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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 253

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253: CAPÍTULO 253 253: CAPÍTULO 253 Scooby
Dos días después, Rowan cerró el local por la noche y yo, a regañadientes, dejé a mi recluta con ella y volví a la cabaña.

En cuanto crucé la puerta, un torbellino de hippie se arremolinó hacia mí, con el rostro contraído por la irritación y el alivio a partes iguales.

—¡Ahí estás!

Te he enviado, como, tropecientas mil veces un mensaje.

Enarqué una ceja.

—Por eso estoy aquí.

Sierra me rodeó la muñeca con sus dedos repletos de anillos del humor (llevaba tres en la mano izquierda y dos en la derecha para «equilibrar sus chakras» o alguna mierda por el estilo) y tiró de mí.

—Sígueme.

—Más despacio, cariño, esperaba tomarme una cerveza.

—Puedes beber luego —siseó—.

Encontré el dinero.

Me detuve en seco, arrastrándola conmigo.

—¿Cómo has dicho?

Sierra no era realmente Sierra.

Era Anjanette, o «Jette», como la llamaba la mayoría de la gente.

Era la hermana de acogida de Rabbit, un hermano de los Perros de Fuego de Savannah, y estaban más unidos que si fueran de sangre.

Cuando el FBI la perseguía, pues había sido testigo material en un caso que le costaría la vida si la encontraban, se había refugiado con los Aulladores cuando Wrath decidió que era suya.

El problema era que el FBI la había encontrado de todos modos, y ella había decidido que no quería volver con Wrath.

Yo no estaba convencido de que no lo quisiera de vuelta, pero esa era otra historia.

Era considerada una de las mejores hackers del mundo.

Podía parecerse a Stevie Nicks, pero no había que dejarse engañar por su apariencia de «amor, paz y luz».

Podía hacer que tu mundo entero se derrumbara con solo pulsar una tecla.

Ahora era una presencia permanente en el club, con una habitación propia para todo el tiempo que decidiera quedarse.

—Vamos —ordenó, tirando de mi brazo—.

Ven a ver lo que he encontrado.

—Joder, ¿Wrath no ha conseguido que seas menos mandona, eh?

—bromeé.

Entrecerró los ojos, su rostro se tiñó de rojo brevemente antes de que apartara la mano de mi muñeca y se retirara el pelo rubio y rizado de la cara.

Oh, mierda, he metido la pata.

No dijo nada.

Simplemente se dio la vuelta y caminó por el pasillo hacia las escaleras… alejándose de mí.

—Joder —resoplé—.

¡Espera, Sierra!

Me ignoró.

Esperé unos instantes y luego la seguí.

Pero cuando llegué a lo alto de las escaleras y doblé la esquina para dirigirme a su habitación, me encontré con un puño en la cara y, de repente, con el culo en el suelo.

—¿Qué coño le has dicho?

—bramó Wrath.

No estuve mucho tiempo con el culo en el suelo y, teniendo en cuenta que le sacaba diez centímetros y nueve kilos, el siguiente en acabar en el suelo fue Wrath.

—Si vuelves a por mí de esa manera, hermano, vas a tener que aprender a montar con mi bota metida en el culo.

—Vuelve a cabrear a mi mujer y perderás mucho más que una bota.

Se cruzó de brazos, mirándome fijamente.

—Voy a preguntártelo una vez más.

¿Qué coño le has dicho?

No me hace ni puta gracia que mi mujer llore.

—¿Está llorando?

—pregunté.

—Sí, capullo, lo está.

—Lo arreglaré.

Wrath negó con la cabeza.

—No voy a dejar que te acerques a ella hasta que me digas qué coño está pasando.

—Quítate de mi puto camino, Wrath.

Esto es entre Sierra y yo —gruñí—.

Si quiere que pelees esta batalla por ella después de que hayamos hablado, entonces podemos ir ahí fuera y hacerlo.

Lo aparté de un empujón, llamé a la puerta de Sierra y la abrí a pesar de no haber sido invitado.

Me tapé los ojos por si estaba desnuda o algo.

—Vete, Wrath.

—No es Wrath —dije, cerrando la puerta a mi espalda y manteniéndome de espaldas a ella.

—Ah, bueno, pues tú te puedes ir especialmente a la mierda.

—¿Estás decente?

—Si dijera que no, ¿te irías?

—preguntó ella.

—No.

—Me giré hacia la habitación y vi que estaba sentada en el borde de su cama.

Efectivamente, estaba llorando.

O lo había estado—.

Mierda, cariño, no pretendía hacerte llorar.

Solo te estaba tomando el pelo.

Se encogió de hombros, bajó la cabeza y se puso a quitar una pelusa inexistente de su falda.

—Soy una mandona.

Acorté la distancia entre nosotros, le levanté la barbilla con suavidad y le acaricié la cara.

—Eso me gusta de ti, Sierra.

No me di cuenta de que estaba tocando un punto sensible.

Se apartó de mi caricia.

—No lo sabías.

—¿Quieres contármelo?

—Es solo que el sistema de acogida fue una mierda, eso es todo.

Dejémoslo ahí.

—Bueno, siento haber sido un capullo.

Sé que estás haciendo todo lo posible y más para ayudarme, y no debería haberlo menospreciado —dije—.

Agradezco toda tu ayuda, aunque mi comportamiento de antes no lo demostrara.

Sierra y yo habíamos tenido una conexión instantánea.

Nunca nos habíamos sentido atraídos el uno por el otro, pero siempre nos habíamos sentido como familia, y habíamos caído en una especie de relación de hermanos desde el segundo en que nos conocimos.

Era una de mis mejores amigas y saber que la había herido de alguna manera me rompía el corazón.

Se levantó de la cama y me rodeó con sus brazos.

—Esta es precisamente la razón por la que eres mi persona favorita del mundo.

Me reí entre dientes.

—¿Porque soy un capullo?

—No, porque cuando lo eres, lo reconoces y lo enmiendas.

—Te sugiero encarecidamente que le quites las manos de encima a mi mujer —gruñó Wrath desde detrás de nosotros.

Sierra me apretó más fuerte.

—Vete a la mierda, Wrath.

Le di un beso en la coronilla.

—Os daré unos minutos y nos vemos abajo cuando terminéis.

—Vale —susurró, soltándome a regañadientes.

Pasé tranquilamente por delante de Wrath, que me fulminó con la mirada, pero me dejó un amplio espacio mientras salía por la puerta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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