Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 207
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207: CAPÍTULO 207 207: CAPÍTULO 207 Jekyll
La respiración de Índigo se acompasó, indicando que por fin se había vuelto a dormir.
Esperé unos minutos más para asegurarme y luego salí al pasillo.
Sundance se apartó de la pared en la que estaba apoyado y me saludó con un movimiento de barbilla.
—¿Cómo está?
—Durmiendo —dije, cruzándome de brazos—.
¿Le has sacado algo más a Chucky?
Mi presidente sonrió con suficiencia.
—Le dejaste tres dientes.
No puede hablar.
—¿Vas a soltarlo?
—Todavía no —dijo—.
Needles lo está examinando.
Drake quiere que se haga todo legalmente.
Drake era el hijo menor de Sundance de su primer matrimonio.
La primera esposa de Sundance había sido asesinada hacía más de una década.
Aquello había sacudido al club, así que cuando conoció y se casó con Wyatt, ella lo había vuelto a centrar.
Le había dado paz.
Pero ahora Drake estaba jodiendo esa paz.
El joven Drake se había licenciado en servicios sociales y luego decidió entrar en la Academia de Policía, pero se estaba topando con obstáculos debido a su afiliación con nuestro club.
Yo sabía que Sundance luchaba entre su deseo de que su hijo fuera feliz y su asco por el hecho de que Drake quisiera formar parte de una organización que no le daba al club más que disgustos.
—¿Y cómo propone Drake que hagamos eso?
—mascullé.
—Quiere que Chucky se entregue.
Podía sentir la rabia bullir en mi interior y tuve la sensación de que Sundance lo vio, porque posó su mano fornida en mi hombro y apretó.
—No va a hacer una mierda sin mi permiso, hermano.
Drake sabe lo que hay y nunca me traicionará, ni al club —me aseguró Sundance.
Lo fulminé con la mirada.
—Si eso cambia, él y yo vamos a tener unas palabras.
—Si eso cambia, yo me encargaré de él, Jekyll.
No te preocupes por eso.
No dije nada, no fuera a ser que dijera algo de lo que pudiera arrepentirme.
—Esta mujer ha llegado a significar algo para ti —observó.
Joder, Sundance tenía una forma de llegar al meollo de la cuestión más rápido de lo que a cualquiera de nosotros nos gustaría admitir.
Asentí a regañadientes.
—Sí.
—Vamos a respetar eso, hermano —dijo—.
Todos nosotros… incluido Drake.
Dejé que la tensión abandonara mi cuerpo y asentí.
Sundance era muchas cosas, pero no era un mentiroso.
También mantenía a sus hijos a raya en lo que respecta al club, así que sabía que si Drake se convertía en un problema, Sundance, de hecho, se ocuparía de él.
—Te lo agradezco —dije.
—Vamos a hacer una investigación a fondo —me recordó Sundance.
Cada vez que alguien se acercaba al club, se le investigaba.
Puesto que acababa de confirmar mi deseo de quedarme con Índigo, ella no sería la excepción.
Mi única preocupación era cuánto le jodería saber que estaba invadiendo su privacidad.
Asentí.
—Sí, me parece bien.
—Vale.
Voy a volver.
Wyatt se está subiendo por las paredes.
Su nueva esposa estaba embarazada de su segundo hijo, y muy cerca de dar a luz, así que el club estaba en alerta, listo para ayudar con lo que pudieran necesitar.
—De acuerdo, hermano.
Hablamos luego.
Sundance me saludó con un movimiento de barbilla y se marchó.
Yo volví a entrar en la habitación de Índigo.
* * *
Índigo
—Hola, guapa —dijo Jekyll, sonriéndome desde arriba.
Estaba sin camiseta y no pude evitar pasarle los dedos por el pecho.
Tatuajes que parecían obras maestras pintadas por artistas de gran talento cubrían su cuerpo, y me incliné para besar el que tenía sobre el corazón.
Fruncí el ceño.
No podía distinguir exactamente qué era lo que tenía sobre el corazón.
¿Por qué no podía verlo?
Sacudí la cabeza y suspiré.
¿A quién le importa?
Este hombre está a punto de hacerme cosas que ni siquiera puedo imaginar.
Jekyll me estaba quitando la camiseta por los hombros mientras me besaba el cuello, y su barba hacía que se me pusiera la piel de gallina.
Su boca se movió hacia la mía, y yo deslicé las manos por su espalda mientras me besaba profundamente.
Le enredé las manos en el pelo mientras él envolvía un pezón con sus labios, succionándolo hasta convertirlo en un capullo tenso antes de morderlo suavemente.
Gemí cuando la sensación fue directa a mi clítoris.
Jekyll me acomodó con cuidado sobre una superficie blanda y luego fue bajando por mi cuerpo a besos, succionando mi clítoris con su boca mientras introducía dos dedos dentro de mí.
Sentí que flotaba, con el cuerpo arqueándose hacia su contacto.
—Cariño —susurró.
—Deja de hablar —ordené—.
Sigue haciendo lo que estás haciendo.
—Índigo.
—¿Cómo puedes hablar mientras tu boca me hace esas cosas tan increíbles?
—gruñí.
—¿GoGo?
—¿Qué?
—espeté, arrancada de repente de mi sueño húmedo, con el cuerpo en llamas y la abrumadora sensación de que o necesitaba tocarme o mearme encima.
—Estabas gimiendo —dijo Jekyll—.
¿Te duele algo?
Lo fulminé con la mirada.
—No.
—Bueno, ¿qué pasa?
—Joder, Hyde, déjalo ya.
Ladeó la cabeza.
—¿Por qué me saltas así?
Arrugué la nariz.
—Nada.
—Cariño, sé lo suficiente de mujeres como para saber que cuando una de vosotras dice «nada», siempre significa algo.
—Pues nunca has conocido a nadie como yo —siseé, retorciéndome mientras mi cuerpo vibraba de necesidad.
Se inclinó un poco más.
—¿Segura que no necesitas algo?
Lo único que necesito es tu polla enterrada en mi vagina.
—Totalmente —mentí, pulsando el botón de mi bomba de dolor.
Mi cuerpo se relajó por fin y cerré los ojos—.
Ya te puedes ir.
Oí su risa mientras me sumía de nuevo en la inconsciencia.
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