Registro Diario del Aprendiz de Cartas - Capítulo 824
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Capítulo 824: Responsabilizarme de mis sentimientos
Fecha: 2 de Abril de 2321
Hora: 23:09
Ubicación: Ciudad de Flor del Cielo, Centro Comercial de la Asociación del Gremio, Almacén n.º 234, Laboratorio de Cartas
—Sí, qué buen consejo, como si no se me hubiera pasado por la cabeza. ¿Alguna vez has pensado que quiero contenerme, no precipitarme y explorar otras opciones? Sé que te preocupas por tu amiga, pero… voy a decirte lo mismo que le dije a Anna: no me presiones, llegaremos a eso cuando esté listo —suspire, sintiendo que esta conversación era tediosa.
—Espera, ¿quieres decir que bateas para el otro equipo? —Asong por fin entendió por qué un virgen inexperto podía resistirse a los encantos de su amiga y no pudo evitar sentirse triste por ella, porque se había enamorado de alguien que jugaba en el mismo equipo.
—Diablos, no, ¿por qué cojones pensarías eso? —negué desesperadamente al oír a Asong especular sobre mi orientación sexual.
—Ese lenguaje —me advirtió Asong—. ¿No acabas de decir que querías explorar otras opciones?
—¿En qué universo significa eso que prefiero las salchichas a los bollos? Déjame ser claro si no lo fui antes: me gustan los bollos grandes; de hecho, cuanto más grandes y rollizos, mejor —le dejé claro a Asong que prefería los bollos a las salchichas.
—Okay, ya entiendo. Entonces, ¿a qué te referías con explorar otras opciones? —preguntó Asong.
—Obviamente, me refería a que quiero conocer gente nueva y experimentar todo lo que la vida puede ofrecer —dije sin pensar, pero inmediatamente cerré la boca al sentir la mirada fulminante de Asong.
—¿Por qué querrías ver a otra gente cuando tienes a Anna? —dijo Asong mientras maldecía en su interior: «Todos los hombres son unos perros».
—¿Qué quieres decir con que «tengo a Anna»? —No me atreví a hablar más, pues sabía que en el fragor del momento había pisado una mina; la única forma de salir de aquí con vida era desactivarla pacientemente.
—Quiero decir… ella te quiere, lo menos que podrías hacer es darle una oportunidad y responsabilizarte de sus sentimientos. —A Asong la pilló con la guardia baja, pero lo manejó con habilidad.
—¿Cómo funciona eso exactamente? —Lo que Asong dijo me pareció gracioso: ¿un chico tiene que darle una oportunidad a una chica solo porque ella lo quiere? ¿Basado en qué lógica?
—Si no, no me digas que le romperás el corazón a una doncella sin piedad —argumentó Asong, pero su argumento sonaba cada vez más débil cuanto más hablaba.
—Señora Asong, ¿está casada, o quizá tiene una relación con alguien? —Asong era una política, no una gurú del amor. Su visión del amor era demasiado ingenua y egocéntrica. No estaba capacitada para dar lecciones a nadie sobre relaciones o sobre el amor, para el caso.
—No, estaba demasiado ocupada con el trabajo y nunca tuve la oportunidad. —Suspiró Asong, porque su vida laboral no era la única razón de su solitaria vida amorosa, sino también su estado de salud; en el momento en que se enteró de su salud, le cerró la puerta a su vida amorosa y le dedicó toda su atención a su vida laboral.
—Ya veo —dije, dedicándole a Asong una mirada significativa antes de añadir—: ¿Qué pasaría si dijera que me gustas y que me gustaría salir contigo?
—… —Al oír mis palabras, Asong se quedó sin habla; a su cerebro le costaba procesar lo que acababa de oír. Durante la mitad de su vida había sido una mortal, así que la pasó demostrando a los demás que no era menos que cualquier otro aprendiz de cartas, por lo que nunca tuvo tiempo de explorar la parte romántica de su vida. Pero Asong mentiría si dijera que nunca se había preguntado qué podría haber sido. Por lo tanto, cuando oyó al adolescente que tenía delante invitarla a salir, tardó un rato en recomponerse antes de decir—: Debes de estar bromeando.
—¿Lo estoy? ¿Por qué no lo averiguamos en una cita? ¿Te apetece? He oído que las montañas de la región norte son preciosas en esta época del año y los mejores lugares para un retiro de parejas —dije, mirando a los ojos inciertos de Asong.
—Sé que me estás tomando el pelo. No estoy interesada. —Asong, obviamente, me rechazó. Era lo que esperaba; de lo contrario, no me habría atrevido a jugar con este fuego.
—¿Por qué? ¿Qué te frena? Sabes que tienes que poner de tu parte para que esta relación funcione —dije con cara de tristeza, como si de verdad me doliera el rechazo de Asong.
—V-vale, me rindo, ¿de acuerdo? Para ya mismo. —Asong me ordenó que dejara de jugar, pero ¿cómo iba a hacerlo? Apenas había empezado.
—¿Cómo puedes decir eso? ¿Es porque no confías en mí lo suficiente? ¿Cómo lo sabrás si no lo intentas? Salgamos juntos, y si no funciona entre nosotros, podemos seguir adelante como adultos. Después de todo, así es como funciona una relación madura —dije mientras me acercaba a Asong. Al ver mi avance, Asong se levantó del futón y quiso ir hacia la salida, pero esta estaba detrás de mí, así que solo pudo retroceder hasta quedar acorralada contra la pared. Entonces me detuve, no queriendo alertar a los diez guardaespaldas semidioses de Asong, que no dudarían en matarme por la seguridad de ella.
—… —Por alguna razón, Asong no retrocedía ante emperadores de cartas y semidioses, pero ahora mismo no podía mantener la calma frente a un adolescente. Sintió que se le calentaban las mejillas e hizo un gran esfuerzo por no sonrojarse, e intentó razonar con el chico, diciendo—: Wyatt, no sé si estás siendo sincero o no, pero escúchame: no estoy en posición de aceptar tus sentimientos y no estoy interesada. Deberías encontrar a alguien a quien le gustes en lugar de perder el tiempo obsesionándote conmigo.
—¿Cómo puedes romperme el corazón tan cruelmente? Deberías responsabilizarte de mis sentimientos —exigí.
—… —Asong se quedó en silencio al oír las familiares frases pronunciadas por el adolescente.
…
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