reencarne como un ajolote (leaving my world behind) - Capítulo 100
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Capítulo 100: El hijo de la naturaleza ( cap 100 )
Cernunnos hablaba con un entusiasmo extraño y luminoso. La manera en que se expresaba de ambos era casi reverencial como si fueran algo único, grande y maravilloso, algo que ella llevara guardado mucho tiempo.
Pero Xol estaba furioso.
Cernunnos no respondía sus preguntas. Solo hablaba de cosas que parecían no tener sentido, ignorándolo con una calma que lo consumía por dentro. Fue entonces que comenzó a acercarse a ella, lento al principio, y después no tanto.
– Te ordené que me dieras una explicación, pedazo de…
No pudo terminar.
En un parpadeo, Cernunnos ya estaba frente a él. Sin prisa. Sin miedo. Extendió la mano y lo tocó levemente en el pecho apenas un roce y algo en ese contacto lo quebró por dentro. Xol salió de su cuerpo. La forma física que había manifestado se desvaneció como vapor en el aire frío, y lo que quedó fue lo que siempre había sido: su forma de perro.
Cernunnos lo observó un momento en silencio.
– Ya veo. Entonces eso es lo que en verdad eres.
(Lo dijo suavemente, casi con ternura.)
Morgan seguía inmóvil, en shock.
Comenzó a balbucear con la voz rota, tocándose el rostro y el cuerpo de forma desesperada, como si intentara confirmar que seguía siendo real, que seguía siendo él. Sus manos temblaban.
Cernunnos dio un paso hacia él, pero Morgan salió corriendo antes de que pudiera acercarse mirando a todos lados, frenético, buscando algo. Hasta que su mirada se detuvo en el río.
Corrió hacia él.
Su desesperación fue tanta que su cuerpo empezó a ceder conforme se acercaba, las piernas cediendo bajo el peso de algo invisible. Cuando llegó al borde, se arrastró el último tramo. Con cautela, acercó su rostro al agua.
Y vio su reflejo.
Sus ojos se abrieron de golpe. La voz se le terminó de romper.
Porque lo que veía no era su forma de ajolote. No era Morgan el ajolote.
Era Morgan el humano.
Era su apariencia antes de morir, antes de reencarnar, la que creía haber dejado atrás para siempre. Y sin embargo ahí estaba, mirándolo desde el agua con la misma expresión de incredulidad que él llevaba en el rostro.
Con manos temblorosas, tocó su propio rostro. Suavemente. Como si el menor movimiento pudiera romper la ilusión.
Entonces sintió una presencia detrás de él.
Cernunnos se había puesto en cuclillas a su espalda, y con una delicadeza casi imposible, apoyó la mano sobre él.
– ¿Entonces este es el verdadero tú?
(Lo preguntó en voz baja, con un tono que no juzgaba ni interrogaba. Solo acompañaba.)
Morgan no respondió. Siguió mirando el agua en silencio.
– Sabes… este lugar existe entre el aquí y el allá. Un espacio donde habitamos nosotros, los tótems. Los del mundo físico no pueden verlo su forma les resulta incomprensible y por eso hemos decidido llamarlo el lugar sin forma. Pero tú… tú y él…
Cernunnos volvió la mirada hacia Xol unos instantes. El perro seguía maldiciéndola en ladridos furiosos desde donde estaba.
– …le han dado forma. Los que han llegado hasta aquí suelen hacerlo cada uno a su manera, para poder comprender este lugar. Pero de todas las formas que le han dado…
(Hizo una pausa breve, y algo en su voz cambió, como si el recuerdo la rozara.)
– …sin duda esta es la que más me gusta. La siento tan familiar. Si es que podemos llamarlo así.
De repente, Cernunnos se puso de pie.
Giró la cabeza hacia un lado, como si escuchara algo que nadie más podía oír. Luego volvió la mirada a Morgan y le extendió la mano, hablándole con la misma delicadeza de antes.
– Ven. Parece que el tiempo se ha terminado. Alguien te está buscando.
Morgan se levantó de golpe. Intentó hablar, preguntarle, pero ella lo interrumpió antes de que pudiera.
– Sé que tienes preguntas. Serán respondidas a su debido tiempo. Por ahora, regresa con quienes te buscan. Y cuando lo necesites… puedes volver aquí. Yo estaré esperándote.
Extendió una mano y atrajo a Xol, que flotó hacia ella con brusquedad involuntaria.
– Espera, yo…
Cernunnos no lo dejó terminar.
Se levantó apenas la máscara lo justo para dejar ver su boca. Sonreía levemente. Le dijo algo a Xol que Morgan no alcanzó a escuchar.
Y entonces el cuerpo de Xol impactó contra él.
Todo se volvió blanco.
El cuerpo de Morgan apareció en un prado verde, fuera del bosque, acostado sobre la hierba como si simplemente hubiera estado durmiendo. El sol comenzaba a salir.
– ¡Lo encontré! ¡Lo encontré!
Era Galahad. Se acercó corriendo, sin aliento, y se arrodilló junto a él para ver si estaba bien.
Desde el fondo del bosque, donde la luz del amanecer aún no había llegado, Cernunnos observaba la escena en silencio. Sentada sobre una rama, inmóvil, con los ojos fijos en Morgan.
Uno de los búhos que la acompañaban ululó.
Ella respondió como si le hubiera dicho algo.
– Sí. Lo sé.
(Una pausa.)
– Pero él es… él es más de lo que cualquiera de nosotros representa. Él es todos nosotros.
En ese momento, Cernunnos no veía a Morgan de manera ordinaria. Lo veía de una forma difícil de traducir en palabras su ser parecía extenderse hacia afuera, conectado con el bosque, con la tierra, con el cielo, con todo al mismo tiempo. Todo fluía a través de él en perfecta armonía, sin esfuerzo, sin ruptura.
– Creo que la manera más exacta de describirlo sería…
Hizo una pausa. El búho la miró.
– …el hijo de la naturaleza.
Fin del capítulo.
Próximo capítulo: unión
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