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Renacida: Mímame esta vez - Capítulo 131

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131: Capítulo 131: Que sienta la caída del cielo al infierno 131: Capítulo 131: Que sienta la caída del cielo al infierno A la mañana siguiente, las cosas se descontrolaron en internet mientras la noticia sobre el presunto fraude del Grupo Harper seguía creciendo como una bola de nieve.

Victoria apareció llorando ante las cámaras, afirmando que Elizabeth la había engañado.

Dijo que habían firmado el contrato de transferencia, pero que, apenas media hora después, su firma desapareció por arte de magia.

El contrato, que ahora solo llevaba el sello de la empresa, se filtró al público.

Algunos troles y detractores de internet incluso empezaron a desenterrar viejas historias, acusando a la Familia Harper de estar detrás de la quiebra de la familia Wade hacía más de una década.

Especulaban que la única razón por la que Victoria fue adoptada fue por sentimiento de culpa.

Como era de esperar, las acciones del Grupo Harper sufrieron un duro golpe, hundiéndose hasta tocar fondo.

Mientras tanto, su departamento de relaciones públicas permanecía inquietantemente en silencio, a excepción del comunicado que emitieron ayer, en el que prometían dar una explicación completa en tres días.

Debido al desastre del Grupo Harper, incluso el Grupo Blake empezaba a sentir las consecuencias.

Elizabeth revisaba las noticias acurrucada en los brazos de Alexander.

Sus labios se curvaron en una ligera sonrisa de suficiencia al ver que internet estaba completamente del lado de Victoria.

—Cariño, ¿crees que el revuelo ya es lo suficientemente grande?

—preguntó.

Alexander miró la pantalla y asintió.

—Parece que sí.

La sonrisa de Elizabeth se acentuó.

—Tengo un plan.

Victoria, estás a punto de descubrir lo que se siente al caer desde el cielo directamente al infierno.

A las 2:30 de esa tarde, una noticia bomba estalló en internet.

Un titular destapaba a Victoria como la rompecorazones definitiva, con fotos y videos que lo respaldaban.

Se la veía en actitud muy cariñosa con todo tipo de hombres: algunos mayores, otros jóvenes.

En cuanto estas imágenes se hicieron públicas, se extendieron como la pólvora y se dispararon a lo más alto de la lista de tendencias.

Incluso aquellos que en su día la habían adorado o pretendido públicamente salieron a confirmar el rumor.

Así, sin más, Victoria se convirtió en la mujer más odiada de internet, acusada de estar jugando con una docena de hombres a la vez.

¿La compasión de la que había gozado esa misma mañana?

Completamente desaparecida.

«¡Este escándalo es demasiado jugoso!

Así que esta es la pinta que tiene una rompecorazones de manual.

@VictoriaWade, ¿cuánto cobras por noche?»
«Tiene esa mirada salvaje…

es casi hipnótica.

Me dan ganas de…»
«…»
Los comentarios no dejaban de acumularse y Victoria fue catapultada al instante al primer puesto de todas las listas de tendencias.

#LaSagaDeLaSugarBabyVictoriaWade
#VictoriaWadeLaRompecorazones
Gracias al trabajo de Alexander entre bastidores, ella dominó los diez primeros puestos.

Victoria, que ni siquiera había debutado oficialmente como celebridad, se hizo tristemente famosa de la noche a la mañana y arrastró a su agencia, Entretenimiento Starlight, al escándalo.

Los internautas incluso empezaron a investigar escándalos de otros artistas de la misma agencia.

El nombre de Victoria estaba en todas partes, de la peor manera posible.

Y esta vez, la partida había terminado.

No había remontada a la vista.

…

En la finca de la Familia Reed.

Victoria se estaba quedando dormida cuando la puerta se abrió de golpe con un fuerte estruendo, despertándola de sopetón.

Michael Reed entró furioso, le arrancó la manta de un tirón y la agarró por el cuello.

—¿Victoria, de verdad crees que soy tu plan de respaldo?

¿Con cuántos tíos te has estado enrollando a mis espaldas?

—Hemos terminado.

Voy a romper el compromiso.

Victoria se revolvió instintivamente, arañándole la mano.

—Suélta…

me.

Pero Michael no aflojó su agarre.

Presa del pánico, Victoria agarró una lámpara cercana y la blandió contra él.

Él la soltó, dolorido, y se tambaleó hacia atrás.

—¿¡Te atreves a pegarme?!

—¿Qué demonios te pasa?

—gritó ella, respirando con dificultad.

Michael se sujetó donde le había golpeado y soltó una risa amarga.

—¿Qué me pasa?

¿No has visto cómo te están machacando en internet ahora mismo?

¡Nunca me habían humillado tanto en mi vida!

Victoria frunció el ceño con fuerza, completamente desconcertada.

—¿De qué demonios estás hablando?

Michael Reed le lanzó una mirada gélida y le arrojó su teléfono.

—Míralo tú misma.

Ella agarró el teléfono por instinto, pero en el momento en que revisó las publicaciones de tendencia, su rostro palideció.

—¡Michael, eso es falso!

¡Esa no soy yo!

Extendió la mano para agarrar la de él, pero Michael retrocedió.

—¿En serio, Victoria?

¿Todavía intentas mentir?

¿Crees que soy ciego o simplemente estúpido?

Su voz era afilada y estaba llena de desprecio, lo que hizo que Victoria de repente se riera con amargura.

«Vaya con el cuento de “te amaré para siempre”.

Qué chiste».

Ella levantó la vista y espetó: —¿Te has parado a pensar a quién podría beneficiar incriminarme de esta manera?

¿No puedes usar el cerebro por una vez y averiguar quién se esfuerza tanto por hundirme?

Michael frunció el ceño.

Hizo una pausa antes de preguntar lentamente: —¿Estás diciendo…

que alguien te tendió una trampa?

Entonces, un nombre le vino a la mente.

—¿Elizabeth?

¿Es por lo que pasó ayer?

Victoria miró la pantalla con rabia, echando humo mientras leía los chismes y los desagradables comentarios de los internautas.

Con un grito de furia, arrojó el teléfono al otro lado de la habitación.

«¿¡Cómo demonios se ha filtrado esto?!

¿Quién diablos ha sido?»
—Michael, todo lo que he hecho ha sido por tu familia.

¿Cómo puedes no confiar en mí?

—suplicó, con la voz temblorosa—.

¡Mira esas fotos, son claramente un montaje!

Apretó los puños.

—Aparte de Elizabeth, no se me ocurre nadie más que llegaría tan lejos para arruinarme.

Y te quiero, ¿por qué iba a traicionarte?

Después de comprometernos, Alexander me hirió y he estado encerrada en casa todo este tiempo.

Ni siquiera he salido.

¿Cómo puedes dudar de mí de esta manera?

Las lágrimas corrían por su rostro mientras lloraba sin control y, de repente, vomitó.

La ira de Michael se desvaneció, reemplazada por la preocupación.

—¿Vicky, estás bien?

Patricia Reed estaba junto a la puerta, con una expresión indescifrable.

—¿Estás embarazada?

Victoria la miró, conmocionada, y no dijo una palabra.

Michael se quedó helado al oír la palabra «embarazada».

Le costó un momento asimilarlo.

—¿Estás…

realmente embarazada?

¿Quieres decir que voy a ser padre?

Victoria se secó las lágrimas.

—Michael, no lo sabía.

Pero, por favor, tienes que creerme.

Todo esto es obra de Elizabeth.

Solo intenta encubrir cómo me engañó.

Sabe que soy tu prometida y aun así ha hecho esta jugarreta.

Quiere arruinar a tu familia.

Michael respiró hondo y le puso una mano en el hombro.

—Vicky, no te preocupes.

Yo me encargaré de esto.

Tú solo concéntrate en nuestro bebé, ¿de acuerdo?

Deja todo lo demás en mis manos.

La mirada de Patricia se ensombreció mientras observaba el vientre de Victoria, pero no dijo nada y se marchó en silencio.

Una vez que madre e hijo se fueron, la expresión de Victoria cambió por completo; su rostro se volvió frío y calculador.

Encendió su portátil y rápidamente envió un correo electrónico.

La respuesta llegó casi al instante.

«La has fastidiado.

Arregla tu propio desastre».

Sus ojos brillaron con malicia mientras tecleaba su respuesta: «Si no me ayudas, se lo entregaré todo a Elizabeth.

Con Alexander de su lado, no tardarán mucho en descubrir quién eres.

No lo olvides: estamos juntos en este lío.

Si yo caigo, tú caes conmigo».

Un minuto después, apareció otra respuesta: «Tú ganas».

Los labios de Victoria se curvaron en una sonrisa de suficiencia.

«Elizabeth, ¿de verdad creías que esto era suficiente para acabar conmigo?

Lástima que haya alguien ahí fuera que quiera destruirte más que yo».

Lo que no vio venir es que este pequeño desastre no había hecho más que empezar.

¿Y la venganza de Elizabeth?

Ni de lejos había terminado.

Todo lo que hizo se le acabó volviendo en contra, como si golpeara una pared con las manos desnudas y se rompiera los propios dedos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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