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Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 31

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31: Capítulo 31 31: Capítulo 31 Leith era su ex y resultaba ser el mayor gilipollas del planeta.

Me froté las sienes y respiré hondo.

Esto era malo.

Muy, muy malo.

Salí de mi pseudoescondite y, cuando Orion me vio, se acercó a mí a grandes zancadas.

—¿Tienes idea de dónde está tu chica?

Asentí.

—No es bueno, Ori, pero no creo que me vaya a hacer caso.

Wrath volvió a entrar en la habitación y me fulminó con la mirada.

—¿Dónde coño está tu zorra?

—¡Oh, Dios mío, no es mi zorra!

De hecho, no es ninguna zorra.

¡Y a lo mejor podrías entrar en el siglo XXI y dejar de llamar zorras a las mujeres de una vez por todas!

—¿Prefieres «puta»?

—bufó Wrath.

—¡Eres un puto neandertal!

—chillé.

Se frotó los ojos con los nudillos, como para ahuyentar un dolor de cabeza, y luego respiró hondo.

—¿Dónde está Sierra, Raquel?

—Está en casa de su ex.

Apretó los puños a los costados.

—La dirección —siseó Wrath.

—No voy a darte la dirección.

—Miré a Orion y me acerqué a él.

—Dame la puta dirección —gruñó Wrath.

Negué con la cabeza.

—Se pondrá hecha una furia si lo hago.

—¿Qué coño está pasando?

—exigió mi hermano, entrando en la habitación—.

Más te vale no estar gritándole a mi hermana —le advirtió a Wrath.

—¡Jodida sea!

—Wrath volvió a apuntar a Orion con el dedo—.

Ocúpate de esta mierda.

Se marchó soltando una maldición.

—Sierra ha desaparecido —explicó Orion.

—No ha desaparecido —repliqué.

—¿Por qué no la estaba vigilando nadie?

—preguntó Tristán.

—Estaba en el trabajo —dije.

—Insisto —recalcó mi hermano—.

¿Por qué no la estaba vigilando nadie?

—Scrappy la estaba vigilando —dijo Orion—.

Le dio esquinazo.

—Claro que lo hizo —dijo Tristán con un quejido.

—Voy a necesitar esa dirección, cielo —me dijo Orion.

—No se la des a Wrath.

Suspiró.

—Haré que Aero vaya a por ella.

—¿Puedes ir tú a por ella?

—le pregunté a mi hermano.

—Estoy metido hasta el cuello en otra cosa, hermanita.

Si Aero puede encargarse, te lo agradecería.

Arrugué la nariz.

—Vale.

Asintió y luego se fue por donde había venido.

Encontré la información de Leith en mi móvil y se la envié a Orion, que a su vez se la mandó a Aero antes de rodearme con sus brazos y darme un apretón.

—Va a estar bien, Frazzle.

—Dios mío, eso espero —susurré.

—¿Tequila?

Le sonreí.

—Sí.

Sin duda.

Una hora más tarde, estaba acurrucada junto a Orion en el salón principal, sorbiendo mi tercera margarita, cuando oí a mi mejor amiga chillar como una descosida.

Entonces Wrath apareció en la habitación con Sierra echada al hombro como un saco de patatas.

—¡Dios mío!

¿Qué estás haciendo?

—espeté, poniéndome de pie.

—¡Es una puta bestia, Raquel!

—siseó Sierra, intentando zafarse de su agarre retorciéndose.

Wrath le dio una palmada en el culo y me cegué de la ira.

—¡No le pegues a mi amiga!

Me ignoró y subió las escaleras pisando fuerte.

Lo seguí, con Orion pegado a mis talones.

—¡Suéltala!

—exigí mientras Sierra le aporreaba la espalda.

Wrath se giró para encararme.

—Tu zo…

amiga va a estar encerrada.

—¿Dónde?

—En mi habitación —dijo.

—¡Y una mierda!

—escupió Sierra, aporreándole la espalda de nuevo—.

¡Suéltame!

—¡Suéltala!

—exigí, dando un paso hacia él, pero Orion tiró de mí para apartarme.

Lo fulminé con la mirada—.

¿Qué estás haciendo?

—Deja que Wrath se encargue de esto.

—¡Ni de coña!

—protesté.

Me giré para encararlos de nuevo y descubrí que ya no estaban en el pasillo.

Me solté del agarre de Orion y corrí hacia la habitación de Wrath.

La puerta estaba cerrada con llave, así que la aporreé—.

¡Abre esta puerta!

—¡Raquel!

—gritó Sierra, y traté de forzar la puerta.

Le di una patada, me lancé contra ella con todo el cuerpo y no conseguí nada más que un hombro magullado.

—¡Cielo, para!

—gruñó Orion—.

La puerta es de madera maciza, te vas a hacer daño.

—¡Sácala de ahí!

—ordené.

—No voy a hacer eso, Raquel.

Esto es entre Wrath y Sierra.

Lo encaré.

—¿Qué coño significa eso?

—Cielo…

—Ni se te ocurra llamarme «cielo» —espeté—.

Sácala de ahí.

Suspiró y aporreó la puerta.

—¡Wrath!

A Raquel le gustaría ver cómo está su amiga.

—Puede hacerlo mañana —gritó Wrath como respuesta.

—¡Raquel!

—bramó Sierra.

—Haz algo —supliqué—.

Tiene miedo.

—Estará bien.

—Pero le está haciendo daño.

Tienes que sacarla de ahí.

—No le está haciendo daño, cielo —dijo Orion—.

Él nunca le haría daño a una mujer, créeme.

Deja que arreglen sus cosas.

Nunca en mi vida había estado tan enfadada con otro ser humano.

—Voy a buscar a mi hermano.

—No es asunto de tu hermano, Razzle.

Saqué el móvil y le escribí, a pesar de la advertencia de Orion.

—¿En serio vas a ir a chivarte a tu hermano cada vez que tengamos una discusión?

—Esto —dije, agitando una mano entre nosotros—, va mucho más allá de una discusión —espeté—.

Y como confío en él más que en nadie, creo que es apropiado que me «chive».

Si tú no vas a ayudar a mi amiga, él lo hará.

Unos pasos pesados resonaron en la escalera y mi hermano apareció como el salvador cabrón que era.

—¿Qué coño está pasando?

—Wrath se ha encerrado con Sierra —expliqué, con calma y sin exagerar—.

Ella no quiere estar ahí dentro con él.

—Necesita estar encerrada, Raquel —dijo Tristán.

—No es una delincuente.

—Entrecerré los ojos y me crucé de brazos—.

Sácala de ahí.

Tristán aporreó la puerta.

—Wrath, hermano, abre la puerta.

—Que te jodan, Doc.

—Una prueba de vida, cabrón, o haré valer mi rango.

—Que te jodan —bramó Wrath—.

Esta no es tu casa.

—El rango es el rango, y lo sabes.

—¡Maldita sea!

La puerta se abrió de golpe e hice ademán de entrar, pero, una vez más, Orion tiró de mí.

—Suéltame.

—Cielo, tu amiga está bien.

—Señaló con la cabeza hacia el interior de la habitación.

—¿Sierra?

—preguntó mi hermano, asomándose—.

¿Estás bien?

—Venga, sal —le ordené.

Sierra se deslizó fuera de la cama y se acercó a mí con paso furioso.

—Este hombre es un gilipollas.

—Sierra va a dormir en mi habitación.

—Ah, no, no lo hará —replicó Orion.

—Sí.

Sí que lo hará.

—Raquel…

—Tú puedes dormir con Wrath.

—Joder —siseó—.

No exageres.

Le fulminé con la mirada.

—¿A mi mejor amiga la han acosado y encerrado en una habitación con un neandertal y tú no has hecho nada para ayudarla, pero la que exagera soy yo?

—Cie…

—Buenas noches, Adam.

Sierra y yo subimos las escaleras y nos encerramos en su habitación, echando la llave y el cerrojo.

—¿Por qué coño has ido a casa de Leith?

—le siseé en un susurro, cruzándome de brazos.

Se encogió de hombros.

—Porque él —dijo, señalando hacia la puerta, y deduje que se refería a Wrath— no es mi jefe.

No tiene derecho a decirme lo que tengo que hacer.

—Vale, lo entiendo, pero fue Orion quien te pidió que estuvieras aquí, no Wrath.

—Entonces, ¿por qué coño es él quien me arrastra a todas partes?

—Esa es una muy buena pregunta.

—Suspiré—.

¿Te ha hecho daño?

—No.

—Hablaré con Orion si lo ha hecho.

—No.

Ha sido sorprendentemente delicado…

para ser un gilipollas —admitió.

—Lo siento, cariño.

—Es lo que hay —dijo—.

Bueno, estoy cansada y mañana entro a primera hora, así que ¿duermo aquí?

—Eso parece —dije—.

Pero ¿podrías dejarte la ropa puesta?

¿Solo por esta vez?

Sierra siempre dormía desnuda y yo no podía soportar la idea de que accidentalmente me hiciera la cucharita en mitad de la noche.

—Vale.

—Puso los ojos en blanco—.

Joder, ¿cuándo te has vuelto tan mojigata?

—No querer que me despiertes restregándote contra mí no es ser mojigata.

—Que me ponga bragas para dormir no garantiza que no vaya a restregarme contra ti.

—Y una camiseta.

—Una camiseta tampoco te salvará —advirtió.

Gruñí.

—Dios mío.

Nos miramos la una a la otra, nos entró un ataque de risa incontrolable y todo volvió a estar bien en el mundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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