Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 72
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- Capítulo 72 - 72 CAPÍTULO 72
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72: CAPÍTULO 72 72: CAPÍTULO 72 Wyatt
Una semana después, salí de mi oficina y me encontré a otro motero gilipollas apoyado en su moto, que casualmente estaba aparcada de tal forma que yo no podía dar marcha atrás.
Esta vez, sin embargo, me di cuenta de que era Aero y, como me enfurecía y me acojonaba a partes iguales, saqué el teléfono, lo agité en su dirección y me quedé paralizada.
—Tengo el 112 listo para llamar.
Por favor, vete y déjame en paz.
Negó con la cabeza y caminó hacia mí.
—¡Alto!
—ordené.
—Nena, no voy a hacerte daño.
—Bueno, tu comportamiento pasado desmentiría esa afirmación.
—¿Qué coño significa «desmentir»?
—preguntó.
—Contradecir, refutar, negar…
—¿Te estudias el diccionario en tu tiempo libre?
—preguntó.
—Técnicamente, sería un diccionario de sinónimos.
Sonrió y de repente me di cuenta de que estaba parado justo delante de mí.
Retrocedí un paso.
—Joder, cariño, te he asustado de cojones, ¿eh?
Cuadré los hombros en un esfuerzo por sentirme más valiente.
—Por favor, déjame en paz.
—Mira, siento haberte asustado —dijo—.
Creí que estabas jodiendo a mi club y a mi presi, y saqué conclusiones precipitadas.
—¿Qué quieres, Aero?
—Eso es todo —dijo—.
Cuando me enteré de que no sabías en qué andaba metida Sonja, supe que tenía que disculparme.
Lo creas o no, no acostumbro a asustar a las mujeres.
Vale, eso no me lo esperaba.
Entrecerré los ojos.
—¿Te ha enviado Sundance en un desafortunado intento de que vuelva con él?
Sus ojos se abrieron de par en par y me di cuenta de que acababa de darle a Aero información que él no tenía.
Mierda.
—Él no sabe que estoy aquí y ahora que sé lo que creo que sé y que probablemente no debería saber, si él supiera que estoy aquí, estaría metido en un marrón más gordo de lo que te imaginas.
Se pasó una mano por la cara.
—Pero eso explica muchas cosas.
—¿Cómo qué?
—pregunté, entendiendo solo un veinte por ciento de lo que había dicho.
—Nada.
Negó con la cabeza.
—Mira, no le culpes a él por mis acciones, ¿vale?
Supongo que era justo.
Sundance ya tenía bastante mierda propia de la que hacerse cargo.
Suspiré.
—De acuerdo.
—Que lo sepas, nunca le haría daño a una mujer.
Es solo que pensé que estabas conchabada con Sonja, y Sonja no es, bueno, una mujer, es más bien una bestia diabólica chupaalmas…
No sé.
Joder.
Es la reencarnación del mal.
Como era obvio que las palabras no eran su fuerte, decidí dejarlo pasar.
—Vale, Aero, te entiendo.
—Gracias.
Me piro ya.
Solo quería que supieras que lo sentía.
—Te lo agradezco.
—¿Vamos a solucionarlo con un abrazo?
—preguntó, y su preciosa cara esbozó una sonrisa traviesa.
Fruncí el ceño, retrocediendo, y él se rio.
—¿Demasiado pronto?
—preguntó.
—Sí, puede.
Tragué saliva.
—Tampoco soy de dar muchos abrazos.
Se encogió de hombros.
—No puedes culpar a un tío por intentarlo.
Cuídate, cariño.
Y entonces se fue.
Simplemente caminó con aire despreocupado hasta su moto y se marchó, dejándome allí plantada, con la boca abierta por la sorpresa.
Tenía que admitir que, a pesar de todo el caos que los Aulladores habían traído a mi vida, eran impredeciblemente encantadores.
Presentía que esta iba a ser otra noche en vela mientras le daba vueltas a esta nueva información.
Dios mío, mi determinación se estaba desmoronando.
Me sacudí la sorpresa de encima y me subí al coche, de camino a casa.
Esta noche cenaba con Teddy y sabía que iba a ser un ejercicio de distracción.
Distracción en el sentido de que tenía que encontrar algo que evitara que pusiera el edificio patas arriba a gritos cuando le dijera que no podía ver a Sundance.
Era lo mismo cada vez que lo visitaba ahora, y así había sido desde que se había «escapado».
Dupliqué mis visitas y el personal estaba pendiente de Teddy, así que no tenía dónde esconderse, cosa que yo agradecía enormemente, pero eso ponía a mi hermano nervioso.
Me cambié rápidamente y luego conduje hasta la Casa Meteor, con mi encuentro con Aero todavía dándome vueltas en la cabeza.
Esto hizo que pensara en Sundance, lo que me dolió en el corazón.
Dios, cómo lo echaba de menos.
Pero…
no confiaba en él.
Así que era un asunto baladí.
Simplemente tenía que aprender a vivir con el dolor.
Al entrar en el edificio, el guardia de seguridad de la noche me abrió la puerta con el portero automático y recorrí los pasillos en zigzag hasta la sala de día.
Donde oí a Teddy gritar a pleno pulmón desde el fondo del pasillo.
¡Mierda!
Aceleré el paso y llegué para encontrar a Teddy sujeto por un celador mientras intentaba zafarse.
—¿Qué está pasando?
—exigí.
—¡Revuelta!
—bramó él.
—Vale, Teddy, estoy aquí.
—¡Sunny!
—Lleva como una hora fuera de sí —explicó el celador—.
Lo siento, señora, no quería que hiciera daño a nadie.
Asentí.
—Teddy, ¿puedes calmarte ya?
Me miró a los ojos y frunció el ceño.
—Sunny.
—Lo llamaré, ¿vale?
Teddy asintió y el celador lo soltó.
Saqué mi teléfono, respiré hondo y pulsé el botón de llamada para Sundance.
—¿Estás bien?
—preguntó, y mi determinación se desmoronó un poco más.
Estaba preocupado por mí y eso me gustaba.
—Sí.
Pero Teddy lo está pasando mal.
—Claro.
Pónmelo al teléfono —dijo.
Le di el teléfono a mi hermano y él sonrió de oreja a oreja.
—Hola, Sunny.
Esperé mientras Teddy charlaba con Sundance y solo recuperé el teléfono cuando Teddy me lo devolvió.
—Hola —dije.
—Hola, nena.
¿Quieres traerlo al club?
—¿Ahora?
—Sí.
Nadie te molestará, te lo prometo.
Me estremecí.
—La última vez…
—¡Pinball!
—exigió Teddy, dando una palmada.
—Dimples, te lo juro, estás protegida.
Cerré los ojos, su apodo me inundó y mi determinación quedó reducida a un fino polvo en el suelo.
—Vale —susurré.
—Te veo en un rato.
Asentí, colgué y volví a guardar el teléfono en el bolso.
—Vamos a por tu chaqueta, Osito Teddy —dije con un suspiro, y mi hermano salió corriendo hacia su habitación.
Lo seguí, lo ayudé a ponerse su abrigo y luego caminamos hacia mi coche.
Teddy estaba todo lo tranquilo que se puede estar mientras nos llevaba en coche a la que probablemente sería la peor decisión que tomaría en mi vida.
Al entrar en el camino de acceso al complejo, el corazón se me aceleró y las palmas de las manos me empezaron a sudar.
¿Qué demonios estaba haciendo?
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