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Reencarnado en Demon Slayer (Con un sistema) - Capítulo 22

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  3. Capítulo 22 - 22 Capítulo 22 Misión en Conjunción
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22: Capítulo 22: Misión en Conjunción 22: Capítulo 22: Misión en Conjunción Capitulo 22: Misión en conjunción Perspectiva de Kocho Kanae Tras la derrota de la luna menguante, mis sentidos no habían estado al cien en ese lapsus de tiempo en cuanto el resto de cazadores llegaron.

El cansancio aún presente en mí termino por incrementarse al encontrarme en una circunstancia mucho más segura, sin embargo, el sentimiento de que algo estaba mal me mantuvo alerta.

Un simple pensamiento, algo fugaz que casi olvido.

¨!Un cuerpo, es un cuerpo, alguien está aquí muerto¡¨ Mis sentidos volvieron a despertar, agudizada en aquel grito al recordar aquello que casi olvide.

¨!Rápido, el aún sigue con vida hay que llevarlo a la ciudad lo antes posible¡¨ Está bien, todo estará bien…vas a estar bien…

Había querido tomarlo en mi espalda, pero alguien ya se había ofrecido por voluntario en el momento en que di a conocer su estado.

Los nervios atentaban por carcomerme al notar el estado del joven, pero, después de tanto tiempo en el cuerpo de exterminio de demonios, la perdida de camaradas era un evento inevitable al cual inconscientemente había terminado por acostumbrarme, pero, el momento más angustiante después del enfrentamiento con la luna menguante, no se haría esperar a nuestra llegada de la ciudad, encontrándonos con una visión inesperada.

Decenas de casas que antes habíamos visto en nuestra llegada, tan solidas y seguras ahora se veían hechas un desastre; el suelo destruido por la ramificación forzada de lo que aparentaban haber sido las columnas de los hogares.

¨Parece que las cosas se han logrado calmar un poco…¨ Fue el murmullo del que llevaba encima al joven, cosa que había termina por dejarme confundida.

¨¿Qué quieres decir…?¨ .

.

.

.

La explicación de lo que había sucedido en el tiempo que estuvimos encargándonos del demonio me había dejado con un mal sabor de boca.

Las miradas de terror de las personas era un escenario que me hubiera gustado evitar a toda costa, sin embargo, jamás pensé que la técnica de sangre demoniaca de aquel demonio hubiera tenido tal impacto influyente en objetos ajenos a él.

¨Ah…¨ El apoyo de nuestros compañeros cazadores, junto a los kakushis en la labor de la paz mental de las personas y renovación del deplorable estado en que se encontraba el lugar, me hizo sentir felicidad, sin embargo, no quito el hecho de que nada de esto estaba bien.

Solo pude menear mi cabeza en negación, mientras un suspiro se escapaba sin más, conforme me aproximaba a la habitación en donde habían terminado por localizar al cazador que nos había acompañado a mi hermana y a mí en la confrontación con la luna menguante.

Sus heridas, milagrosamente no han sido fatales, pero, aún por encima, su cuerpo a mostrado una gran capacidad de regeneración en el corto tiempo que a permanecido inconsciente.

Es algo fascinante…

.

.

.

.

“Nos vemos, Kamado Alex.” Fue lo último que alcance a decir, en cuanto termine por salir de la habitación.

La enojada mirada de uno de los médicos de la ciudad me hizo sonreír con algo de timidez, consciente de que mi interrupción no había sido la mejor, la falta de suministros tras aquel atentado realizado por el demonio en sus últimos momentos de lucidez, hicieron que la mayoría de medicamente se vieran comprometidos, viéndose reducidos a escasas cantidades que, al parecer, se habían decidido por mantener lo máximo posible en vigencia en el tiempo que tardaría el reponerlas.

No es justo para los demás, es cierto, pero, era lo mínimo que podía hacer por el apoyo que nos dio a mí y a mi hermana en la batalla.

Pese a eso, el centro de mis pensamientos se había visto desviada a una simple duda.

¨¿Cómo sabía mi nombre…?¨ .

.

.

.

Perspectiva de Kamado Alex.

¨¿No se suponía que estaba en un estado delicado de salud, como para estar en una misión…?¨ Susurre por lo bajo, conforme empezaba a cambiar mi atuendo, seguido por la atenta mirada del cuervo kasugai.

¨Perdón que pregunte, pero, ¿Tienes algún nombre…?¨ Lo que pareció ser una mirada indiferente fue mi respuesta inmediata, notándose como me analizaba en silencio, moviendo su cabeza de formas extrañas.

¨!Puedes llamarme como quieras, igualmente no creo que dures mucho tiempo, Caw¡¨ Una vena pareció remarcarse en mi frente, mientras mi ceño se fruncía en molestia ante el comentario tan poco sensible.

¨Gracias por los ánimos…gaviota…¨ Para cuando había terminado de alistarme, salí en silencio de la habitación en la que me habían colocado, remarcándose en mi frente dos heridas asemejadas a picotazos.

Maldito cuervo….

No había mucha gente, con la ayuda de Swift había logrado evadir a los médicos, con el fin de ahorrar muchas explicaciones.

Para cuando estuve fuera, me perdí por instantes en los alrededores, notando con amargura como gran parte de las estructuras que había divisado al llegar, ahora estaban destruidas casi por completo.

Familias, que ahora estaban en la calle, tal vez no habían perdido sus vidas, pero si la facultad de vivir dignamente.

Un extraño sentimiento de melancolía nació del fondo de mi pecho, notando como algunos mendigaban en algunas esquinas, o frente a su hogar, no era una situación buena, no había victoria que celebrar.

Divagando de forma curiosa, mis ojos inspeccionaban los rincones de la ciudad, manteniendo el radar activo, habiéndose vuelto esto una costumbre diaria desde hace bastantes años, me percataba de mantenerme en plena seguridad conforme avanzaba.

En el cielo, mi cuervo cual guía se encargaba de dirigirme a donde se suponía debían estar los demás cazadores.

¿No se suponía que tendría un tiempo de descanso tras la última batalla…?

Que fiasco…

Las calles eran largas, parecía no tener fin, fue en ese momento cuando de reojo, terminé visualizando aquel puesto en donde había sido recibido la primera noche; Sus fuertes paredes, ahora se encontraban tiradas, ningún rastro de los clientes que vi aquella noche, sin embargo, el mirar como pese a todo, algunas personas habían dejado en la puerta de su negocio decenas de víveres, lleno el nudo que en mi pecho se había formado.

¿Tanta destrucción, por un enfrentamiento el cual jamás llego hasta este lugar…?

Volví mi mirada al frente, acelerando el paso, distanciando mis sentimientos y pensamientos de mis alrededores.

Pronto, a lo lejos vi a algunos los cuales llevaban por vestimenta el uniforme de la cofradía caza demonios, con pisadas apresuradas, ayudaban a las personas cercanas, fue en el sitio donde se poso mi cuervo el lugar al que me aproxime.

¨Buenos días a todos…¨ Dije, conforme pasaba en frente de todos como un extraño, pareciendo ser el menor de todos, parecía ser un niño, siendo la mayoría mayor de 16 años.

Las miradas curiosas de mis compañeros pasaban una tras otra, conforme de devolvían el gesto de saludo con uno propio.

Fue al final de todo aquello, que al frente mío termine encontrándome con personas bastante conocidas.

La menor, tenía en sus manos a mi cuervo, al cual alimentaba con algunos pedazos de lo que parecía ser mango, teniendo por otro lado a la mayor, la cual había sido la primera en desviar su atención en mi dirección, recibiéndome con lo que compartía al ver aquella expresión, un semblante de sorpresa.

¨¿Qué haces aquí…?

¨ .

.

.

.

.

El sonido de los cascos al galope de los caballos que tiraban una carreta era lo que resonaba por el camino, el sol brillante al mostrarse el medio día en todo su afable resplandor, a la parde ellos, el rostro cansado de un joven se mantenía alerta de sus alrededores.

Con su katana en su costado, mirada ansiosa, un sentimiento que lo había acompañado desde el principio.

¨Bueno, hasta aquí hemos llegado.¨ ¨Se lo agradezco mucho…¨ El bajar de la carreta tras haber permanecido por tanto tiempo en ella, fue un alivio para su desacomodado cuerpo, estirándose al momento de despedirse, enfundo su arma en su cinturón, fijando una mirada en su destino.

Un lugar, que no aparentaba ser más que un gran bosque rodeado de montañas y pequeñas colinas, sin rastros de algún alma humana.

¨Veo que no has perdido este hábito…¨ Una sonrisa nerviosa se posaba en su rostro, analizando entre sus manos lo que era una carta.

¨Sea como sea…¨ Se repitió entre murmullos que nadie escucho.

¨Te encontrare…señor Yamashita…¨ .

.

.

.

.

Localizado en la cima de una gran casa comercial situada en una ciudad tal cual basada en la constante interacción entre los vendedores con sus clientes, la silueta de una figura anciana se mantenía vigilante desde la ventana de su habitación.

Ojos cual animal, tes pálida cual lienzo intacto, se remarcaba en sus pensamientos su próximo plan de acción.

Viejo….donde sea que estes, te espero….

Sonrisa enaltecida para sí, era lo que acompañaba aquel sin parar de afirmaciones, rebosante de la confianza en el mañana prometido para aquellos a los cuales la victoria a sido entregada.

.

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Resonante en la voz de los incrédulos, los lamentos de los perdidos se escuchan en los oídos de todos los habitantes de una ciudad sin nombre, alojada en un extremo muy lejano de la mayoría de personas, la agobiante desaparición de sus compañeros de vida es aquello que a colmado la paz de los ciudadanos, entrañando en sí un sentimiento de temor.

Entre los poco conocedores del fenómeno responsable de aquella situación, la mayoría se muestra desconfiada de todos, ajenos a lo que habita en el corazón de su poblado, una casa en donde se alberga la sangre de los caídos, impregnada en las manos de seres con ojos cual felinos.

.

.

.

.

Fin del primer arco.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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