Reclamada por el Motero: La colección Primal Howlers MC - Capítulo 73
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- Capítulo 73 - 73 CAPÍTULO 73
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73: CAPÍTULO 73 73: CAPÍTULO 73 Estaba a punto de dar la vuelta cuando las puertas se abrieron con un chirrido y supe que ya no tenía escapatoria.
Teddy empezó a saltar en su asiento y a dar palmas.
—Pinball.
—Sí, colega, ya casi llegamos.
Conduje hasta la cabaña y Sundance nos esperaba en el porche.
Casi rompí a llorar al verlo.
Maldita sea.
Sonrió con dulzura y bajó los escalones, abriendo primero la puerta de Teddy.
Le quité el cinturón de seguridad y mi hermano saltó del coche y abrazó a Sundance.
—¡Sunny!
—Hola, colega, ¿cómo estás?
—Pinball.
—Por supuesto.
Déjame saludar a tu hermana, ¿vale?
Luego jugaremos al pinball.
—Está bien.
Podemos entrar.
No creía que pudiera soportar que Sundance me prestara la más mínima atención, así que cogí el bolso y salí del coche.
Teddy entró corriendo y Sundance lo siguió.
Yo avancé un poco más despacio, con el estómago revuelto a medida que me acercaba a la puerta principal.
Para cuando llegué, no creí que fuera capaz de cruzar el umbral.
—Jesús —susurró Sundance, y lo miré—.
Nena, estás temblando.
—Estoy bien —mentí.
—Voy a abrazarte, ¿vale?
Negué con la cabeza.
—No lo hagas.
—Te vas a congelar si no entras.
—No tengo frío.
—Jesucristo, ¿estás temblando porque tienes miedo?
Tragué saliva.
—Probablemente.
Frunció el ceño e intentó acariciarme la mejilla, pero retrocedí como si fuera a pegarme.
—Joder —exhaló—.
Nena, no voy a hacerte daño.
—Lo sé.
—Pues tienes que decírselo a tu cuerpo.
Levanté una mano y respiré hondo.
—Dame un segundo.
—Me está costando mucho no abrazarte, Wyatt.
A mí me estaba costando mucho no dejarle, pero no pensaba admitirlo.
—Estoy bien.
Respiré hondo y me obligué a dar un paso para entrar.
Su mano se posó en la parte baja de mi espalda y sentí ganas de acurrucarme en su regazo y quedarme dormida.
No había dormido mucho en semanas y de repente volví a sentirme segura.
Tenía que parar esto.
Apreté los párpados con fuerza.
—Por favor, no me toques —rogué.
Retiró la mano y volví a respirar hondo.
Entramos uno al lado del otro en el gran salón y me apreté el bolso contra el pecho como si fuera una armadura.
Teddy ya estaba en la máquina de pinball, y Orion estaba de pie a su lado, animándolo mientras jugaba.
No vi a Raquel, lo que me fastidió.
Necesitaba desesperadamente una cara amiga en ese momento.
—Hola, Wyatt.
Me giré al oír mi nombre y vi a Aero caminando hacia mí, con una cerveza en la mano.
—¿Por qué coño pareces que acabas de ver un fantasma?
—preguntó.
—Aero —advirtió Sundance.
—Estoy bien —me apresuré a decir, y Aero me estudió durante unos tensos segundos.
—Necesitas una copa.
Deja que te traiga una —dijo.
Se dirigió a la barra y regresó con una botella de Macallan y un vaso ya medio lleno.
—Yo conduzco —dije.
—¿Quieres que devuelva la botella?
—preguntó Aero.
Me bebí el vaso de un trago y se lo tendí de nuevo.
—Otro más.
Sonrió y volvió a llenar el vaso antes de marcharse.
Este me obligué a bebérmelo a sorbos, aunque deseaba desesperadamente acabarlo.
—¿Quieres hablar?
—preguntó Sundance.
Negué con la cabeza.
—¿Qué pasó con Teddy?
—preguntó.
Suspiré y di un sorbo al whisky.
—Al parecer, quería verte.
—Sí, eso lo entiendo, pero ¿qué pasa con él y su medicación?
—Están perdiendo eficacia, obviamente.
—¿Has probado la marihuana?
O el CBD.
—No voy a hacer que mi hermano se fume un porro en su residencia de cuidados a largo plazo.
Sundance se rio entre dientes.
—Hay comestibles, Dimples.
O aceite, o todo tipo de opciones aparte de los «porros».
Suspiré.
—No lo he investigado, la verdad.
—Tienes que hablar con Raquel.
Ha investigado un porrón sobre el cannabis y el tratamiento de adultos con necesidades especiales.
—¿En serio?
Asintió.
—Ella y Orion desarrollaron una cepa que podría ayudar a tu hermano.
Me mordí el labio.
—Lo pensaré.
—¿Tú y Aero sois colegas ahora?
—No creo que podamos llegar a tanto, no.
—¿Vas a ponerme al día?
Fruncí el ceño.
—¿Sobre qué?
—Lo que pasó entre vosotros dos.
—No pasó nada —repliqué—.
Me buscó en el trabajo y se disculpó por…
bueno, por todo.
—¿De qué se disculpó exactamente?
—No voy a decírtelo —dije—.
Es algo entre él y yo.
Sundance se cruzó de brazos con el ceño fruncido.
—No me gusta eso, Dimples.
—Y a mí no me gusta que enviaras al novio de Letti a vigilarme.
—¿Qué?
Puse los ojos en blanco.
—Lo reconocí cuando entré en Nocturn.
Simplemente no podía recordar su nombre.
Piñita o algo así.
—Snowcone —aclaró Sundance—.
¿Estaba allí?
—Como si no lo supieras.
Gruñó y di otro sorbo a mi bebida.
Nos quedamos de pie en medio del gran salón, viendo a mi hermano jugar al pinball…
bueno, hasta que Teddy se cansó y se dirigió hacia una puerta corredera de cristal lateral.
—¿Qué demonios?
—exhalé.
—Nuestras motos están aparcadas ahí fuera —explicó Sundance, corriendo ya para alcanzar a mi hermano.
—Mierda —solté, y lo seguí, dejando el vaso en una mesa junto a la pared al pasar.
Al llegar fuera, encontré a Orion ayudando a Teddy a sentarse en una moto cerca de la puerta.
—¡Riot!
¡Pido el mejor sitio!
—gritó Teddy, sonriendo de oreja a oreja mientras sujetaba el manillar—.
Run, run.
—Sí, cariño, así es —dije, y luego me volví hacia Sundance—.
Dice «pido el mejor sitio» cuando quiere el mejor asiento.
Sundance sonrió.
Volví a mirar a Teddy.
—¿Va a romperla?
Sundance negó con la cabeza.
—No pasa nada, nena.
Orion lo tiene controlado.
—Parece tan feliz.
—Ojalá pudiera montar.
—Yo también —suspiré—.
Simplemente no es seguro.
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