Reencarnado en Demon Slayer (Con un sistema) - Capítulo 20
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¨Nos vemos niño…no te atrevas a rendirte hasta que nos volvamos a ver.¨ .
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¨No le des tantos problemas al señor Hideki como yo en su momento…vuélvete fuerte…yo haré lo mismo.¨ .
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¨Lo haré…te prometo que no te decepcionare.¨ .
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¨!Nos volveremos a ver¡¨ .
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El sonar de mis pisadas es lo único que me hace creer que estoy despierto, sin embargo, lo poco que soy capaz de visualizar a mis alrededores no hace más que germinar la semilla de duda auto puesta en mi corazón; Por donde voltee no soy capaz de notar nada más que normalidad, una que solo seria capaz de sentir de tratarse de un lugar conocido, y la verdad es que es así.
Este es mi hogar…
De pronto para de caminar, la lucidez atenúa el mar de dudas, porque todo se a tornado hostil, el mismo sentimiento de inseguridad que tuve aquella noche a renacido en mi en este mismo instante, algo que creía haber superado hace mucho.
Cuando creía estar en calma, el pánico había terminado de apoderarse de mí por completo, viéndose esto reflejado en mi al verme nuevamente dirigiéndome a un lugar en específico, a una velocidad mucho más rápida que antes.
¡Qué sucede!
Aún cuando pareciera imposible, el lugar al que desee llegar no deja de alejarse, sin importar cuanto corra, pese a que extendí mi mano en un intento desesperado de evitar que siga alejándose, todo termina por apartarse de mí, sin embargo, la silueta de un joven pasa a mi costado; Atuendo desecho, bañado en arañazos y mordidas, su respiración ha amenazado con fallarle, y sus esperanzas lo han desconocido, su mirada es algo que no he sido capaz de visualizar, pero, no me era necesario ver su rostro para reconocerlo.
Entre tambaleos le a sido posible llegar a donde anhele estar, casi cayéndose sobre el suelo, pero logrando de igual modo entrar, ante esto solo he sido capaz de apretar mis puños en furia y mis dientes en respuesta a mis más grandes terrores hechos realidad una vez más.
El desenfocado grito que circula a mi costado hace que aparte la mirada, la desesperación a reclamado protagonismo, y la culpa a sido su fiel acompañante en este corto recuerdo, y de pronto…
Abrí los ojos en un revoloteo de emociones, el sudor cae por mi mejilla, y me es difícil respirar, a tal punto que me veo obligado a sostener mi pecho en busca de apaciguar el conflicto que se había generado en aquella parte de mi cuerpo, pero, pese a que termine por estabilizar mi respiración, el mismo malestar y vacío ha perdurado.
No me es posible entender la razón, pero el castigo que me he auto impuesto de forma inconsciente desde aquella noche no me a dejado descansar ni noche ni día, simplemente no, siendo tal su eficacia que me veo en la vulnerabilidad suficiente como para empezar a llorar.
¨Lo siento…lo siento…¨ Me lo repito constantemente, a nadie en particular porque ciertamente me encuentro solo, sin pecho en el que llorar ni oído que estén dispuestos a oír, simplemente soy yo como he acostumbrado, buscando y tristemente encontrado.
Esta es una de muchas noches que he afrontado, porque esta es la vida que me tocó vivir, fue la vida que eligió este mundo para mí, para Sasaki Jubaku.
Miserable la vida, y miserable es el mundo…Me pariste del vientre de mi madre por mero capricho, destinado a vivir mil penas y miserias…Qué pues te he hecho para merecer esto…
¿Soy acaso la encarnación de tu contendiente…?
Por muchos años me hice esa misma pregunta, sin haber recibido la cortesía de una respuesta aun ahora.
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¨Agradezco mucho la hospitalidad, lamento no tener con que pagar tanta bondad.¨ ¨No se preocupe joven cazador, con que siga ejerciendo su trabajo, considéreme como bien pagada.¨ Asentí en compresión, dedicándole una última sonrisa para luego tomar rumbo a mi destino, la cede central de la cofradía, un viaje que me había tomado casi dos semanas, pero finalmente era capaz de afirmar que me destino estaba a menos de un día.
Siendo únicamente guiado por el criterio de mi cuervo kasugai, el hecho de que el camino estuviera siendo cada vez más difícil de encontrar no me sorprendió en lo absoluto.
Conforme habían pasado las horas, el sol antes central en el cielo ahora se mostraba opacado por la luna, la misma se asomaba peligrosamente sobre la oscuridad del lugar en el cual estaba, lugar en donde abundaba en gran manera, asemejándose las decoraciones de los alrededores a las del camino que nos llevaba a la selección final.
¨Fascinante…¨ Fue lo que salió de mi boca en cuanto había llegado al final del camino, lugar en donde me esperaba una finca para nada pequeña, asemejándose su tamaño a simple vista a la de una pequeña aldea, semejanza que no hacia mas que incrementar al notar las decenas de kakushis que rondaban el lugar.
Mi llegada no había pasado inadvertida, pues las miradas de todos se posaron en mí en cuanto aparecí.
Una sonrisa que había nacido de los nervios que tenia estaba adornando mi rostro, conforme más avanzaba siguiendo únicamente a mi cuervo, pues, pese a ser un lugar tan bien estructurado, la verdad era que estábamos en pleno bosque rodeados de montañas, lugar en donde fácilmente podría terminar perdiéndome.
No paso mucho, para cuando había salido de la vista de todos y me veía sumergido en uno de los tantos caminos, lugar en el que note que poco a poco se hacía notar la gran cantidad de plantaciones de glicinias, a la vez que me era posible ver a lo lejos como una imponente estructura yacía esperando mi llegada.
Por unos momentos los nervios amenazaron con dominarme, cosa que termine por reprimir en cuanto agite mi cabeza en el aire y apretaba tanto manos como dientes, pues, ciertamente el aura que emanaba aquel lugar era único.
Mas tarde que nunca el camino de piedras pulidas termino, dando paso a un suelo cubierto de varias piedras de tamaño diminuto, acompañado de esto, unas murallas que rodeaban el lugar de gran tamaño, teniendo por centro una casa, la cual por como se reflejaban sombras gracias a la luz encendida, me era indiscutible el hecho de que no estaba solo.
En cuanto había ingresado un pie dentro, fue fugaz el pensamiento de pasar inadvertido, pues, pese a que no los podía ver, por unos instantes, las miradas de todos se habían fijado en mí.
Para cuando me replanteé el volver por donde vine, la voz de alguien a mi costado me detuvo.
¨Lo estábamos esperando, cazador, Sasaki Jubaku…¨ Cuando volví mi mirada en su dirección, eran dos niñas las que se encontraban paradas a mi costado; Piel clara, pelo blanco y ojos que poseían un tono semejante al morado, me habían recibido con una sonrisa que reflejaba su serenidad.
¨Por favor, espere pacientemente a que termine la reunión, el patrón lo atenderá en unos minutos.¨ Asentí en silencio, abandonando la idea de irme en ese preciso instante.
Para cuando regrese mi atención al lugar en donde intuía se estaba llevando a cabo una reunión entre el patrón y otros individuos, note como habían dejado de observarme, limitándose a seguir con su conversación, cosa que me hizo soltar un suspiro cargado de nerviosismo.
Menos mal…
En el instante en que creí poder relajarme, el sonar de unas campanas se gano toda mi atención en tan solo un segundo, cuando mire en dirección del sonido, las mismas niñas que me habían recibido eran las que ahora se encargaban de abrir la puerta corrediza, dándome una libre visión del interior de aquella imponente casa.
La rápides con la que el patrón Ubuyashiki se había dispuesto a recibirme fue algo que no había esperado, pues aquella presentación hizo que se me erizara todo el cuerpo, fue en ese instante cuando los vi con mayor claridad; Tres hombres a los costados de él, indiscutiblemente el patrón era el que yacía en medio de la sala que se me abrió.
Dos de alturas intimidantes, ambos con cuerpos extremadamente marcados por los músculos que poseían señal de su arduo entrenamiento, siendo sumado a esto la clara aura de poderío que emanaban, sin embargo, siendo el tercero de los más intimidantes, al sentir su mirada penetrando mi alma con una afiladura única.
¨Sea bienvenido a la cede, cazador Sasaki Jubaku…Recibimos su carta, y entendemos las razones de su petición por esta reunión con mi persona…¨ Había sido tan solo unos segundos, pero la voz de aquel hombre fue capaz de disipar todo rastro de temor, trayendo consigo una paz que jamás creí sentir al encontrarme frente a figuras tan importantes.
Viéndome tan desubicado al estar aún fuera de la sala en donde ellos se encontraban, y pese a todo eso, haber permanecido de pie de forma tan irreverente, una chispa de razón hizo que mi cuerpo cayera al suelo en menos de lo que esperaba.
¨El placer es todo mío, señor Ubuyashiki, es un honor estar ante su presencia, le agradezco mucho la oportunidad de poder hablar con usted.¨ No pude verlo, pero fui capaz de oír el sonido del papel arrugándose, pero en su lugar, fue el patrón el que pareció emitir ese sonido.
Para cuando me había armado de valor para elevar mi rostro, era una carta la que llevaba en manos el señor Ubuyashiki.
¨No tienes porqué agradecerlo, después de todo, no se trata de un caso habitual de presencia demoniaca en ciudades grandes, ¿No creen lo mismo…?¨ Fue lo dicho por el patrón lo que hizo asentir de forma ligera a sus acompañantes.
¨Si lo que la carta dice es cierto, hiciste bien en avisarnos lo antes posible.¨ Aquella voz era del más pequeño del trío presente, siendo el que cargaba una mirada mucho más seria, sumándose a esto la serpiente que llevaba por collar, me hizo asentir entre tartamudeos.
¨Sin embargo, para corroborar la veracidad de esto, tienes que contárnoslo todo; Habla, desde el principio…¨ El hombre que poseía joyas me miro con una sonrisa que reflejaba su confianza y seriedad, ese mismo fue el que había hablado mientras me señalaba con dos dedos.
¨Lo que dicen los pilares es verdad, por favor, le agradeceríamos que nos comente más de lo que vivió en aquel lugar, en la ciudad de Kiosawa…¨ .
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Fin del capítulo.
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