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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 220

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220: CAPÍTULO 220 220: CAPÍTULO 220 Índigo
Le colgué a Bellamy y respiré hondo varias veces para calmarme.

Descubrí que estar hecha una furia era bastante doloroso en mi estado actual, así que me obligué a destensar la mandíbula y relajar el cuerpo.

Tardé varios minutos en retraer las garras lo suficiente como para sentir que podía resistir el impulso de matarlo.

No podía creer que me hubiera hablado de esa manera.

¡Agg!

Capullo.

Primera señal de alarma.

Iba a coleccionar esas malditas señales y a hacer una pancarta con ellas que dijera «que te jodan».

Una vez que me calmé un poco, empezaron las lágrimas, lo que me cabreó aún más.

Estaba harta de sentirme vulnerable e inútil.

Necesitaba salir de esta cama, y necesitaba salir ya.

Aparté las sábanas de un tirón e intenté pasar las piernas por el borde del colchón.

El dolor lo hizo imposible y no pude reprimir un grito cuando un fuego me recorrió la pierna.

—¿Qué coño haces?

—gruñó Jekyll mientras corría a mi lado.

—No es asunto tuyo —siseé.

—Índigo, vuelve a la cama.

Lo fulminé con la mirada.

—¿Qué haces aquí?

—Jesús —siseó, pasándome un brazo con cuidado por la cintura, lo que evitó que me cayera de la cama—.

Vamos a acomodarte.

—Ay —gemí mientras Jekyll me devolvía con cuidado a la cama.

—¿Por qué coño intentas levantarte de la cama?

¿Necesitas mear o algo?

Te buscaré a una enfermera.

—¿Qué haces aquí?

—repetí, ignorando su pregunta.

Me miró a los ojos.

—Asegurándome de que estás bien y disculpándome.

Abrí los ojos como platos.

—¿Qué?

—Cariño —dijo con un suspiro—.

Yo no…
—¿Que tú no qué?

Cerró los ojos durante unos segundos y yo reprimí una sonrisa.

Sabía que quería decirme que no se repetía, pero tenía que reconocer que no lo hizo.

—Quería disculparme —repitió.

—¿Puedes repetirlo?

—bromeé.

—No lo haré.

Sonreí.

—La acepto de todos modos.

—¿Te vas a quedar quieta?

—exigió.

—Como puedes ver, no tengo elección.

Mi cuerpo me ha traicionado —refunfuñé.

—¿Qué intentabas hacer?

—preguntó—.

¿Necesitas que busque a una enfermera?

—No.

Solo quiero saber qué está pasando.

Volvió a taparme con las sábanas y se sentó en el borde del colchón.

—Bellamy está terminando el papeleo y mis hermanos están en la Casa Walker poniendo las cosas en orden para que el CPS no haga preguntas.

—¿Quién es el agente del CPS?

—Una tal Drea.

—¿Drea Housen?

—pregunté y Jekyll asintió—.

Mierda.

Es un grano en el culo.

—Me he dado cuenta.

—También es malísima en su trabajo y no para de poner trabas —suspiré—.

Hay rumores de que acepta sobornos.

Jekyll se rio entre dientes.

—¿Que acepta sobornos?

—Sí.

Ya sabes, cuando alguien se queda con…
Se rio entre dientes.

—Sé lo que significa, pero ¿cómo lo haría exactamente?

El sistema de acogida no es que rebose dinero.

Me encogí de hombros.

—No tengo ni idea.

Solo sé que la mayoría de los agentes del CPS no pueden permitirse un Mercedes nuevo cada dos años.

—¿Tiene novio?

A lo mejor está forrado.

—Nop.

Tampoco novia.

Está soltera.

—Jesús, ¿no tienes nada mejor que hacer que preocuparte de en qué se gasta el dinero una zorra?

—me retó.

—Claro que sí, pero te lo digo, Hyde, esa tía no es trigo limpio.

—Alisé las sábanas mientras lo miraba a los ojos—.

Intenté investigarla y es como un fantasma.

Nada antes de 2008.

Jekyll frunció el ceño.

—Sí, eso es raro.

—¿A que sí?

—¿Por qué la investigaste?

—Porque, a diferencia de otros, a mí sí me importa lo que les pasa a mis niños.

Necesito saber con quién estoy tratando para defender mejor mi postura de quedármelos.

—¿No has pensado nunca que quizá abarcas demasiado?

Negué con la cabeza.

—Entiendo que los niños no son lo tuyo, Hyde, pero para mí sí.

Y entiendo que no puedo salvar a todos los niños, pero haré cualquier cosa, y digo cualquier cosa, para proteger a los que están a mi cargo.

—Sí, ya lo veo —dijo, rodeando mi mano con la suya—.

Y me estoy dando cuenta de que es una de las cosas que más me gustan de ti.

Un golpe en la puerta interrumpió cualquier respuesta y grité: —Adelante —justo cuando la puerta se abría.

—Ekyll —lloriqueó una vocecita, sorbiendo por la nariz como si llevara un rato llorando.

Bellamy entró con una niñita diminuta en brazos que de repente se lanzó hacia delante, hacia Jekyll.

Él se levantó y la cogió antes de que se cayera.

—Ekyll —sollozó ella, rodeándole el cuello con un brazo.

—¿Qué ha pasado?

—preguntó Jekyll.

—Has tardado demasiado —lo acusó Bellamy—.

No se ha quedado quieta para el técnico, así que sus radiografías tendrán que esperar a que puedas sentarte con ella.

—¿Quién es?

—pregunté.

Jekyll llevó a la niña a mi lado.

—Esta es Mina —dijo, sentándose a mi lado.

—Hola, Mina.

—Sonreí—.

Encantada de conocerte.

Soy Índigo.

—¿Tienes pupas?

—carraspeó.

—Sí, cariño.

Tú también, ¿verdad?

Asintió, apoyada en el hombro de Jekyll.

—Bueno, en cuanto puedan sacar fotos de tus pupas, cielo, podrán hacer que te sientas mejor —dije.

—He avisado a las enfermeras de que Mina estaría aquí arriba.

Han dicho que vendrían a buscarla cuando un técnico estuviera listo para hacerle otra radiografía —dijo Bellamy.

Mina negó con la cabeza.

—Ekyll.

—Vas a tener que ir con ella, Hyde —dije.

—Gracias por la información, Capitán Obvio —refunfuñó él.

Yo sonreí, lo que hizo sonreír a Mina.

Era un buen primer paso.

Bellamy se me acercó y me entregó un fajo de papeles.

—¿Los tenemos a todos?

Ella asintió.

—Ahora solo tenemos que averiguar dónde meterlos.

Jessa y Bryan van a traer las furgonetas con las sillas de coche.

Por lo visto, los Aulladores están arreglando todo lo que se rompió, así que el resto del personal puede quedarse con los niños en la casa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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