Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 260
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260: CAPÍTULO 260 260: CAPÍTULO 260 —Bien —dijo—.
Tenemos que ampliar tu círculo.
—¿Ampliar mi círculo?
¿Cómo?
—Creo que sería genial que conocieras a un par de las mujeres del club.
Sierra y Violet serían un buen comienzo.
Negué con la cabeza, agitando las manos en el aire.
—No, estoy bien.
No me llevo bien con las mujeres de mi edad.
De verdad que no necesito ese nivel de estrés.
—Bueno, eso es algo que tendrás que resolver, porque nuestras mujeres son una piña, y tienen que serlo.
Tragué saliva.
—No puedo.
—Nena, ¿qué coño te pasó?
Te me enfrentaste, cara a cara, delante de mis hermanos, pero la idea de conocer a un grupo de mujeres hace que parezca que te vas a desmayar.
Esto no cuadra.
—Las chicas son malas.
Y yo era la niña triste a la que se le murió su madre en secundaria, así que de todos modos me condenaron al ostracismo, pero luego me mudé con mi abuela, fui a un instituto diferente al que tenía previsto y las chicas se volvieron aún más malas.
—Siempre se meten con las chicas guapas —dijo Scooby.
—Yo no era guapa, y no lo digo para dar pena.
De verdad que no lo era.
Llevaba aparato, era bajita y estaba un poco rellenita, lo que en realidad significaba tetas y culo.
Me estaba dejando crecer el peor corte de pelo que te puedas imaginar…
piensa en un mullet accidental sobre pelo rizado, y me habían sobreprotegido, así que no tenía ni idea de cómo desenvolverme en la política del instituto y mantenerme al margen de las chicas malas.
Si alguien era malo conmigo, yo le contestaba con descaro.
Entraba al trapo en cada ocasión de la peor manera, y lo usaban en mi contra a toda costa.
No le caí bien a nadie porque decidí que no necesitaba amigos —admití—.
Al final, intenté mantener un perfil bajo, sacar todo sobresalientes y terminar los estudios.
Pensé que, una vez que entrara en enfermería, las cosas mejorarían.
—¿Y mejoraron?
Me reí sin alegría.
—Nop.
—Señalé mis labios—.
Sigo teniendo un problema con la boca.
Él sonrió.
—A mí me gusta esa boca.
—Bueno, cuando mi supervisora me echó la culpa de no contar bien las gasas, lo que provocó que el médico dejara una dentro de un paciente, a pesar de que yo ni siquiera estaba en la puta cirugía.
Ella sí.
No le gustó especialmente mi boca cuando le canté las cuarenta, ni cuando renuncié.
—Espera, ¿te echó la culpa a ti?
—Sí.
El hospital tuvo que pagar casi dos millones en concepto de daños y perjuicios.
—¿El médico te apoyó?
—El médico nunca nos distinguía —dije—.
En serio, se equivocaba tanto con nuestros nombres que teníamos que ponerle nuestras identificaciones en la cara al acercarnos a él solo para que nos reconociera de alguna manera.
No tenía ni idea de quién estaba en la cirugía con él en cada momento, así que fue fácil para ella culparme.
Al menos durante un tiempo.
Al final, el administrador revisó las grabaciones de vídeo y encontró pruebas de que mentía, pero yo ya me había ido.
—Zorra.
Negué con la cabeza.
—Era una arpía, no la otra palabra.
Para eso tendría que haber tenido algo cálido y profundo, y no era el caso.
Scooby se rio.
—Joder, para ser una chica que no dice muchas palabrotas, cuando las dices, desde luego haces que valgan la pena.
—Solo digo la verdad.
—Le pasé la mano por el lomo a Lord—.
Aunque encontré mi vocación cuidando de los ancianos, así que todo salió bien.
—¿Y dónde está esa cabrona ahora?
Me encogí de hombros.
—Ni idea, y no me importa.
—¿Lo dices en serio?
—No.
O sea, no lo sé, pero sí que me importa —dije—.
Espero que haya tenido que volver a vivir con su madre tóxica y se haya visto obligada a trabajar en el turno de noche en la morgue del hospital más cutre del peor condado.
—Joder, tienes razón.
—¿Sobre qué?
—Las chicas son malas.
—Normalmente no le deseo el mal a la gente, aunque no me caigan bien, pero además de intentar culparme por sus múltiples infracciones, era abiertamente despreciativa con las familias de bajos ingresos que venían a recibir atención.
Solo me gustaría que supiera lo que es ser una de ellos, vivir al día, de sueldo en sueldo, sin saber nunca si tienes que elegir entre pagar la insulina o la calefacción.
—Le has dado unas cuantas vueltas a esto.
—Unas cuantas bastantes —suspire—.
No te voy a mentir, puedo ser vengativa.
—¿Y quién no?
—murmuró.
—Como puedes ver, tengo algunos problemas.
—Nena, todos tenemos putos problemas.
Se llama ser adulto.
Si consigues pasar de los dieciocho sin alguna cicatriz emocional, es que has estado viviendo en un mundo de fantasía —dijo él.
—Cierto.
Él sonrió con dulzura.
—¿Vas a darle una oportunidad a esto?
—Creo que necesito pensarlo un poco más.
—Lo entiendo.
—¿Aun así te vas a quedar?
—pregunté.
—En tu sofá, sí.
En tu cama, no.
Me mordí el labio y asentí, intentando ocultar mi decepción.
—Para —advirtió.
Solté un gemido de frustración.
—Lo siento.
Nunca se me ha dado bien ocultar lo que pienso.
—Eso ya lo sé.
—Se puso de pie antes de inclinarse para besarme la mejilla—.
¿Dónde está el baño?
—Al fondo del pasillo, la primera puerta a la derecha.
Después de sacar a Lord una vez más, lo acomodé en su jaula y me metí en la cama…
sola.
Sin embargo, saber que Scooby estaba tan cerca hizo que dormir fuera prácticamente imposible.
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