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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 224

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224: Capítulo 224 224: Capítulo 224 Brianna se marchó justo cuando Bellamy se dejó caer en el sofá, tan cerca de mí como pudo, y sonrió.

—Los chicos de tu hombre no dejaron piedra sin remover.

El sitio está mejor que antes.

—Ya lo veo.

—¿Estás acojonada?

—susurró, y me volví hacia ella.

—Jodidamente mucho, Bell.

Jodidamente mucho.

—Respira hondo, cariño.

—Sonrió—.

Probablemente sea bueno que estés en esa silla.

—Qué borde —repliqué—.

¿Por qué dices eso?

—Porque ahora no puedes huir.

—Te odio.

Se rio.

—Lo sé.

De nada.

Antes de que pudiera lanzar una sarta de insultos a mi mejor amiga, Jekyll volvió hacia mí con un plato lleno de comida.

—¿Vamos a compartir?

—pregunté.

Sonrió de lado.

—No entraba en mis planes.

—No puedo comerme todo eso.

Se puso en cuclillas frente a mí y dejó el plato en mi regazo.

—Espero que lo intentes.

—No puedes estar hablando en serio.

—Tan en serio como un infarto.

—Un infarto es lo que voy a sufrir si me como toda esta comida.

Enarqué una ceja y suspiré, cogiendo una patata frita y metiéndomela en la boca.

Él volvió a sonreír.

—Buen comienzo.

Voy a por algo para mí.

—¿Puedes asegurarte de que Mina coma, por favor?

—le pedí.

—Sí —dijo con voz ronca, alejándose.

—Se está encariñando con los niños, ya veo —susurró Bellamy.

Suspiré y me metí otra patata en la boca.

—Ella lo ha elegido, así que…
—Los niños reconocen lo auténtico cuando lo ven.

—¿A que sí?

—resoplé—.

Solo espero que no salga corriendo.

—Tía, estás hecha mierda, necesitas ayuda para limpiarte el culo y él sigue aquí.

No creo que vaya a huir.

—¿Puedo recordarte que no es él quien me va a limpiar el culo?

Ella puso los ojos en blanco.

—Con lo mucho que meas, he comprado una caja grande de guantes.

—Qué borde.

—Pero preciso.

Me encogí de hombros.

—Pura verdad.

En realidad, podía limpiarme el culo yo sola, pero agradecía el compromiso de mi mejor amiga con mi bienestar.

Ella se rio entre dientes y yo observé cómo Jekyll llevaba a Mina a la mesa cargada de comida y se agachaba a su lado para hablar con ella.

—Oh, Dios mío —susurró Bellamy.

Contuve las lágrimas.

—¿Verdad?

—Le encantan los niños.

—Sí —asentí.

—Vais a tener los bebés más monos —continuó.

—Vale, para el carro, arpía del infierno.

—Van a ser monísimos —chilló—.

Será como si Ed Sheeran tuviera un bebé con BTS.

Dios, mi mejor amiga estaba obsesionada con BTS.

Yo, personalmente, preferiría que me arrancaran los ojos unos cuervos antes que verme obligada a escuchar esa mierda.

—Son K-Pop —dije con voz monótona.

—Son preciosos —suspiró.

—Sabes que la K de K-Pop es de coreano, ¿verdad?

—la desafié.

—Da igual.

Ya sabes que yo no veo colores.

—Sonrió, sabiendo cuál era mi punto flaco y usándolo de todos modos.

—Ni sabes geografía básica, por lo visto —repliqué.

—¿Puedes dejarme disfrutar de mi fantasía, por favor?

—se quejó.

—Jin Sheeran —dije, poniendo los ojos en blanco—.

Entendido.

—Sí —siseó, dando una palmada.

Puse los ojos en blanco.

—Tú solo empeoras con el tiempo.

Me subió y bajó las cejas pícaramente.

—De nada.

Me reí justo cuando Jekyll trajo a Mina hacia mí.

—No quiere comer nada de lo que le pongo en el plato —se quejó.

Sonreí con dulzura y le tendí la mano a Mina.

Ella la cogió y tiré de ella para acercarla.

—Cariño, hay muchas opciones.

¿Qué tipo de cosas te gusta comer?

Se encogió de hombros, mirando sus pies.

—No nos dejaban pedir cosas —dijo una voz suave detrás de mí.

Tessa se acercó a Mina y se inclinó para mirarla a los ojos—.

Ahora estamos a salvo.

Puedes comer lo que quieras.

Tessa tenía doce años y había estado con Mina desde el día en que la vendieron a los traficantes.

Tessa llevaba casi un año en ese infierno, pero su calvario no parecía haberle arrebatado su dulzura.

Seguía siendo recelosa, pero con sus «hermanas», como se refería a las otras niñas, era todo amor.

—Por supuesto —dije—.

Lo que sea, cariño.

Y si cenas algo, sé que hay helado en el congelador.

Levantó la cabeza de golpe y se mordió el labio.

—¿De verdad?

—Sí.

Te lo prometo —dije.

—¿Quieres que te lleve a por comida?

—preguntó Tessa.

Mina negó con la cabeza.

—Ekyll.

—¿Qué tal si tú y Tessa vais a ver qué hay en la mesa y luego Jekyll te ayuda a ponerlo en un plato?

—sugerí.

Tessa tomó la mano de Mina y se la llevó.

Alargué la mano y tiré del chaleco de Jekyll.

Él se inclinó, posando las manos en los brazos de mi silla de ruedas, para quedar cara a cara conmigo—.

Solo tienes que ser paciente.

Y si no sabe decirte lo que quiere, pon un montón de cosas en un plato y deja que picotee.

Suspiró.

—Es así de fácil, ¿eh?

Le acaricié la barba.

—Lo estás haciendo genial, cariño.

Tú puedes con esto.

Cerró los ojos brevemente, luego se acercó a mi oído y susurró:
—Me encanta eso, GoGo.

Tú sigue llamándome cariño y yo seguiré intentándolo.

Me besó en la mejilla y yo sonreí.

—Puedo hacerlo… cariño.

Me dio un beso rápido en la boca y luego volvió con Mina.

—Necesito un motero —susurró Bellamy.

—Ah, sí, definitivamente necesitas un motero.

Uno que te meta en vereda.

Me enarcó una ceja y entonces las dos estallamos en carcajadas.

Dos horas más tarde, el cuerpo me ardía de dolor y estaba al borde de las lágrimas cuando Jekyll giró mi silla de ruedas y me sacó del edificio.

—¿Qué haces?

—grazné.

—Cariño, tienes la cara roja como un pimiento —dijo, poniéndose en cuclillas frente a mí.

Entonces rompí a llorar.

—Dios mío, Hyde, siento como si tuviera la pierna en llamas.

—¿Por qué coño no has dicho nada?

—gruñó él, poniéndose de pie y cogiendo mi bolso—.

Tienes que tomarte la medicación.

—No me grites —sollocé, y él suspiró, deslizando suavemente sus nudillos por mi mejilla.

—No me gusta verte sufrir, GoGo.

Asentí, con las lágrimas corriéndome por la cara con tanta fuerza que no podía ver.

Le tendí el bolso con brusquedad.

—Necesito que encuentres las pastillas.

Abrió la cremallera de mi bolso justo cuando la voz preocupada de Mina llamó:
—¿Ekyll?

—¿Indy?

—añadió Bellamy mientras traía a Mina en brazos hacia nosotros—.

Eh, ¿estás bien?

—Necesita su medicación —dijo Jekyll, sacando el bote de pastillas y dándome una.

—Voy a por agua —dijo Bellamy, dejando a Mina en el suelo—.

Ahora mismo vuelvo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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