Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 203
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203: CAPÍTULO 203 203: CAPÍTULO 203 Índigo
El viernes por la tarde, a Brianna le pasaba algo que la tenía muy tensa, y lo supe porque no se apartaba de mi lado.
Desde el segundo en que salió del instituto y se subió a mi coche, fue mi sombra, llegando al extremo de seguirme hasta el baño.
—Cariño, no puedes entrar aquí conmigo, pero salgo enseguida.
Te lo prometo.
Asintió con la cabeza y yo hice lo mío, abriendo la puerta antes de tirar la toalla de papel a la basura.
Seguía allí, así que me incliné y le puse la mano en el hombro.
—¿Quieres contarme qué te pasa?
Negó con la cabeza y, como no estaba dispuesta a contármelo, tuve que esperar a que viniera a mí.
No obstante, le di un aviso a su terapeuta, Jessa, para que estuviera pendiente.
—Dejaremos a Leo en la tienda y luego nos tomaremos nuestros batidos, ¿vale?
Asintió, pero su semblante era inexpresivo.
En lugar de presionarla, la dejé con su secreto y llevamos a Leo a Potion.
—¿Puedo entrar contigo, Leo?
—preguntó Brianna.
Me frunció el ceño, sabiendo que Bri no podía ver su expresión, y yo sonreí.
—Sí, cariño, entraremos todos.
—¿En serio?
—siseó en un susurro.
Solté una risita, abrí mi puerta y entré con ambos en la tienda.
Hoy había una chica diferente en el mostrador, igual de tatuada que Vanna, pero sin piercings que yo pudiera ver.
—Hola, Leo —dijo ella con una sonrisa.
—Hola, Nicole.
—Jekyll ha dicho que puedes empezar por los baños.
Está con un cliente.
—Vale, genial —dijo Leo, volviéndose hacia mí—.
Os veo luego.
—Estaremos justo al lado, en Renaissance.
—Sí, lo sé —dijo—.
Te veré…
más tarde.
Sonreí.
No pude resistirme a añadir, un poco más alto: —Si me necesitas, me llamas, cariño.
¿Vale?
—Oh, Dios mío, Indy, ahora mismo te ignoro —dijo, alejándose con paso decidido.
Brianna se rio, mirándome.
—Eres divertida, Indy.
—Al menos tú me entiendes.
—Le ahuequé la barbilla con la mano—.
¿Lista para los batidos?
—Sí.
Miré a Nicole.
—¿No pasa nada si dejo el coche ahí un ratito?
—Claro.
Le echaré un ojo, pero no creo que haya problema.
—Gracias.
Brianna y yo salimos de la tienda y caminamos hasta la Heladería Renaissance, una de nuestras escapadas favoritas.
Nos sentamos en un reservado para dos y pedimos.
Entonces, decidí que era hora de que mi niña soltara la sopa.
—Vale, abejita, ¿qué pasó que te asustó tanto?
Se mordió el labio y se quedó mirando la mesa.
—¿Pasó algo en casa?
Negó con la cabeza.
—¿En el instituto?
Se removió en el asiento, pero no negó mi suposición.
—Vale, entonces algo pasó en el instituto.
¿Se lo dijiste a algún profesor?
Negó con la cabeza.
Alargué la mano y le apreté el brazo con suavidad.
—Cariño, no puedo arreglarlo si no me dices lo que pasó.
Su cara enrojeció mientras susurraba: —Un chico me empujó al baño y me tocó…
ahí abajo.
—¿Qué chico?
—me obligué a preguntar con delicadeza, aunque en realidad quería encontrar a ese niño y arrancarle la polla.
—Joshua Felly.
Tiene catorce años.
—Vale, cielo, el lunes voy a hablar con la directora y, si no lo arregla, lo haré yo.
—¿Aun así tengo que ir al instituto?
—No, cariño.
No hasta que Joshua Felly se haya ido.
—¿Puedes hacer que se vaya?
—preguntó esperanzada.
—Sí.
Todo su cuerpo pareció desinflarse de alivio.
El camarero llegó con unos batidos del tamaño de Colorado y dejó servilletas de más antes de marcharse.
—Tengo un examen el lunes —dijo Brianna, sorbiendo su batido.
—Puedes recuperarlo.
—¿Indy?
—¿Sí, cariño?
—La miré a los ojos.
—Haces que me sienta segura.
Contuve las lágrimas y esbocé una sonrisa.
—Gracias por decir eso, cariño.
Moveré cielo y tierra para que te sigas sintiendo así.
Asintió y nos relajamos en una conversación tranquila, mientras el peso del mundo abandonaba sus hombros.
Yo, sin embargo, transferí ese peso a los míos.
Más le valía a Joshua Felly no volver a acercarse a ella o desataría el infierno sobre él.
Cuando terminamos nuestros batidos, volvimos a mi coche y condujimos a casa.
Luego pasé el rato con los niños durante unas horas, dejando que me ganaran al futbolín.
Cuando llegó la hora de recoger a Leo, a Brianna le inquietaba que me fuera, así que la abracé fuerte y le prometí que volvería en menos de treinta minutos, lo que pareció calmarla.
Llegué a Potion justo antes de las once.
Como no había clase al día siguiente, le había permitido a Leo trabajar hasta la hora de cierre, siempre que hiciera los deberes.
Descubrí que todas las plazas de aparcamiento de delante de la tienda estaban ocupadas, a pesar de lo tardío de la hora, así que me metí en el callejón del lateral y salí del coche.
Y, de repente, una punzada de dolor me atravesó la cabeza al ser golpeada por la espalda, dejándome aturdida.
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