Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 265
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- Capítulo 265 - 265 CAPÍTULO 265
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265: CAPÍTULO 265 265: CAPÍTULO 265 —No buscaba que me tranquilizaras, cariño.
Solo era una pregunta.
—Me encanta que me llames «cariño», cariño.
Le sonreí.
—Lo haré más a menudo, entonces…, cariño.
—¿Qué más tenían que decir las Amas de Casa Primitivas de Monument?
Me reí entre dientes.
—¿Así es como llaman a las mujeres?
—Eso o las Bombones Primitivos.
—Oh, Dios mío, me encanta —dije sin aliento—.
Quiero ser una Bombón Primitivo.
Scooby sonrió.
—Ya lo eres, nena.
—En fin, me dieron un curso intensivo sobre cómo funcionaba un MC.
Y lo que es más importante, cómo funcionaba el vuestro, en lo que respecta a las mujeres.
Un poco de información sobre sus hombres y sus relaciones, etcétera.
—¿Y qué te contaron?
Ladeé la cabeza.
—¿De verdad quieres hablar de eso o prefieres que nos desnudemos?
—Encárgate de Lord, Rowan.
Sonreí de oreja a oreja.
—A la cama, Lord —ordené, y entró en su jaula.
Cerré la puerta y eché el pestillo, y luego llevé a Scooby a mi habitación.
—Vas a tener que guiarme en esto, Crew —dije—.
Por razones obvias.
—Mi nombre en tu boca…
—Soltó un profundo suspiro—.
Es jodidamente sexy.
Pasé los brazos alrededor de su cuello.
—Bueno es saberlo.
—¿Hasta qué punto has estado protegida?
—preguntó.
—He tenido mi dosis de educación sexual —dije—.
Soy consciente de que tu pitorro va en mi ranurita.
—Técnicamente, a mi pitorro más le vale convertirse en un pitorrazo para cuando esté listo para entrar en tu ranurita o vamos a tener un problema —replicó él.
Se me escapó un bufido de risa mientras dejaba caer la cabeza sobre su pecho.
Después de recomponerme, lo miré a los ojos.
—Esto va a ser divertido.
—Sí.
—Sonrió, ahuecándome la cara con las manos y pasando el pulgar por mi mejilla—.
Voy a hacer todo lo que pueda para que sea bueno para ti, cariño, pero si te duele demasiado, dímelo y pararemos.
Asentí.
—Vale.
—Y, nena, tú eres definitivamente mi mujer.
—Sonrió—.
Si quieres serlo.
—Sí.
Quiero serlo.
Su boca cubrió la mía, besándome mientras me levantaba y me depositaba con suavidad en la cama.
Interrumpiendo el beso, se quitó el chaleco y lo dejó en la silla junto a mi cama.
Luego se llevó las manos a la nuca y se quitó la camiseta.
No pude reprimir un suspiro silencioso al ver su pecho.
—Guau —exhalé.
Un lobo aullando era lo único que llevaba tatuado en las costillas, pero en la espalda tenía el logo de su club y un homenaje a su hermano que ocupaba la mayor parte de su piel.
El resto de la parte superior de su cuerpo estaba desnudo, y yo estaba deseando ver si la inferior también lo estaba.
Sonrió.
—¿Te gusta lo que ves?
—Me gusta.
—Me lamí los labios—.
Me gusta mucho.
Apoyó los puños a cada lado de mí.
—Mi turno —dijo.
Tirando de mis pantalones hacia abajo por las caderas, me los quitó, con las bragas y todo, dejándome completamente expuesta.
Sentí que me ardía la cara y me cubrí con las manos.
—Nena, no te avergüences —me advirtió Scooby, besando una de mis rodillas levantadas—.
Eres preciosa.
—Quizá, eh…, ¿debería haberme depilado o algo?
Me rodeó los muslos con los brazos y me separó las piernas.
—Haz lo que te haga feliz, Chispitas.
A mí me importa una mierda.
Antes de que pudiera hundirme más en la vergüenza, él hundió la cara entre mis piernas y me dejé llevar por la sensación de su lengua en mi clítoris.
Incapaz de hacer otra cosa que no fuera disfrutar del viaje, entrelacé los dedos en su pelo y me aferré mientras me arqueaba contra su boca.
—¡Crew!
—grité mientras mi cuerpo se estremecía al liberarse—.
Oh, Dios mío.
—Levanté la cabeza—.
Perdón, ¿ha sido demasiado rápido?
¿Es normal?
No creo que sea normal.
Me miró a los ojos, con la cara todavía entre mis piernas, sonriendo mientras su lengua se deslizaba entre mis pliegues y chupaba suavemente mi coño.
Fue subiendo por mi cuerpo a besos, empujando mi camiseta a medida que avanzaba.
—Para nada demasiado rápido —dijo—.
Eres perfecta.
No llevaba sujetador, y él lo aprovechó al máximo, ahuecando mis pechos y haciendo rodar mis pezones entre sus dedos.
Me quité la camiseta por la cabeza, lo que me dio total libertad de movimiento mientras él seguía estimulando mis pezones y yo gemía de necesidad al rodear su cuello con mis brazos.
—Más —rogué.
Me besó con suavidad y luego me acarició la mejilla.
—Tengo que coger un condón.
Asentí, y él se bajó de la cama, quitándose los vaqueros.
Mientras se colocaba el condón, no pude evitar tragar saliva convulsivamente.
—Vas a partirme en dos —chillé.
—Iremos despacio —prometió—.
Pero pararemos si lo necesitas, ¿vale?
Se arrodilló entre mis piernas, presionando sus dedos contra mi monte de Venus antes de rozar mi clítoris con el pulgar, y me arqueé contra su mano mientras mi cuerpo se calentaba con su contacto.
Scooby escupió en su palma y la deslizó a lo largo de su miembro, presionando la punta de su polla contra mi entrada.
Me lamí los labios y respiré hondo.
Inclinado sobre mí, entrelazó sus dedos con los míos y deslizó mis brazos por encima de mi cabeza mientras se hundía más.
—Oh, Dios —exhalé.
—Esta parte…
—Empujó con fuerza, y yo grité cuando sentí el escozor de mi virginidad rota— …va a doler —terminó, besándome mientras nos giraba para ponernos de lado, uno frente al otro, aliviando el dolor al instante—.
Lo siento, nena —susurró, mientras me secaba las lágrimas de los ojos.
—Estoy bien —mentí, aferrándome a sus hombros.
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