
Al día siguiente del encontronazo con Cliff (al que Bellamy y yo nos referiríamos en adelante como DNI, el «Incidente del Patán»), entré en mi despacho y me encontré a Bellamy al teléfono.

Tenía una sonrisa de cabrona en la cara, y yo estaba a la vez emocionada y aterrorizada por saber por qué.

No tuve que esperar mucho.

—La madre que me parió —soltó Bellamy mientras se encerraba conmigo en mi despacho.

—¿Y ahora qué?

—Cliff ha enviado una donación de quinientos mil pavos.

Resoplé.

—Esa es buena, Bell.

—No estoy bromeando.

Hizo la transferencia a la cuenta principal de la Casa Walker esta mañana.

Estaba revisando las cuentas y pensé que podría ser un error, así que primero llamé al banco y luego a su oficina.

—Bell…

—No, espera, hay más —se apresuró a decir.

Suspiré, apoyándome en el borde de mi escritorio.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Joder, tía, si te callaras más de diez segundos, podría contártelo.

Puse los ojos en blanco, me crucé de brazos y asentí.

—Continúa.

—Bueno, pues llamé al banco…

y dijeron que era legítimo.

Llamé a la oficina de Cliff y descubrí que estaba de baja un par de semanas por una especie de «accidente», pero que había autorizado la donación y dicho que la igualarían justo antes de Navidad.

—No me jodas —chillé.

—¿A que sí?

—¿Qué tipo de accidente?

—pregunté.

—De coche, creo —dijo—.

Al parecer, se rompió un par de huesos o algo así.

No entré en detalles con Carol, porque la verdad es que me importa una mierda.

Carol era la tercera asistente de Cliff este año, y parecía un encanto, pero eso significaba que probablemente se la comería viva.

—Bellamy —la reprendí.

—¿Qué?

Te atacó, Indy.

Aquí mismo, por si no te acuerdas.

Lo único que sería mejor que tuviera unos cuantos brazos rotos es que le arrancaran la polla de cuajo, saliera volando por los aires y le cayera en el esófago hasta ahogarlo.

—Eso es bastante gráfico —señalé—.

¿Y acaso se pueden romper más de un par de brazos?

—¡Los dos brazos!

—exclamó, lanzando los suyos al aire—.

Ya sabes a qué me refiero, pero lo de ahogarse con la polla lo mantengo.

Tenía razón, y no solo por lo de la polla…

bueno, no exactamente por lo de la polla…, pero yo no era tan sanguinaria y tendía a sentirme culpable al pensar mal de alguien.

Sobre todo si le habían hecho daño.

—Bueno, a lo que iba —continuó Bellamy—.

Es todo legal.

Con abogados y toda la pesca, así que vamos a recibir otro medio millón por Navidad.

—Eso es cuatro veces su donación habitual.

—Lo sé —chilló, dando saltos de alegría.

—Podemos hacer sitio para otros quince niños.

—O podrías subirnos el sueldo —bromeó.

Puse los ojos en blanco.

—Necesito procesar esto.

—Me lo imaginaba.

Te reenvío los correos —dijo, y salió de mi despacho mientras yo me dejaba caer en la silla y hundía la cabeza entre las manos.

Algo turbio se estaba cociendo.

Sin embargo, no tenía ni idea de qué tipo de chanchullos.

Frunciendo el ceño, hice una búsqueda rápida en internet de accidentes de coche cerca o en los alrededores de Monument del día anterior y, como sospechaba, no encontré nada.

Algo se me revolvía en las tripas y no sabía si era una premonición de verdad o solo el bagel que había cogido al salir de casa.

Decidí averiguarlo y cogí el teléfono.

—Potion, ¿en qué puedo ayudarle?

—respondió la voz de una mujer joven.

—Ah, hola, eh, ¿está disponible Hyde Roberts, por favor?

—¿Hyde?

¿Quién?

—Perdón —me apresuré a decir—.

Jekyll.

¿Está disponible Jekyll?

—Ah, claro.

Un momento.

Me mordí el labio mientras esperaba…

y esperaba.

—Soy Jekyll.

—Hola.

Ah, soy…

—¿Índigo?

Arrugué la nariz.

Dios, qué voz tan sexi tenía.

—Sí.

Hola.

—¿Estás bien?

—Sí, bien.

Mmm, tengo una pregunta, y creo que puede ser una estupidez, pero…

—Suéltalo, GoGo —me animó.

—Cliff Thayer —dije.

—¿El capullo de mierda?

—Sí, ese mismo —confirmé.

—¿Qué pasa con él?

—Al parecer, ha tenido algún tipo de accidente.

—¿Ah, sí?

—preguntó, y pude oír la sonrisa en su voz.

—Y ha donado quinientos mil dólares a la Casa Walker.

—¿En serio?

—dijo, pero no parecía sorprendido en absoluto.

Tragué saliva con dificultad.

—¿Tuviste algo que ver con eso?

—dije con voz ronca.

—¿Qué podría tener que ver yo con un par de donaciones considerables que un capullo ha decidido hacer?

—¿Un par?

Yo no he dicho que fueran un par.

Hubo una breve pausa antes de que se riese entre dientes.

—Mi próxima cita está aquí, tengo que irme.

—Hyde, ¿qué has hecho?

—Nada.

Te veo esta tarde cuando recojas a Leo.

—En realidad, lo recoge Bryan.

Tengo una reunión tarde y no estoy segura de si saldré de aquí a tiempo.

—Entonces hablaremos cuando te recoja para cenar.

—Val…

Espera, ¿qué?

—Negué con la cabeza—.

No, no voy a cenar contigo.

—¿A las siete te va bien?

—Hyde…

—Te recojo en tu casa —dijo, sin dejarme hablar—.

Ponte vaqueros para que puedas montar.

—Yo…

Oí el clic del teléfono y dejé escapar un gemido de frustración.

No podía ir a cenar con él.

Dios.

Acabaría embarazada antes del postre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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