Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 264
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264: CAPÍTULO 264 264: CAPÍTULO 264 Rowan
Esa noche, después de un par de copas de vino, tuve tiempo para pensar en todo lo que las mujeres me habían dicho…
quizá demasiado tiempo.
Pero, en cualquier caso, fue suficiente para saber que ya no quería estar sin él.
Echaba de menos su sonrisita cuando soltaba un juego de palabras.
Echaba de menos ver cómo se le arrugaban los ojos en las comisuras, ya fuera detrás de sus gafas de pasta gruesa o cuando llevaba lentillas.
Echaba de menos la forma en que se pasaba la mano por la barba cuando estaba ensimismado, o cuando me observaba atentamente, incluso cuando creía que no me daba cuenta.
Suspiré.
Siendo sincera, lo echaba de menos todo de él.
Saqué el móvil y marqué su número.
Descolgó al segundo tono.
—Hola, Rowan.
—Hola.
¿Puedes venir?
—No, no puedo.
—He tomado una decisión y me gustaría decírtela en persona.
Suspiró.
—Por favor —rogué.
—Estoy fuera, nena.
Dame dos minutos.
—Espera, ¿has estado aquí todo el tiempo?
—chillé—.
¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque hicimos un plan.
—No, tú hiciste un plan y me obligaste a seguirlo.
—Estoy en tu puerta, puedes gritarme en persona.
—Yo no grito —refunfuñé, yendo hacia la puerta con paso fuerte y mirando por la mirilla.
Lord saltó del sofá y me siguió, sentándose a mi lado.
—Voy a colgar —dijo Scooby, y abrí la puerta.
—Hola —exhalé.
Dios, cómo lo había echado de menos.
Y esta noche estaba especialmente delicioso con sus vaqueros ajustados y sus gafas de pasta gruesa.
Dios santo bendito, era un motero friki en todo su esplendor.
Sonrió.
—Hola.
Di un paso atrás.
—Entra.
Se apoyó en la pared del hueco de la escalera.
—Estoy bien aquí.
Puse una mano en mi cadera en un gesto desafiante.
—¿Así que, si me desnudo en el umbral de mi puerta, mientras tú te quedas ahí parado, no vas a hacer nada?
Sus ojos se abrieron como platos y sus fosas nasales se ensancharon.
—¿Estás diciendo que tu decisión ha sido a mi favor?
—Sí —sonreí—.
Estoy muerta de miedo, pero sí, me apunto.
Sonrió de oreja a oreja y entró de golpe, estampando su boca contra la mía mientras cerraba la puerta de una patada.
—Espera —jadeé, agarrando su chaleco.
Descubrí en mi reunión con las chicas que, después de todo, no se llamaba así.
—Se acabó la espera —dijo él, quitándose las botas con los pies.
—Bueno, pues tengo que decirte algo muy importante que es pertinente para lo que estamos a punto de hacer.
Enarcó una ceja.
—¿Pertinente, eh?
—Sip —dije, con énfasis en la «P».
—Vale, Chispitas, ¿qué me cuentas?
—¿Chispitas?
¿Por qué Chispitas?
—Porque siempre estás tan resplandeciente —dijo—.
Iluminas mi mundo, Rowan.
Se me revolvió todo por dentro y sonreí.
—Bueno, eso es lo más bonito que me han dicho nunca.
—Ahora, ve al grano, porque tengo una erección de caballo y necesito meter la cara entre tus piernas.
—Claro —me estremecí—.
Bueno, pues… técnicamente, todavía soy virgen.
—¿Cómo que técnicamente?
—He tenido mis escarceos, pero nadie ha cruzado nunca mi poderosa Barrera de Coral.
—¿Cómo demonios has llegado virgen a los veintiocho?
—¿Te has perdido la parte en la que soy una bocazas?
—lo desafié—.
Los tíos no se quedaban el tiempo suficiente para conocerme, y yo no les impedía que se largaran.
—Entonces, son unos putos idiotas.
—Quizá —dije mientras deslizaba las manos por su pecho—.
Mi abuela era bastante religiosa, así que me criaron de una forma bastante religiosa después de que mis padres murieran, pero, para ser sincera, nunca me lo creí del todo.
Lo usé como excusa para separar a las ovejas de las cabras, por así decirlo.
Y solo he encontrado cabras.
—¿Una referencia bíblica?
—preguntó.
—Sí.
—Pues considérame tu Corderito personal —replicó, besándome el cuello.
Solté una risita antes de tirar de su barba.
—Hablando en serio, Scooby, ¿te parece bien?
—¿Que seas virgen?
Asentí.
—Joder, claro que me parece bien.
Pero sabes que eso significa que hay más en juego, ¿verdad?
—¿En qué sentido?
—Voy a ser el primero, lo que significa que seguro que también seré el último —dijo, inclinándose para besarme con ternura.
—Puedo vivir con eso —sonreí contra su boca—.
¿Significa esto que soy tu «old lady»?
Se echó un poco hacia atrás.
—¿Quién te ha dicho eso?
—He tenido algunas visitas hoy.
—¿Quiero saberlo?
Le hice un resumen rápido de la visita de las chicas y él se pasó las manos por la cara.
—Jodido Jesucristo.
Deberían meterse en sus putos asuntos.
—No puedes enfadarte con ellas —dije.
—¿Y por qué coño no?
—Porque en cierto modo son la razón por la que he tomado mi decisión.
—Él se cruzó de brazos y frunció el ceño.
A mí casi me da la risa—.
¿Estás intentando intimidarme?
—Joder, Rowan, no, no estoy intentando intimidarte.
—Ah, bien, porque no está funcionando —le sonreí, apretándole los brazos—.
Y para que lo sepas, dijeron cosas muy bonitas de ti.
—Oh, me lo imagino.
—Las dijeron.
Sobre todo Violet.
¿Salisteis alguna vez?
Soltó un bufido.
—Joder, no.
Jesús, ¿por qué piensas eso?
Me encogí de hombros.
—Es que es muy guapa y parece que te adora, así que me lo preguntaba.
Relajó los brazos y me rodeó con ellos.
—No es que me interesara, pero era la princesa de Sundance, así que era intocable.
Pero Letti es la puta ama y se las apañó para convertirse en una de mis mejores amigas.
Así que sí, tenemos confianza.
Pero también es joven y no es para nada mi tipo.
—Me dio un apretón—.
Tú sí lo eres.
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